lunes, 22 de marzo de 2010

LA CAMARA


Tengo que reconocer que soy una persona con buenas relaciones y que por lo general, al abrir el Messenger, tengo bastantes solicitudes de gente que desea que le agregue. Pero sólo me quedo con los que en teoría más me atraen, dependiendo del nick, al que le doy mucha importancia ya que necesito que el nombre me impacte a simple vista, y de si tienen cámara web.
Luego, al ir conociéndolas un poco más profundamente, si les gusta jugar con ellas y disfrutan cuando se las observa, de si usan mis relatos ya sea para masturbarse o para mantener relaciones leyéndolos o aplicando lo descrito.

Tras este entrante, os diré que un día acepté a una de estas personas, se llamaba Rocío y era de Madrid. Como después pude ver era morena, con ojos claros, de mediana edad, labios bonitos, bastante alta para lo que se estila en España, pechos medianos redondos y bonito culo.
Me dijo que me había agregado tras leer un relato publicado por mí en el que yo veía por cámara a una chica masturbarse, algo que a ella le encantaba, tanto hacerlo como mostrarse. Le respondí que a mí me encantaba ver a las mujeres masturbarse por la cámara web. Que me ponía a cien cuando una mujer se masturbaba por culpa de mis relatos. Todo esto hizo que se empezara a poner contenta, y así me lo comentó. Me dijo que me iba a poner la cámara para que yo viera como se masturbaba, que le encantaba eso y que así yo le ayudaba a hacerlo. Como es lógico, acepté encantado.

Al momento pude verla.

Llevaba puesto un pijama de pantalón corto y parte alta de tirantes. Estuvimos chateando un poco y al rato me dijo que mirase. Se puso de pie, estaba espectacular. Después se empezó a acariciar el cuerpo por encima del pijama, sus pechos, su barriga, sus piernas y su culo.
Pronto comenzó a moverse de forma sensual, se contoneaba, movía su barriga, sus pechos, sus piernas de forma muy atrayente. Mientras lo hacía me escribió que si me gustaba como lo hacía, le respondí que estaba muy bien para ir empezando, que tenía un cuerpo super atractivo. Me sonrió a través de la cámara y continuó con su baile sensual.

Al poco se bajó un poco el pantalón del pijama, mostrándome que llevaba una diminuta braga de color negro. Se empezó a quitar la parte superior del pijama. Primero levantándosela un poco, enseñando su vientre, después mostrando un poco de su sujetador también negro. Finalmente se la quitó dejándome contemplar, ahora bien, su sujetador, que pude comprobar que era casi transparente. Dejaba entrever sus pechos y se notaban sus pezones bien marcados en la tela. Se había quedado con el pantalón del pijama y el sujetador.

Seguimos escribiendo pero mis ojos no se podían ya apartar de la pantalla. Se empezó a tocar los pechos mirándome de forma provocadora. Después bajó sus manos por su vientre, metió su mano derecha dentro del pantalón del pijama y me lanzó un beso. Después se acarició sus piernas.

Acto seguido se bajó un poco el pantalón del pijama y me preguntó que si quería que se lo bajase. La respuesta era lógica. Le dije que sí, y lentamente fue desprendiéndose de su pantalón, dejando ver su braga negra, también transparente. Se quedó en ropa interior y seguimos chateando un buen rato.

Minutos después Rocío se recostó en el respaldo de la silla y se soltó el sujetador, pero sin quitárselo.

La muy cabrona me tenía loquito y bien que lo sabía. Así estuvo un buen rato jugando a que sí y a que no me lo quito y notaba cómo sus pechos se movían con la libertad que ahora les permitía el no estar sujetos más que mínimamente.

Por fin lo dejó caer. Sus pechos redondos estaban ante mí. Por fin le podía ver sus pezones duros y erectos, sus preciosos pezones centrados en una aureola que los hacía aún más atractivos. Sus tetas eran hermosas. Le dije que me encantaría lamerlas, chuparlas, comerlas, saborearlas y ella empezó a acariciárselas. Las agarraba con fuerzas, se las subía, se las juntaba, se acariciaba con sus dedos los pezones. La visión era deliciosa.

Se notaba que estaba cachonda, que estaba feliz. Me mandaba besos a la vez que se agarraba ambos pechos con las manos y se los levantaba, apretándolos para destacar más aun sus pezones, se los pellizcaba, jugaba con ellos y al mismo tiempo conmigo.

Minutos después me preguntó si me estaba tocando. Hacía tiempo que ya me había bajado el pantalón bermuda que llevaba puesto, y casi desde el mismo momento en que ella se quedó en ropa interior, había empezado a sobar mi miembro suavemente, así que le respondí que sí, a la vez que le dije que tenía unas tetas hermosas, que estaban muy bien, que tenían que estar deliciosas.

