lunes, 22 de marzo de 2010

LA CAMARA


Tengo que reconocer que soy una persona con buenas relaciones y que por lo general, al abrir el Messenger, tengo bastantes solicitudes de gente que desea que le agregue. Pero sólo me quedo con los que en teoría más me atraen, dependiendo del nick, al que le doy mucha importancia ya que necesito que el nombre me impacte a simple vista, y de si tienen cámara web.
Luego, al ir conociéndolas un poco más profundamente, si les gusta jugar con ellas y disfrutan cuando se las observa, de si usan mis relatos ya sea para masturbarse o para mantener relaciones leyéndolos o aplicando lo descrito.

Tras este entrante, os diré que un día acepté a una de estas personas, se llamaba Rocío y era de Madrid. Como después pude ver era morena, con ojos claros, de mediana edad, labios bonitos, bastante alta para lo que se estila en España, pechos medianos redondos y bonito culo.
Me dijo que me había agregado tras leer un relato publicado por mí en el que yo veía por cámara a una chica masturbarse, algo que a ella le encantaba, tanto hacerlo como mostrarse. Le respondí que a mí me encantaba ver a las mujeres masturbarse por la cámara web. Que me ponía a cien cuando una mujer se masturbaba por culpa de mis relatos. Todo esto hizo que se empezara a poner contenta, y así me lo comentó. Me dijo que me iba a poner la cámara para que yo viera como se masturbaba, que le encantaba eso y que así yo le ayudaba a hacerlo. Como es lógico, acepté encantado.

Al momento pude verla.

Llevaba puesto un pijama de pantalón corto y parte alta de tirantes. Estuvimos chateando un poco y al rato me dijo que mirase. Se puso de pie, estaba espectacular. Después se empezó a acariciar el cuerpo por encima del pijama, sus pechos, su barriga, sus piernas y su culo.
Pronto comenzó a moverse de forma sensual, se contoneaba, movía su barriga, sus pechos, sus piernas de forma muy atrayente. Mientras lo hacía me escribió que si me gustaba como lo hacía, le respondí que estaba muy bien para ir empezando, que tenía un cuerpo super atractivo. Me sonrió a través de la cámara y continuó con su baile sensual.

Al poco se bajó un poco el pantalón del pijama, mostrándome que llevaba una diminuta braga de color negro. Se empezó a quitar la parte superior del pijama. Primero levantándosela un poco, enseñando su vientre, después mostrando un poco de su sujetador también negro. Finalmente se la quitó dejándome contemplar, ahora bien, su sujetador, que pude comprobar que era casi transparente. Dejaba entrever sus pechos y se notaban sus pezones bien marcados en la tela. Se había quedado con el pantalón del pijama y el sujetador.

Seguimos escribiendo pero mis ojos no se podían ya apartar de la pantalla. Se empezó a tocar los pechos mirándome de forma provocadora. Después bajó sus manos por su vientre, metió su mano derecha dentro del pantalón del pijama y me lanzó un beso. Después se acarició sus piernas.

Acto seguido se bajó un poco el pantalón del pijama y me preguntó que si quería que se lo bajase. La respuesta era lógica. Le dije que sí, y lentamente fue desprendiéndose de su pantalón, dejando ver su braga negra, también transparente. Se quedó en ropa interior y seguimos chateando un buen rato.

Minutos después Rocío se recostó en el respaldo de la silla y se soltó el sujetador, pero sin quitárselo.

La muy cabrona me tenía loquito y bien que lo sabía. Así estuvo un buen rato jugando a que sí y a que no me lo quito y notaba cómo sus pechos se movían con la libertad que ahora les permitía el no estar sujetos más que mínimamente.

Por fin lo dejó caer. Sus pechos redondos estaban ante mí. Por fin le podía ver sus pezones duros y erectos, sus preciosos pezones centrados en una aureola que los hacía aún más atractivos. Sus tetas eran hermosas. Le dije que me encantaría lamerlas, chuparlas, comerlas, saborearlas y ella empezó a acariciárselas. Las agarraba con fuerzas, se las subía, se las juntaba, se acariciaba con sus dedos los pezones. La visión era deliciosa.

Se notaba que estaba cachonda, que estaba feliz. Me mandaba besos a la vez que se agarraba ambos pechos con las manos y se los levantaba, apretándolos para destacar más aun sus pezones, se los pellizcaba, jugaba con ellos y al mismo tiempo conmigo.

Minutos después me preguntó si me estaba tocando. Hacía tiempo que ya me había bajado el pantalón bermuda que llevaba puesto, y casi desde el mismo momento en que ella se quedó en ropa interior, había empezado a sobar mi miembro suavemente, así que le respondí que sí, a la vez que le dije que tenía unas tetas hermosas, que estaban muy bien, que tenían que estar deliciosas.

