sábado, 27 de febrero de 2010

LO QUE NUNCA CONTÉ...


La mente humana es un mecanismo que nunca dejará de sorprenderme. Ni siquiera los repetidos interrogatorios cargados de morbosa curiosidad de mi viejo amante han conseguido, a pesar de toda su insistencia, despertar nunca esos recuerdos que hoy no consigo esquivar. Una simple revista, unas páginas de sociedad y una foto han sido el detonante necesario para de pronto encontrarme viajando al pasado, a un pasado que creía haber borrado totalmente de mi memoria.

Han pasado muchos años desde la última vez que nos vimos, pero sé que es ella. En un acto reflejo me miro en el espejo, y vuelvo a mirar la foto, me pregunto si de ser al revés, también ella me reconocería, sonrío ante la respuesta, el tiempo ha sido benévolo con ambas, nos conservamos relativamente bien a pesar de la madurez.

Nos conocimos siendo dos jóvenes locas, felices, llenas de sueños, y enamoradas de la vida y de cualquier chico guapo que se cruzara en nuestro camino. Ana era mayor que yo, a sus 25 años ya era una empresaria de éxito, independiente y demasiado avanzada para la época que nos tocó vivir. Yo venía de vivir en una ciudad más cosmopolita y aunque aún no había cumplido los 20 años, encontré en ella un alma gemela. Enseguida nos hicimos grandes amigas, siempre andábamos juntas, compartíamos gustos, secretos y confidencias.

Después de un par de años viviendo al límite, Ana decidió que tenía que sentar la cabeza. Eligió a uno de los mejores chicos del grupo y a los pocos meses ya estábamos preparando la boda. Nos embarcamos juntas en la aventura de todos los preparativos, me pregunto como aquel pobre chico no me odió por robarle el protagonismo y todo el poder de decisión. A un mes de la fecha elegida ya teníamos organizado hasta el último detalle, fue entonces cuando se le ocurrió que todo ese esfuerzo merecía una recompensa,y me propuso que nos fuéramos las dos solas y disfrutáramos del último fin de semana loco, como una especie de despedida a su soltería. Había convencido a uno de sus hermanos para que le prestara un pequeño estudio. La idea me pareció digna de un genio, y sin pensarlo dos veces nos largamos, no sin antes prometer que ninguna de las dos se enrollaría con nadie, hacia un pueblecito costero famoso por su ambiente.

Pasamos la mañana tumbadas al sol, la tarde de compras y la noche entre bailes y copas, riendo sin parar, provocando a cualquiera que se nos pusiera por delante. Pasada la media noche volvimos al estudio, queríamos aprovechar la que ella había denominado como “su última noche de libertad”. Tumbadas sobre la única cama empezamos ha hablar de como serían las cosas después de la boda, de si realmente las personas cambian después de dar ese paso, de la rutina, de las obligaciones, de la maternidad..., creo que en ese momento a las dos nos dio miedo hacernos mayores, y nos fundimos en un abrazo en el que ambas buscamos el consuelo y el apoyo de la otra.


No se que pensó, ni lo que pasó por su cabeza, pero comenzó a tocarme el cuello, a acercar su boca a mis labios solo para dejarme notar el calor de su aliento, sabía que su futuro era inminente y que el miedo era mucho más real para ella que para mi, yo no sabia que debía hacer, y la dejé exteriorizar sus miedos, sus deseos, segura de que en cualquier momento se daría cuenta de lo que estaba haciendo y terminaría por ceder en el intento de besarme, la sentía cada vez mas cerca, su respiración cada vez más agitada, nunca creí que podría encontrarme en una situación como aquella, hasta que Ana me pidió que la besara, me entró auténtico pánico, miedo..., pero sus caricias, sus intentos por acercar su boca a la mía, hicieron que al final nos fundiéramos en un beso eterno en el que descubrimos cada recodo de nuestra boca, saboreando los labios, besándonos apasionadamente, sin ser plenamente conscientes de lo que estábamos haciendo. Tras ese primer beso llegaron otros muchos, yo sentía como se estremecía al notar mi lengua jugando con la suya, fuímos descubriendo nuestros cuerpos con cada caricia, y sin darnos cuenta, acabamos las dos desnudas en aquella cama.

