sábado, 27 de febrero de 2010

LO QUE NUNCA CONTÉ...


La mente humana es un mecanismo que nunca dejará de sorprenderme. Ni siquiera los repetidos interrogatorios cargados de morbosa curiosidad de mi viejo amante han conseguido, a pesar de toda su insistencia, despertar nunca esos recuerdos que hoy no consigo esquivar. Una simple revista, unas páginas de sociedad y una foto han sido el detonante necesario para de pronto encontrarme viajando al pasado, a un pasado que creía haber borrado totalmente de mi memoria.

Han pasado muchos años desde la última vez que nos vimos, pero sé que es ella. En un acto reflejo me miro en el espejo, y vuelvo a mirar la foto, me pregunto si de ser al revés, también ella me reconocería, sonrío ante la respuesta, el tiempo ha sido benévolo con ambas, nos conservamos relativamente bien a pesar de la madurez.

Nos conocimos siendo dos jóvenes locas, felices, llenas de sueños, y enamoradas de la vida y de cualquier chico guapo que se cruzara en nuestro camino. Ana era mayor que yo, a sus 25 años ya era una empresaria de éxito, independiente y demasiado avanzada para la época que nos tocó vivir. Yo venía de vivir en una ciudad más cosmopolita y aunque aún no había cumplido los 20 años, encontré en ella un alma gemela. Enseguida nos hicimos grandes amigas, siempre andábamos juntas, compartíamos gustos, secretos y confidencias.

Después de un par de años viviendo al límite, Ana decidió que tenía que sentar la cabeza. Eligió a uno de los mejores chicos del grupo y a los pocos meses ya estábamos preparando la boda. Nos embarcamos juntas en la aventura de todos los preparativos, me pregunto como aquel pobre chico no me odió por robarle el protagonismo y todo el poder de decisión. A un mes de la fecha elegida ya teníamos organizado hasta el último detalle, fue entonces cuando se le ocurrió que todo ese esfuerzo merecía una recompensa,y me propuso que nos fuéramos las dos solas y disfrutáramos del último fin de semana loco, como una especie de despedida a su soltería. Había convencido a uno de sus hermanos para que le prestara un pequeño estudio. La idea me pareció digna de un genio, y sin pensarlo dos veces nos largamos, no sin antes prometer que ninguna de las dos se enrollaría con nadie, hacia un pueblecito costero famoso por su ambiente.

Pasamos la mañana tumbadas al sol, la tarde de compras y la noche entre bailes y copas, riendo sin parar, provocando a cualquiera que se nos pusiera por delante. Pasada la media noche volvimos al estudio, queríamos aprovechar la que ella había denominado como “su última noche de libertad”. Tumbadas sobre la única cama empezamos ha hablar de como serían las cosas después de la boda, de si realmente las personas cambian después de dar ese paso, de la rutina, de las obligaciones, de la maternidad..., creo que en ese momento a las dos nos dio miedo hacernos mayores, y nos fundimos en un abrazo en el que ambas buscamos el consuelo y el apoyo de la otra.


No se que pensó, ni lo que pasó por su cabeza, pero comenzó a tocarme el cuello, a acercar su boca a mis labios solo para dejarme notar el calor de su aliento, sabía que su futuro era inminente y que el miedo era mucho más real para ella que para mi, yo no sabia que debía hacer, y la dejé exteriorizar sus miedos, sus deseos, segura de que en cualquier momento se daría cuenta de lo que estaba haciendo y terminaría por ceder en el intento de besarme, la sentía cada vez mas cerca, su respiración cada vez más agitada, nunca creí que podría encontrarme en una situación como aquella, hasta que Ana me pidió que la besara, me entró auténtico pánico, miedo..., pero sus caricias, sus intentos por acercar su boca a la mía, hicieron que al final nos fundiéramos en un beso eterno en el que descubrimos cada recodo de nuestra boca, saboreando los labios, besándonos apasionadamente, sin ser plenamente conscientes de lo que estábamos haciendo. Tras ese primer beso llegaron otros muchos, yo sentía como se estremecía al notar mi lengua jugando con la suya, fuímos descubriendo nuestros cuerpos con cada caricia, y sin darnos cuenta, acabamos las dos desnudas en aquella cama.