Tras esto se puso de pie y comenzó a contonearse sin dejar de acariciarse. Después de un rato bailando de forma sensual, se sentó nuevamente; enfocó la cámara hacia su entrepierna y pude contemplar su diminuta braga tapando mínimamente su sexo. Le pregunté que si estaba mojada, y ella me respondió que claro, que estaba muy caliente. Acto seguido, se apartó la braga a un lado, dejándome ver su depilado sexo. Se empezó a acariciar con el dedo corazón arriba y abajo. Seguidamente acercó un dedo a su clítoris y empezó a jugar con él, haciendo círculos durante unos segundos y después se lo empezó a meter dentro, entrando y saliendo una y otra vez.
El dedo se perdía entre sus rosados labios.

Con los ojos fijos en la pantalla veía como aquella deseada mujer continuaba follándose lentamente. Una y otra vez iba entrando el dedo en su sexo. Se notaba que le encantaba. Se acariciaba subiendo y bajando su dedo, entreteniéndose con su clítoris, para después introducírselo de nuevo.

Un rato después se colocó en posición su braga, tapándose el sexo, y subió la cámara. Tenía cara de felicidad. Una sonrisa iluminaba su cara y sus pezones continuaban erectos, apuntándome como si fuera yo el culpable de su calentura.

Seguidamente se puso de pie. Se metió los dedos pulgares dentro de estas, uno a cada lado, y se puso a moverse de un lado a otro, moviendo sus caderas. Al rato se dio la vuelta, enseñándome su culo, mientras no dejaba de contornearse, moviéndolo de un lado a otro y arriba y abajo.
Mientras la veía no podía dejar de masturbarme, lentamente pero de forma continuada mi mano recorría mi erecto miembro, subiendo y bajando la piel del glande pensando en ella.

Pasados unos instantes nuevamente se dio la vuelta. Colocó una mano en su cintura y la otra se la introdujo dentro de la braga, acariciándose y sobándose por dentro de la braga. Ella gemía de placer, le encantaba hacer eso. Le dije que estaba tremendamente empalmado por el espectáculo y ella sonrió complacida.

Después de un rato sacó la mano y continuó danzando, sin dejar de acariciar su cuerpo, desde sus pechos hasta su barriga. Pasaba sus manos por sus pechos, rozando sus aureolas y pezones, se agarraba las tetas por debajo, elevándolas, así una y otra vez. Se magreaba todo el cuerpo. Su cara era de placer, de lujuria. Sus tetas eran elevadas una y otra vez, sus pechos eran aplastados por sus manos, eran juntados, todo esto mientras danzaba su cuerpo.

Un poco después se sentó en la silla y se empezó a pellizcar los pezones justo delante de la pantalla, una y otra vez. Tenía cara de placer. Sus labios imaginaban recibir mis besos, después sacaba la lengua pasándola por sus labios, para finalmente reírse. Me estaba enloqueciendo.
Momentos después se levantó de nuevo, se dio la vuelta y fue moviendo el culo en círculos. Se bajó la braga y se la subió al instante. Sin dejar de bailar y de contornearse, cogió su braga por cada lado con sus manos y fue bajándola y subiéndola lentamente. Así varias veces hasta que se la bajó hasta la mitad, viéndosele medio culo. Lo movió un poco más y se dio una vuelta sobre sí misma. Visto y no visto. Tras esto, nuevamente de espaldas a la pantalla, se desprendió de su braga, quedando desnuda completamente.

Se quedó inmóvil, de espaldas a mí, para que la pudiera contemplar a la perfección, tras lo cual comenzó a bailar, poniéndose de lado para que pudiera contemplar su cuerpo, su culo, agachándose a veces para que su culo quedara expuesto y sobresaliendo.

Yo en esos momentos ya no tenía nada puesto. Estaba también totalmente desnudo y con una tremenda erección.

Poco después se sentó, se abrió de piernas y me enseñó el sexo en su plenitud, húmedo, hermoso, exhibido, grande. Se estaba muriendo de placer y a mí me estaba matando de gusto.
Después se puso de pie, se dio la vuelta y apoyó sus manos en la silla, colocando el culo delante de la cámara. Se podía contemplar desde atrás su sexo espléndido, así como su ano prieto y apetecible. Pasado un rato, se sentó en la silla de nuevo, con las piernas abiertas, y puso una mano en su sexo. Mojaba sus dedos con su propia saliva, y se lo acariciaba. Lo hacía repetidas veces.
Su cara radiaba felicidad y yo le decía que estaba preciosa, que mi miembro estaba súper erecto.


