jueves, 27 de mayo de 2010

LA CENA (1)


Carlos, mi marido, me había invitado a cenar fuera, ya que hacía mucho que no salíamos a divertirnos. Estuve todo el día animada e ilusionada con nuestra escapada, pensando en ella y por esa razón, dediqué gran parte de la tarde a decidir qué ponerme. Al final opté por un conjunto, tengo que reconocer, que algo atrevido. Vestido de licra negro a la altura de medio muslo, que aunque no era totalmente ceñido, sí hacía que se marcara todas mis curvas; medias negras con ligas y unos zapatos negros de tacón de aguja, que aunque incómodos para caminar, resaltan enormemente mi figura. Había optado por vestirme así, porque esperaba que aquella salida terminara en una gran noche de sexo con mi marido. Y para rematar, quise sorprenderlo con un diminuto tanga de hilo negro, que apenas tapaba mi pequeñito triangulo de vello púbico.
Cuando llegó a eso de las ocho de la tarde, yo estaba lista, dispuesta y vestida para la ocasión.

Mirando su cara de cordero degollado, imaginé que había algo que no marchaba y era cierto. El muy cabrón, por decirle algo bonito, me dijo que había olvidado que hoy había quedado con los amigos para ver el fútbol en casa, que se le había pasado, que era algo que ya lo tenía concertado con ellos desde hacía más de dos semanas, que aquel partido era muy importante, que su equipo se jugaba la liga, que si patatín que si patatán. En fin, que se aguaron mis planes de salir a cenar y de fiesta nocturna.
Después de la bronca que tuve con él, a la que solo respondía con continuos "lo siento" y "te compensare", decidí irme a nuestra habitación. Cerré la puerta y ahí me quede doblando ropa que había recogido de la lavadora, hasta que llegaron sus tres amigos, Jonás, Martín y Cesar.
Sonó el timbre y fui yo quien les abrió la puerta. Traían cerveza y algún que otro aperitivo. Como no me había cambiado de ropa, la primera impresión de los tres fue mirarme de arriba abajo y de abajo arriba. En eso llegó Carlos

- Pasad, pasad. Ya creí que no ibais a llegar
- Cómo nos vamos a perder el partido de hoy tío, estás loco o qué?
- Es que se me hacía ya tarde
- Culpa del tráfico, que esta noche está imposible
- Como siempre, no te digo

Así los dejé mientras yo iba haciendo mis tareas del hogar, de acá para allá.
Comenzó el partido y ellos a beber. Les puse los diversos aperitivos en platos. Cada vez que aparecía por el salón, notaba como sus miradas dejaban la pantalla para posarse en mi cuerpo y debo reconocer que me agradó. Aunque algo, no sé si una voz o qué, en mi conciencia me decía que no era lo más lógico, ni lo más formal esa forma de lucirme, no hacía más que pasar por delante, entrar en la cocina, salir, pasar con ropa. En una palabra, me estaba exhibiendo ante esos hombres.
Me sentía culpable, mínimamente, la verdad sea dicha, por ello, pero por otro lado aquello me estaba excitando sobremanera. No recordaba haber estado tan caliente desde hacía mucho tiempo.
Así transcurrió todo el partido, entre mis idas y venidas, sus miradas cada vez menos disimuladas, mi calentura cada vez más en aumento y mi sexo totalmente mojado. Al final su equipo perdió con lo que las caras de los cuatro eran de verdadera frustración y disgusto. Unos verdaderos poemas.
Aparecí por el salón otra vez y con una de mis mejores sonrisas horizontales, les dije

- Venga hombres, es solo fútbol, ya ganarán otro día
- Si tú que sabrás, nos jugábamos la liga
- Venga animaos. Yo no he salido a divertirme por ahí, por culpa de este maldito partido y no me pasa nada
- No es lo mismo, tú puedes salir otra noche y el partido no se repite

Teníamos una baraja encima de la mesa del salón y Jonás empezó a jugar con ellas, como ausente, quizás influenciado aún por la derrota. Cesar, le quito la baraja y les dijo

- Bueno juguemos una partidita haber si así os desplumo y me saco unas pelas a vuestra costa
- Tú y quien más, pringado
- Me basto y me sobro, ya sabéis que soy muy bueno con las cartas

Viendo que no estaban muy decididos a ello, les dije

- Venga si así os animáis yo también jugare con vosotros
- Pues vamos allá

En eso nos pusimos a jugar en nuestra mesa circular. Para animarlos, y debo reconocer que para exhibirme aún un poco más por si lo había hecho poco durante el partido, les traje una botella de whisky, unos chupitos y unos hielos, y nos dispusimos a jugar.
Ya llevábamos más de una hora, jugando, y tal como había dicho Cesar, los estaba desplumando. Debo decir que la atmósfera estaba bastante cargada y empezaba a hacer calor. El alcohol me había empezado a hacer efecto, y la mezcla de cerveza y whisky los había vuelto sonrientes a los cuatro y además les había hecho olvidar el dichoso partido de fútbol.
Carlos dijo

- Joder tío, basta ya, nos vas a dejar sin dinero
- Acaso es mi problema, ya os avisé en un principio Si no queréis seguir perdiendo vuestro dinero, no juguéis más

Entonces Jonás dijo

- Lo que teníamos que hacer es jugar a las prendas
- Si hombre, como solo está mi mujer no te importa no, cabronazo?
- Oye que yo ya soy mayorcita para cuidarme sola, y si queréis jugamos a las prendas, yo tengo decidido y muy claro que no voy a perder

Carlos me miró a los ojos, y entonces dijo que por él no había problema, pero que cuidado con sobrepasarse conmigo.
Imaginaros lo que eso provocó en mi cuerpo. Una excitación aún mucho mayor de la que llevaba. Creo que no me corrí de gusto porque me lo pensé dos veces, pero por ganas no era.
Antes de repartir, habíamos decidido que los dos que quedaran últimos en cada partida se quitarían una prenda. Martín repartió cartas y nos pusimos a jugar. La primera, como si fuera de lógica aplicación la ley de Murphy, al ser la única mujer en el grupo, la perdí yo junto con Jonás. El se desprendió de la camisa. Y me tocaba a mí, pero me hice de rogar, diciendo que no valía, que yo apenas llevaba tres prendas y ellos muchas más, que si me perdonaban la primera partida, que si me daban otra oportunidad.


...CONTINUARA...

3 comentarios:

  1. Esperaremos la continuación...buen relato de erotismo...abrazos cálidos

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  2. Dª I'am, yo no sé como nadie se atreve a dejarla a usted en una casa con otras personas. Sus amigos, deberían saber que esas situaciones disparan su líbido y hacen que se desate su arrolladora sexualidad.

    Me apuesto a que le sacude usted un Orfidal a su marido en el cubata y, luego, ya con calma, entrega su cuerpo a esos lujuriosos hinchas hambrientos de sexo. Sobre todo del kiki de la mujer de su prójimo.

    Me encanta lo suyo, siempre, ya lo sabe. Esperaré para poder comprobar como me he equivocado en todo, mientras me imagino, algo jadeante, rondando no muy lejos de allí.

    Mis mayores cariños, Doñita

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  3. Me encanto, rauda y veloz me voy a por la continuación, me gusta por lo detalles y además casi sentí ser una espectadora allí, detrás de una cortina...

    Eloradana

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