domingo, 10 de julio de 2011

TRIADA

(IV)

(Paula)


Me acurruqué a oscuras en el sofá de la sala abrazándome las piernas en un estúpido intento de infundirme fuerzas para hacer frente a la bomba de relojería que pugnaban por estallar en mis entrañas y hacer que mi cabeza volara en mil pedazos. Desde que me separé era como si mi cuerpo y mi mente siguieran caminos diferentes, estaba claro que aun podía sentir placer, Malena me lo acababa de demostrar, pero lo que ella no sabía era el tremendo esfuerzo que había tenido que hacer hasta conseguir dejar mi mente en blanco. Si esto era lo que iba a pasar a partir de ahora, no iba a ser difícil tomar una decisión. No podía hacer otra cosa. Renunciaría al sexo para siempre. El esfuerzo, la frustración y la culpabilidad no compensaban los escasos momentos de goce.





Decidí brindar por mi ingreso en la orden del celibato con una copa de cava. La llené y la elevaba hacia ninguna parte cuando vi mi móvil encima de la mesa. No recordaba haberlo sacado del bolso y sin embargo allí estaba y tenía un nuevo mensaje. Sentí curiosidad por saber quién en su sano juicio podía mandar un mensaje a estas horas?
“Hace una noche estupenda, no deberías perderte esa luna. Daniel”
Ay!! el bueno de Dani siempre ahí cuando menos lo esperas. Quizás tuviera razón, ahora que ya tenía las cosas claras, bien podía permitirme el lujo de disfrutar de una noche de luna llena en soledad. Abroché algunos botones de la camisa, cogí la copa y de paso la botella que recién había abierto y me encaminé dispuesta a celebrar mi fiesta de iniciación a la nada en una de las tumbonas.




Había luz en la terraza del apartamento contiguo, y en el silencio de la noche podía oírse la suave melodía de un piano. Respiré hondo y aspiré la esencia de la noche. Por primera vez en bastante tiempo me encontraba en paz conmigo misma.

- Al menos aún haces caso a mis consejos.
- Dani!! Pero se puede saber que haces tu aquí. Me has dado un susto de muerte. Serás idiota!!
- Piensas emborracharte tu sola? Dónde has dejado a tus amiguitos?
- Están ahí dentro, supongo que seguirán en su fiesta privada.
- Y no te apetece estar con ellos?
- Es evidente que no
- Qué crees tu que dirían si después de tu fuga salieran y te vieran casi desnuda hablando con un desconocido?
- Ay por Dios!! que no salgan, que se queden donde están.
- Jajaja.. Tendrías que haberte visto la cara que has puesto. Quieres evitarte ese problema? Tengo la solución, salta a mi terraza, así en el caso de que salgan no sabrán donde estás.
- Tu y tus ideas de bombero. Anda dame la mano y ayúdame y por favorrr deja de mirar debajo de mi camisa.
- Jajajajajajaa.. cielo es inevitable mirar, deberías aprender a vestirte.
- Estaba a oscuras, cogí lo primero que encontré y como comprenderás no voy a entrar allí a buscar mi ropa.
- Mmmm... te queda bien, se te ve sexy, a pesar de que el difunto era mayor. Porque imagino que cuando el dueño de esa camisa salga por esa puerta, a juzgar por tu cara, para ti será un difunto.
Dani, Dani.. Tu siempre tan observador... y tan cínico. Será por eso que me caes bien?






- Te caigo bien por que soy un tipo estupendo y estoy buenísimo
- Estupendo, buenísimo y modesto ? Veamos si también eres sincero... ¿Qué cojones estás haciendo aquí?
- Ven bailemos y te lo cuento al oído.

Uno de sus brazos abrazaba mi cintura con la presión justa para mantener mi cuerpo bien pegado al suyo. Su otra mano acariciaba mi cabeza con ternura haciendo que la recostara sobre su hombro.

- Vas a decirme porque estas aquí
- Shisssss calla disfruta de la noche, dejate llevar y deja de ser impertinente, aunque solo sea por una vez en tu vida.
- Pero es que..
- Cierra los ojos y cierra la boca de una vez.
Sus manos comenzaron a recorrer lentamente mi cuerpo al ritmo de la suave música, nuestros cuerpos se acompasaron al íntimo sonido de la noche y de pronto me dí cuenta de que su ternura empezaba a provocarme esas sensaciones a las que acababa de renunciar.







- Dani
- shssssss
- No Dani, es que..
Su reacción me dejó paralizada. Sujetándome fuertemente me sacudió de los hombros.

- Escuchame bien señorita. Hazme un favor, o mejor aún, háztelo a ti misma. Deja de pensar, deja de intentar adivinar el futuro. Déjate llevar, siente, disfruta. Vuelve a ser tu, por tu bien. Vuelve de donde estés y callate de una puta vez.