Ella, mientras tanto, saboreaba sus dedos con la boca, y nuevamente se los metía en su sexo. Lo mismo hacía con la otra mano, mojando sus pechos de saliva, los cuales se juntaban por el efecto de sus manos para crear un canalillo muy hermoso. Rocío se estiraba los pechos mientras sus dedos continuaban masturbando su sexo. A veces saboreaba los jugos de su vagina llevándose loso dedos s su boca. Parecía que le encantaba chupar sus dedos chorreantes de sus flujos.

Luego levantó un poco una de sus piernas, para abrirse más su sexo. Lo podía contemplar en todo su esplendor, sus labios, su clítoris, su vagina, todo ello muy brillante debido a la lubricación que ya poseía. Se abría con sus dedos lo máximo posible su sexo para que pudiera verlo bien, sacaba la lengua y hacía como si lamiese algo mientras no dejaba de sobarse las tetas. Me imaginaba lo que estaba pensando que llambía.


Su depilado sexo lucía hermoso. Se follaba con dos dedo de una mano, mientras con la otra se abría los labios para mostrármelo mejor. Así estuvo unos instantes.
Tras un rato penetrándose, se dio la vuelta, separó un poco la silla, apoyó sus brazos en la cama y puso su culo delante de la cámara. Después recostó su cabeza y separó con las dos manos sus nalgas. Podía ver su abierta raja y su prieto pero provocador ano.
Empezó a meterse un dedo en su sexo. Una y otra vez iba entrando y saliendo. Allí la tenía a ella, a mi deseada Rocío apoyada en la cama, follándose con sus dedos, y con la cara girada mirándome con la lengua fuera.


Más tarde se sentó en la silla, se abrió de piernas y pasó su mano por su sexo, acariciándoselo, arriba y abajo, una y otra vez. Su sexo rasurado estaba brillante y se notaba que estaba muy excitada. Se la abría con una mano y con la otra se masturbaba. Después, mientras con una mano follaba su sexo, con la otra se acariciaba los pechos, se pellizcaba sus pezones, su boca abierta suspiraba de placer.


De repente se puso de pie y sin dejar de contornear su cuerpo desnudo, se dirigió a una mesita al lado de la cama para coger un consolador. Antes de sentarse, subiendo una pierna encima de la cama, se lo empezó a pasar por el clítoris, se lo metió en la vagina, así varias veces. Se lo introducía cada vez más. Poco después se sentó en la silla de nuevo, y se empezó a acariciar los labios vaginales para después abrirlos, mostrando de forma explícita y arrogante su ya dilatada entrada. Se metió el consolador, una y otra vez. Iba entrando y saliendo mientras ella se mordía los labios. Con una mano se introducía el consolador y con la otra se manoseaba los pechos.
Después de estar un buen rato penetrándose, poniéndose de pie y dándose la vuelta, se lo llevó a la boca, lo chupo de forma lasciva y provocadora y se lo puso en la entrada del ano. Mientras con una mano separaba sus nalgas, se lo fue metiendo poco a poco en el culo. Con la facilidad con la que entró me imaginé que tenía experiencia en ese tema.


Al poco tiempo, el consolador entraba y salía de su culo de forma continuada, hasta que se lo clavó por completo. Empezó a follarse el culo sin descanso, cada vez con más fuerza.
Sin sacarse el consolador del culo, se dio la vuelta y se sentó de tal forma que podía a la perfección su sexo y su culo penetrado. Se notaba que le gustaba.
Mientras con una mano seguía clavándose el consolador, con la otra empezó un movimiento de masturbación. No aguantó mucho más y se corrió entre tremendos alaridos de placer. Sin sacarse el consolador del culo, se llevó los dedos a la boca y se puso a chupar sus propios jugos.



Finalmente y entre espasmos de placer, se sacó el consolador de dentro, se lo llevó a la boca guiñándome un ojo.
En ese mismo momento me corrí. Empezaron a salir borbotones de semen de mi miembro disparados hacia mi pecho. No podía dejar de masturbarme. Me estaba haciendo incluso daño, pero no me importaba. Había visto sus espasmos hacía un momento, pero me estaba pasando lo mismo a mí. Cuando el último chorro de leche salió de mi miembro, mi mano, estaba totalmente embadurnado de mis propios líquidos. Cuando levanté los ojos y miré a la pantalla, ella no estaba.



Me levanté, me vestí y me dirigí al baño a limpiarme.
Cuando regresé ella no estaba aún, pero como tenía la cámara encendida, la estuve esperando.
Al poco apareció ya vestida. Me dijo que estaba contenta por lo que había echo y feliz por haberse masturbado delante de mí. Le dije que me había encantado y que se lo agradecía.



