lunes, 19 de abril de 2010

CUMPLIENDO SUEÑOS ( V )



Cuanto me gustaría alargar este momento; este lenguaje goloso de tiempo ido, muerto y mutilado por la humedad de dos cuerpos que se amaron entre uñas, encajes y sedas fragmentadas por la pasión desatada sin el más mínimo pudor. Maravillosa península que ha vedado todo lenguaje sonoro para encontrar la fonología exacta a mi propia historia...



Mientras la miro dormir, me embriago de ese lenguaje silencioso e inexplorado que su cuerpo derrama con toda redención; su piel desnuda, exquisita y legible para el braile de mi lengua, vapulea mis ojos.


El ambiente del cuarto es pegajoso debido al doble aire; el gélido de afuera y el húmedo de adentro; es de madrugada pero la habitación se muestra clara gracias a la luz aurora que se cuela a través de las cortinas.


Observo con ternura la perfección de su cuerpo; la delicadeza de su rostro, sus hombros, su cabello sedoso, la redondez de sus pechos adornados con dos pezones en descanso; en segundo plano, su angosta cintura, sus caderas que se ensanchan y su lascivo sexo oscuro que calienta mi vista. El instante se prolonga, el tiempo se detiene para que reviva en la memoria, escenas que me ahogaron de placer.


Observo su piel ardiente, sus muslos, sus pezones, su cuello, su boca, sus tetas perfumadas y sus nalgas; quisiera cogerla, penetrarla, follarla, calentarla, manosearla, rozarla, olerla, chuparla y morderla sin respetar ninguno de sus huecos hasta devorar su carne deliciosa y sus pliegues de mujer; y sin embargo, ni si quiera me atrevo a tocarla, a romper su sueño, a privarla de su gula sexual, placentera, orgásmica que hizo liberar sus gritos de dolor y goce; por ende, mis manos inquietas abdican al calor que quema mi piel.


Debe ser esta ciudad femenina, sexual y oscura que hace latir mi corazón con solo repasar los sabores de su piel tatuados en mi lengua y en mi tacto, en mi mente y en mis ojos. Debe ser esta ciudad sexual que me arranca la vida desvaneciéndome entre la niebla de afuera y el vapor corporal de adentro. Debe ser esta ciudad amorosa, enamorada que me lleva hasta ese punto sin retorno.


Una vez más la miro para sentir el olor de su sexo en mi barbilla, en mis labios; la huelo con delicadeza mientras duerme, mientras sueña, gime y araña al orgasmo; me visto en silencio parado frente a ella antes de perderme y desaparecer sin exigir nada.


Nunca le pregunte su nombre porque no necesito saberlo, porque si la encuentro nuevamente, será gracias a mi olfato que se va lleno a reventar de su perfume, de su sudor, de su corrida, de su sexo; se va lleno de olores juntos, inseparables e indivisibles a mí ser.


La recordare por su rostro, por sus labios, por su boca, por el brillo de sus ojos, por las sensaciones físicas y no por las letras de su nombre. La recordare porque todo se queda en mi memoria como una película que muestra el romántico que naufraga en mí y que no se resigna a aceptar que al dejar la habitación, ella se convertirá en una verdad dolorosa cuando mi cuerpo despierte de un sueño profundo que revele lo que la luz de la noche esconde en lo más insondable de mi corazón. La recordare porque el placer y el amor siempre tienen cabida entre el deseo y la nostalgia.


Decido que ha llegado la hora de irme; la cobijo y le beso la frente para dejar en su cuerpo pedazos y fragmentos de mi piel y de mis labios, de mi boca y de mi olfato, de mi tacto y de mi universo erótico y sexual; doy media vuelta, cierro la puerta y parto sin decir adiós…

by KAISSER


Ha pasado el tiempo y lentamente se ha ido desvaneciendo la esperanza hasta convertirse en un fantasma de silencios largos y afilados que me mata sin prisas. Camino sonámbula despierta, pisoteando residuos de sueños desaparecidos en un eterno recordar lo perdido, saboreando una pasión que jamás volveré a a sentir.


He vendido mi alma al diablo a cambio de que el destino y el universo hagan lo imposible para que acudas otra vez al mismo hotel, a la misma habitación. Vuelvo una y otra vez desde mis infiernos a ese pequeño universo de cuatro paredes donde no caben las estaciones, ni el tiempo, ni el espacio. Busco sentir tu presencia invisible en todos los objetos, y me abrazo con fuerza a la almohada con la absurda ilusión de encontrar tu aroma en ella.

Pienso febrilmente en ti, no puedo evitarlo. En esta vigilia que me mata me pregunto si duermes o si estarás mirando el mismo cielo inmortal tiñéndose de malva. Ni siquiera puedo imaginarlo. No puedo imaginarte abandonado a tu sueño mientras a mi aún me dueles. Solo me queda de ti la presencia lenta y silenciosa de tu recuerdo. Tengo grabada la expresión de tu rostro, tus gestos, tus ojos entregándome el alma. Entre la nebulosa donde todo es posible evoco tu cuerpo desnudo, puedo olerte, sentirte, recorrer despacio tu rostro deteniéndome en tu boca, tus labios … que maravillosa sensación de muerte y vida en la saliva de tus besos. Principio y fin. Alfa y omega. Ultimo y primer paraíso. Y esa humedad recorriendo rincones dormidos en mi cuerpo, haciendo palpitar la sangre, naufragando entre las olas del deseo, naciendo y muriendo entre tus brazos, diluyendo el sinsentido de mis días.


Me envuelve el silencio sacro que exudan estas paredes en las que quedaron mis sueños rotos y mi alma perdida. Mi piel quedará por siempre como una página en blanco en la que nadie escribirá su gran poema. Por una noche, hiciste posible el remoto deseo de haber creído en la felicidad.

by IAM

1 comentario:

  1. Enhorabuena.
    Cuanto tiempo hacía que vuestras bocas y vuestras mentes no daban rienda suelta a esos placenteros momentos de deseo, pasión y encuentros apasionados?
    Acaso el cobijo de la noche os cubría con sus sombras y no os dejaba asomar a la luz?
    Muy bueno, como siempre.

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