jueves, 22 de noviembre de 2012

ONCE UPON A TIME... TWO VOICES



- Lo … lo siento. De verdad que lo siento mucho, solo intentaba
bromear. Pase por favor, pase. Gracias por el vino, es todo un detalle. Póngase cómodo mientras yo voy un momento a la cocina, abro la botella para que pueda respirar y de paso aprovecho para cortarme la lengua.

- Esto... no se preocupe... no es un gran vino precisamente, no creo que necesite respirar demasiado

- El vino? No me refería al vino!!! a quien tengo que darle un respiro es a usted que, en cuanto he abierto la boca, le ha cambiado hasta el color.



Me enorgullezco de considerarme un tipo bien educado siempre que la ocasión lo permite, incluso galante con las damas que se cruzan en mi camino. Pero esta me lo estaba poniendo realmente difícil, es como si conociese mi punto débil y disfrutara metiendo, una y otra vez, el dedo en la llaga de mi timidez. Venga chaval, que tu puedes con esto, intenta distraerte, no es más que otra de tantas comidas de negocios. Mira a tu alrededor en busca algo que entretenga tu mente. Piensa que en una hora, a lo sumo dos, estarás de nuevo en tu santuario privado deleitándote en el placer de gozar de esta nueva diosa de tu iconodulia. Graba en tu frebricitante mente todos los detalles de su cuerpo, de sus gestos, de su olor para hacerla realidad en tus fantasías. Aprovecha la ocasión, que ella misma te ha servido en bandeja, de tenerla cerca. Puede que no vuelva a repetirse jamás.


Descarté mentalmente la idea de cortarme la lengua, pero no porque no me lo mereciera, sino porque estaba claro que mi invitado sorpresa no parecía muy dado a hablar, y si el peso de la conversación no recaía en mi, la comida acabaría convertida en una deprimente escena de alguna de aquellas viejas películas mudas. Comprobé que todo en la cocina estuviera a punto. Descorché la botella y me dirigí, como haría cualquier buena anfitriona, a atender a mi invitado.

- Bueno, pues ya estoy aquí!!... Como verá no me he cortado la lengua, pero no se preocupe, me la he atado bien corto. Le apetece una copa de vino?

- Sí, muchas gracias

- Por cierto, me llamo Vi. En realidad es Virginia, pero todos me llaman Vi.

- Aurelio. Aurelio Márquez.

- Aurelio??.. un nombre poco común, pero original... mmm Aurelio ...me gusta como suena.

- Gracias

- Bien, pues una vez hechas las presentaciones, pasemos sin más preámbulos a la mesa. Voy a por lo esencial, la comida.


Observé como se dirigía hacia lo que yo suponía debía ser la cocina. En ese momento me di cuenta del magnifico culo que tenía. El vestido se lo marcaba de una forma sugerente e incitadora. Era ella consciente de ese detalle? Era premeditado o solo una casualidad? Estaría intentando provocarme? ... Aurelio Márquez, déjate de estupideces y limítate a disfrutar de la agradable visión, que ya tendrás tiempo después para suicidarte con tus dudas.

Oí unos pasos y al momento la vi aparecer de nuevo en la sala empujando uno de esos carritos auxiliares en los que supuse habría dispuesto todo lo necesario, para evitar levantarse continuamente de la mesa. Que previsora, eso me gusta.



Cuando entré en la sala seguía igual que cuando lo dejé, plantado en medio y mirando hacia la puerta del pasillo. Al final este tipo se va a ganar a pulso el apelativo de rarito que le puse sin pensar. Bueno, sin pensar no, que yo sepa, nadie le ha visto nunca acompañado ni, según las malas lenguas, ha llevado a ninguna mujer a su casa... Ohh... mira que si es gay!!!. No, no, no puede serlo, tampoco se le ha visto con otros hombres. Verás tu como al final es un rarito de cojones bonita, menudo ojo clínico que tienes a la hora de elegir a los hombres

- Nos sentamos?... No sabe cuanto le agradezco que haya aceptado comer conmigo.