Desnudas, abrazadas, y unidas por esos besos, comenzó a tocar mi pecho, lo tocaba con una sensibilidad enorme, con unas ganas contenidas que la hacían vibrar de deseo. Inició un descenso por mi cuello, besándolo, lamiéndolo, haciendo suya cada partícula de mi piel. Se concentró en mi pecho, hizo con él lo que quiso sin que yo opusiera resistencia alguna, jugó, mordió, lamió... sorbía mis pezones como si con ello consiguiera un líquido que le saciara la sed que ella tenía, yo no sabía que hacer, solo sabía que me gustaba. Volvió a mi boca, y en un arranque de deseo metió su pierna entre las mías, nuestros cuerpos ardían a la par, nos deseábamos, queríamos ahogar el miedo en el deseo, y el deseo en el placer. Mi sexo estaba totalmente húmedo, y ella no dejaba de frotar mi clítoris una y otra vez con su pierna, susurrándome al oído... ¡como te siento! ¡Como te deseo! ¡Quiero saborearte, saber lo que escondes dentro de ti! Lentamente comenzó a bajar su mano, deleitándose en ese descenso hasta llegar a mi pubis, que ella misma había depilado cuidadosamente unos días antes, me tocó, mojó sus dedos de mí, se los llevó a la boca, y nos unimos en un beso. Su boca, la mía y sus dedos impregnados de mi, de mi sabor, era una locura, pero una locura que nos hacia retozar de placer, saboreo cada rincón de mi cuerpo, hizo que con cada beso, con cada caricia me fundiera. Cada vez el roce era más íntimo, más nuestro yo le decía cosas que ni yo misma, a la mañana siguiente, creía reales, le pedía que me follara, que me volviera loca, que consiguiera que me corriera. Bajó hasta mi sexo sediento de placer,mi mejor amiga estaba ahí, en mi parte más intima, y yo estaba deseando que hiciera lo que jamás me había atrevido a pensar. Con una mano tocaba mi pecho, con la otra tocaba mi clítoris, aquel clítoris, que antes de que llegara a rozarlo ya estaba duro, hinchado y tan caliente que me daba miedo, mojó dos dedos en mi propio flujo y con dos caricias logró que me corriera la primera vez, era increíble ver como mi cuerpo se convulsionaba víctima del placer, no quería que parara, quería volver a sentir aquello. Entonces metió un dedo dentro de mi, me estremecí y tomé su mano para guiar sus movimientos, la obligaba a penetrarme con sus dedos, metió un dedo más provocándome una nueva y placentera descarga, tras entrar y salir de mi cuerpo durante un buen rato, comenzó a lamer mi clítoris, a meterme su lengua, y no puede evitar correrme por segunda vez, mi flujo desbordaba su boca, y mi sexo se abría y se cerraba con movimientos incontrolados... Ahora me tocaba a mi probar, lo hice como ella lo había hecho, pero masturbándome a la vez, consiguiendo de ese modo mi tercer orgasmo, lo que le pareció increíble, y quiso regalarme uno más introduciendo un dedo en mi ano mientras yo seguía tocando mi clítoris, haciendo unos movimientos extenuadores de placer.

Amanecía cuando cansadas y felices nos dormimos abrazadas. Al día siguiente nos sentimos avergonzadas por lo ocurrido, nos dijimos que nada de todo aquello había ocurrido y juramos que nunca jamás hablaríamos de esa noche.


