martes, 16 de febrero de 2010

( II )



Entre la bruma de mi conciencia escucho su voz; levanto la vista y ella me llama a través de la mirada, invitándome al choque de las copas; no sé cuanto tiempo ha transcurrido desde que la vi entrar, pero algo sucedió en algún momento, que ella descubrió mis pensamientos.



Yo, fiel amante de la belleza femenina ahora me veo frente a una mirada que penetra más allá de mi piel, más allá de las heridas de algunas memorias que me han hecho cerrar los ojos cautivados por el sonido mágico de ese piano. Yo, el aprendiz de seductor estoy deslumbrado ante la superficie brillante de su piel, de su mirada, de su orden estético, de sus deseos más profundos, de sus miedos inconfesables y de sus debilidades. Yo, que soñaba con encontrar a mi otra mitad en algún lugar lejano del mundo para que pusiera atención a mis palabras, mis letras y mi soledad, inexplicablemente, parece que la he encontrado luego de sentir como su sensual mirada penetra el territorio más secreto de mi ser.



Reflexiono e insisto en que los encuentros no son casualidad, todo sucede de manera natural en un espacio que conforma ese mapa para que el hombre y la mujer exploren su geografía a través de sus secretos, sus aromas, sus deseos, sus planes y sus sueños. Nada se da sin razón de ser. No es casualidad tampoco el que haya venido de tan lejos a cursar un diplomado en periodismo justo cuando podría estar bajo las palmeras de una paradisíaca playa en espera de un nuevo año, más sin embargo, estoy en el viejo continente sentado en un bar viendo caer la nieve, bebiendo vino blanco y atrapado ante la mirada de esa hermosa mujer. Es como haber encontrado un regalo oculto para el gusto, la vista y el olfato entre un mar de voces que flotan musicalizadas por el sonido perfecto del piano y arropadas por el cálido ambiente del que quisiera borrar a cada uno de los testigo que perturban este momento lleno de melancolía y romanticismo que me lleve a estar con ella.


Alzo la vista, apunto mi copa hacia la suya, brindamos a distancia sin cruzar palabra; su piel se escarcha, su mirada brilla tanto que me produce placer; la invitación está dada con su elegante meneo de cabeza, su sonrisa y esa mirada tan dulce como el vino.



Me levanto lentamente para dejar atrás las huellas, las imágenes, los arrepentimientos, las siluetas y las memorias que atormentan mi pasado, y que se desvanecen a cada paso que doy hacia su fémina presencia. Sonríe mientras me invita a sentarme a su mesa; frente a ella, intuyo que nadie quiso conocerme, como lo quiere ella. Que nadie quiso explorar tanto mis sueños y mis pesadillas, como lo quiere ella...(kaisser)





Toma mi mano entre las suyas, sus labios apenas rozan mi piel, pero el calor que me provoca su contacto podría fundir la nieve que sigue cayendo tras los ventanales. A una señal suya un camarero se acerca con una botella de vino que deposita en una cubeta repleta de hielo junto a la mesa. Entrechocamos nuestras copas en un brindis silencioso en el que solo nuestras miradas gritan deseos contenidos de saber, de conocer y de sentir...



Hablamos de todo y de nada, la conversación fluye amena y divertida, me cuenta de su mundo, y yo le hablo del mio, buscando en los momentos de silencio ese punto de común intimidad que nuestras miradas ya han encontrado, mientras el mundo que nos rodea va difuminándose hasta desaparecer por completo. El vino va relajando la tensión y pronto somos como dos viejos conocidos que se encuentran por casualidad después de toda una vida sin haber coincidido.



El ambiente es propicio para dar rienda suelta a la pasión contenida, al deseo de su olor, de su piel, del calor que desprende su mirada y que me atrapa y me confunde, y que no me deja pensar en otra cosa que no sea fundirme en el sabor de su boca.


Quisiera detener el tiempo en este instante, alargar estos momentos, no tener que separarme de este hombre al que no conozco y al que no quiero perder porque inexplicablemente siento como parte de mi propio ser, como pieza que me completa.


Inventándome una tradición inexistente que impide que cualquier extranjero pase solo la última noche del año, le invito a compartir esa mágica noche conmigo...(iam)


1 comentario:

  1. Profundas palavras e profundos pensamentos Beijo Profundo e Rebelde.

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