miércoles, 15 de junio de 2011

TRIADA



III




(Miguel)




Las ropas, como por efecto de un tornado, quedaron rápidamente esparcidas por la estancia que, semipenumbras y pese a lo exigua, se convirtió en el vasto escenario de la ceremonia de los ritos más obscenos. Tres cuerpos anónimamente manifiestos, seis brazos y seis piernas enmarañando los lienzos. Tres bocas dispuestas a comerse hasta hasta la última palabra. Una lucha de titanes. Dos para uno, una para dos, tres contra tres midiendo sin medida las fuerzas, entregados a la lujuria de follarse hasta el último suspiro.




Quizás la casualidad, o por cotidianidad, mi querida Paula se colocó fuera de mi alcance inmovilizando con sus rodillas las muñecas de su amiga que perdió la cabeza entre sus piernas contagiándome de esa locura, mientras su lengua recitaba un incansable diálogo diáfano de viejos formulismos, con rítmicos movimientos circundantes que exprimían los jugos que rezumaban de su lubricado premio, cercano a la convulsión, hasta su boca




Puesto que la anfitriona parecía estar bien atendida por el momento, las normas de cortesía me obligaban a dedicar toda mi atención, aunque eso sí, sin perder ni un solo de talle de lo que me enardecía, a nuestra invitada de honor. Resbalé dos dedos por su clítoris palpitante comprobando, en el pórtico de la gloria, los efectos devastadores de su propia borrasca interna hasta que me abrió sus puertas. Tomé pues mi miembro, que como lámpara recién frotada, al punto estuvo presto a conceder cien deseos y la embestí de improviso mientras ella seguía con la boca llena. Latía, ciertamente, mi sexo en sus entrañas que se iban encendiendo a mi paso. Mientras iba, de atrás adelante, embistiéndole, mis manos iban de un cuerpo a otro, de la espalda, el cuello y el pecho de Paula, pellizcando con sádica delectación las carnosas eminencias, a las espléndidas piernas de Malena. Emitían ambas rugidos de placer, que a mí me producían una abundante destilación de humores. Arremetí contra nuestra convidada con fuerza hasta hacerla gritar levemente y, arañándole los glúteos, flexioné sobre el vientre sus piernas, de modo que quedaban al aire sus pies. Me confieso fetichista, siempre me han excitado unos bellos pies. Quise. verlos, olerlos, tocarlos, mordisquearlos y, poseído de un extraño e irrefrenable furor, mi lengua recorrió sus adorables plantas y mis pulgares hendieron su piel, entre gemidos entrecortados y tibios escalofríos.











(Malena)





Estaba disfrutando de lo lindo con la cabeza entre las piernas de la mujer de mi vida que se acercaba al orgasmo. Podía notarlo por como se contraían sus músculos. Redoblé mis esfuerzos y mi deleite para provocarle cuanto antes el climax y la tremenda corrida con que me obsequió en el faldón del paladar de la que me bebí hasta la última gota, y que dejó tras de sí un lienzo de brillo en mi barbilla.




Entre mis piernas el semental espoleaba su porción de carne. Una y otra vez, de treinta a cuarenta embestidas por minuto. Sentía en mi interior ese enorme animal descabezando el deseo, lo había visto antes en sus manos. Podía describir su ir y venir, remojando la piel que, ya húmeda, volvía más suave cada embestida. Paula según lo convenido,se había apartado. Miguel apenas se dió cuenta de ese detalle al que yo estuve bien atenta, pero él estaba rojo, como encendido, medio sudado,y apelmazándose sobre mí. Había levantado mis piernas y mi vagina, acortada por la postura, no oponía resistencia a su empuje y la punta del glande chocaba fieramente contra el último confín de mi coño amenazando con inundarlo. No quedaba espacio, le oía respirar casi en mi boca y emanaba un olor como de fiera.





Vi a Paula recoger alguna prenda del suelo y salir sigilosamente de la habitación casi en penunbras y, me centré en lo que tenía entre manos, o mejor dicho, entre piernas. Sentía el agujón de fuego de Miguel en mis entrañas, estaba a punto de correrse. No quería que se corriera,o al menos no por el momento. Deseaba prolongar el juego y darle tiempo a mi amiga para que hiciera lo que fuese que quisiera hacer, incluso pensé que le perdonaría si al salir de la habitación hubiese desaparecido del apartamento. Extraje su pene y Miguel, al que la decepción se le dibujo en forma de poema en la cara lanzó un quejumbroso gruñido que acallé llevándome su enrojecido e hinchado miembro a la boca e hiriéndolo de muerte con la lengua. Una vez y otra vez, lo que la mano oprimía recibía el lametón que, gradualmente, se iba convirtiendo en chupadura y aspiraba sus mieles, mientras sus venas se hinchaban hasta casi reventar y temblaban de placer hasta el paroxismo. Labios, lengua, dientes, manos... una y otra vez, una y otra más.. hasta que Miguel no pudo más y muríó sobre mi vientre desangrándose de semen.












