jueves, 4 de marzo de 2010

LA PAPAYA



Aquel domingo por la mañana él había traído pasteles para desayunar, pero también un paquete enorme envuelto en papel de regalo.
Preparé café para los dos y desayunamos juntos los pasteles. Desde que había visto el paquete estaba impaciente por saber cuál sería el regalo. No aguanté más su silencio al respecto, así que le pregunté que si el regalo era para mí. Me contestó que por qué pensaba eso y que era para mí. Me levanté de la silla y sentándome en sus rodillas, poniendo cara de niña buena, le di un beso en la mejilla

 Porque sabes que a tu niña le encantan los regalos

Dibujó una sonrisa pícara en su rostro

 Si mi niña, es un regalo para ti, pero sólo te lo daré si me prometes no abrirlo hasta una hora después de que me vaya

Insistí sin éxito para que me lo diera antes, pero no me pude salir con la mía y le prometí que así lo haría.
Serían las tres de la tarde cuando se marchó, y decidida a cumplir lo que había prometido, esperé impaciente a que pasara esa hora. Cuando el reloj marcó las cuatro en punto corrí hacia mi habitación, que era el sitio donde me lo había guardado para que no tuviera yo malas tentaciones. Rompí sin miramientos el papel y pude ver que dentro había varios paquetitos pequeños con números y una nota que decía,…"Hola my Lady, esta es la primera parte del juego. En esta caja hay varios paquetes cada uno con un número, abre el primero y hasta que no completes lo que dice la nota de su interior no puedes abrir el siguiente”.
Qué original pensé yo, nunca dejará de sorprenderme; es capaz de inventar lo que sea con tal de tenerme pensando en él.
Nerviosa e intrigada abrí el paquete número uno. Dentro había una botellita de gel de baño espumoso, unas sales de baño relajantes y dos perlas de baño con olor a rosas y una nota que ponía… "preciosa date un baño relajante de una hora, saldrás oliendo a rosas, pero antes de meterte en la bañera, abre el paquete número dos”.
Mmmmm…un baño con espuma, me encanta. Seguí con mi misión y emocionada abrí el paquete número dos, algo más pequeño. Cuando le arranqué el papel vi que era un libro de relatos eróticos, se titulaba "Erotismo para un cumpleaños perfecto" y leí la nota adjunta al libro…"Para que no te aburras en el baño; pero no leas el relato número siete".
En media hora todo estaba listo. Mi bañera llena de burbujas, sales y un embriagador olor a rosas llenando el cuarto de baño. Me desnudé y me sumergí en el agua caliente. Las burbujas hacían que mi piel se erizase, y empecé a leer el libro. Estuve cerca de una hora en el baño, y durante ese tiempo pude leer tres relatos que consiguieron que mi excitación fuera en aumento a medida que la lectura avanzaba y mi mente se sumergía en pensamientos morbosos y apasionados.
Aún pensando en los relatos que acababa de leer, salí de la bañera y me dispuse a abrir la caja número tres. Contenía una maquinilla de afeitar y un bote de espuma para pieles sensibles, y asimismo contenía una nota… "depílate enterita como sabes que me gusta".
La cosa se ponía por momentos más interesante. Este jueguecito tenía su morbo. La sola idea de la preparación y pensar en lo que podía pasar luego me tenía totalmente excitada y caliente. Se lo estaba montando bien el muy cabrón.
Me dirigí nuevamente al cuarto de baño. Extendí la espuma por mi sexo y comencé lentamente, para no cortarme, a retirarla con la cuchilla. Una vez totalmente depilado, me di un pequeño masaje con crema para que quedara más suavecito.
Me cubrí con una toalla y me fui a mi cuarto, impaciente por ver el paquete número cuatro. Era un sobre con una simple nota… "lee el relato número siete"…Me tumbé en mi cama para disfrutar lo más cómoda posible del relato que me esperaba. Trataba sobre un hombre que para el cumpleaños de su mejor amiga, le había vendado los ojos y atado las manos y los pies a la cama, haciéndola disfrutar, hasta casi el tormento, durante horas y horas.
La verdad es que este era el mejor relato que había leído, y me había puesto tremendamente caliente.
Con unas ganas locas de que llegara él, abrí la caja número cinco. Me quedé absorta cuando vi lo que había en su interior; eran unas bolas chinas de color fucsia, y al igual que en los anteriores, también había una nota…"my Lady, métetelas despacito y déjalas en tu sexo hasta que yo vaya a buscarlas".
En un principio la propuesta me enfadó un poco por el tono de obligación que quise descifrar en la nota, pero la verdad es que el último regalo había llegado a excitarme tanto que pensé que podía ser mala por una vez y dejarme llevar, a ver cómo terminaba este juego que a cada paso me gustaba más.
Tumbada en mi cama y bastante húmeda por el libro y el morbo de las misiones, no me costó mucho meterme las bolas.
Allí estaba yo, sin saber muy bien por qué pero sí para qué, desnuda, depilada, super caliente y con dos bolas chinas chochándose en mi interior cada vez que me movía o que intentaba andar; pero la verdad sea dicha, a medida que mi cuerpo se iba acostumbrando a ellas, la sensación que producían cuando se movían me estaba poniendo muy muy cachonda.
Fui hacia la gran caja y en su interior sólo quedaba un paquete, el número seis. Lo abrí sin esperar un segundo más. Dios mío, era el conjunto más sexy que había visto en mi vida. Un sujetador a juego de un tanguita diminuto, liguero y medias, todo negro de encaje semitransparente, y para no variar, con una nota…"Este no es el último regalo de esta noche, ponte el conjunto para mí, que a las nueve pasaré a recogerte"...
La verdad es que me sentaba genial, realzaba mi figura y mis pechos, y con el liguero parecía una actriz porno. Sólo faltaba una hora para que viniese a buscarme, así que me puse una minifalda cortísima súper pegada, una camisa blanca escotada, y unos tacones de vértigo. Yo también sabía jugar y si quería guerra, esta noche la tendría.
A las nueve en punto me picó al timbre. Cuando llegue abajo, estaba apoyado en su coche con una sonrisa maliciosa que le iluminaba el rostro