Hablamos un poco más y después me desconecté al igual que ella, quedamos en repetirlo otros días.

lunes, 15 de marzo de 2010

CUMPLIENDO SUEÑOS ( IV )


Ocultos bajo la festividad de esa interminable noche, los deseos expanden y liberan aromas y secreciones, formas y texturas, enfoques visuales y asedios epidérmicos que a partir de las telas y los encajes los deseos y las húmedas profundidades transitan libremente.


La alcoba se impregna de un aroma a rosa fresca, a vino, a fragancia femenina que aprisiona el sueño entre sábanas blancas. Me arrodillo desnudo frente a ti, mis ojos te miran llenos de éxtasis, no digo nada, tus piernas entreabiertas me llaman nuevamente; tu sexo desnudo y oscuro brilla no por la luz lunar que entra por el ventanal, sino por mi codiciosa mirada que se incendia ante esa vista plena de deseo; me acerco lentamente para recorrer tus muslos piadosos a mi lengua, a mis labios, a mis besos, y a mis dedos juguetones que trepan por tu temblorosa piel de seda. Me mojas con tu húmedo néctar de flor madura, de tu agridulce selva oscura que a la lengua escalda de placer mientras mi boca devora el fruto de tu ser.


Tu cuerpo despierta como de un sueño profundo; te mueves y te tuerces, te abres y liberas un vapor que penetra cada centímetro de mi lujuriosa piel para saciar la sed sin límites. Tus gemidos surgen mientras acaricio el vello que cubre con elegancia tus labios vaginales; los empapo de mi piel, las venas se me hinchan, mi sexo crece, quieren reventar, suelto gritos mudos de placer, aprieto los parpados, recorro la redondez de tus pechos con una lengua ida por el filo de un pezón erguido. Te tomo entre mis brazos, acaricio la carne firme de tus nalgas; te pongo de espalda y te irrumpo. Te abres para que te rompa, para que te muerda, para que colme de calor tu carne estrecha y húmeda. Gritas de lujuria mientras meto mis dedos entre tu melena; acaricio los lóbulos de tus orejas, recorro tu espalda con mi lengua, retorno hasta tu cuello mordiéndote la nuca; tu piel se eriza, arde y se derrite ante la entrega volcánica de nuestros cuerpos. Mis manos se aferran a tu carne, la aprietan, la jalan hacia a mí; te irrumpo nuevamente, exhalo tu piel fragante, me apodero de tus pechos que complacen las palmas de mis manos; con los dedos aprisiono tus pezones mientras hundo mi lengua entre tus muslos; encuentro tu clítoris, lo bebo y lo lamo, lo chupo y lo muerdo hasta embriagar con tu aroma íntimo y agridulce mi lengua, mis dientes y mi paladar. Me excito mientras gimes, mientras bebo tu saliva, tu sudor y tu perfume. Temblorosa te llevas las manos a la cara, me aprietas con tus piernas, no me dejas salir hasta que atrapas el orgasmo que estremece tu cuerpo al contacto ardiente de mi aliento mientras mi carne punzante, se derrite de placer.



Extasiadas nuestras bocas, se acercan, se besan y se aprietan hasta encontrar un beso tibio, amoroso, enamorado… Abrazados cerramos los ojos, y unimos el sueño…(kaisser)






Después de tanto tiempo obligándome a no arañar ninguna ilusión, de pronto, la última noche del año, pone frente a mi a un desconocido que parece tan olvidado por el destino como yo. Dejándome llevar por la magia del momento, por el vino y por una cuerda insensatez, me pierdo entre sus brazos, olvidando tras la puerta mis noches insomnes acariciando momentos inventados, soñando con amar, para ser realmente amada.


Mi cuerpo, abandonado y mortecino, renace ante tu mirada. Tus gemidos roncos, tus susurros en mi oído, se convierten en una lengua transparente y húmeda que recorre y lame mi cuerpo. En un idioma que solo conocemos quienes habitamos en las oscuras sombras del desamor, me hablas amores despeñados, de la entelequia de perderse en otro ser, de sentir y ser deseo.


El roce de tus labios, adivinar en tu aliento la oscura y silenciosa humedad de tu boca. Tu lengua violando con urgencia mis labios, rompiendo, abriéndose camino hacia dentro, penetrando, ocupando. Humedad contra humedad, sumergiéndonos en ella, naufragando los deseos en salivas... Saciando la sed, esa sed atrasada de besos. Las bocas que se acercan, que se apartan, y que vuelven a encontrarse. Una nueva embestida. Mis ojos delirantes buscan asirse con urgencia a los tuyos. Ojos frente a ojos, tu mirada metiéndose en la mía como un gemido contenido. Y otra vez los labios reconociéndose, jugando a entrar. Labios abriéndose, lenguas dando, recibiendo, respirando... respirándonos hasta absorbernos por completo, hasta alcanzar ese orgasmo de bocas que se hieren de placer, en un beso que mata, resucita y ensalza y, entre las piernas,... ese temblor de vida.