Nos sentamos y comenzó a hablar y hablar sobre cosas banales. Miré discretamente el reloj, llevábamos media hora y aún no había sacado el tema sobre el que quería consultarme.



- Seguro que no tenía ningún otro plan?... No me perdonaría habérselo estropeado. No crea que me ha pasado desapercibido su gesto para mirar que hora era.

- Discúlpeme Vi, es que no estoy acostumbrado a … bueno, solo me preguntaba sobre el motivo de su consulta.

- Ahh eso!!!... mi consulta!!!... Querido, es bien cierto que los grandes negocios se firman durante comidas, pero dada la imposibilidad de hablar con la boca llena, debe usted saber que el tema en cuestión jamás debe abordarse hasta no llegar a la sobremesa. Café, copa, puro y acuerdo... o no. Dependiendo de las condiciones.

- Interesante reflexión. Le prometo tenerla en cuenta en el futuro.

Además de guapa y de estar buenísima, encima la jodida es lista. Aurelio lo llevas claro.

- Qué le parecen las lentejas? Le gustan?...

- Si, gracias. Están muy buenas, me recuerdan a las que hacía mi abuela

- Vaya.. eso si que es todo un cumplido!!!. Se que no es un plato para servir en un día festivo, pero no esperaba tener invitados y, como entre semana ando demasiado liada para meterme en la cocina, los domingos suelo jugar a las comiditas.

- Pues debo reconocer que juega usted estupendamente.




Por fin!!! el muro que hasta entonces nos había mantenido separados había desaparecido. Ahí tienes tu oportunidad chica, no dejes que se te escape. Sigue hablando, haz que se sienta cómodo, teje tu red.

No se en que momento pasó, ella seguía hablando, y de pronto, me dí cuenta de que me sentía cómodo, tanto que incluso me atrevía a bromear. Llegamos al momento del café relajados y sonrientes, cualquiera que nos hubiera visto podría haber asegurado que hasta felices.

- Y bien Vi?. Le juro que me tiene intrigado el motivo de su consulta.

- Ya, ya... a mi también. Llevo un rato dándole vueltas a como plantear la cuestión. Bueno, allá voy!!! Usted es asesor financiero no?

- Si

- Pues necesito que me asesore para mejorar mis finanzas.

- Ese es mi trabajo.

- Quiere una copa?...Yo sí voy a necesitarla.

- Tan serio es...

- Que me diría si le digo que estoy planteándome montar con una amiga un restaurante erótico?

- Pues le diría lo que se dice cuando no se sabe que decir, ...que debería estudiar la propuesta. Un restaurante erótico??? Lo dice en serio? de donde diablos sacado esa idea???



Eso me gustaría saber a mi también. Un restaurante erótico para parejitas? Menuda consulta, mi ingenio debe estar partiéndose el culo a mi costa mientras toma el sol en alguna isla tropical. Maldito subconsciente, como puedes ser tan hijo de perra!!! si te pillo te aseguro que te mato. Joder que cara me va a salir la brillante idea de sexo fácil y a domicilio!!! Debería haberme cortado la lengua cuando tuve la ocasión. Ahora venga bonita... a rebuscar en tu descerebrada cabeza algo medianamente creíble.

Necesito datos, ideas, necesito algo,lo que sea que me de tiempo para pensar ...

- Más vino? O prefiere usted algo más fuerte? Creo que va.. que vamos a necesitarlo. Los dos...










miércoles, 14 de noviembre de 2012

ONCE UPON A TIME... A WOMEN


Subí los escalones de dos en dos. Sujetando una maldita cebolla en lugar del corazón que se me estaba saliendo por la boca. Pero que coño me pasaba? En que estaba pensando cuando se me ocurrió invitar a comer al rarito, aunque atractivo, vecino del 1º1ª? “Tengo una consulta que hacerle...” seré gilipollas!!! a ver ahora que me invento. “ será una comida informal”... y tan informal!!! joder es que puede haber algo más informal que un plato de lentejas!!!