(Paula)





No podía quedarme en aquella habitación. El olor a sexo que siempre me había excitado ahora me repugnaba. El sexo, me repugnaba. Cogí la primera prenda que encontré en el suelo y que resultó ser la camisa de Miguel y escapé de aquel cuarto en el que Malena había conseguido licuarme con sus artes. En sus habilidades lingüísticas no tiene competencia.






( Continuará ...)

viernes, 3 de junio de 2011

"TRIADA"


(II)


(Malena)

Paula y Miguel, formaban una pareja extrañamente encantadora, de las que difícilmente podría pasar por desapercibida allá donde fueran. Paula, una pura sangre con aire de estar siempre ausente, de como si nada fuera con ella. Y él, que no siendo guapo, ni feo, ni todo lo contrario, era un hombre especial que, con ese particular modo suyo de hablar y de moverse, parecía transportarte hasta otra época. Pero estaba claro que no habíamos ido allí para viajar astralmente por la historia. Estábamos para lo que estábamos y ninguno de los dos parecía darse cuenta, así que decidí tomar las riendas de la situación.


- Bailamos?- dije dirigiendome al centro de la sala.
- Gracias Malena, pero a mi edad prefiero dejar ese tipo de contorsionismo para los más jóvenes.
- No te preocupes Miguel. En realidad no te lo estaba proponiendo a a ti, se lo preguntaba a Paula. Venga chica trae tu culito hasta aquí y empieza a moverlo.







Paula se levantó y, aunque comenzó una sensual danza, su cara me decía que algo no iba bien. No sé que demonios le pasaba a esta chica por la cabeza, pero su actitud había cambiado en el transcurso de la cena y yo tenía que descubrir cual era la causa de ese cambio, así que me acerqué a ella por detrás, tomándola de las caderas, aprovechando para pegar mi cuerpo al suyo y susurrarle al oído.

- Se puede saber que coño te pasa?
- No puedo Malena, no puedo hacerlo

Mis manos recorrían su abdomen, y subían hacia su pecho levantandole la camisa al mismo tiempo.

- Qué no puedes qué? Vamos Paula, no me digas que..
- Pues sí, te lo digo. No he vuelto a follar desde que dejé a..., desde que lo dejé. No puedo, sencillamente no puedo
- Nada de nada? Ni un escarceo desde entonces?
- Claro que sí, no seas idiota, pero el resultado ha sido tan desastroso que prefiero pensar que no ocurrió, y no quiero que vuelva a suceder.


Sus pezones estaban, a pesar de la tela que se interponía entre ellos y mis dedos casi tan duros como los míos clavados en su espalda. Sus manos sujetaban mis nalgas acompasando nuestras pelvis al ritmo de la música.





- Entonces … no quieres que Don Miguel te haga un trabajito o es que en tu negativa me incluyes a mi también? Porque si es así no sé para que me has hecho venir.
- No, no te incluyo, al menos no del todo. Quiero que te lo hagas con él por mi.
- Estás loca de remate.
- Estaré todo lo loca que tu quieras, pero lo harás?
- Con una condición, tu eres para mi cielo... que me estas poniendo como una perra en celo cabrona.



(Paula)


Menos mal que se me ocurrió invitar a Malena a pasar el fin de semana, ella era la única que podía salvar aquella situación. Nuestro bailecito la estaba poniendo a mil, la conocía lo suficiente como para notarlo, aunque creo que Miguel también empezaba a darse cuenta y a contagiarse de su calentura a juzgar por el prominente abultamiento de su bragueta. Me giré y besé a Malena en la boca para sellar un pacto del que solamente nosotras conocíamos las condiciones. Ella lo entendió y su lengua se abrió paso entre mis labios mientras, como si de pronto hubiera sonado el pistoletazo de salida, comenzamos a desabrocharnos la camisa la una a la otra disfrutando del roce de la piel. Lamía y mordisqueaba mi cuello creando una chispa eléctrica que me recorría de pies a cabeza haciendo que me olvidara por completo del perfecto y, para mi, inútil caballero que no nos quitaba ojo de encima mientras con su miembro ya en la mano, comenzaba a masturbarse al ritmo de nuestros gemidos.






Las caricias de Malena se fueron intensificando y con ellas mis respuestas a las mismas. Nadie conoce mejor que una mujer lo que calienta hasta la ebullición a otra y, Malena era la mejor a la hora de aplicar medidas térmicas. Por debajo de mi falda, apartando lateralmente mi tanga había colado, primero uno y luego dos de sus dedos haciendo que notara palpitar el corazón, desbocado y febril, entre las piernas. Ella lo sentía mientras Miguel veía diluirse mi excitación en el hilo de humedad que, siguiendo el camino de la gravedad, había empezado a recorrer mis piernas.

Sin salir de su cobijo, la mano de Malena me guió hasta la habitación, tomando a su paso con la otra a Miguel a modo de invitación para compartir con nosotras momentos de íntimo goce.


(Miguel)



Dos féminas para mi solo, el sueño de todo hombre hecho realidad sin haberlo soñado. Dos bellos ejemplares de hembra en una majestuosa danza de apareamiento …



(… Continuará)