martes, 24 de agosto de 2010

FEMMES...

Hoy puede ser el día en que cambie el rumbo de mi vida. Hoy no habrá derrota posible. Tan solo el hecho de ser capaz de enfrentarme a un ejercito de primera, armada con un tirachinas es ya de por si un triunfo. Hoy... a pesar de haberme prometido a mi misma apartarme de los sueños y las letras, necesito vaciarme para enfrentarme serena al reto, por eso retomo momentáneamente mi válvula de escape. Por eso me reconcilio conmigo misma encontrando el equilibrio que voy a necesitar esta tarde.

Anoche comprendí que aceptar una situación simplemente por complacer a alguien es una experiencia desastrosa. Actuar en contra de la propia voluntad, por mucho que nos convenzamos de que será fácil dejarnos llevar por el entorno, es el error más tremendo que podemos cometer.

Hasta ayer he sobrellevado el contradictorio sentimiento de una culpa que no creía tener, pero que me pesaba como si fuera cierta. Hoy el peso de esa culpabilidad se ha esfumado como por arte de magia, ha desaparecido por el arte de una captadora de imágenes a la que conocí hace unos meses.




Recuerdo ese primer encuentro en el que paralizada por el miedo y los convencionalismos dejé que su lengua dibujara palabras mudas en mi oído y sobre mis labios. Recuerdo como mi mente y mi cuerpo se abandonaron a la placentera sensación que su boca me provocaba al bajar húmedamente por mi cuello, mordisqueando la zona donde se une al hombro, arrancándome gemidos quedos de placer. Recuerdo sus manos recorriendo mi cuerpo, buscando excitarlo hasta, a pesar de mi, conseguir endurecer mis pezones, humedecerme y hacerme sentir ese deseo al que siempre me he resistido.


Tras mi última y primera experiencia en ese terreno, al final accedí a volver a verla. Anoche, aprovechando que estaba sola, quedamos para cenar en mi casa. Debo confesar que no me importó en absoluto dejar que dirigiera la conversación hacia ese terreno, es más, me sentí aliviada de poder compartir lo que había vivido, y más aún al escuchar su opinión al respecto.

Con el tema aún candente, me propuso hacer una prueba tras la cual, al terminar, podría decidir sin ningún tipo de presión la posibilidad de repetir o no la experiencia. Estar en mi casa, en mi terreno, saber que solo yo ponía los límites, me dio cierta seguridad, eso y las dos botellas de cava que nos habíamos ventilado sin darnos cuenta.


Me guió tierna pero firme de la mano hasta mi habitación, me pidió que me relajara, que dejara la mente en blanco y que cerrara los ojos. Yo estaba tensa, aunque reconozco que esa mujer me provocaba y no podía evitar mirar con cierto recelo todos y cada uno de sus movimientos. Tanto es así, que al final decidió vendarme los ojos.
-Analizas la imagen, no lo hagas. Solo siente con la piel independientemente de la imagen. Deja que el calor de nuestros cuerpos ordene a tu mente que esclavice tu cuerpo al deseo y siente, ...solo siente y desea.

Y sentí, vaya si sentí. Su lengua volvió a recitarme poemas ancestrales al oído, completas letanías de obscenidades escandalizándome y haciéndome perder la cordura, su boca volvió a buscar la mía que se ofreció a ella con deleite. Inconscientemente mis manos buscaban satisfacer a la fuente de mi propio placer, sin por primera vez importarme si era hombre o mujer, sintiendo cada caricia, cada palabra, cada gemido, cada gesto como algo natural, placentero y único. Algo tan especial, tan nuestro,... tan mío, que jamás lo compartiré con nadie.
Sus manos guiaban las mías, su boca provocaba a la mía, su cuerpo buscaba y reclamaba el placer que el mío pedía a gritos entre jadeos y gemidos descontrolados. Sentirme totalmente poseída, poseerla, dejarme dominar y dominarla, encontrar la fuente del placer y provocarlo, así, sin nadie más, a solas, dejándonos llevar, ha sido una de las mejores experiencias de mi vida.

Ahora me siento en deuda con la pequeña sumisa que mi viejo amante me regaló. No es culpable de no ser la persona adecuada para mi. Por eso me gustaría recompensarle por su dedicada entrega. Por eso, me la follaré hasta extenuar sus sentidos, mientras tu, mi viejo amante, excitado, nos observas desde las sombras, deleitándote en el placer solitario, añorando el contacto de una lengua sabia y de un cuerpo hecho a tu medida.




Cuando oigas su grito de liberación, cuando veas su cuerpo estremecido... Prepárate... porque entonces iré a por ti. Reclamaré lo que por derecho me corresponde, y cuando por fin me lo entregues... comprenderás que mi victoria ha sido total.



jueves, 5 de agosto de 2010