Poco a poco nos fuimos distanciando hasta perder aquella amistad que tanto nos unió, pero a pesar de ello y del tiempo que ha pasado me he mantenido siempre fiel al juramento que nos hicimos, nunca se lo he contado a nadie, y nunca más he vuelto a repetir esa experiencia, solo que hoy, al verte en esa revista, me ha dado por recordar y preguntarme si tu también sigues guardando nuestro secreto.


lunes, 22 de febrero de 2010

( III )



Recluido en mi silencio escucho como habla mientras me invaden emociones y ansiedades ante el paisaje de su cuerpo frente a mí; le miro fijamente a los ojos, me inclino sediento de algo más que vino para buscar beber y ser bebido de sus labios. Ella intuye que somos la fusión de aromas y sabores de ese proceso lento y delicado que es la seducción.


Tras dos botellas de vino, su mundo europeo busca en mi cultura señales de identidad que sus ojos puedan traducir al lenguaje común de su mirada. El aire se impregna de un aroma libre de miedos y prejuicios mientras yo me rindo ante sus ojos y su risa fresca. La noche desciende lentamente como si el tiempo fuese nuestro; vuelvo a besar su mano, para que los signos de la seducción se manifiesten y tomen forma. La deseo tanto que lo huele; me invita a recibir el año juntos, bebemos el último sorbo de un vino digno para el gusto y el olfato, en unas copas que chocan melódicamente al sonido “Nocturne” de Chopin.


Salimos, la tomo de la mano, caminamos por calles llenas de opulencia, ropa elegante y gente bonita con propósitos de año nuevo; el rumbo nos conduce hasta que llegamos a mi hotel, le invito a pasar, el botones disimula su mirada que se pierde en cuanto desaparecemos en el elevador. En el cuarto, ya no hablamos o hablamos ese otro idioma en el que las palabras ya no son necesarias, y a partir de ese momento, el erotismo es el arte que nos traslada a la puerta alucinante de la sexualidad. Ahí, entre huellas, frases y caricias coinciden el silencio y el susurro, la piel y la pared, la piel y la ropa, la piel y la palabra porque no hay oposición, todo se funde simultáneamente, no existe el signo mas, ni el signo menos, no hay negro, ni blanco, en donde el blanco es más claro, y el negro más oscuro; ahora somos, la percepción dualista del “yo soy tu” y “tu eres yo”.

La alcoba se llena de un candente deseo, las imágenes huelen y saben a mujer; en seguida, poso mi mano sobre en su espalda buscando esa apertura entre su blusa que permita traspasar con mis dedos su fragante piel secreta para que el codicioso reflejo de mis ojos, se iluminen de placer y de deseo; desabrocho suavemente la prenda dejando al descubierto el brasier de encaje negro que sostiene con delicadeza sus aromáticos pechos; los devoro con voraces ganas; mis dientes se hunden en sus pezones erectos y suaves; se muerde los labios, se los humedece con la lengua mientras descifro el lenguaje silencioso de su cuerpo, enseguida, la despojo lentamente de su falda, descubro su sexo oculto bajo la sensual lencería que cubre y descubre su piel desnuda; la tomo, la hago descomunalmente mía como si hoy fuese la última vez, como si mañana, nunca fuese a llegar.
Sin ningún pudor, me rindo a cada sombra de su cuerpo y a cada gesto de su rostro. La acerco hasta mi boca. La beso. Es un beso profundo, intimo, de lengua que ahoga de placer. La habitación esta a media luz, ella mueve dulcemente la cintura, su cabello cae sobre sus hombros desnudos, me mira, no digo nada, pero sabe que me fundo al calor de su sexo que me mata, me parte y me deshace.


