martes, 6 de noviembre de 2012

ONCE UPON A TIME... A MAN


Soy un hombre normal y corriente. De hecho, demasiado normal y demasiado corriente, lo que sumado a mi,  digamos extremada, timidez natural, me ha permitido dedicarme por entero a mi carrera profesional habiendo logrado, a día de hoy, ser uno de los más fiables y consultados en la ciudad. Pero permitan que me presente. Mi nombre es Aurelio Márquez, y soy asesor financiero. Se preguntarán por qué les cuento esto... Verán, siempre he sido un defensor acérrimo de las costumbres inveteradas,vamos.. lo que la gente vulgarmente viene a llamar rutina pero que, para un servidor, es la máxima expresión del arte de saber vivir. Todo pensado, todo organizado, todo cronometrado, sin más sobresaltos ni exabruptos cotidianos que los meramente imprevisibles. El padecer, como ya les he comentado anteriormente, una timidez a la que podríamos llamar medular, por causa o por efecto, cosa que siempre me ha tenido sin cuidado, me ha permitido mantenerme alejado de esos seres que, con sus revoloteos, son capaces de hacer estallar en mil pedazos mi ordenado y sosegado universo. 


Pero no se confundan, el que me haya mantenido alejado de las féminas no quiere decir que no me gusten y me atraigan, sino todo lo contrario. No se hacen idea de la cantidad de noches que he imaginado, no a una, sino a cientos de ellas cabalgando sobre mi virilidad pétrea, oyéndolas gemir y reclamar hasta la última gota de mi existencia. Pero reconozco, por si alguno de ustedes lo han pensado que, en efecto mi conocimiento, en cuanto a relaciones carnales reales con esos seres se refiere, se reduce a tres experiencias.


La primera fue con Julia. Lo más parecido a una novia de instituto que he tenido y a la que, con la osadía que media botella de orujo me proporcionó, le toqué una teta en la sesión de tarde, caricia que me devolvió con una sonora bofetada acompañada de una sarta de improperios de los que solo alcancé a oír en mi vergonzosa huida ”... Serás gilipollas... no vuelvas a llamarme...Nunca!!!”. Como comprenderán, a un hombre como yo, este tipo de frases le marcan de por vida, así que no queriendo volver a pasar por ese purgatorio de ser rechazado opté, en esta segunda ocasión, por realizar una transacción con una señorita de dudosa reputación. 


La susodicha se presentó en mi casa con una amiga, de ahí que antes comentara lo de mis tres experiencias. No me importó demasiado, porque seamos sinceros... A que hombre no le gustaría hacer realidad la fantasía de estar con dos hembras a la vez? Y encima dos mulatas que llenarían mi cama de aires caribeños. Pero la fantasía y la realidad no siempre tienen caminos convergentes, se lo aseguro. Aquellas dos, a parte de beberse todo lo bebible que encontraron, a parte de casi provocarme un coma diabético de tanta falsa edulcorada como desprendían, se dedicaron a comerse, y no solo el contenido de mi nevera, sino en el sentido más literal, la una a la otra, olvidándose de que el pagano, o sea yo mismo, esperaba verga en mano la señal que nunca llegó para entrar en acción y disfrutar de los dividendos de mi inversión.
 
Dicen que mirando también se aprende y, vaya si aprendí cosas esa noche. Pero sobre todo aprendí la lección. Porque soy un hombre convencido de que los errores están para aprender a no cometerlos de nuevo. Desde entonces disfruto de interminables noches onanistas más que satisfactorias, porque deben saber que mi imaginación crece proporcionalmente a mi incapacidad para hacerla realidad. Desde entonces... hasta ayer. Ayer fue el fatídico día en el que los pilares de mi mundo temblaron al paso de una hembra hasta desmoronarse cavando la tumba en la que presiento acabaré sepultado por sus encantos.   

(Continuará...)

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