Entré en mi casa, cerré de golpe la puerta y me quedé apoyada contra ella como si ese gesto pudiera mantenerme a salvo de mi propia locura. Me vi patéticamente reflejada en el espejo de la entrada.

- Y tu que miras??? - me grité fuera de si

- Bien hecho chica!!! ya era hora de que te decidieras. Empezaba a pensar que te había perdido porque sinceramente, a parte de las fantasías que te montas tu solita, últimamente nuestra vida sexual es una puta pena.




Un asesor fiscal??? Joder lo que necesito es un loquero!!! quién en su sano juicio habla con su imagen reflejada en un espejo.

- Bueno chica, como dice el refrán “a lo hecho... pecho”. Respira hondo, tómate unos minutos para centrarte y ponte manos a la obra que el tiempo apremia.

Instintivamente miré el reloj de pared de la sala, apenas disponía de dos horas para organizar la disparatada cita que me había sacado de la manga. Por suerte la comida ya estaba en marcha y no necesitaba apenas atención y como entrantes nada que algunas latas no pudieran solucionar. Bien, primer problema resuelto. Ahora a la ducha y a preparar la mesa mientras pienso en que cojones puedo consultarle sin parecer una idiota integral.




Miré a mi alrededor, todo estaba listo. La comida, la mesa puesta junto al ventanal, las velas aromáticas. Solo me faltaba vestirme, pero como sabía perfectamente lo que me iba a poner eso no era problema, el verdadero problema es que tan solo disponía de escasos cuarenta y cinco minutos para encontrar una razón a mi sin razón. Eché un último vistazo escrutador a la sala dándole el aprobado y fui a vestirme.


En un acto de la coquetería más pura aromaticé suavemente todo mi cuerpo con aceite de mi perfume favorito “Firts”, mucho más apropiado para una comida que el perfume en sí. Una ojeada en el espejo y listo. Otra cosa hecha, bastante bien hecha diría yo a juzgar por la imagen que veía reflejada. Ahora a conectar mi portátil y buscar la pregunta del millón en treinta minutos





Empecé a teclear en todos los buscadores las consultas más habituales, pero sinceramente, todas me parecían una auténtica sandez, además para nada podían servirme de hilos conductores hacia la velada que sin darme cuenta había ido maquinando mentalmente. Debía encontrar algo, o mejor aún... debía inventarme algo lo suficientemente creíble como para que mi atractivo vecino cayera de cuatro patas en mis redes, aunque solo fuera, en el peor de los casos, por unas horas.

El timbre de la puerta sonó en el mismo instante en que en el reloj daban las dos. Desde luego es puntual. Cerré el portátil sin haber encontrado una buena pregunta para sus repuestas. Me tocaría improvisar sobre la marcha. Por suerte, hay veces en las que soy un genio improvisando. Ojalá hoy sea una de esas. Abrí la puerta. Allí estaba él, plantado frente a mi sin atreverse siquiera a sonreír, atractivamente vestido de negro y con una botella de vino en la mano.



- Adelante, está usted en su casa.

Titubeo y pensé si sería por la impresión que le causó verme enfundada en mi vestido, que por cierto, también era negro.

- Me alegro de que al final se haya decido usted a venir y de que se haya vestido, no hace precisamente un día como para andar por ahí atendiendo a vecinas inoportunas en paños menores.

Dios mío!!!! lo que vi reflejado en sus ojos hizo que me temblaran hasta las piernas. Acababa de meter la pata hasta el fondo. Empezábamos de la peor manera posible y yo era la única causante del desastre que reflejó su mirada. 



(Y aún hay más... mucho más...)







domingo, 11 de noviembre de 2012

ONCE UPON A TIME... AN INVITATION


El despertador sonó exactamente a las 10 de la mañana. Perezosamente me incorporé en la cama y apagué la alarma, pero no me moví de donde estaba. Los domingos suelo regalarme algunos pequeños placeres como el de contemplar el paso del tiempo en la pequeña pantalla digital sintiéndome dueño y señor de todos y de cada uno de los minutos transcurridos.