Nuestras bocas sorben saliva, se arrebatan las lenguas; sus pezones arden de placer y dolor por el castigo de mis dientes; sus uñas se clavan en mi espalda, en mis hombros, en mi cuello, en mis nalgas de tez morena que contrasta con su piel blanca y transparente; mi aliento la envuelve, la quema y la penetra por cada poro y por cada vello púbico que le humedecen mas y mas, los bordes de su sexo; se tuerce, grita y se consume. Con los ojos cerrados escucho su respiración, me lleno de su aroma, de su humedad, de la blancura de su piel, porque esta noche, ha sido lo más bello que he tocado, que he besado y que he mordido, mientras el tiempo perdura en el instante...(kaisser)



Tomados de la mano recorremos las calles sin rumbo fijo hacia un destino que nos espera encerrado entre las cuatro paredes de una habitación de hotel, y del que ninguno de los dos quiere escapar.
Mi mente analítica me abandona y solo puedo pensar en el deseo. En ese deseo que me puede y me mata. Pensar en disfrutar de esta dulce locura. mientras sus ojos me devoran con ansias, sus manos buscan el roce de mi piel que arde con solo su contacto. Nuestras bocas se buscan como el que busca el aire que lo mantiene vivo. Aprisionada entre la pared y su cuerpo, me rindo a goce de los cuerpos, al tacto de la piel, a la humedad de su boca...y tiemblo.

Mi cuerpo se convulsiona bajo sus caricias. Sus dedos recorren con firme delicadeza mi piel, como si ya hubieran transitado anteriormente por ella.. Acaricia mi cuerpo semidesnudo, sin apartar sus ojos de los míos ..nunca antes me había perdido durante tanto tiempo en los ojos de nadie. Nunca unos ojos habían dicho tanto.. Siento como el deseo, hasta ahora prisionero, se desborda por cada poro de mi piel, sin ser consciente de que está grabando a fuego este momento en mi alma.


Contra la pared, su lengua arremete contra mi boca una y otra vez buscando la mía. Succiona mis labios arrogantemente, como si quisiera tragarlos. Los lame y mordisquea. Juega con ellos. Los aprieta con presión haciéndolos suyos con la misma pasión con la que yo deseo poseer los de él. Besos que son la materialización del deseo contenido.

Traza un húmedo sendero hasta mi pecho prisionero del negro encaje, mis pezones erectos reclaman a gritos ser aniquilados por su boca. Y no puedo evitar que un gemido tan salvaje como el deseo que siento escape de mi garganta cuando sus dientes se clavan inmisericordes en ellos, elevando el dolor al grado del placer. Necesito el contacto de su cuerpo, mis manos ansiosas recorren su pecho mientras juego con mis labios en su cuello, paseando mi desvergonzada lengua por el lóbulo de su oreja, sólo rozando, con la lenta premura del que se sabe poseedor de todo el tiempo del mundo.. de nuestro mundo.


Sus manos expertas se abren camino entre mis piernas, y mi cuerpo busca el contacto de su miembro con ansias desesperadas. Siento su calor. Noto su excitación en cada movimiento de su cuerpo. Se estremece. Y me estremezco. Cada parcela de su piel me enloquece. Nos miramos, desafiantes y excitados. Muerdo su cuello con deseo, llegando de nuevo hasta su boca. Nos besamos. Nos mordemos. Su mano acaricia mis muslos y llega hasta mi sexo, mi cuerpo se arquea y mis caderas se mueven al ritmo de sus dedos en mi húmedo e hinchado sexo, licuándome en su mano, entregada a su antojo, excitándos en el roce de nuestros cuerpos, elevándome al cielo del pecado del que no quiero ser redimida.


Marcando mis ritmos, dueño de mi placer, me domina poniéndose encima de mi, abriendo mis piernas para situarse justo en medio. Me resisto porque quiero alargar mi agonía. Y sus ojos reflejan la excitación que eso le provoca. Quiero excitarlo más, llevarlo al límite, que pierda los papeles. Me mira a los ojos y descubre mi jugada, cómplice de mi juego simula enfado, y abre mis piernas a la fuerza, con un solo movimiento me penetra hasta lo más hondo de mi ser. Y no puedo retener el grito de dolor y placer que me provoca, mientras sonrío, porque eso es justo lo que esperaba, lo que estaba deseando.