Tus manos codiciosas acarician, manosean y aprisionan mis senos endurecidos hasta el dolor. Tu boca besando, tu lengua recorriendo mi cuerpo, bajando por mi vientre, husmeando, buscando mi sexo, y esa deliciosa sonrisa en tu cara cuando por fin tus labios atrapan mi clítoris. Tu saliva humedeciendo mi ansia hasta calmar tu sed... Despacio, haciéndome sufrir, en un roce que se alarga y me eleva. Tus dientes lastimando, mordiendo... Nunca nadie me había amado así, con esa suavidad tan dolorosa a la que me quiero resistir abrazando tu cabeza entre mis piernas, aguantando, ..aguantando hasta que el deseo convierte mi cuerpo en un grito incontenible.


Sentir tu cuerpo, tus manos, tu boca, tu abrazo a mi espalda. La piel contra la piel, la lucha de cuerpos desnudos, de piernas y brazos entrelazados, anudados. Tus dedos llevándome a traspasar los limites de la cordura y, entre los dos, ...el deseo pétreo, erguido, firme y palpitante... Buscando, encontrando, entrando, poseyendo y,... explotando. La vida y la muerte en un mismo instante, elevándome hasta tocar el cielo... entre mis piernas.


Extasiadas nuestras bocas deshechas y rehechas sin fin, , se acercan, se besan y se aprietan en un beso que lastima de amor las entrañas… Abrazados cerramos los ojos y unimos el sueño, mientras la luna, testigo silenciosa de esta noche, se pasea de puntillas por el ventanal...(iam)


jueves, 4 de marzo de 2010

LA PAPAYA



Aquel domingo por la mañana él había traído pasteles para desayunar, pero también un paquete enorme envuelto en papel de regalo.
Preparé café para los dos y desayunamos juntos los pasteles. Desde que había visto el paquete estaba impaciente por saber cuál sería el regalo. No aguanté más su silencio al respecto, así que le pregunté que si el regalo era para mí. Me contestó que por qué pensaba eso y que era para mí. Me levanté de la silla y sentándome en sus rodillas, poniendo cara de niña buena, le di un beso en la mejilla

 Porque sabes que a tu niña le encantan los regalos

Dibujó una sonrisa pícara en su rostro

 Si mi niña, es un regalo para ti, pero sólo te lo daré si me prometes no abrirlo hasta una hora después de que me vaya