Tras esto se puso de pie y comenzó a contonearse sin dejar de acariciarse. Después de un rato bailando de forma sensual, se sentó nuevamente; enfocó la cámara hacia su entrepierna y pude contemplar su diminuta braga tapando mínimamente su sexo. Le pregunté que si estaba mojada, y ella me respondió que claro, que estaba muy caliente. Acto seguido, se apartó la braga a un lado, dejándome ver su depilado sexo. Se empezó a acariciar con el dedo corazón arriba y abajo. Seguidamente acercó un dedo a su clítoris y empezó a jugar con él, haciendo círculos durante unos segundos y después se lo empezó a meter dentro, entrando y saliendo una y otra vez.
El dedo se perdía entre sus rosados labios.

Con los ojos fijos en la pantalla veía como aquella deseada mujer continuaba follándose lentamente. Una y otra vez iba entrando el dedo en su sexo. Se notaba que le encantaba. Se acariciaba subiendo y bajando su dedo, entreteniéndose con su clítoris, para después introducírselo de nuevo.

Un rato después se colocó en posición su braga, tapándose el sexo, y subió la cámara. Tenía cara de felicidad. Una sonrisa iluminaba su cara y sus pezones continuaban erectos, apuntándome como si fuera yo el culpable de su calentura.

Seguidamente se puso de pie. Se metió los dedos pulgares dentro de estas, uno a cada lado, y se puso a moverse de un lado a otro, moviendo sus caderas. Al rato se dio la vuelta, enseñándome su culo, mientras no dejaba de contornearse, moviéndolo de un lado a otro y arriba y abajo.
Mientras la veía no podía dejar de masturbarme, lentamente pero de forma continuada mi mano recorría mi erecto miembro, subiendo y bajando la piel del glande pensando en ella.

Pasados unos instantes nuevamente se dio la vuelta. Colocó una mano en su cintura y la otra se la introdujo dentro de la braga, acariciándose y sobándose por dentro de la braga. Ella gemía de placer, le encantaba hacer eso. Le dije que estaba tremendamente empalmado por el espectáculo y ella sonrió complacida.

Después de un rato sacó la mano y continuó danzando, sin dejar de acariciar su cuerpo, desde sus pechos hasta su barriga. Pasaba sus manos por sus pechos, rozando sus aureolas y pezones, se agarraba las tetas por debajo, elevándolas, así una y otra vez. Se magreaba todo el cuerpo. Su cara era de placer, de lujuria. Sus tetas eran elevadas una y otra vez, sus pechos eran aplastados por sus manos, eran juntados, todo esto mientras danzaba su cuerpo.

Un poco después se sentó en la silla y se empezó a pellizcar los pezones justo delante de la pantalla, una y otra vez. Tenía cara de placer. Sus labios imaginaban recibir mis besos, después sacaba la lengua pasándola por sus labios, para finalmente reírse. Me estaba enloqueciendo.
Momentos después se levantó de nuevo, se dio la vuelta y fue moviendo el culo en círculos. Se bajó la braga y se la subió al instante. Sin dejar de bailar y de contornearse, cogió su braga por cada lado con sus manos y fue bajándola y subiéndola lentamente. Así varias veces hasta que se la bajó hasta la mitad, viéndosele medio culo. Lo movió un poco más y se dio una vuelta sobre sí misma. Visto y no visto. Tras esto, nuevamente de espaldas a la pantalla, se desprendió de su braga, quedando desnuda completamente.

Se quedó inmóvil, de espaldas a mí, para que la pudiera contemplar a la perfección, tras lo cual comenzó a bailar, poniéndose de lado para que pudiera contemplar su cuerpo, su culo, agachándose a veces para que su culo quedara expuesto y sobresaliendo.

Yo en esos momentos ya no tenía nada puesto. Estaba también totalmente desnudo y con una tremenda erección.

Poco después se sentó, se abrió de piernas y me enseñó el sexo en su plenitud, húmedo, hermoso, exhibido, grande. Se estaba muriendo de placer y a mí me estaba matando de gusto.
Después se puso de pie, se dio la vuelta y apoyó sus manos en la silla, colocando el culo delante de la cámara. Se podía contemplar desde atrás su sexo espléndido, así como su ano prieto y apetecible. Pasado un rato, se sentó en la silla de nuevo, con las piernas abiertas, y puso una mano en su sexo. Mojaba sus dedos con su propia saliva, y se lo acariciaba. Lo hacía repetidas veces.
Su cara radiaba felicidad y yo le decía que estaba preciosa, que mi miembro estaba súper erecto.