 Te han gustado mis regalitos?

No le contesté. Me abracé a él y le di un largo y húmedo beso. Nuestros labios se unieron, nuestras lenguas empezaron a entrelazarse con pasión. No recuerdo haber estado nunca tan excitada, sólo quería que me quitase las bolas y que pusiese su caliente, duro y divino miembro en su lugar. Me separó de él

 Despacio my Lady, ya veo que mis regalos te han gustado, pero antes de nada te invito a cenar

Nos subimos al coche y nos dirigimos hacia su casa.
Cuando llegamos, no dijo nada, abrió la puerta del salón y pude ver que sobre la mesa había comida china, pétalos de rosas y velas por todas partes. La música de Diana Krall empezó a sonar mientras nuestras bocas se buscaron.
Después de haber terminado de cenar y de haberle contado cómo había hecho una a una sus misiones impuestas, relatándole al detalle las más excitantes, sacó de un cajón otra caja, la número siete. Miré dudosa e intrigada, la abrí y era una venda roja para los ojos. Se puso detrás de mí, me vendó los ojos y me besó

 Ahora te voy a dar el postre

Algo se deslizó desde mis labios hasta mi boca. Era una fresa?
Si lo era.

 Te prepongo un juego. Yo te doy a probar distintos postres, si adivinas cuales son, esta noche mandas tu, haremos sólo lo que tú quieras, pero si no aciertas alguno, entonces mandaré yo, y te haré lo que quiera sin que puedas ni rechistar

Era una proposición arriesgada, pero también muy interesante…mmmmm…hacer lo que quisiera con él era muy tentador, con lo cual accedí al reto.

