lunes, 22 de febrero de 2010

( III )



Recluido en mi silencio escucho como habla mientras me invaden emociones y ansiedades ante el paisaje de su cuerpo frente a mí; le miro fijamente a los ojos, me inclino sediento de algo más que vino para buscar beber y ser bebido de sus labios. Ella intuye que somos la fusión de aromas y sabores de ese proceso lento y delicado que es la seducción.


Tras dos botellas de vino, su mundo europeo busca en mi cultura señales de identidad que sus ojos puedan traducir al lenguaje común de su mirada. El aire se impregna de un aroma libre de miedos y prejuicios mientras yo me rindo ante sus ojos y su risa fresca. La noche desciende lentamente como si el tiempo fuese nuestro; vuelvo a besar su mano, para que los signos de la seducción se manifiesten y tomen forma. La deseo tanto que lo huele; me invita a recibir el año juntos, bebemos el último sorbo de un vino digno para el gusto y el olfato, en unas copas que chocan melódicamente al sonido “Nocturne” de Chopin.


Salimos, la tomo de la mano, caminamos por calles llenas de opulencia, ropa elegante y gente bonita con propósitos de año nuevo; el rumbo nos conduce hasta que llegamos a mi hotel, le invito a pasar, el botones disimula su mirada que se pierde en cuanto desaparecemos en el elevador. En el cuarto, ya no hablamos o hablamos ese otro idioma en el que las palabras ya no son necesarias, y a partir de ese momento, el erotismo es el arte que nos traslada a la puerta alucinante de la sexualidad. Ahí, entre huellas, frases y caricias coinciden el silencio y el susurro, la piel y la pared, la piel y la ropa, la piel y la palabra porque no hay oposición, todo se funde simultáneamente, no existe el signo mas, ni el signo menos, no hay negro, ni blanco, en donde el blanco es más claro, y el negro más oscuro; ahora somos, la percepción dualista del “yo soy tu” y “tu eres yo”.

La alcoba se llena de un candente deseo, las imágenes huelen y saben a mujer; en seguida, poso mi mano sobre en su espalda buscando esa apertura entre su blusa que permita traspasar con mis dedos su fragante piel secreta para que el codicioso reflejo de mis ojos, se iluminen de placer y de deseo; desabrocho suavemente la prenda dejando al descubierto el brasier de encaje negro que sostiene con delicadeza sus aromáticos pechos; los devoro con voraces ganas; mis dientes se hunden en sus pezones erectos y suaves; se muerde los labios, se los humedece con la lengua mientras descifro el lenguaje silencioso de su cuerpo, enseguida, la despojo lentamente de su falda, descubro su sexo oculto bajo la sensual lencería que cubre y descubre su piel desnuda; la tomo, la hago descomunalmente mía como si hoy fuese la última vez, como si mañana, nunca fuese a llegar.
Sin ningún pudor, me rindo a cada sombra de su cuerpo y a cada gesto de su rostro. La acerco hasta mi boca. La beso. Es un beso profundo, intimo, de lengua que ahoga de placer. La habitación esta a media luz, ella mueve dulcemente la cintura, su cabello cae sobre sus hombros desnudos, me mira, no digo nada, pero sabe que me fundo al calor de su sexo que me mata, me parte y me deshace.


Nuestras bocas sorben saliva, se arrebatan las lenguas; sus pezones arden de placer y dolor por el castigo de mis dientes; sus uñas se clavan en mi espalda, en mis hombros, en mi cuello, en mis nalgas de tez morena que contrasta con su piel blanca y transparente; mi aliento la envuelve, la quema y la penetra por cada poro y por cada vello púbico que le humedecen mas y mas, los bordes de su sexo; se tuerce, grita y se consume. Con los ojos cerrados escucho su respiración, me lleno de su aroma, de su humedad, de la blancura de su piel, porque esta noche, ha sido lo más bello que he tocado, que he besado y que he mordido, mientras el tiempo perdura en el instante...(kaisser)



Tomados de la mano recorremos las calles sin rumbo fijo hacia un destino que nos espera encerrado entre las cuatro paredes de una habitación de hotel, y del que ninguno de los dos quiere escapar.
Mi mente analítica me abandona y solo puedo pensar en el deseo. En ese deseo que me puede y me mata. Pensar en disfrutar de esta dulce locura. mientras sus ojos me devoran con ansias, sus manos buscan el roce de mi piel que arde con solo su contacto. Nuestras bocas se buscan como el que busca el aire que lo mantiene vivo. Aprisionada entre la pared y su cuerpo, me rindo a goce de los cuerpos, al tacto de la piel, a la humedad de su boca...y tiemblo.