Insistí sin éxito para que me lo diera antes, pero no me pude salir con la mía y le prometí que así lo haría.
Serían las tres de la tarde cuando se marchó, y decidida a cumplir lo que había prometido, esperé impaciente a que pasara esa hora. Cuando el reloj marcó las cuatro en punto corrí hacia mi habitación, que era el sitio donde me lo había guardado para que no tuviera yo malas tentaciones. Rompí sin miramientos el papel y pude ver que dentro había varios paquetitos pequeños con números y una nota que decía,…"Hola my Lady, esta es la primera parte del juego. En esta caja hay varios paquetes cada uno con un número, abre el primero y hasta que no completes lo que dice la nota de su interior no puedes abrir el siguiente”.
Qué original pensé yo, nunca dejará de sorprenderme; es capaz de inventar lo que sea con tal de tenerme pensando en él.
Nerviosa e intrigada abrí el paquete número uno. Dentro había una botellita de gel de baño espumoso, unas sales de baño relajantes y dos perlas de baño con olor a rosas y una nota que ponía… "preciosa date un baño relajante de una hora, saldrás oliendo a rosas, pero antes de meterte en la bañera, abre el paquete número dos”.
Mmmmm…un baño con espuma, me encanta. Seguí con mi misión y emocionada abrí el paquete número dos, algo más pequeño. Cuando le arranqué el papel vi que era un libro de relatos eróticos, se titulaba "Erotismo para un cumpleaños perfecto" y leí la nota adjunta al libro…"Para que no te aburras en el baño; pero no leas el relato número siete".
En media hora todo estaba listo. Mi bañera llena de burbujas, sales y un embriagador olor a rosas llenando el cuarto de baño. Me desnudé y me sumergí en el agua caliente. Las burbujas hacían que mi piel se erizase, y empecé a leer el libro. Estuve cerca de una hora en el baño, y durante ese tiempo pude leer tres relatos que consiguieron que mi excitación fuera en aumento a medida que la lectura avanzaba y mi mente se sumergía en pensamientos morbosos y apasionados.
Aún pensando en los relatos que acababa de leer, salí de la bañera y me dispuse a abrir la caja número tres. Contenía una maquinilla de afeitar y un bote de espuma para pieles sensibles, y asimismo contenía una nota… "depílate enterita como sabes que me gusta".
La cosa se ponía por momentos más interesante. Este jueguecito tenía su morbo. La sola idea de la preparación y pensar en lo que podía pasar luego me tenía totalmente excitada y caliente. Se lo estaba montando bien el muy cabrón.
Me dirigí nuevamente al cuarto de baño. Extendí la espuma por mi sexo y comencé lentamente, para no cortarme, a retirarla con la cuchilla. Una vez totalmente depilado, me di un pequeño masaje con crema para que quedara más suavecito.
Me cubrí con una toalla y me fui a mi cuarto, impaciente por ver el paquete número cuatro. Era un sobre con una simple nota… "lee el relato número siete"…Me tumbé en mi cama para disfrutar lo más cómoda posible del relato que me esperaba. Trataba sobre un hombre que para el cumpleaños de su mejor amiga, le había vendado los ojos y atado las manos y los pies a la cama, haciéndola disfrutar, hasta casi el tormento, durante horas y horas.
La verdad es que este era el mejor relato que había leído, y me había puesto tremendamente caliente.
Con unas ganas locas de que llegara él, abrí la caja número cinco. Me quedé absorta cuando vi lo que había en su interior; eran unas bolas chinas de color fucsia, y al igual que en los anteriores, también había una nota…"my Lady, métetelas despacito y déjalas en tu sexo hasta que yo vaya a buscarlas".
En un principio la propuesta me enfadó un poco por el tono de obligación que quise descifrar en la nota, pero la verdad es que el último regalo había llegado a excitarme tanto que pensé que podía ser mala por una vez y dejarme llevar, a ver cómo terminaba este juego que a cada paso me gustaba más.
Tumbada en mi cama y bastante húmeda por el libro y el morbo de las misiones, no me costó mucho meterme las bolas.
Allí estaba yo, sin saber muy bien por qué pero sí para qué, desnuda, depilada, super caliente y con dos bolas chinas chochándose en mi interior cada vez que me movía o que intentaba andar; pero la verdad sea dicha, a medida que mi cuerpo se iba acostumbrando a ellas, la sensación que producían cuando se movían me estaba poniendo muy muy cachonda.
Fui hacia la gran caja y en su interior sólo quedaba un paquete, el número seis. Lo abrí sin esperar un segundo más. Dios mío, era el conjunto más sexy que había visto en mi vida. Un sujetador a juego de un tanguita diminuto, liguero y medias, todo negro de encaje semitransparente, y para no variar, con una nota…"Este no es el último regalo de esta noche, ponte el conjunto para mí, que a las nueve pasaré a recogerte"...
La verdad es que me sentaba genial, realzaba mi figura y mis pechos, y con el liguero parecía una actriz porno. Sólo faltaba una hora para que viniese a buscarme, así que me puse una minifalda cortísima súper pegada, una camisa blanca escotada, y unos tacones de vértigo. Yo también sabía jugar y si quería guerra, esta noche la tendría.
A las nueve en punto me picó al timbre. Cuando llegue abajo, estaba apoyado en su coche con una sonrisa maliciosa que le iluminaba el rostro

 Te han gustado mis regalitos?

No le contesté. Me abracé a él y le di un largo y húmedo beso. Nuestros labios se unieron, nuestras lenguas empezaron a entrelazarse con pasión. No recuerdo haber estado nunca tan excitada, sólo quería que me quitase las bolas y que pusiese su caliente, duro y divino miembro en su lugar. Me separó de él

 Despacio my Lady, ya veo que mis regalos te han gustado, pero antes de nada te invito a cenar

Nos subimos al coche y nos dirigimos hacia su casa.
Cuando llegamos, no dijo nada, abrió la puerta del salón y pude ver que sobre la mesa había comida china, pétalos de rosas y velas por todas partes. La música de Diana Krall empezó a sonar mientras nuestras bocas se buscaron.
Después de haber terminado de cenar y de haberle contado cómo había hecho una a una sus misiones impuestas, relatándole al detalle las más excitantes, sacó de un cajón otra caja, la número siete. Miré dudosa e intrigada, la abrí y era una venda roja para los ojos. Se puso detrás de mí, me vendó los ojos y me besó

 Ahora te voy a dar el postre

Algo se deslizó desde mis labios hasta mi boca. Era una fresa?
Si lo era.