 Fresa

Como señal de que empezaba el juego, esa fue mi contestación. Después me dio un trozo de plátano, un bombón, un trozo de melón, kiwi, nata, dándomela de forma lasciva y provocadora haciendo que chupara sus dedos. La lamí casi con desesperación pensando en otra cosa.
Hasta ahora lo había acertado todo. Me dio otro trozo de fruta. Era la más rara que había probado nunca en mi vida; empecé a decir todos los nombres de frutas exóticas que conocía, pero parecía que no acertaba con ninguno. Después de un largo intento y las risas nerviosas me preguntó si me rendía, a lo cual tuve que admitir que sí.
Todavía con los ojos vendados me condujo al dormitorio, y empezó muy suavemente a recorrer mi cuerpo con las yemas de sus dedos. Eran caricias muy lentas, casi no me rozaban, lo cual, hacía que yo me excitara aun más.
Muy lentamente me soltó los botones de la camisa y fue bajando sus manos por mi espalda hasta llegar a la cremallera de mi falda, la bajó lentamente y me despojó de ella, dejándola caer al suelo. Fue subiendo las manos por mi trasero apretando mis duras nalgas que sabe que son de su propiedad. Subió sus manos hacia mis hombros y me empezó a quitar la camisa con cuidado. Una vez también en el suelo, sus manos buscaron el enganche del sujetador y soltándolo, dejó mis pechos al descubierto. Mis pezones estaban erizados y suplicando ser besados y chupados. Y así lo hizo. Su lengua jugaba con ellos, sus labios los chupaban, los succionaban. Me estaba volviendo loca.
Allí medio desnuda, solo vestida de cintura para abajo con mi conjunto de encaje negro, me llevó hasta la cama y me tumbó boca abajo. Cogió un pañuelo de seda, y poniendo mis dos manos por encima de mi cabeza, me las ató. Escuché un sonido metálico y supuse que sería la hebilla del cinto de sus pantalones, lo cual quería decir que se estaba desnudando.
Comenzó a darme suaves besos por la nuca y a lamer esa zona. Sólo eso ya me estaba poniendo enferma. De repente se aparto, cogió un bote de aceite para masaje con olor a canela y la extendió por mi espalda, fue dándome un masaje durante un buen rato. Cambiaba la intensidad y de vez en cuando rozaba los laterales de mis pechos, pero nunca pasaba de esa zona.
Se volvió a separar de mí. Nuevamente cogió el bote de aceite, pero esta vez, empezó a masajear mis tobillos y fue subiendo a lo largo de mis piernas. Rozaba ya mi tanguita con sus manos y me apretaba las nalgas para bajar otra vez. Estuvo masajeando toda la parte posterior de mi cuerpo hasta que se hizo el silencio y dejé de percibir su presencia.
Al poco tiempo, noté como un hielo recorría mi espalda. El pasaba su boca recogiendo cada gota que el hielo hubiera podido dejar en mi piel. El contraste del frío del hielo y del calor de su boca eran como descargas eléctricas por mi espalda. El hielo siguió bajando y con él su boca, hasta llegar a pasarlo por mis nalgas.
Me dio la vuelta y me puso boca arriba.
Ahora el hielo y sus labios buscaban mi cuello y lo fue bajando, lentamente, hasta mis pechos. Se detuvo un buen rato jugando con el hielo y con mis pezones, pasando de uno a otro. Cuando se percató de que estaban bien duros, comenzó a chuparlos. Su lengua seguía jugando con el hielo y el pezón, mientras que con su mano manoseaba el otro pecho que tenía libre.
Fue bajando el hielo por mi vientre, jugando con mi ombligo.
Volvió a darme la vuelta, sólo que esta vez bajo mi vientre colocó un cojín, bastante grueso, para dejarme el culo en pompa. Entonces tiro hacia abajo de mi tanga, quitándomelo, y dejándome solo con el liguero y las medias. Cogió un hielo y comenzó a pasármelo por el ano, mientras me lo lamía y metiéndome un dedo dentro de mi sexo, empezó a jugar con las bolas. Yo creí que iba a correrme.
Siguió comiendo mi ano mientras no dejaba de meter, cada vez más rápido, su dedo en mi sexo. Cuando estaba a punto de correrme, dejó de jugar con mi culo y sacó su dedo de mi interior. Me dio la vuelta y me puso boca arriba. Me abrió las piernas y me sacó lentamente las bolas.
Empezó a besarme el ombligo y a bajar, lamiéndome las ingles y los labios externos, pero no iba al grano, no buscaba mi clítoris y yo intentaba moverme para ver si lo conducía hacia mi punto de placer extremo, pero entonces él se retiraba como jugando conmigo, por lo que me quede quieta.
Empecé a escuchar un ruido extraño, como un motorcillo, y una vibración empezó a recorrer mi clítoris y mis labios, era un vibrador. Madre mía este hombre había pensado en todo. Suavemente lo fue paseando de delante atrás, ahora sobre mi ano, ahora sobre mi clítoris y labios, de nuevo jugando con mi ano, y de nuevo por mi sexo.
Cuando por fin me lo metió en el sexo, no le costó nada. Estaba literalmente empapada en jugos y juraría que estaba mojando hasta las sábanas.
Entonces noté como su lengua se apoderaba de mi clítoris y mis labios y en menos de un minuto yo estaba dando gritos gracias al orgasmo más grande que había tenido en mi vida. Cuando terminé, me quito el pañuelo de seda que ataba mis manos, así como la venda y de un solo golpe me clavó su duro, venoso, divino y único miembro dentro de mi sexo. Entró hasta lo más profundo de mí. Yo estaba aún vibrando por lo anterior, pero al sentirlo encima no pude evitarlo, no quise evitarlo y volví a tener otro orgasmo.
Me cogió en brazos y me llevó hasta la mesa del comedor. Me recostó encima poniendo mi culo en pompa y siguió metiéndomela con una tremenda fuerza, y me corrí nuevamente.
Sin sacar su miembro de mi sexo, me llevó nuevamente al dormitorio y tumbándose encima de la cama, hizo que lo montara hasta que volví a correrme de nuevo.
Pero ahora me tocaba a mí. Me separé de él y empecé a lamerle la polla desde el hinchado capullo hasta la base, pasando mi lengua por todo el tronco, mientras el metía un dedo en mi culo.
No tardó mucho en pedirme que parase pues no quería correrse sin probar todo lo que yo tenía para él. Se levantó, cogió dos cojines, puso mi vientre sobre ellos y así en pompa, exhibida y mostrada, empezó a follarme con dos dedos. Claro está, la reacción que tuvo mi sexo fue la esperada, mojándose nuevamente y facilitando así sus cada vez más rápidos movimientos dentro de mí.
Sin dejar de follarme y haciendo que me corriera de nuevo, acercó su lengua a mi entrada trasera, y jugueteando con ella, empezó a dibujar círculos mientras su saliva empezaba a cubrir toda la zona. Al poco empezó a follarme el ano con ella. Es un placer divino.
Abrió un cajón, cogió un bote de vaselina y empezó a introducir dos dedos dentro de mi ya dilatado ano. Me estaba penetrando a la vez por delante y por detrás y me estaba enloqueciendo de placer.
Cuando ya tenía el agujero anal bastante dilatado, acercó el vibrador a mi orificio y me lo metió despacio, pero hasta el fondo. Me estuvo enculando con él un buen rato. Cuando consideró que estaba suficientemente dilatado, lo sacó de dentro de mí, susurrándome al oído