Mi cuerpo se convulsiona bajo sus caricias. Sus dedos recorren con firme delicadeza mi piel, como si ya hubieran transitado anteriormente por ella.. Acaricia mi cuerpo semidesnudo, sin apartar sus ojos de los míos ..nunca antes me había perdido durante tanto tiempo en los ojos de nadie. Nunca unos ojos habían dicho tanto.. Siento como el deseo, hasta ahora prisionero, se desborda por cada poro de mi piel, sin ser consciente de que está grabando a fuego este momento en mi alma.


Contra la pared, su lengua arremete contra mi boca una y otra vez buscando la mía. Succiona mis labios arrogantemente, como si quisiera tragarlos. Los lame y mordisquea. Juega con ellos. Los aprieta con presión haciéndolos suyos con la misma pasión con la que yo deseo poseer los de él. Besos que son la materialización del deseo contenido.

Traza un húmedo sendero hasta mi pecho prisionero del negro encaje, mis pezones erectos reclaman a gritos ser aniquilados por su boca. Y no puedo evitar que un gemido tan salvaje como el deseo que siento escape de mi garganta cuando sus dientes se clavan inmisericordes en ellos, elevando el dolor al grado del placer. Necesito el contacto de su cuerpo, mis manos ansiosas recorren su pecho mientras juego con mis labios en su cuello, paseando mi desvergonzada lengua por el lóbulo de su oreja, sólo rozando, con la lenta premura del que se sabe poseedor de todo el tiempo del mundo.. de nuestro mundo.


Sus manos expertas se abren camino entre mis piernas, y mi cuerpo busca el contacto de su miembro con ansias desesperadas. Siento su calor. Noto su excitación en cada movimiento de su cuerpo. Se estremece. Y me estremezco. Cada parcela de su piel me enloquece. Nos miramos, desafiantes y excitados. Muerdo su cuello con deseo, llegando de nuevo hasta su boca. Nos besamos. Nos mordemos. Su mano acaricia mis muslos y llega hasta mi sexo, mi cuerpo se arquea y mis caderas se mueven al ritmo de sus dedos en mi húmedo e hinchado sexo, licuándome en su mano, entregada a su antojo, excitándos en el roce de nuestros cuerpos, elevándome al cielo del pecado del que no quiero ser redimida.


Marcando mis ritmos, dueño de mi placer, me domina poniéndose encima de mi, abriendo mis piernas para situarse justo en medio. Me resisto porque quiero alargar mi agonía. Y sus ojos reflejan la excitación que eso le provoca. Quiero excitarlo más, llevarlo al límite, que pierda los papeles. Me mira a los ojos y descubre mi jugada, cómplice de mi juego simula enfado, y abre mis piernas a la fuerza, con un solo movimiento me penetra hasta lo más hondo de mi ser. Y no puedo retener el grito de dolor y placer que me provoca, mientras sonrío, porque eso es justo lo que esperaba, lo que estaba deseando.


Empuja una y otra vez sus caderas contra mi, cada vez mas fuerte.. le grito.. quiero sentirle muy dentro, bien fuerte, quiero que me duela.. quiero que no se me olvide jamás esta noche, ...mis dedos danzan en mi clítoris, fuertemente, ahogando y reavivando el orgasmo para llegar al mismo tiempo que él...(iam)

3 comentarios:

  1. Qué decir sobre el sexo desnudo, deseo ardiente...agradecer que en este infierno nos queda algo excitante...a veces...
    Abrazos con lengua

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  2. SALVAJE Y MARAVILLOSO GRACIAS POR ESTA LECTURA
    BESOSABARAZAOS

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  3. Uffffffffff.... shhhhhh solo callo y se me eriza la piel.

    Besitos sutiles e implacables... me encantó como siempre pasar, leer y suspirar.

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