El suave beso que depositó en mis labios al acabar su frase fundió la dureza del tono de sus palabras. Yo quería hablar, explicarle, contarle, pero su boca no se apartaba de la mía, su lengua dibujaba el contorno de los mis labios. Sus manos comenzaron a recorrer las curvas de mi cuerpo, acariciando sus contornos suavemente, deleitándose en la ausencia de las prisas. Deteniendo el tiempo en la inexistente distancia que separaba nuestros cuerpos. Sus dedos, se dejaban caer por la espalda y, mientras el pulgar, deslizándose, presionaba la espina dorsal, los otros arañaban suavemente la piel que encontraban a su paso. Ascendían, después de haber bajado hasta mis nalgas, y allí, con ambas manos, abandonada la presa a la custodia de su propio deseo, apretaba la piel, comprobando el efecto de su boca, que succionaba la oreja o mordisqueaba mi cuello sin darme tregua.

Se me iba a salir por la boca. El corazón se me había disparado y me palpitaba con fuerza, como si, tras un largo tiempo adormecido, una hecatombe repentina lo hubiese despertado y ahora, a golpes secos y veloces transmitía el aliento que me ardía entre las piernas y hacia latir mi pecho bajo la camisa medio desabrochada, dejando ver, entre botón y botón, la turgencia de sus latidos.

- Eres un cabrón.
- Quieres que pare?
- Mañana te odiaré por esto.
- Paro?
- Parar? Estas loco? Si paras ahora soy capaz de matarte.

Sus ojos se iluminaron con el brillo obsceno del deseo abriendo abismos de fuego en mi cuerpo entregado sin reservas.






miércoles, 15 de junio de 2011

TRIADA



III




(Miguel)




Las ropas, como por efecto de un tornado, quedaron rápidamente esparcidas por la estancia que, semipenumbras y pese a lo exigua, se convirtió en el vasto escenario de la ceremonia de los ritos más obscenos. Tres cuerpos anónimamente manifiestos, seis brazos y seis piernas enmarañando los lienzos. Tres bocas dispuestas a comerse hasta hasta la última palabra. Una lucha de titanes. Dos para uno, una para dos, tres contra tres midiendo sin medida las fuerzas, entregados a la lujuria de follarse hasta el último suspiro.




Quizás la casualidad, o por cotidianidad, mi querida Paula se colocó fuera de mi alcance inmovilizando con sus rodillas las muñecas de su amiga que perdió la cabeza entre sus piernas contagiándome de esa locura, mientras su lengua recitaba un incansable diálogo diáfano de viejos formulismos, con rítmicos movimientos circundantes que exprimían los jugos que rezumaban de su lubricado premio, cercano a la convulsión, hasta su boca




Puesto que la anfitriona parecía estar bien atendida por el momento, las normas de cortesía me obligaban a dedicar toda mi atención, aunque eso sí, sin perder ni un solo de talle de lo que me enardecía, a nuestra invitada de honor. Resbalé dos dedos por su clítoris palpitante comprobando, en el pórtico de la gloria, los efectos devastadores de su propia borrasca interna hasta que me abrió sus puertas. Tomé pues mi miembro, que como lámpara recién frotada, al punto estuvo presto a conceder cien deseos y la embestí de improviso mientras ella seguía con la boca llena. Latía, ciertamente, mi sexo en sus entrañas que se iban encendiendo a mi paso. Mientras iba, de atrás adelante, embistiéndole, mis manos iban de un cuerpo a otro, de la espalda, el cuello y el pecho de Paula, pellizcando con sádica delectación las carnosas eminencias, a las espléndidas piernas de Malena. Emitían ambas rugidos de placer, que a mí me producían una abundante destilación de humores. Arremetí contra nuestra convidada con fuerza hasta hacerla gritar levemente y, arañándole los glúteos, flexioné sobre el vientre sus piernas, de modo que quedaban al aire sus pies. Me confieso fetichista, siempre me han excitado unos bellos pies. Quise. verlos, olerlos, tocarlos, mordisquearlos y, poseído de un extraño e irrefrenable furor, mi lengua recorrió sus adorables plantas y mis pulgares hendieron su piel, entre gemidos entrecortados y tibios escalofríos.











(Malena)





Estaba disfrutando de lo lindo con la cabeza entre las piernas de la mujer de mi vida que se acercaba al orgasmo. Podía notarlo por como se contraían sus músculos. Redoblé mis esfuerzos y mi deleite para provocarle cuanto antes el climax y la tremenda corrida con que me obsequió en el faldón del paladar de la que me bebí hasta la última gota, y que dejó tras de sí un lienzo de brillo en mi barbilla.




Entre mis piernas el semental espoleaba su porción de carne. Una y otra vez, de treinta a cuarenta embestidas por minuto. Sentía en mi interior ese enorme animal descabezando el deseo, lo había visto antes en sus manos. Podía describir su ir y venir, remojando la piel que, ya húmeda, volvía más suave cada embestida. Paula según lo convenido,se había apartado. Miguel apenas se dió cuenta de ese detalle al que yo estuve bien atenta, pero él estaba rojo, como encendido, medio sudado,y apelmazándose sobre mí. Había levantado mis piernas y mi vagina, acortada por la postura, no oponía resistencia a su empuje y la punta del glande chocaba fieramente contra el último confín de mi coño amenazando con inundarlo. No quedaba espacio, le oía respirar casi en mi boca y emanaba un olor como de fiera.