Empuja una y otra vez sus caderas contra mi, cada vez mas fuerte.. le grito.. quiero sentirle muy dentro, bien fuerte, quiero que me duela.. quiero que no se me olvide jamás esta noche, ...mis dedos danzan en mi clítoris, fuertemente, ahogando y reavivando el orgasmo para llegar al mismo tiempo que él...(iam)

martes, 16 de febrero de 2010

( II )



Entre la bruma de mi conciencia escucho su voz; levanto la vista y ella me llama a través de la mirada, invitándome al choque de las copas; no sé cuanto tiempo ha transcurrido desde que la vi entrar, pero algo sucedió en algún momento, que ella descubrió mis pensamientos.



Yo, fiel amante de la belleza femenina ahora me veo frente a una mirada que penetra más allá de mi piel, más allá de las heridas de algunas memorias que me han hecho cerrar los ojos cautivados por el sonido mágico de ese piano. Yo, el aprendiz de seductor estoy deslumbrado ante la superficie brillante de su piel, de su mirada, de su orden estético, de sus deseos más profundos, de sus miedos inconfesables y de sus debilidades. Yo, que soñaba con encontrar a mi otra mitad en algún lugar lejano del mundo para que pusiera atención a mis palabras, mis letras y mi soledad, inexplicablemente, parece que la he encontrado luego de sentir como su sensual mirada penetra el territorio más secreto de mi ser.



Reflexiono e insisto en que los encuentros no son casualidad, todo sucede de manera natural en un espacio que conforma ese mapa para que el hombre y la mujer exploren su geografía a través de sus secretos, sus aromas, sus deseos, sus planes y sus sueños. Nada se da sin razón de ser. No es casualidad tampoco el que haya venido de tan lejos a cursar un diplomado en periodismo justo cuando podría estar bajo las palmeras de una paradisíaca playa en espera de un nuevo año, más sin embargo, estoy en el viejo continente sentado en un bar viendo caer la nieve, bebiendo vino blanco y atrapado ante la mirada de esa hermosa mujer. Es como haber encontrado un regalo oculto para el gusto, la vista y el olfato entre un mar de voces que flotan musicalizadas por el sonido perfecto del piano y arropadas por el cálido ambiente del que quisiera borrar a cada uno de los testigo que perturban este momento lleno de melancolía y romanticismo que me lleve a estar con ella.


Alzo la vista, apunto mi copa hacia la suya, brindamos a distancia sin cruzar palabra; su piel se escarcha, su mirada brilla tanto que me produce placer; la invitación está dada con su elegante meneo de cabeza, su sonrisa y esa mirada tan dulce como el vino.



Me levanto lentamente para dejar atrás las huellas, las imágenes, los arrepentimientos, las siluetas y las memorias que atormentan mi pasado, y que se desvanecen a cada paso que doy hacia su fémina presencia. Sonríe mientras me invita a sentarme a su mesa; frente a ella, intuyo que nadie quiso conocerme, como lo quiere ella. Que nadie quiso explorar tanto mis sueños y mis pesadillas, como lo quiere ella...(kaisser)





Toma mi mano entre las suyas, sus labios apenas rozan mi piel, pero el calor que me provoca su contacto podría fundir la nieve que sigue cayendo tras los ventanales. A una señal suya un camarero se acerca con una botella de vino que deposita en una cubeta repleta de hielo junto a la mesa. Entrechocamos nuestras copas en un brindis silencioso en el que solo nuestras miradas gritan deseos contenidos de saber, de conocer y de sentir...



Hablamos de todo y de nada, la conversación fluye amena y divertida, me cuenta de su mundo, y yo le hablo del mio, buscando en los momentos de silencio ese punto de común intimidad que nuestras miradas ya han encontrado, mientras el mundo que nos rodea va difuminándose hasta desaparecer por completo. El vino va relajando la tensión y pronto somos como dos viejos conocidos que se encuentran por casualidad después de toda una vida sin haber coincidido.



