sábado, 22 de enero de 2011

LA CITA...

Siempre he creído que las casualidades existen por algún motivo desconocido pero que, en el fondo, tienen su razón de ser. Las cosas no pueden ser solo porque sí... O tal vez SI???








Nos conocimos así, por casualidad. Nos encontramos los dos en el lugar apropiado y en el momento oportuno. En realidad no fuimos nosotros los que nos encontramos, sino nuestros perfiles en una de esas muchas páginas que hay en la red. El primer contacto, un sobrecito cargado de sarcasmo parpadeando en mi bandeja de entrada. Una respuesta de irónica cortesía. Otro sobre parpadeante. Otra respuesta. Y de pronto nos sorprendimos hablando con asiduidad, descubriéndonos un sentido de humor similar y aficiones a la lectura, a la escritura, la música o el cine parecidas. Ese descubrimiento nos llevó al desenlace lógico. El encuentro. Esa temida, deseada y terrible Primera Cita!!!. Ojalá se pudiera pasar por alto el trámite de la primera para ir directamente a la segunda. Aunque debo reconocer que esta fue más parecida a una segunda que a una primera cita.






Cocinamos juntos, él más que yo. Hablamos sin parar, él más que yo. Cenamos opíparamente, él más que yo. Y bebimos mucho, él menos que yo. Una película y el sofá se fue convirtiendo en cómplice de intimidades. Primero un roce casual, luego una caricia lenta, después su brazo rodeándome, su boca susurrándome al oído, su respiración en mi cuello... La poca lucidez que el vino me había dejado se esfumó ante el cuerpo que se revelaba contra la cordura y reclamaba lo que le apetecía, lo que quería y lo que deseaba.




Sentía sus manos recorriendo mi cuerpo con caricias que estaban empezando a volverme loca. Debo reconocer que el tío era bueno!!!... no me invadía como el que llega para conquistar, era como si se pasease por un paisaje recorrido anteriormente, deteniéndose en el punto exacto, con la presión justa y el tiempo preciso para provocar, excitar y hacer que el deseo fuera “in crescendo” acelerando con cada uno de sus movimientos más mi respiración.






Fuimos acomodando nuestros cuerpos uno al otro en el íntimo y reducido espacio que nos proporcionaba el sofá. Me quitó el jersey y el sujetador, antes siquiera de que me diera cuenta de que iba a hacerlo, mientras una de sus manos se dedicaba a acariciar mis pechos, sopesándolos, estrujándolos y retorciéndolos haciendo que mis pezones se endurecieran entre sus dedos, con la otra se entretenía recorriendo mis muslos, la parte interna de mis muslos, en la parte más interna entre mis muslos. Jugando a entrar, entrando... Entrando y saliendo como el susurro de un quejido suave, provocándome oleadas de placer que aumentaban a medida que notaba como crecía su erección pegada a mi pierna.





Nuestras bocas se buscaban para a punta de lengua violar lentamente los labios del otro, rompiendo la barrera y abriéndose camino hacia dentro. Penetrando, ocupando, lengua con lengua, saliva con saliva. Apartarse solo para poder volver a ese baile de humedades compartidas. Estaba empapada, sus dedos resbalaban entre mis fluidos, buscando y encontrando mi clítoris, saliendo y entrando hasta lo más profundo, disimulando como podía mis gemidos con risas hasta que ... no pude más.






Me senté a horcajadas sobre él y le desabroché el pantalón, bajándoselo solo lo justo para dejar libre su miembro. Se lo debía, quería que tuviera su parte de lo que me estaba provocando. Empecé a acariciarlo comprobando su erección y dureza. Mi mano subía y bajaba, acelerando o frenando el ritmo sin dejar de mirarle, viendo como el placer se le escapaba por los ojos. Aguantándome las ganas de llevármelo a la boca, humedeciéndolo con la lengua, llevándole hasta ese punto en el que el deseo se convierte en grito, haciéndole llegar al cenit del placer con una considerable eyaculación al tiempo que sentía entre mis piernas ... ese temblor de vida.



Dedicado al Hombre de la Luna

4 comentarios:

  1. Afortunado caballero el Hombre de la Luna.

    ResponderEliminar
  2. jajaja El resto sólo lee!!! Me imagino qe el hombre de la luna será el marido de la luna; por ello tu texto (para mí) cobra mayor relevancia; no hay mayor goce que el sexo con amor.

    ResponderEliminar