Vi a Paula recoger alguna prenda del suelo y salir sigilosamente de la habitación casi en penunbras y, me centré en lo que tenía entre manos, o mejor dicho, entre piernas. Sentía el agujón de fuego de Miguel en mis entrañas, estaba a punto de correrse. No quería que se corriera,o al menos no por el momento. Deseaba prolongar el juego y darle tiempo a mi amiga para que hiciera lo que fuese que quisiera hacer, incluso pensé que le perdonaría si al salir de la habitación hubiese desaparecido del apartamento. Extraje su pene y Miguel, al que la decepción se le dibujo en forma de poema en la cara lanzó un quejumbroso gruñido que acallé llevándome su enrojecido e hinchado miembro a la boca e hiriéndolo de muerte con la lengua. Una vez y otra vez, lo que la mano oprimía recibía el lametón que, gradualmente, se iba convirtiendo en chupadura y aspiraba sus mieles, mientras sus venas se hinchaban hasta casi reventar y temblaban de placer hasta el paroxismo. Labios, lengua, dientes, manos... una y otra vez, una y otra más.. hasta que Miguel no pudo más y muríó sobre mi vientre desangrándose de semen.












(Paula)





No podía quedarme en aquella habitación. El olor a sexo que siempre me había excitado ahora me repugnaba. El sexo, me repugnaba. Cogí la primera prenda que encontré en el suelo y que resultó ser la camisa de Miguel y escapé de aquel cuarto en el que Malena había conseguido licuarme con sus artes. En sus habilidades lingüísticas no tiene competencia.






( Continuará ...)

viernes, 3 de junio de 2011

"TRIADA"


(II)


(Malena)

Paula y Miguel, formaban una pareja extrañamente encantadora, de las que difícilmente podría pasar por desapercibida allá donde fueran. Paula, una pura sangre con aire de estar siempre ausente, de como si nada fuera con ella. Y él, que no siendo guapo, ni feo, ni todo lo contrario, era un hombre especial que, con ese particular modo suyo de hablar y de moverse, parecía transportarte hasta otra época. Pero estaba claro que no habíamos ido allí para viajar astralmente por la historia. Estábamos para lo que estábamos y ninguno de los dos parecía darse cuenta, así que decidí tomar las riendas de la situación.


- Bailamos?- dije dirigiendome al centro de la sala.
- Gracias Malena, pero a mi edad prefiero dejar ese tipo de contorsionismo para los más jóvenes.
- No te preocupes Miguel. En realidad no te lo estaba proponiendo a a ti, se lo preguntaba a Paula. Venga chica trae tu culito hasta aquí y empieza a moverlo.







Paula se levantó y, aunque comenzó una sensual danza, su cara me decía que algo no iba bien. No sé que demonios le pasaba a esta chica por la cabeza, pero su actitud había cambiado en el transcurso de la cena y yo tenía que descubrir cual era la causa de ese cambio, así que me acerqué a ella por detrás, tomándola de las caderas, aprovechando para pegar mi cuerpo al suyo y susurrarle al oído.

- Se puede saber que coño te pasa?
- No puedo Malena, no puedo hacerlo

Mis manos recorrían su abdomen, y subían hacia su pecho levantandole la camisa al mismo tiempo.

- Qué no puedes qué? Vamos Paula, no me digas que..
- Pues sí, te lo digo. No he vuelto a follar desde que dejé a..., desde que lo dejé. No puedo, sencillamente no puedo
- Nada de nada? Ni un escarceo desde entonces?
- Claro que sí, no seas idiota, pero el resultado ha sido tan desastroso que prefiero pensar que no ocurrió, y no quiero que vuelva a suceder.


Sus pezones estaban, a pesar de la tela que se interponía entre ellos y mis dedos casi tan duros como los míos clavados en su espalda. Sus manos sujetaban mis nalgas acompasando nuestras pelvis al ritmo de la música.





- Entonces … no quieres que Don Miguel te haga un trabajito o es que en tu negativa me incluyes a mi también? Porque si es así no sé para que me has hecho venir.
- No, no te incluyo, al menos no del todo. Quiero que te lo hagas con él por mi.
- Estás loca de remate.
- Estaré todo lo loca que tu quieras, pero lo harás?
- Con una condición, tu eres para mi cielo... que me estas poniendo como una perra en celo cabrona.



(Paula)


Menos mal que se me ocurrió invitar a Malena a pasar el fin de semana, ella era la única que podía salvar aquella situación. Nuestro bailecito la estaba poniendo a mil, la conocía lo suficiente como para notarlo, aunque creo que Miguel también empezaba a darse cuenta y a contagiarse de su calentura a juzgar por el prominente abultamiento de su bragueta. Me giré y besé a Malena en la boca para sellar un pacto del que solamente nosotras conocíamos las condiciones. Ella lo entendió y su lengua se abrió paso entre mis labios mientras, como si de pronto hubiera sonado el pistoletazo de salida, comenzamos a desabrocharnos la camisa la una a la otra disfrutando del roce de la piel. Lamía y mordisqueaba mi cuello creando una chispa eléctrica que me recorría de pies a cabeza haciendo que me olvidara por completo del perfecto y, para mi, inútil caballero que no nos quitaba ojo de encima mientras con su miembro ya en la mano, comenzaba a masturbarse al ritmo de nuestros gemidos.