 Te prepongo un juego. Yo te doy a probar distintos postres, si adivinas cuales son, esta noche mandas tu, haremos sólo lo que tú quieras, pero si no aciertas alguno, entonces mandaré yo, y te haré lo que quiera sin que puedas ni rechistar

Era una proposición arriesgada, pero también muy interesante…mmmmm…hacer lo que quisiera con él era muy tentador, con lo cual accedí al reto.

 Fresa

Como señal de que empezaba el juego, esa fue mi contestación. Después me dio un trozo de plátano, un bombón, un trozo de melón, kiwi, nata, dándomela de forma lasciva y provocadora haciendo que chupara sus dedos. La lamí casi con desesperación pensando en otra cosa.
Hasta ahora lo había acertado todo. Me dio otro trozo de fruta. Era la más rara que había probado nunca en mi vida; empecé a decir todos los nombres de frutas exóticas que conocía, pero parecía que no acertaba con ninguno. Después de un largo intento y las risas nerviosas me preguntó si me rendía, a lo cual tuve que admitir que sí.
Todavía con los ojos vendados me condujo al dormitorio, y empezó muy suavemente a recorrer mi cuerpo con las yemas de sus dedos. Eran caricias muy lentas, casi no me rozaban, lo cual, hacía que yo me excitara aun más.
Muy lentamente me soltó los botones de la camisa y fue bajando sus manos por mi espalda hasta llegar a la cremallera de mi falda, la bajó lentamente y me despojó de ella, dejándola caer al suelo. Fue subiendo las manos por mi trasero apretando mis duras nalgas que sabe que son de su propiedad. Subió sus manos hacia mis hombros y me empezó a quitar la camisa con cuidado. Una vez también en el suelo, sus manos buscaron el enganche del sujetador y soltándolo, dejó mis pechos al descubierto. Mis pezones estaban erizados y suplicando ser besados y chupados. Y así lo hizo. Su lengua jugaba con ellos, sus labios los chupaban, los succionaban. Me estaba volviendo loca.
Allí medio desnuda, solo vestida de cintura para abajo con mi conjunto de encaje negro, me llevó hasta la cama y me tumbó boca abajo. Cogió un pañuelo de seda, y poniendo mis dos manos por encima de mi cabeza, me las ató. Escuché un sonido metálico y supuse que sería la hebilla del cinto de sus pantalones, lo cual quería decir que se estaba desnudando.
Comenzó a darme suaves besos por la nuca y a lamer esa zona. Sólo eso ya me estaba poniendo enferma. De repente se aparto, cogió un bote de aceite para masaje con olor a canela y la extendió por mi espalda, fue dándome un masaje durante un buen rato. Cambiaba la intensidad y de vez en cuando rozaba los laterales de mis pechos, pero nunca pasaba de esa zona.
Se volvió a separar de mí. Nuevamente cogió el bote de aceite, pero esta vez, empezó a masajear mis tobillos y fue subiendo a lo largo de mis piernas. Rozaba ya mi tanguita con sus manos y me apretaba las nalgas para bajar otra vez. Estuvo masajeando toda la parte posterior de mi cuerpo hasta que se hizo el silencio y dejé de percibir su presencia.
Al poco tiempo, noté como un hielo recorría mi espalda. El pasaba su boca recogiendo cada gota que el hielo hubiera podido dejar en mi piel. El contraste del frío del hielo y del calor de su boca eran como descargas eléctricas por mi espalda. El hielo siguió bajando y con él su boca, hasta llegar a pasarlo por mis nalgas.
Me dio la vuelta y me puso boca arriba.
Ahora el hielo y sus labios buscaban mi cuello y lo fue bajando, lentamente, hasta mis pechos. Se detuvo un buen rato jugando con el hielo y con mis pezones, pasando de uno a otro. Cuando se percató de que estaban bien duros, comenzó a chuparlos. Su lengua seguía jugando con el hielo y el pezón, mientras que con su mano manoseaba el otro pecho que tenía libre.
Fue bajando el hielo por mi vientre, jugando con mi ombligo.
Volvió a darme la vuelta, sólo que esta vez bajo mi vientre colocó un cojín, bastante grueso, para dejarme el culo en pompa. Entonces tiro hacia abajo de mi tanga, quitándomelo, y dejándome solo con el liguero y las medias. Cogió un hielo y comenzó a pasármelo por el ano, mientras me lo lamía y metiéndome un dedo dentro de mi sexo, empezó a jugar con las bolas. Yo creí que iba a correrme.
Siguió comiendo mi ano mientras no dejaba de meter, cada vez más rápido, su dedo en mi sexo. Cuando estaba a punto de correrme, dejó de jugar con mi culo y sacó su dedo de mi interior. Me dio la vuelta y me puso boca arriba. Me abrió las piernas y me sacó lentamente las bolas.
Empezó a besarme el ombligo y a bajar, lamiéndome las ingles y los labios externos, pero no iba al grano, no buscaba mi clítoris y yo intentaba moverme para ver si lo conducía hacia mi punto de placer extremo, pero entonces él se retiraba como jugando conmigo, por lo que me quede quieta.
Empecé a escuchar un ruido extraño, como un motorcillo, y una vibración empezó a recorrer mi clítoris y mis labios, era un vibrador. Madre mía este hombre había pensado en todo. Suavemente lo fue paseando de delante atrás, ahora sobre mi ano, ahora sobre mi clítoris y labios, de nuevo jugando con mi ano, y de nuevo por mi sexo.
Cuando por fin me lo metió en el sexo, no le costó nada. Estaba literalmente empapada en jugos y juraría que estaba mojando hasta las sábanas.
Entonces noté como su lengua se apoderaba de mi clítoris y mis labios y en menos de un minuto yo estaba dando gritos gracias al orgasmo más grande que había tenido en mi vida. Cuando terminé, me quito el pañuelo de seda que ataba mis manos, así como la venda y de un solo golpe me clavó su duro, venoso, divino y único miembro dentro de mi sexo. Entró hasta lo más profundo de mí. Yo estaba aún vibrando por lo anterior, pero al sentirlo encima no pude evitarlo, no quise evitarlo y volví a tener otro orgasmo.
Me cogió en brazos y me llevó hasta la mesa del comedor. Me recostó encima poniendo mi culo en pompa y siguió metiéndomela con una tremenda fuerza, y me corrí nuevamente.
Sin sacar su miembro de mi sexo, me llevó nuevamente al dormitorio y tumbándose encima de la cama, hizo que lo montara hasta que volví a correrme de nuevo.
Pero ahora me tocaba a mí. Me separé de él y empecé a lamerle la polla desde el hinchado capullo hasta la base, pasando mi lengua por todo el tronco, mientras el metía un dedo en mi culo.
No tardó mucho en pedirme que parase pues no quería correrse sin probar todo lo que yo tenía para él. Se levantó, cogió dos cojines, puso mi vientre sobre ellos y así en pompa, exhibida y mostrada, empezó a follarme con dos dedos. Claro está, la reacción que tuvo mi sexo fue la esperada, mojándose nuevamente y facilitando así sus cada vez más rápidos movimientos dentro de mí.
Sin dejar de follarme y haciendo que me corriera de nuevo, acercó su lengua a mi entrada trasera, y jugueteando con ella, empezó a dibujar círculos mientras su saliva empezaba a cubrir toda la zona. Al poco empezó a follarme el ano con ella. Es un placer divino.
Abrió un cajón, cogió un bote de vaselina y empezó a introducir dos dedos dentro de mi ya dilatado ano. Me estaba penetrando a la vez por delante y por detrás y me estaba enloqueciendo de placer.
Cuando ya tenía el agujero anal bastante dilatado, acercó el vibrador a mi orificio y me lo metió despacio, pero hasta el fondo. Me estuvo enculando con él un buen rato. Cuando consideró que estaba suficientemente dilatado, lo sacó de dentro de mí, susurrándome al oído