 Lo quiero todo, quiero correrme en tu culo

Muy lentamente fue metiendo su miembro en mi culo.
Estaba siendo ensartada hasta lo más profundo de mi ser y me estaba corriendo una y otra vez. Condujo una de mis manos a mi clítoris para que me acariciara. Me estaba matando. Sentía placer por todos los sitios. Mientras me besaba el cuello y los hombros, me pellizcaba con sus manos los pezones, me magreaba las tetas. No aguanté más y una tremenda corrida lo inundó todo, pero me imaginaba que no tan increíble como la que se avecinaba.
Por sus embestidas cada vez más fuertes y por su forma de apretarse contra mí, noté que el también estaba a punto de correrse, con lo que me dejé llevar de nuevo en un intenso y largo orgasmo, mientras él se corría dentro de mi culo.
Y así estuvimos un buen rato, recuperando las fuerzas, sudados y satisfechos, con su miembro clavado en lo más profundo de mi ano. Cuando por fin se separó de mí, un reguero de leche empezó a salir de mi interior, manchando las sábanas, como muestra de la tremenda corrida que me había ofrecido por mi cumpleaños.
Nos abrazamos.

 Cuál era la fruta?
 Una papaya
 Pues quiero comérmela muchas veces, porque te aseguro que ha sido la mejor fruta que he probado
 Feliz cumpleaños my Lady
 Gracias

1 comentario:

  1. Lo intuía, lo presentía, pero My Lord, nunca imaginé que esta fuera la mejor descripción de la más inolvidable celebración de cumpleaños de mi vida. Gracias... muchas gracias por el juego, por los regalos y por descubrirme el sabor de la papaya.

    Besos profundos

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