Desnudas, abrazadas, y unidas por esos besos, comenzó a tocar mi pecho, lo tocaba con una sensibilidad enorme, con unas ganas contenidas que la hacían vibrar de deseo. Inició un descenso por mi cuello, besándolo, lamiéndolo, haciendo suya cada partícula de mi piel. Se concentró en mi pecho, hizo con él lo que quiso sin que yo opusiera resistencia alguna, jugó, mordió, lamió... sorbía mis pezones como si con ello consiguiera un líquido que le saciara la sed que ella tenía, yo no sabía que hacer, solo sabía que me gustaba. Volvió a mi boca, y en un arranque de deseo metió su pierna entre las mías, nuestros cuerpos ardían a la par, nos deseábamos, queríamos ahogar el miedo en el deseo, y el deseo en el placer. Mi sexo estaba totalmente húmedo, y ella no dejaba de frotar mi clítoris una y otra vez con su pierna, susurrándome al oído... ¡como te siento! ¡Como te deseo! ¡Quiero saborearte, saber lo que escondes dentro de ti! Lentamente comenzó a bajar su mano, deleitándose en ese descenso hasta llegar a mi pubis, que ella misma había depilado cuidadosamente unos días antes, me tocó, mojó sus dedos de mí, se los llevó a la boca, y nos unimos en un beso. Su boca, la mía y sus dedos impregnados de mi, de mi sabor, era una locura, pero una locura que nos hacia retozar de placer, saboreo cada rincón de mi cuerpo, hizo que con cada beso, con cada caricia me fundiera. Cada vez el roce era más íntimo, más nuestro yo le decía cosas que ni yo misma, a la mañana siguiente, creía reales, le pedía que me follara, que me volviera loca, que consiguiera que me corriera. Bajó hasta mi sexo sediento de placer,mi mejor amiga estaba ahí, en mi parte más intima, y yo estaba deseando que hiciera lo que jamás me había atrevido a pensar. Con una mano tocaba mi pecho, con la otra tocaba mi clítoris, aquel clítoris, que antes de que llegara a rozarlo ya estaba duro, hinchado y tan caliente que me daba miedo, mojó dos dedos en mi propio flujo y con dos caricias logró que me corriera la primera vez, era increíble ver como mi cuerpo se convulsionaba víctima del placer, no quería que parara, quería volver a sentir aquello. Entonces metió un dedo dentro de mi, me estremecí y tomé su mano para guiar sus movimientos, la obligaba a penetrarme con sus dedos, metió un dedo más provocándome una nueva y placentera descarga, tras entrar y salir de mi cuerpo durante un buen rato, comenzó a lamer mi clítoris, a meterme su lengua, y no puede evitar correrme por segunda vez, mi flujo desbordaba su boca, y mi sexo se abría y se cerraba con movimientos incontrolados... Ahora me tocaba a mi probar, lo hice como ella lo había hecho, pero masturbándome a la vez, consiguiendo de ese modo mi tercer orgasmo, lo que le pareció increíble, y quiso regalarme uno más introduciendo un dedo en mi ano mientras yo seguía tocando mi clítoris, haciendo unos movimientos extenuadores de placer.

Amanecía cuando cansadas y felices nos dormimos abrazadas. Al día siguiente nos sentimos avergonzadas por lo ocurrido, nos dijimos que nada de todo aquello había ocurrido y juramos que nunca jamás hablaríamos de esa noche.


Poco a poco nos fuimos distanciando hasta perder aquella amistad que tanto nos unió, pero a pesar de ello y del tiempo que ha pasado me he mantenido siempre fiel al juramento que nos hicimos, nunca se lo he contado a nadie, y nunca más he vuelto a repetir esa experiencia, solo que hoy, al verte en esa revista, me ha dado por recordar y preguntarme si tu también sigues guardando nuestro secreto.


4 comentarios:

  1. Intensa paixão intensas palavras Beijo!

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  2. Me quedo sin aliento, trago aire, sudo y al final me rindo al gozo... sublime juego de pliegues femeninos...

    Besos agitados

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  3. Te contaria una historia pero... nunca se la he contado a nadie.

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  4. Mmmmm...quien me iba a decir a mí que era ese el secreto que escondiste todo este tiempo.
    Perfecta unión de sensibilidades y placeres.
    Un remuac my Lady.

    P.D: Menos mal que la música ha vuelto a este blog. Es un lujo poder leer y escuchar esta música.

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