domingo, 11 de noviembre de 2012

ONCE UPON A TIME... AN INVITATION


El despertador sonó exactamente a las 10 de la mañana. Perezosamente me incorporé en la cama y apagué la alarma, pero no me moví de donde estaba. Los domingos suelo regalarme algunos pequeños placeres como el de contemplar el paso del tiempo en la pequeña pantalla digital sintiéndome dueño y señor de todos y de cada uno de los minutos transcurridos.


Media hora más tarde comenzó mi ritual para días festivos. Encendí la cafetera, me dirigí al cuarto de baño, me afeité, me duché y me tomé el tiempo necesario para darme mi tratamiento especial, embadurnar cada centímetro de mi piel con la crema hidratante de olor a vainilla que compré para poder acercarme a aquella dependienta de ojos verdes a la que, desde entonces, me he beneficiado infinidad de veces en mis fantasías nocturnas.

 
Ese olor me recuerda a ella, a su piel, y siempre logra provocarme un hormigueo en los bajos fondos. Y es que, que quieren que les diga, esa chica me folla de maravilla. Pero no es el momento para dejarse llevar, aún no. Me gusta provocarme el deseo, alargar ese placentero sufrimiento de reprimir las ganas hasta que no queda más remedio que explotar, cosa que suele ocurrir justo después de comer, a la hora de esas benditas siestas de las que tanto disfruto y que tantos gozos me han proporcionado.

 

Me serví una taza de humeante café y me dirigí a la ventana para disfrutar de su aroma y sabor mientras observaba el distante mundo que me rodeaba detrás de los cristales. Hacía un día de perros. El cielo estaba totalmente gris y llovía a cántaros. Entonces la vi. Cruzó corriendo la calle y se metió como una exhalación en el portal. No era la primera vez que la veía, reconozco que es una de esas mujeres que no pasa desapercibida. Alta, morena, con una preciosa melena oscura, siempre maquillada, aunque sin exceso, con unos ojos preciosos y unos de esos labios que siempre me han atraído tanto. Los hombres suelen preferir los labios gruesos, asiliconados, pero a mi me atraen los finos. Siempre he creído, de hecho estoy convencido de que, mientras unos solo sirven para gesticular, los otros son capaces de encerrar verdades como templos.

 
La siesta prometía, de nuevo volvía a sentir ese familiar cosquilleo y, por debajo de mi cintura una parte de mi cobraba vida propia mientras, como hipnotizado, seguía mirando la estela dejada a su paso frente a mi ventana. Una sombra de enfado frunció mi entrecejo, cuando el timbre de la puerta me sacó de mi encantamiento. Es que un hombre ya no puede estar tranquilo ni en su propia casa??? De malos modos abrí la puerta. Era ella. Ella que, parada frente a mí, me sonreía desde el umbral.
- Disculpe, creo que le he pillado en mal momento. Necesito su consejo, pero si le parece puedo volver un poco más tarde.
- No, no está bien. Pero no veo en que puedo serle útil.
- Bueno, usted es asesor financiero no?
- Así es señora, y si necesita una consulta puede venir a mi despacho.   Le daré una tarjeta, pida hora y la atenderé gustosamente en horario laborable.
- No, no. No es tan sencillo. Mi consulta es un poco complicada para ser atendida de una forma tan convencional. Mire hagamos una cosa. Vístase que, con el día que hace, no me perdonaría que cogiera usted frío por mi culpa y le espero en mi casa dentro de un par de horas.
- Será casi la hora de comer !!!
- Tiene usted algún compromiso? lo siento, es que a veces me dejo llevar por mis impulsos.
- No, no es eso. No tenía intención de salir de casa.
- Ah.. pues eso es perfecto querido...Venga a comer a mi casa, ni siquiera tendrá que salir del edificio. Una comida informal, no espere gran cosa, y así tendré la oportunidad de hacerle mi consulta de un modo... como le diría yo... demostrativo?. Por cierto, no tendría usted una cebolla para prestarme?, prometo devolvérsela, he salido al “Paki” de la esquina pero no les quedaban.

Fui a la cocina, cogí la maldita cebolla y se la entregué

- Vaya... Gracias!!! es usted un buen vecino. Le espero a las dos en mi casa. 2º2ª y por Dios!!! póngase algo de ropa... me está dando frío solo de verlo!!!

 
Dicho esto, dio media vuelta y desapareció escaleras arriba. Y ahí estaba yo, como el gilipollas que tan acertadamente había profetizado Julia, apoyado en el quicio de la puerta con una ridícula toalla enrollada en la cintura, sintiéndome como un insignificante insecto aplastado por la losa de su timidez y sin escapatoria posible del patíbulo que significaba compartir una comida con mi vecina del 2º2ª.


(Continuará... de nuevo)


1 comentario:

  1. Una mujer atractiva y decidida vs un hombre tímido, aunque intuyo que apasionado. Un maridaje perfecto para una comida improvisada…

    Haga que juegue con él, MiLady, que le lleve poco a poco a su terreno, sin prisa, marcando un ritmo irresistible. Un ágape preparado a fuego lento, condimentado, aderezado y disfrutado comme il faut.

    Besos.

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