Media hora más tarde comenzó mi ritual para días festivos. Encendí la cafetera, me dirigí al cuarto de baño, me afeité, me duché y me tomé el tiempo necesario para darme mi tratamiento especial, embadurnar cada centímetro de mi piel con la crema hidratante de olor a vainilla que compré para poder acercarme a aquella dependienta de ojos verdes a la que, desde entonces, me he beneficiado infinidad de veces en mis fantasías nocturnas.

 
Ese olor me recuerda a ella, a su piel, y siempre logra provocarme un hormigueo en los bajos fondos. Y es que, que quieren que les diga, esa chica me folla de maravilla. Pero no es el momento para dejarse llevar, aún no. Me gusta provocarme el deseo, alargar ese placentero sufrimiento de reprimir las ganas hasta que no queda más remedio que explotar, cosa que suele ocurrir justo después de comer, a la hora de esas benditas siestas de las que tanto disfruto y que tantos gozos me han proporcionado.

 

Me serví una taza de humeante café y me dirigí a la ventana para disfrutar de su aroma y sabor mientras observaba el distante mundo que me rodeaba detrás de los cristales. Hacía un día de perros. El cielo estaba totalmente gris y llovía a cántaros. Entonces la vi. Cruzó corriendo la calle y se metió como una exhalación en el portal. No era la primera vez que la veía, reconozco que es una de esas mujeres que no pasa desapercibida. Alta, morena, con una preciosa melena oscura, siempre maquillada, aunque sin exceso, con unos ojos preciosos y unos de esos labios que siempre me han atraído tanto. Los hombres suelen preferir los labios gruesos, asiliconados, pero a mi me atraen los finos. Siempre he creído, de hecho estoy convencido de que, mientras unos solo sirven para gesticular, los otros son capaces de encerrar verdades como templos.

 
La siesta prometía, de nuevo volvía a sentir ese familiar cosquilleo y, por debajo de mi cintura una parte de mi cobraba vida propia mientras, como hipnotizado, seguía mirando la estela dejada a su paso frente a mi ventana. Una sombra de enfado frunció mi entrecejo, cuando el timbre de la puerta me sacó de mi encantamiento. Es que un hombre ya no puede estar tranquilo ni en su propia casa??? De malos modos abrí la puerta. Era ella. Ella que, parada frente a mí, me sonreía desde el umbral.
- Disculpe, creo que le he pillado en mal momento. Necesito su consejo, pero si le parece puedo volver un poco más tarde.
- No, no está bien. Pero no veo en que puedo serle útil.
- Bueno, usted es asesor financiero no?
- Así es señora, y si necesita una consulta puede venir a mi despacho.   Le daré una tarjeta, pida hora y la atenderé gustosamente en horario laborable.
- No, no. No es tan sencillo. Mi consulta es un poco complicada para ser atendida de una forma tan convencional. Mire hagamos una cosa. Vístase que, con el día que hace, no me perdonaría que cogiera usted frío por mi culpa y le espero en mi casa dentro de un par de horas.
- Será casi la hora de comer !!!
- Tiene usted algún compromiso? lo siento, es que a veces me dejo llevar por mis impulsos.
- No, no es eso. No tenía intención de salir de casa.
- Ah.. pues eso es perfecto querido...Venga a comer a mi casa, ni siquiera tendrá que salir del edificio. Una comida informal, no espere gran cosa, y así tendré la oportunidad de hacerle mi consulta de un modo... como le diría yo... demostrativo?. Por cierto, no tendría usted una cebolla para prestarme?, prometo devolvérsela, he salido al “Paki” de la esquina pero no les quedaban.

Fui a la cocina, cogí la maldita cebolla y se la entregué

- Vaya... Gracias!!! es usted un buen vecino. Le espero a las dos en mi casa. 2º2ª y por Dios!!! póngase algo de ropa... me está dando frío solo de verlo!!!

 
Dicho esto, dio media vuelta y desapareció escaleras arriba. Y ahí estaba yo, como el gilipollas que tan acertadamente había profetizado Julia, apoyado en el quicio de la puerta con una ridícula toalla enrollada en la cintura, sintiéndome como un insignificante insecto aplastado por la losa de su timidez y sin escapatoria posible del patíbulo que significaba compartir una comida con mi vecina del 2º2ª.