Las caricias de Malena se fueron intensificando y con ellas mis respuestas a las mismas. Nadie conoce mejor que una mujer lo que calienta hasta la ebullición a otra y, Malena era la mejor a la hora de aplicar medidas térmicas. Por debajo de mi falda, apartando lateralmente mi tanga había colado, primero uno y luego dos de sus dedos haciendo que notara palpitar el corazón, desbocado y febril, entre las piernas. Ella lo sentía mientras Miguel veía diluirse mi excitación en el hilo de humedad que, siguiendo el camino de la gravedad, había empezado a recorrer mis piernas.

Sin salir de su cobijo, la mano de Malena me guió hasta la habitación, tomando a su paso con la otra a Miguel a modo de invitación para compartir con nosotras momentos de íntimo goce.


(Miguel)



Dos féminas para mi solo, el sueño de todo hombre hecho realidad sin haberlo soñado. Dos bellos ejemplares de hembra en una majestuosa danza de apareamiento …



(… Continuará)

miércoles, 25 de mayo de 2011

" TRIADA "

( I ).


Entré con mi amiga Malena en el acogedor apartamento de primera línea de mar que acababa de alquilar por cortesía de mi nuevo pretendiente. Habíamos decidido que nos merecíamos un descanso tras las duras semanas que acabábamos de pasar para poder inaugurar a tiempo su nuevo negocio. Malena dejó su bolsa de viaje en la sala principal mientras recorría con la vista el pequeño salón.




  • Chica que monada!!! Cómo lo has conseguido?

  • Pues como se consiguen estas cosas hija, llamando a un amigo que tiene un amigo que conoce a alguien que tiene un amigo que es dueño de esta polvera

  • Desde luego Paula, nunca dejará de sorprenderme la cara que le echas a veces.

  • Ay querida, acaso crees que lo conseguí por mi cara bonita? De acuerdo... es cierto que me han hecho un precio especial y que no lo pago yo, sino Miguel, pero pagar, ha de pagar por él como todo hijo de vecino. Además, a ti que más te da. Tu eres mi invitada.

  • Sí claro, tu invitada!! Y que se supone que debe hacer “tu invitada”?- y acompañó la frase con un obsceno gesto de su boca.

  • Pero que bruja llegas a ser!!! Lo primero que has de hacer es ponerte cómoda mientras yo pongo musiquita para caldear el ambiente y termino de preparar la cena, Miguel no tardará, y estoy deseando ver la cara que pone cuando nos encuentre aquí a las dos. Quieres tomar algo?




Me quedé trasteando la cadena de música y luego en la cocina, mientras Malena se perdía en el interior de una de las habitaciones. Al cabo de unos minutos nos encontrábamos ambas en la terraza del apartamento disfrutando de la brisa marina y descorchando la primera botella de buen vino, también por cortesía de nuestro anfitrión, de la noche.

  • Bueno, ahora cuéntame, con muchos pelos y con muchas señales, quién coño es este Miguel. La última vez que nos vimos tu estabas coladita por aquel viejo pez gordo y yo intentaba decidir si me casaba con Jose, me liaba con Susana o te raptaba y nos fugábamos a Australia.

  • Miguel es el propietario de uno de los negocios en los que hago mis prácticas, y además es todo un caballero de los que ya no quedan.

  • Mujer alguno más quedará digo yo no?

  • No como él, ya verás, cuando lo conozcas me darás la razón.

  • Y si es tan caballeroso como dices qué crees que opinará de la sorpresita que vamos a darle? No se molestará?

  • A cuantos hombres conoces tu que les sirvan en bandeja dos hembras como nosotras y que se den media vuelta?

  • Ay bonita... Hombres? Ninguno. Maricas? mmmm.. unos cuantos ... jajajaja. Tienes toda la razón. Así que vamos a lo que realmente importa. Y tu Miguel … que tal se porta en la cama? Espero que tenga cuerda para las dos

  • mmm.. Verás, ese el quid de la cuestión, la verdad es que no lo sé, no tengo ni puñetera idea de como se desenvuelve en ese terreno. Aún no nos hemos acostado ni una sola vez.

  • Es coña no? Estás de coña no?Dime que estas tomándome el pelo, por favor... dime que no es cierto lo que dices. Chica tu estás fatal!!!. Pero cómo se te ocurre montar este numerito, imagina que el pobre es impotente, que Dios no lo quiera. pero y si lo fuera? Has pensado en como se sentirá?,por no hablar de nosotras, hija si pegar un gatillazo con una es frustrante imagina lo que debe ser con dos. De verdad que no te entiendo, o sea, que durante meses se lo estuviste negando a tu pez gordo, que el pobrecillo hasta hubiera pagado por vernos y, ahora vas y se lo regalas a tu nuevo Dandy por la cara y sin saber si el tio vale la pena? Perdona que te lo diga Paula, pero estás loca, estás rematadamente loca.

