domingo, 14 de noviembre de 2010

UNA COLABORACIÓN MUY ESPECIAL...


-Tres de duplex y pares tuyos, cuatro; pequeña en paso, cinco y dos de juego siete. Con dos, bicicleta. Joder, machos ¡estáis chupaos!
-Venga, venga, Alfredito, que esto no es como empieza, sino como acaba
-¿Acabar? ¿Y cómo va a acabar? Como siempre, Ernestín. Tú de paganini, jajajaja
-¡Eh, chavales! ¿Habéis visto peazo mujer? ¿Quién es? ¡está de toma pan y moja!
-¡Hostia! ¡Es la rusa, tú! Es la nueva mujer de Sergei. Dicen que la conoció en un puti de chicas finas en Madrid. ¡Qué buena está la tía, tú!-A esa no te la tiras, Alfredito
-¿Que no? Cuando quiera. Espera que termine de machacaros y verás. Esta noche la tengo debajo.
-¡Menos lobos, caperu! ¡Trescientos euracos a que no te la follas tonight!
-Vete preparando la visa, chalao. Verás tú que no…
-Un momento, Alfredo. Yo subo la apuesta a mil euros, pero pengo como condición que sólo la veas físicamente el mismo día que vayas a tirártela. Sin citas previas. Sólo quedarás con ella para follártela. ¿Qué? ¿Hace?



LA ÚLTIMA LLAMADA
"Jamás debí haber empezado esta farsa Lady. Al principio era tan sólo la oportunidad de quedar por encima del prepotente de Alfredo. Cuando acudió a mí para que le ayudase a ganar la estúpida apuesta que cruzó vi la oportunidad de darle una lección, de demostrar a ese playboy barato que un físico portentoso no lo es todo. Todavía recuerdo su descreimiento cuando le expliqué mi plan. El pobre inculto no sabía ni quién era Cyrano. Le dije que confiara en mí, que la voz es una poderosa herramienta para seducir, que con ella se puede despertar ese mundo infinito que es la imaginación. Tarea ingrata para convencer a quien piensa con la cabeza del pene. Pero no le cabía otra opción que ponerse en mis manos. Y ahí empezó todo, Lady. La primera vez que te llamé estaba nervioso como un colegial. Repasaba mentalmente tu imagen y sentía una sensación cercana al pánico, pero algo incontrolable me empujaba a no colgar. Era un reto excitante. ¿Podría conseguir crear un vínculo de sensualidad sin que me rechazaras? Entonces oí tu voz por primera vez. Una voz suave pero profunda. Engolé la mía, buscando el tono más viril posible.




Con naturalidad. Intenté disimular mi azoramiento, pero de pronto se me ocurrió que podía ser un elemento más de seducción. Me seguiste la corriente y ello me aportó seguridad. No me costó meterme en el papel. Me excitaba sentirme tan seguro y sentirte tan complaciente. Las siguientes llamadas fueron muy reconfortantes. Ibas aceptando el juego poco a poco. Ya no era un extraño, sino un amante desconocido. Empezamos a explorar nuevos caminos para despertar nuestra libido. Nos acariciábamos con las inflexiones de nuestras voces, modulándolas a la vez que modelábamos nuestro deseo. Cada vez necesitaba más. Poco a poco el doble sentido se iba quedando en un juego infantil. Cuando las conversaciones se hicieron más explícitas el deseo me abrasaba por dentro. Te imaginaba húmeda imaginándome excitado. La sola idea de que mis palabras pudieran encenderte, me ponía a mil. Cuando colgaba, las fantasías me asaltaban, quemándome, embruteciéndome como a un animal. Me estaba volviendo loco. Soñaba con penetrarte, con fundir mi lengua con la tuya, en mojar mi boca en tu sexo, en beber la ambrosía del cáliz de tu vulva, en mordisquear tu clítoris mientras te retorcias de placer. Quería comerte toda, poco a poco, beso a beso. Me masturbaba presintiendo el calor de tu boca lamiendo mi erecto miembro, conjeturando la fragancia de tu piel tras la batalla de un coito imposible. Te soñaba deshaciéndote entre mis piernas, jadeando al galope de mis orgasmos.



Me hice adicto a tu voz, a tu presencia imaginada. Buscaba cualquier momento para describirte el fuego que me consumía. Gozaba describiéndote mi deseo. Y todo ello para dejarte en bandeja a un chulángano que jamás sabría apreciar el manjar que iba a degustar. Él no te merece. No merece el frenesí acumulado después de tantas palabras, de tanta pasión interrupta por la distancia. Por eso te confieso la impostura, Lady. Por eso y porque me devoran los celos al pensar que un patán, atletico y bello, hollará lo que yo no podré hollar jamás. No, Lady. El hombre con el que vas a citarte no es quien crees. Él te disfrutará, pero solo yo os podría degustar como a ti te place. Yo te haría jadear, gemir, gritar…Perdóname si puedes. Perdóname por desearte tanto. Esta será mi última llamada, Lady. La última llamada que no te haré jamás…"

-Que sí, Ernestito, que sí. Que están muy bien tus medias de reyes, pero es que aquí el menda tiene dúplex de ases-sietes. Tres a dos, majete. Volvéis a palmar. Como os iba diciendo, la rusa folla como los ángeles. ¡Cómo se mueve la tía! ¡Y cómo come! Una tragasables. Me dijo que pensaba que yo tenía la voz más grave. ¿Grave? Grave son los dos palmos de tranca que voy a meterte entre las piernas, nena, le dije yo mientras me sacaba la artillería pesada de la bragueta…

by BEAU BRUMMELL