Ella, mientras tanto, saboreaba sus dedos con la boca, y nuevamente se los metía en su sexo. Lo mismo hacía con la otra mano, mojando sus pechos de saliva, los cuales se juntaban por el efecto de sus manos para crear un canalillo muy hermoso. Rocío se estiraba los pechos mientras sus dedos continuaban masturbando su sexo. A veces saboreaba los jugos de su vagina llevándose loso dedos s su boca. Parecía que le encantaba chupar sus dedos chorreantes de sus flujos.

Luego levantó un poco una de sus piernas, para abrirse más su sexo. Lo podía contemplar en todo su esplendor, sus labios, su clítoris, su vagina, todo ello muy brillante debido a la lubricación que ya poseía. Se abría con sus dedos lo máximo posible su sexo para que pudiera verlo bien, sacaba la lengua y hacía como si lamiese algo mientras no dejaba de sobarse las tetas. Me imaginaba lo que estaba pensando que llambía.


Su depilado sexo lucía hermoso. Se follaba con dos dedo de una mano, mientras con la otra se abría los labios para mostrármelo mejor. Así estuvo unos instantes.
Tras un rato penetrándose, se dio la vuelta, separó un poco la silla, apoyó sus brazos en la cama y puso su culo delante de la cámara. Después recostó su cabeza y separó con las dos manos sus nalgas. Podía ver su abierta raja y su prieto pero provocador ano.
Empezó a meterse un dedo en su sexo. Una y otra vez iba entrando y saliendo. Allí la tenía a ella, a mi deseada Rocío apoyada en la cama, follándose con sus dedos, y con la cara girada mirándome con la lengua fuera.


Más tarde se sentó en la silla, se abrió de piernas y pasó su mano por su sexo, acariciándoselo, arriba y abajo, una y otra vez. Su sexo rasurado estaba brillante y se notaba que estaba muy excitada. Se la abría con una mano y con la otra se masturbaba. Después, mientras con una mano follaba su sexo, con la otra se acariciaba los pechos, se pellizcaba sus pezones, su boca abierta suspiraba de placer.


De repente se puso de pie y sin dejar de contornear su cuerpo desnudo, se dirigió a una mesita al lado de la cama para coger un consolador. Antes de sentarse, subiendo una pierna encima de la cama, se lo empezó a pasar por el clítoris, se lo metió en la vagina, así varias veces. Se lo introducía cada vez más. Poco después se sentó en la silla de nuevo, y se empezó a acariciar los labios vaginales para después abrirlos, mostrando de forma explícita y arrogante su ya dilatada entrada. Se metió el consolador, una y otra vez. Iba entrando y saliendo mientras ella se mordía los labios. Con una mano se introducía el consolador y con la otra se manoseaba los pechos.
Después de estar un buen rato penetrándose, poniéndose de pie y dándose la vuelta, se lo llevó a la boca, lo chupo de forma lasciva y provocadora y se lo puso en la entrada del ano. Mientras con una mano separaba sus nalgas, se lo fue metiendo poco a poco en el culo. Con la facilidad con la que entró me imaginé que tenía experiencia en ese tema.


Al poco tiempo, el consolador entraba y salía de su culo de forma continuada, hasta que se lo clavó por completo. Empezó a follarse el culo sin descanso, cada vez con más fuerza.
Sin sacarse el consolador del culo, se dio la vuelta y se sentó de tal forma que podía a la perfección su sexo y su culo penetrado. Se notaba que le gustaba.
Mientras con una mano seguía clavándose el consolador, con la otra empezó un movimiento de masturbación. No aguantó mucho más y se corrió entre tremendos alaridos de placer. Sin sacarse el consolador del culo, se llevó los dedos a la boca y se puso a chupar sus propios jugos.



Finalmente y entre espasmos de placer, se sacó el consolador de dentro, se lo llevó a la boca guiñándome un ojo.
En ese mismo momento me corrí. Empezaron a salir borbotones de semen de mi miembro disparados hacia mi pecho. No podía dejar de masturbarme. Me estaba haciendo incluso daño, pero no me importaba. Había visto sus espasmos hacía un momento, pero me estaba pasando lo mismo a mí. Cuando el último chorro de leche salió de mi miembro, mi mano, estaba totalmente embadurnado de mis propios líquidos. Cuando levanté los ojos y miré a la pantalla, ella no estaba.



Me levanté, me vestí y me dirigí al baño a limpiarme.
Cuando regresé ella no estaba aún, pero como tenía la cámara encendida, la estuve esperando.
Al poco apareció ya vestida. Me dijo que estaba contenta por lo que había echo y feliz por haberse masturbado delante de mí. Le dije que me había encantado y que se lo agradecía.



Hablamos un poco más y después me desconecté al igual que ella, quedamos en repetirlo otros días.

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