  • No lo ves.?.. No ves que esa es una de las razones por las que lo hago, si no funciona siempre podemos apañarnos nosotras solitas y dar por buena la noche. Y sobre lo de si es impotente la verdad es que no creo que lo sea, que algo he podido comprobar. A lo último mejor no te respondo, ya sabes que yo siempre he sido muy mal mandada, hija que noche tras noche te pidan lo mismo una y otra vez es tan cansino como desmotivador. Por eso he pensado que si a este se lo doy la primera noche no estará dándome la matraca día sí y día también con lo de que le monte el numerito y esperará a que quiera sorprenderle de nuevo.




De lejos les llegó el sonido de las llaves en la cerradura. Miguel acababa de entrar impecablemente vestido apoyándose en un fino bastón de plata, más por coquetería que por necesidad, y se dirigía con paso firme hacia ellas.

  • Señoras... pero que grata sorpresa descubrir que el placer que esperaba se ha duplicado. Preveo una encantadora velada en compañía de las dos damas más bellas de toda la comarca.

  • Miguel, te presento a mi amiga Malena

  • Enchanté madamoiselle, será un placer disfrutar de su compañía- dijo tomando su mano rozándola apenas con sus labios.- Si tus amigas son así de hermosas, ardo en deseos de conocerlas, a todas. Y tu querida, tu... estás preciosa esta noche.

  • Gracias Miguel, de parte de las dos, porque creo que mi amiga ha perdido el habla … y los modales jajajajajaja

  • Yo...Perdón, lo.. lo siento, no sé que me ha pasado. Encantada de conocerte.- balbuceo Malena

  • No se preocupe usted señora mía, queda mucha noche para conocernos, la cena, a juzgar por el aroma que llega de la cocina, y el vino se me antojan inmejorables y el sueño en tan grata compañía lo presiento imposible – Contestó Miguel mientras las miraba de arriba a abajo, advirtiendo en el ambiente el presagio de algo inusual, como una invitación a una velada extraordinaria.

  • Gracias eres, perdón quiero decir, es usted muy amable.

  • Tuteeme querida, tuteeme se lo ruego.


La cena, que no por sencilla resultó menos exquisita, estuvo amenizada por el escarceo verbal que, a punto de finalizar los postres empezaba a convertirse en un toma y daca de confidencias y complicidades, y cuyo tono subía, grado a grado, la temperatura continuamente, abriendo las puertas a la intimidad y apagando las luces de la inhibición.


(Continuará...)





lunes, 7 de marzo de 2011

REF..LEJOS

Las personas somos animales de costumbres. A pesar de que la ruptura sea un hecho consumado, incluso cuando somos conscientes de que la historia que fue no será, aún por encima del desamor, quedan lazos que no terminan de desatarse y hábitos que no acaban de desaparecer.

- Esto no está bien, … esto no está bien - musitaba Ángel moviendo la cabeza con un ademán sombrío.




Hacía unos meses que habían decidido separarse. Por lo tanto, el que esa noche tuvieran que compartir la habitación del hotel era, simplemente, un hecho aislado que en nada cambiaba su situación actual. Habían llegado a un acuerdo, él necesitaba de su visión y ella de sus contactos, para seguir manteniendo el estatus en sus vidas por separado.


- Esto no está bien, … esto no está bien - repitió Virginia con sorna, mientras se desnudaba camino de la ducha arrojando las prendas sobre la cama, justo frente a la butaca que ocupaba su ex-marido.


Esto no está bien, esto no está bien... se repetía una y otra vez ahuyentando los recuerdos que acudían a su mente encadenados al sonido del agua que le llegaba desde el baño y que le evocaban una excitante sinfonía de pasados encuentros.





Virginia salió envuelta en una toalla. No pudo evitar mirarla. Era hermosa. Ella, sintiéndose mirada, se recostó contra el cabezal con las piernas abiertas y ligeramente flexionadas. Ángel agacho la mirada.

- Esto no esta bien, algo no está bien – No entendía lo que pasaba. Como era posible que sintiera de nuevo deseo. En los últimos meses que pasaron juntos la pasión había desaparecido. Se separaron porque habían dejado de funcionar. La miró de nuevo, pero no dijo nada. Virginia, provocativa, sosteniéndole la mirada, se preguntaba si, después de todo no valía la pena regalarse una nueva oportunidad. Pero sus esperanzas se iban desvaneciendo a medida que el silencio se iba haciendo cada vez más denso.



Ángel se quitó la ropa y, mascullando algunas maldiciones, se metió en la cama. Virginia no se movió, esta vez la cosa si que iba en serio de verdad. Absorta en esos pensamientos no pudo evitar que acudieran a su mente imágenes de momentos felices con una nitidez insospechada. Pensó que eran los malditos trucos de la memoria, sin embargo se dejó arrastrar a los recuerdos más placenteros. Después de todo, pensó, a estas alturas a quién iba a importarle…



Atraído por el reclamo del turbador sonido de su respiración agitada. Ángel la miró. Una vez y otra más. Ella seguía en idéntica postura, con los ojos fijos en alguna parte, ausente. El deseo le aguijoneó entre las piernas. No era para menos. La simple vista de aquel cuerpo hermoso, reflejado en el espejo, con las piernas abiertas mientras sus dedos, con delicados movimientos, acompasaban el ritmo de sus gemidos, era como para reventar las venas, que hinchaban ya, irremisiblemente, la masa cavernosa y roja de su masculinidad. La deseaba. Deseaba penetrarla. Necesitaba penetrarla.



