viernes, 3 de junio de 2011

"TRIADA"


(II)


(Malena)

Paula y Miguel, formaban una pareja extrañamente encantadora, de las que difícilmente podría pasar por desapercibida allá donde fueran. Paula, una pura sangre con aire de estar siempre ausente, de como si nada fuera con ella. Y él, que no siendo guapo, ni feo, ni todo lo contrario, era un hombre especial que, con ese particular modo suyo de hablar y de moverse, parecía transportarte hasta otra época. Pero estaba claro que no habíamos ido allí para viajar astralmente por la historia. Estábamos para lo que estábamos y ninguno de los dos parecía darse cuenta, así que decidí tomar las riendas de la situación.


- Bailamos?- dije dirigiendome al centro de la sala.
- Gracias Malena, pero a mi edad prefiero dejar ese tipo de contorsionismo para los más jóvenes.
- No te preocupes Miguel. En realidad no te lo estaba proponiendo a a ti, se lo preguntaba a Paula. Venga chica trae tu culito hasta aquí y empieza a moverlo.







Paula se levantó y, aunque comenzó una sensual danza, su cara me decía que algo no iba bien. No sé que demonios le pasaba a esta chica por la cabeza, pero su actitud había cambiado en el transcurso de la cena y yo tenía que descubrir cual era la causa de ese cambio, así que me acerqué a ella por detrás, tomándola de las caderas, aprovechando para pegar mi cuerpo al suyo y susurrarle al oído.

- Se puede saber que coño te pasa?
- No puedo Malena, no puedo hacerlo

Mis manos recorrían su abdomen, y subían hacia su pecho levantandole la camisa al mismo tiempo.

- Qué no puedes qué? Vamos Paula, no me digas que..
- Pues sí, te lo digo. No he vuelto a follar desde que dejé a..., desde que lo dejé. No puedo, sencillamente no puedo
- Nada de nada? Ni un escarceo desde entonces?
- Claro que sí, no seas idiota, pero el resultado ha sido tan desastroso que prefiero pensar que no ocurrió, y no quiero que vuelva a suceder.


Sus pezones estaban, a pesar de la tela que se interponía entre ellos y mis dedos casi tan duros como los míos clavados en su espalda. Sus manos sujetaban mis nalgas acompasando nuestras pelvis al ritmo de la música.





- Entonces … no quieres que Don Miguel te haga un trabajito o es que en tu negativa me incluyes a mi también? Porque si es así no sé para que me has hecho venir.
- No, no te incluyo, al menos no del todo. Quiero que te lo hagas con él por mi.
- Estás loca de remate.
- Estaré todo lo loca que tu quieras, pero lo harás?
- Con una condición, tu eres para mi cielo... que me estas poniendo como una perra en celo cabrona.



(Paula)


Menos mal que se me ocurrió invitar a Malena a pasar el fin de semana, ella era la única que podía salvar aquella situación. Nuestro bailecito la estaba poniendo a mil, la conocía lo suficiente como para notarlo, aunque creo que Miguel también empezaba a darse cuenta y a contagiarse de su calentura a juzgar por el prominente abultamiento de su bragueta. Me giré y besé a Malena en la boca para sellar un pacto del que solamente nosotras conocíamos las condiciones. Ella lo entendió y su lengua se abrió paso entre mis labios mientras, como si de pronto hubiera sonado el pistoletazo de salida, comenzamos a desabrocharnos la camisa la una a la otra disfrutando del roce de la piel. Lamía y mordisqueaba mi cuello creando una chispa eléctrica que me recorría de pies a cabeza haciendo que me olvidara por completo del perfecto y, para mi, inútil caballero que no nos quitaba ojo de encima mientras con su miembro ya en la mano, comenzaba a masturbarse al ritmo de nuestros gemidos.






Las caricias de Malena se fueron intensificando y con ellas mis respuestas a las mismas. Nadie conoce mejor que una mujer lo que calienta hasta la ebullición a otra y, Malena era la mejor a la hora de aplicar medidas térmicas. Por debajo de mi falda, apartando lateralmente mi tanga había colado, primero uno y luego dos de sus dedos haciendo que notara palpitar el corazón, desbocado y febril, entre las piernas. Ella lo sentía mientras Miguel veía diluirse mi excitación en el hilo de humedad que, siguiendo el camino de la gravedad, había empezado a recorrer mis piernas.

Sin salir de su cobijo, la mano de Malena me guió hasta la habitación, tomando a su paso con la otra a Miguel a modo de invitación para compartir con nosotras momentos de íntimo goce.


(Miguel)



Dos féminas para mi solo, el sueño de todo hombre hecho realidad sin haberlo soñado. Dos bellos ejemplares de hembra en una majestuosa danza de apareamiento …



(… Continuará)

2 comentarios:

  1. Qué suertudo ése Miguel, ojalá que pueda con ambas sino que llamen a su amigo Dracsito que muy gustoso se inmolará por complacer a ambas. Un gran abrazo

    Blogger no me deja comentar con mi dirección en algunos blogs por ello lo hago como anónimo. El Drac

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  2. Nadie, como una mujer, sabe encender a un hombre contando, describiendo, detallando, todas y cada una de las cosas que le excitaría contemplar mientras las lleva a cabo con otra mujer, Lady.

    Delicioso relato a tres voces. Dos féminas en tórrido dueto a la espera de escuchar la reverberación del eco masculino percutiendo contra sus lésbicas evoluciones.

    Siga soñando nuestro sueño, MiLady.

    Besos muy morbosos.

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