El ambiente es propicio para dar rienda suelta a la pasión contenida, al deseo de su olor, de su piel, del calor que desprende su mirada y que me atrapa y me confunde, y que no me deja pensar en otra cosa que no sea fundirme en el sabor de su boca.


Quisiera detener el tiempo en este instante, alargar estos momentos, no tener que separarme de este hombre al que no conozco y al que no quiero perder porque inexplicablemente siento como parte de mi propio ser, como pieza que me completa.


Inventándome una tradición inexistente que impide que cualquier extranjero pase solo la última noche del año, le invito a compartir esa mágica noche conmigo...(iam)


viernes, 5 de febrero de 2010

CUMPLIENDO SUEÑOS ( I )



Todos tenemos sueños, ilusiones o deseos por cumplir. Conseguir que se hagan realidad es en gran parte responsabilidad nuestra, nadie nos los va a servir en bandeja de plata, si no luchamos por ellos difícilmente conseguiremos verlos cumplidos.

Hay una cosa que tengo muy clara, y es que nadie va querernos ni tanto y ni tan bien como nosotros mismos, esa es una de las razones por las que este año pienso dedicarlo ha hacer todas aquellas cosas que me reporten bienestar y me causen placer. La consecución de un deseo o la materialización de una ilusión es algo placentero.

Hace tiempo tuve un sueño. Soñé que un día compartiría un relato con una persona a la que aprecio y admiro. Ese día ha llegado y el resultado es este relato en el que ambos, a través de las letras iremos desnudando lo que somos.

Asumo la total responsabilidad de los errores, y en caso de no haberlos, el mérito es enteramente suyo. Mi sincero agradecimiento y toda mi admiración para ti KAISSER, es un honor compartir contigo.

Espero que disfruteis de la lectura tanto como nosotros hemos disfrutado compartiendo el texto.


(Para quien no lo conozca, dejo el enlace a su blog http://kaisser09.blogspot.com/ )



No hay nada más doloroso y necesario para mantener intacta la razón, que aceptar que uno sigue vivo, que tiene la necesidad sentir, que tu corazón sigue latiendo a pesar de saber que para la persona que amas, hace tiempo que dejaste de existir.


Me sentía desorientada, vulnerable y a la deriva. Me debatía entre la necesidad de volver a vibrar entre unos brazos y la testarudez de mi mente en no olvidar. Deseaba encontrar a alguien que desestabilizara los cimientos de mi mundo con tan solo un gesto, con una palabra, con un beso, pero... Cómo podría identificar a la persona adecuada?...Las citas a ciegas nunca han sido mi fuerte, me agotan y me estresan, así que tras unos cuantos intentos fallidos, algunos más desagradables que otros, decidí definitivamente dejar de intentarlo y aceptar la realidad de una vida solitaria, pero para ello, necesitaba volver a encontrarme a mi misma, hacerme fuerte, alejarme de mi cotidianidad, pero sobre todo... alejarme de los recuerdos.


El año que estaba a punto de acabar se llevaría con él todas mis ilusiones y esperanzas, el peso de mi triste realidad me ahogaba tanto como las cuatro paredes de mi casa. Decidí, a pesar del frío que adivinaba a través del ventanal, salir en busca del aire que me faltaba.