Esto no esta bien, esto no esta bien – pensaba mientras su mano comenzaba a acariciar el muslo de Virginia con un ¿Puedo? en la punta de los dedos. Tomó el gemido de ella como un gesto de asentimiento. Le separó las piernas y colocándose entre ellas, inició un lento y refinado juego con su boca al que ella acompañó con rítmicos movimientos, gemidos cada vez más intensos y una profusa secreción de jugos, hasta que, a golpes de lengua, el placer estalló entre sus piernas.




Se detuvieron solo para volver a empezar. Quería ver como se masturbaba mientras su miembro, entraba y salía de su boca. Cuando más la miraba, más la deseaba y luchaba para que, su palpitante carne, no se derramase tan pronto. Quería darle más, quería darle todo. La colocó a cuatro patas y la penetró con suavidad. Poco a poco fue aumentando el ritmo de sus embestidas. Sus testículos golpeaban las nalgas, que se movían como solo ella sabía que le volvían loco. Virginia tenía la cabeza clavada en el colchón, ofreciéndose a su irreprimible deseo. Ángel no sabía si podría contenerse mucho más tiempo, se concentró en pensamientos ajenos, se mordió los labios, cerró con fuerza los ojos, contrajo todo su cuerpo y … aguantó. Aguantó hasta oírla gritar de placer haciendo temblar la habitación del hotel.



Tan solo se concedieron unos minutos antes de reanudar sin descanso aquel juego que se les había ido de las manos. La giró colocándose sobre ella. Frente al espejo, danzaron en el aire, a cada embestida, las piernas de Virginia. La penetraba con delicadeza, pero con una dureza extrema. Se abrazaron con fuerza, se comieron la boca, se mordieron y arañaron hasta incendiar la habitación. Ardieron el espejo, la cama y las sabanas ... Se quemaron y consumieron por completo en su propio fuego hasta que, al unísono, sus gritos de liberación desgarraron el aire...




- Como en los viejos tiempos eh!!... Cualquiera diría que nada ha cambiado dijo Virginia dándole la espalda.

Pero ambos sabían que eso no era cierto. Y Ángel apagó la luz.
(Relato para el concurso de TheSecret-LaRevista)

lunes, 31 de enero de 2011

UNA NOCHE CUALQUIERA...

Nunca me gustado seguir los consejos al pie de la letra, por eso, a pesar de la recomendación del viejo refrán que dice que los Martes.. Ni te cases, ni te embarques... yo me embarqué en la aventura de otra noche con ella. Recordar nuestra primera cita, las conversaciones posteriores a ese encuentro y la lectura de sus relatos me excitaba e incitaba a acercarme a ella para hacer realidad las fantasías que habíamos dejado suspendidas en el aire. Pero las ilusiones son peligrosas porque no tienen defectos y, al final, uno acaba olvidándose de como es la realidad. Yo no quería que eso me ocurriera, para evitarlo, tenía que descubrir cuanto antes hasta donde llegaba la fantasía y, donde empezaba la realidad en esa mujer.

Cenamos y charlamos animadamente dejando al descubierto una cómoda complicidad entre ambos, pero no la había invitado para eso... no era eso lo que yo quería descubrir. Así que cuando nos levantamos para recoger la mesa aproveché para provocar la situación y empecé a acariciarla, deslizando mis dedos entre su pelo mientras nos besábamos, bajando luego mi mano por su espalda hasta llegar a su trasero. Empecé a acariciarle los muslos, según iba subiendo la mano su vestido me iba abriendo paso resbalando suavemente por sus caderas hasta llegar de nuevo a su culo.

Ven – dije tirando suavemente de ella para llevarla hacia la cama.




Seguimos besándonos mientras íbamos quitándonos la ropa. Poco a poco mi mano fue recorriendo sus caderas y su vientre, esta vez sin nada interponiéndose entre mi mano y su piel, hasta llegar a su tanga negro, después de pasar mis dedos por encima durante unos instantes los introduje por debajo de su ropa interior sintiendo su calor, su deseo, su humedad, su sexo que, caricia tras caricia, mostraba cada vez mas las ganas de ser tomado. De sus labios se escapaban pequeños suspiros de placer que me excitaban cada vez más, que me llevaban a besarla por el cuello y por los hombros haciendo que su excitación fuese en aumento.

Ella fue bajando sus manos con caricias lentas, podía sentir cada uno de sus movimientos por todo el cuerpo, hasta deslizar suavemente su mano bajo mis calzoncillos acariciando lentamente mi miembro, agarrando con mucha sensualidad mis testículos acariciándolos suavemente, jugando con ellos entre sus dedos. Mientras mi mano seguía metida bajo su tanga y mis dedos jugaban con su clítoris muy lentamente, sintiendo como su deseo y su humedad iban cada vez a más.