 Lo quiero todo, quiero correrme en tu culo

Muy lentamente fue metiendo su miembro en mi culo.
Estaba siendo ensartada hasta lo más profundo de mi ser y me estaba corriendo una y otra vez. Condujo una de mis manos a mi clítoris para que me acariciara. Me estaba matando. Sentía placer por todos los sitios. Mientras me besaba el cuello y los hombros, me pellizcaba con sus manos los pezones, me magreaba las tetas. No aguanté más y una tremenda corrida lo inundó todo, pero me imaginaba que no tan increíble como la que se avecinaba.
Por sus embestidas cada vez más fuertes y por su forma de apretarse contra mí, noté que el también estaba a punto de correrse, con lo que me dejé llevar de nuevo en un intenso y largo orgasmo, mientras él se corría dentro de mi culo.
Y así estuvimos un buen rato, recuperando las fuerzas, sudados y satisfechos, con su miembro clavado en lo más profundo de mi ano. Cuando por fin se separó de mí, un reguero de leche empezó a salir de mi interior, manchando las sábanas, como muestra de la tremenda corrida que me había ofrecido por mi cumpleaños.
Nos abrazamos.

 Cuál era la fruta?
 Una papaya
 Pues quiero comérmela muchas veces, porque te aseguro que ha sido la mejor fruta que he probado
 Feliz cumpleaños my Lady
 Gracias