(Continuará... de nuevo)


martes, 6 de noviembre de 2012

ONCE UPON A TIME... A MAN


Soy un hombre normal y corriente. De hecho, demasiado normal y demasiado corriente, lo que sumado a mi,  digamos extremada, timidez natural, me ha permitido dedicarme por entero a mi carrera profesional habiendo logrado, a día de hoy, ser uno de los más fiables y consultados en la ciudad. Pero permitan que me presente. Mi nombre es Aurelio Márquez, y soy asesor financiero. Se preguntarán por qué les cuento esto... Verán, siempre he sido un defensor acérrimo de las costumbres inveteradas,vamos.. lo que la gente vulgarmente viene a llamar rutina pero que, para un servidor, es la máxima expresión del arte de saber vivir. Todo pensado, todo organizado, todo cronometrado, sin más sobresaltos ni exabruptos cotidianos que los meramente imprevisibles. El padecer, como ya les he comentado anteriormente, una timidez a la que podríamos llamar medular, por causa o por efecto, cosa que siempre me ha tenido sin cuidado, me ha permitido mantenerme alejado de esos seres que, con sus revoloteos, son capaces de hacer estallar en mil pedazos mi ordenado y sosegado universo. 


Pero no se confundan, el que me haya mantenido alejado de las féminas no quiere decir que no me gusten y me atraigan, sino todo lo contrario. No se hacen idea de la cantidad de noches que he imaginado, no a una, sino a cientos de ellas cabalgando sobre mi virilidad pétrea, oyéndolas gemir y reclamar hasta la última gota de mi existencia. Pero reconozco, por si alguno de ustedes lo han pensado que, en efecto mi conocimiento, en cuanto a relaciones carnales reales con esos seres se refiere, se reduce a tres experiencias.


La primera fue con Julia. Lo más parecido a una novia de instituto que he tenido y a la que, con la osadía que media botella de orujo me proporcionó, le toqué una teta en la sesión de tarde, caricia que me devolvió con una sonora bofetada acompañada de una sarta de improperios de los que solo alcancé a oír en mi vergonzosa huida ”... Serás gilipollas... no vuelvas a llamarme...Nunca!!!”. Como comprenderán, a un hombre como yo, este tipo de frases le marcan de por vida, así que no queriendo volver a pasar por ese purgatorio de ser rechazado opté, en esta segunda ocasión, por realizar una transacción con una señorita de dudosa reputación. 


La susodicha se presentó en mi casa con una amiga, de ahí que antes comentara lo de mis tres experiencias. No me importó demasiado, porque seamos sinceros... A que hombre no le gustaría hacer realidad la fantasía de estar con dos hembras a la vez? Y encima dos mulatas que llenarían mi cama de aires caribeños. Pero la fantasía y la realidad no siempre tienen caminos convergentes, se lo aseguro. Aquellas dos, a parte de beberse todo lo bebible que encontraron, a parte de casi provocarme un coma diabético de tanta falsa edulcorada como desprendían, se dedicaron a comerse, y no solo el contenido de mi nevera, sino en el sentido más literal, la una a la otra, olvidándose de que el pagano, o sea yo mismo, esperaba verga en mano la señal que nunca llegó para entrar en acción y disfrutar de los dividendos de mi inversión.
 
Dicen que mirando también se aprende y, vaya si aprendí cosas esa noche. Pero sobre todo aprendí la lección. Porque soy un hombre convencido de que los errores están para aprender a no cometerlos de nuevo. Desde entonces disfruto de interminables noches onanistas más que satisfactorias, porque deben saber que mi imaginación crece proporcionalmente a mi incapacidad para hacerla realidad. Desde entonces... hasta ayer. Ayer fue el fatídico día en el que los pilares de mi mundo temblaron al paso de una hembra hasta desmoronarse cavando la tumba en la que presiento acabaré sepultado por sus encantos.   

(Continuará...)