Paseaba sin pensar en nada ni en nadie, sin distinguir los rostros de la gente con la que me cruzaba, parándome sin saber por qué frente a los escaparates de las pocas tiendas que a esas horas aún permanecían abiertas. Como de un mundo lejano me llega el sonido de un piano, las notas de la melodía me conducen hasta el lugar en donde nacen. Me dejo seducir por el sonido que me arrastra como hipnotizada hasta una mesa cercana al pianista que interpreta un nocturno de Chopin. Observo cuanto me rodea, el ambiente es acogedor y cálido pese a que fuera a comenzado a nevar. Se acerca el camarero y le pido un vino blanco. Lo miro mientras se dirige a la barra y, entonces lo veo sentado en el rincón opuesto al que me encuentro. Por unos instantes nuestras miradas se cruzan. Sus ojos reflejan una tristeza que me subyuga y me recuerda la mía propia. Intento desviar la mirada, pero mis ojos no me obedecen y siguen clavados en el desconocido. Me siento irremediáblamente atraída por su aire melancólico, pienso en cuanto me gustaría conocer su historia, y mi mirada es una descarada invitación a que comience el relato.



No sé si soy consciente del riesgo de mi atrevimiento, ni sé si saldré bien librada de este extraño momento, la música sigue sonando y trae a mi mente recuerdos de dichas lejanas y me invade la tristeza... (iam)


Un gélido viento despeina su abundante cabellera; es víspera de año nuevo, la miro, la estudio y la examino mientras bebo vino blanco en un céntrico bar. Estoy en un estado hipnótico en el que mis pensamientos flotan y se desvanecen.


Ella abre la puerta y entra sin cruzar palabra, se sienta, finjo no verla, las voces vienen y van mientras recorro su rostro y rememoro una imagen que me ayuda a no morir a causa de las cicatrices imborrables de mi borrascoso pasado y su erótica melancolía.


Nieva ligeramente, el sonido de un piano me cautiva, la mujer desconocida me mira, hay algo bello y discordante a la vez, me acepto neófito con las europeas porque estoy acostumbrado a las mujeres de mi América Latina. Los encuentros son producto de una ley universal que rige cada movimiento y nos lleva hacia donde tenemos que ir; nada es casualidad, musito hacia mis adentros.


Doy otro sorbo de vino, el ambiente es cálido e idóneo para un seductor aún sabiendo que la seducción es un ritual que inventamos de acuerdo a nuestros deseos; por eso ahora estoy aquí atrapado en mi cuerpo sin escape posible al mundo engañoso de esa peligrosa seducción. Ella me vuelve a mirar como queriendo entablar esa charla silenciosa que conecte nuestros mundos. La miro y parece que me está haciendo una invitación callada para conocer su geografía corporal en este mi viaje inesperado.


No se si saldré bien librado de este extraño momento cuando por mi mente pasan recuerdos de dicha y de tristeza...(kaisser)


Estudio al hombre con la insolencia que me da sentirme protegida por la distancia que nos separa. Sus movimientos son seguros y firmes, irradia una masculinidad con cierto aire tropical al que no estoy acostumbrada, y sin embargo, no hace si no que despertar aún más mi curiosidad por él. Si no fuera por ese halo de tristeza que flota a su alrededor, diría que tiene la imagen de seductor de la gran pantalla por el que todas las mujeres nos gustaría dejarnos seducir.


Dando un paso más en mi atrevimiento, alzo mi copa en señal de brindis hacia él antes de beber un nuevo sorbo. Me lo agradece con una leve inclinación de cabeza, y hace otro tanto con su copa. Descubro que ambos tomamos vino blanco, quizás sea verdad eso que afirman de que las casualidades no existen, quizás esto solo sea el principio de algo que estaba escrito en el lugar donde se escriben los destinos.


Sus ojos estudian mi rostro, mi cuerpo, pero lejos de incomodarme, los siento como una cálida caricia que me recorre la piel erizándola bajo la ropa. Su mirada profunda me crea una sensación entre el dolor y el placer que hacía tiempo no sentía, y un escalofrío recorre mi espina dorsal como preludio a lo que está por venir, y que, aunque desconozco ya presiento. Con un leve gesto le invito a que comparta mi mesa. Se levanta, con paso pausado, como si viniera desde otro mundo, se acerca al mío, a mi mesa, y a mi...(iam)