De pronto, soltó lo que tenia entre manos, se tumbó en la cama y con una sonrisa maliciosa, me pidió que me colocara sobre ella. Sus pechos desnudos quedaron frente a mi, deslice mis manos por sus hombros y los acaricie, quería sentirlos, rodearlos con mis manos, apretarlos y saborearlos, agache levemente mi cabeza sobre uno de ellos y pase mi lengua por uno de sus pezones, mordisqueándolo, sintiendo como se ponía cada vez mas duro entre mis labios. Ella puso sus manos en mi torso, acariciándolo, dejando que sus dedos repasasen una y otra vez mis pezones.



La agarre con mis dos manos por la cabeza y la besé, pase una de mis manos a su nuca y agarrándola por el pelo le eche la cabeza hacia atrás y empecé a besarla y lamerle el cuello, los hombros, dándole suaves mordiscos por toda la zona, podía sentir como sus piel se erizaba bajo mis labios, finalmente llegue al lóbulo de su oreja y se lo mordí muy despacio, me separe un poco de ella para ver como se estremecía. Volví a besar su cuello, sus hombros, bajando lentamente por sus pechos, su vientre hasta que mis labios rozaron su tanga. Lo cogí y se lo baje despacio, quería disfrutar de ese momento, de la aparición de su sexo ante mi vista, brillante por la excitación, ella levanto las piernas y acabe de retirar la minúscula ropa interior.

Lo tire al suelo y me incline sobre ella, quería saborearla, deslizar mi lengua entre sus labios y emborracharme con los jugos de su placer. Agarrándola por sus rodillas levante sus piernas y acerqué mi cara a su sexo, con mi lengua rodeé varias veces su clítoris , despacio, poco a poco, la noche era nuestra y quería disfrutarla, de arriba a abajo, no quería dejar ni un solo milímetro de su sexo sin saborear. Al cabo de unos minutos podía notar como su humedad empapaba mi cara, estaba muy excitada, sus suspiros iban en aumento y cada vez eran más seguidos así que decidí dedicarme a su clítoris. Mi lengua empezó a jugar con él, dándole suaves lamidas en todas direcciones, mientras, mis dedos jugaban en la entrada de su vagina, haciendo pequeños círculos en su inicio, podía sentir como cada vez que la tocaba se contraía, su espalda se arqueaba y un gemido salía de lo mas profundo de su interior.



Poco a poco y entre juegos acabe teniendo dos dedos metidos en su cuerpo, mientras mi lengua seguía jugando con su clítoris notando mis dedos cada vez mas mojados. Sus gemidos iban en aumento, uno tras otro, tan seguidos que parecían solo uno interminable, hasta que finalmente arqueo la espalda y acompañados de un grito empezaron a manar jugosos fluidos de su sexo dejando un cerco en la sabana y, empapando mi mano y sus muslos. Cuando acabó, tomó mi cabeza entre sus manos y su boca buscó la mía para fundirse en un beso en el que degustar su sabor y agradecer el placer que le había proporcionado. Se sentó sobre mi mirándome fijamente, puso su mano en mi pecho y me echo hacia atrás. Paso la lengua por la palma de su mano y agarrando mi miembro empezó a acariciarlo dándole suaves masajes en círculos alrededor de la cabeza, no tarde ni dos segundos en ponerme a tono. Había llegado mi turno...o eso fue lo que yo creí hasta que, con la misma mano lo situó frente a su sexo y se dejo caer introduciéndolo hasta lo mas profundo. Empezó a moverse suavemente hacia delante y hacia atrás, gimiendo, frotándose contra mi vientre, contrayéndose cada vez que mi sexo entraba en el suyo, disfrutando de los suaves movimientos. Cada vez su ritmo era mas acelerado y sus suspiros mas seguidos. Me pidió que la sujetara por las caderas y me uniera a aquella danza de dulces movimientos mientras dejaba caer su cuerpo hacia atrás, sin parar de moverse con mi ayuda, cada vez mas fuerte, apretándose contra mi sin dejar que mi polla saliera de aquel húmedo paraíso, disfrutando de todas y cada una de las sensaciones que recorrían su cuerpo .. y el mio.





Aceleró sus embestidas mientras fuertes espasmos sacudían su cuerpo. Yo seguía sujetándola por las caderas, disfrutaba acompasando su orgasmo a los movimientos, mientras la apretaba fuertemente contra mi para que me sintiera dentro mientras se corría, moviéndola despacio para que en medio de sus fluidos notase el suave roce de mi miembro contra sus empapadas paredes.



Se dejó caer sobre mi, y comenzó a lamerme los labios, la barbilla, el cuello, el torso, el vientre...

Esta vez sí, esta vez era mi turno, su lengua comenzó a recorrer mi polla, humedeciéndola, recorriéndola con una mano, mientras que con la otra masajeaba mis huevos. Vi como desaparecía casi por completo dentro de su boca, una y otra vez. Mordisqueaba, chupaba, lamía sin dejar de mirarme fijamente aumentando mi excitación, quería que ahora yo disfrutase, quería ver mi expresión mientras me corría, quería saber que era ella la que provocaba esa sensación de placer en mí. Le aparté el pelo y se lo sujeté para disfrutar de las chispas de lujuria que escapaban de sus ojos hasta que el deseo me desbordó inundando su boca con todo lo que ella me había sacado, con todo lo que ella me había provocado.




