domingo, 10 de julio de 2011

TRIADA

(IV)

(Paula)


Me acurruqué a oscuras en el sofá de la sala abrazándome las piernas en un estúpido intento de infundirme fuerzas para hacer frente a la bomba de relojería que pugnaban por estallar en mis entrañas y hacer que mi cabeza volara en mil pedazos. Desde que me separé era como si mi cuerpo y mi mente siguieran caminos diferentes, estaba claro que aun podía sentir placer, Malena me lo acababa de demostrar, pero lo que ella no sabía era el tremendo esfuerzo que había tenido que hacer hasta conseguir dejar mi mente en blanco. Si esto era lo que iba a pasar a partir de ahora, no iba a ser difícil tomar una decisión. No podía hacer otra cosa. Renunciaría al sexo para siempre. El esfuerzo, la frustración y la culpabilidad no compensaban los escasos momentos de goce.





Decidí brindar por mi ingreso en la orden del celibato con una copa de cava. La llené y la elevaba hacia ninguna parte cuando vi mi móvil encima de la mesa. No recordaba haberlo sacado del bolso y sin embargo allí estaba y tenía un nuevo mensaje. Sentí curiosidad por saber quién en su sano juicio podía mandar un mensaje a estas horas?
“Hace una noche estupenda, no deberías perderte esa luna. Daniel”
Ay!! el bueno de Dani siempre ahí cuando menos lo esperas. Quizás tuviera razón, ahora que ya tenía las cosas claras, bien podía permitirme el lujo de disfrutar de una noche de luna llena en soledad. Abroché algunos botones de la camisa, cogí la copa y de paso la botella que recién había abierto y me encaminé dispuesta a celebrar mi fiesta de iniciación a la nada en una de las tumbonas.




Había luz en la terraza del apartamento contiguo, y en el silencio de la noche podía oírse la suave melodía de un piano. Respiré hondo y aspiré la esencia de la noche. Por primera vez en bastante tiempo me encontraba en paz conmigo misma.

- Al menos aún haces caso a mis consejos.
- Dani!! Pero se puede saber que haces tu aquí. Me has dado un susto de muerte. Serás idiota!!
- Piensas emborracharte tu sola? Dónde has dejado a tus amiguitos?
- Están ahí dentro, supongo que seguirán en su fiesta privada.
- Y no te apetece estar con ellos?
- Es evidente que no
- Qué crees tu que dirían si después de tu fuga salieran y te vieran casi desnuda hablando con un desconocido?
- Ay por Dios!! que no salgan, que se queden donde están.
- Jajaja.. Tendrías que haberte visto la cara que has puesto. Quieres evitarte ese problema? Tengo la solución, salta a mi terraza, así en el caso de que salgan no sabrán donde estás.
- Tu y tus ideas de bombero. Anda dame la mano y ayúdame y por favorrr deja de mirar debajo de mi camisa.
- Jajajajajajaa.. cielo es inevitable mirar, deberías aprender a vestirte.
- Estaba a oscuras, cogí lo primero que encontré y como comprenderás no voy a entrar allí a buscar mi ropa.
- Mmmm... te queda bien, se te ve sexy, a pesar de que el difunto era mayor. Porque imagino que cuando el dueño de esa camisa salga por esa puerta, a juzgar por tu cara, para ti será un difunto.
Dani, Dani.. Tu siempre tan observador... y tan cínico. Será por eso que me caes bien?






- Te caigo bien por que soy un tipo estupendo y estoy buenísimo
- Estupendo, buenísimo y modesto ? Veamos si también eres sincero... ¿Qué cojones estás haciendo aquí?
- Ven bailemos y te lo cuento al oído.

Uno de sus brazos abrazaba mi cintura con la presión justa para mantener mi cuerpo bien pegado al suyo. Su otra mano acariciaba mi cabeza con ternura haciendo que la recostara sobre su hombro.

- Vas a decirme porque estas aquí
- Shisssss calla disfruta de la noche, dejate llevar y deja de ser impertinente, aunque solo sea por una vez en tu vida.
- Pero es que..
- Cierra los ojos y cierra la boca de una vez.
Sus manos comenzaron a recorrer lentamente mi cuerpo al ritmo de la suave música, nuestros cuerpos se acompasaron al íntimo sonido de la noche y de pronto me dí cuenta de que su ternura empezaba a provocarme esas sensaciones a las que acababa de renunciar.







- Dani
- shssssss
- No Dani, es que..
Su reacción me dejó paralizada. Sujetándome fuertemente me sacudió de los hombros.

- Escuchame bien señorita. Hazme un favor, o mejor aún, háztelo a ti misma. Deja de pensar, deja de intentar adivinar el futuro. Déjate llevar, siente, disfruta. Vuelve a ser tu, por tu bien. Vuelve de donde estés y callate de una puta vez.

El suave beso que depositó en mis labios al acabar su frase fundió la dureza del tono de sus palabras. Yo quería hablar, explicarle, contarle, pero su boca no se apartaba de la mía, su lengua dibujaba el contorno de los mis labios. Sus manos comenzaron a recorrer las curvas de mi cuerpo, acariciando sus contornos suavemente, deleitándose en la ausencia de las prisas. Deteniendo el tiempo en la inexistente distancia que separaba nuestros cuerpos. Sus dedos, se dejaban caer por la espalda y, mientras el pulgar, deslizándose, presionaba la espina dorsal, los otros arañaban suavemente la piel que encontraban a su paso. Ascendían, después de haber bajado hasta mis nalgas, y allí, con ambas manos, abandonada la presa a la custodia de su propio deseo, apretaba la piel, comprobando el efecto de su boca, que succionaba la oreja o mordisqueaba mi cuello sin darme tregua.

Se me iba a salir por la boca. El corazón se me había disparado y me palpitaba con fuerza, como si, tras un largo tiempo adormecido, una hecatombe repentina lo hubiese despertado y ahora, a golpes secos y veloces transmitía el aliento que me ardía entre las piernas y hacia latir mi pecho bajo la camisa medio desabrochada, dejando ver, entre botón y botón, la turgencia de sus latidos.

- Eres un cabrón.
- Quieres que pare?
- Mañana te odiaré por esto.
- Paro?
- Parar? Estas loco? Si paras ahora soy capaz de matarte.

Sus ojos se iluminaron con el brillo obsceno del deseo abriendo abismos de fuego en mi cuerpo entregado sin reservas.






1 comentario:

  1. Esta Paula es un personaje absolutamente delicioso, Lady. Parece como si quisiera despegarse del soporte y habitar entre nuestros sentimientos y ¿recuerdos?

    Una mujer que lucha contra su propia melancolía y a la vez se deja arrullar por sus caricias. Una dama acariciada por el eterno vaivén de la pleamar afectiva, de la bajamar de las pasiones olvidadas…

    Una tierna ensoñación la de su Paula, MiLady. Un fantástico ser para perderse entre sus dudas.

    Beausos de su rendido admirador, Lady Ayam.

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