Se echó a un lado, la cabeza a escasos centímetros de mi miembro mirándolo mientras yo lo sujetaba dándome suaves masajes, alargando todo lo posible la sensación de éxtasis. Yo la miraba a ella mientras me acariciaba, miraba como una de sus manos recorría su cuerpo hasta llegar a su clítoris, la miraba mientras se acariciaba buscando de nuevo el placer. Yo seguía masturbandome, ahora muy despacio, sin dejar de mirarla, sin dejar de mirar como disfrutaba de su cuerpo, como se acariciaba... Mi mano libre buscó hueco entre sus piernas y acompasando uno de mis dedos a sus movimientos alcanzó un nuevo y tremendo orgasmo.




Nos quedamos abrazados hasta que el cansancio nos rindió al sueño. Por la mañana nos despertamos temprano, preparamos café. Cuando terminamos nos volvimos a la cama. Se dejó caer hacia atrás y me quedé mirándola, mirando su cara, su melena negra alborotada esparcida por la cama, estaba para comérsela. Miré el reloj, tenía tiempo suficiente para no conformarme solo con mirar e imaginar...






sábado, 22 de enero de 2011

LA CITA...

Siempre he creído que las casualidades existen por algún motivo desconocido pero que, en el fondo, tienen su razón de ser. Las cosas no pueden ser solo porque sí... O tal vez SI???








Nos conocimos así, por casualidad. Nos encontramos los dos en el lugar apropiado y en el momento oportuno. En realidad no fuimos nosotros los que nos encontramos, sino nuestros perfiles en una de esas muchas páginas que hay en la red. El primer contacto, un sobrecito cargado de sarcasmo parpadeando en mi bandeja de entrada. Una respuesta de irónica cortesía. Otro sobre parpadeante. Otra respuesta. Y de pronto nos sorprendimos hablando con asiduidad, descubriéndonos un sentido de humor similar y aficiones a la lectura, a la escritura, la música o el cine parecidas. Ese descubrimiento nos llevó al desenlace lógico. El encuentro. Esa temida, deseada y terrible Primera Cita!!!. Ojalá se pudiera pasar por alto el trámite de la primera para ir directamente a la segunda. Aunque debo reconocer que esta fue más parecida a una segunda que a una primera cita.






Cocinamos juntos, él más que yo. Hablamos sin parar, él más que yo. Cenamos opíparamente, él más que yo. Y bebimos mucho, él menos que yo. Una película y el sofá se fue convirtiendo en cómplice de intimidades. Primero un roce casual, luego una caricia lenta, después su brazo rodeándome, su boca susurrándome al oído, su respiración en mi cuello... La poca lucidez que el vino me había dejado se esfumó ante el cuerpo que se revelaba contra la cordura y reclamaba lo que le apetecía, lo que quería y lo que deseaba.




Sentía sus manos recorriendo mi cuerpo con caricias que estaban empezando a volverme loca. Debo reconocer que el tío era bueno!!!... no me invadía como el que llega para conquistar, era como si se pasease por un paisaje recorrido anteriormente, deteniéndose en el punto exacto, con la presión justa y el tiempo preciso para provocar, excitar y hacer que el deseo fuera “in crescendo” acelerando con cada uno de sus movimientos más mi respiración.






Fuimos acomodando nuestros cuerpos uno al otro en el íntimo y reducido espacio que nos proporcionaba el sofá. Me quitó el jersey y el sujetador, antes siquiera de que me diera cuenta de que iba a hacerlo, mientras una de sus manos se dedicaba a acariciar mis pechos, sopesándolos, estrujándolos y retorciéndolos haciendo que mis pezones se endurecieran entre sus dedos, con la otra se entretenía recorriendo mis muslos, la parte interna de mis muslos, en la parte más interna entre mis muslos. Jugando a entrar, entrando... Entrando y saliendo como el susurro de un quejido suave, provocándome oleadas de placer que aumentaban a medida que notaba como crecía su erección pegada a mi pierna.





Nuestras bocas se buscaban para a punta de lengua violar lentamente los labios del otro, rompiendo la barrera y abriéndose camino hacia dentro. Penetrando, ocupando, lengua con lengua, saliva con saliva. Apartarse solo para poder volver a ese baile de humedades compartidas. Estaba empapada, sus dedos resbalaban entre mis fluidos, buscando y encontrando mi clítoris, saliendo y entrando hasta lo más profundo, disimulando como podía mis gemidos con risas hasta que ... no pude más.






Me senté a horcajadas sobre él y le desabroché el pantalón, bajándoselo solo lo justo para dejar libre su miembro. Se lo debía, quería que tuviera su parte de lo que me estaba provocando. Empecé a acariciarlo comprobando su erección y dureza. Mi mano subía y bajaba, acelerando o frenando el ritmo sin dejar de mirarle, viendo como el placer se le escapaba por los ojos. Aguantándome las ganas de llevármelo a la boca, humedeciéndolo con la lengua, llevándole hasta ese punto en el que el deseo se convierte en grito, haciéndole llegar al cenit del placer con una considerable eyaculación al tiempo que sentía entre mis piernas ... ese temblor de vida.



Dedicado al Hombre de la Luna