miércoles, 27 de enero de 2010

NO HUBO PALABRAS


Hacía mucho tiempo que tenía ganas de hacerlo, pero el pudor, el temor y la vergüenza me lo habían impedido, me habían frenado mis deseos iniciales; pero por razón de nuestra última discusión, de nuestro última crisis, decidí liberarme de prejuicios y temores, y por fin estaba decidida, iba a mostrarme contigo como realmente me apetecía, cómo yo fantaseaba, y todo ello con la idea de ponerte a cien, a mil.
No sé que hora era, pero escuché las llaves en la puerta. Estabas entrando, así que salí a recibirte. Te diré que tu cara de sorpresa lo dijo todo al verme, y la sonrisa posterior, me hizo ver que te gustaba lo que veías.
Me había puesto una minifalda roja de cuadros, una camisa blanca ceñida que marcaba mis pechos, y sobre todo mis espléndidos pezones.
Una diadema roja adornada con un lacito, recogía mi pelo; y como quería aparentar y parecerme en lo máximo a una colegiala viciosa y putilla. Llevaba unas medias negras cuya blonda de encaje quedaba por debajo de la falda y unos tacones negros de aguja. Lo que llevaba debajo de la ropa ya lo irías viendo más adelante

 Dios…me has dejado impresionado, que pasa que has sido una niña mala y vienes a que te de tu merecido?
 Jajaja…de eso nada, aquí, el malo has sido tú, y te vas a tener que sentar ahí en el sofá y ver todo lo que hago, sin poder hacer nada, hasta que yo te de mi permiso, no soy una niñita sumisa, en este caso soy una niña mandona
 Mmmmm…por mi encantado, pero no me hagas sufrir demasiado

Empujándote hasta el sofá con una sonrisa traviesa, separé mis piernas y te solté los dos primeros botones de la camisa

 Ponte cómodo

Te bese en los labios asomando levemente la lengua en tu boca y me retiré. Instintivamente tus manos fueron a parar a mi culo

 Las manos fuera, hoy no me tocas hasta que yo lo ordene

Me levanté, me di la vuelta y puse música.
Empecé a bailar, moviendo mis caderas, tocándome, agachándome, levantando mi falda, dejándote ver por unos breves segundos lo que había debajo de ella.
Mi streaptease comenzó desabrochándome los botones de la camisa y dejando a la vista un bonito corpiño negro semitransparente. Mis pechos se movían acompasados por mi baile, y la falda empezaba ya a darme calor, por lo que me desprendí de ella con sensualidad, quedándome con el corpiño y un tanga transparente y negro, que dejaba al descubierto mis hermosas nalgas y que por delante, debido a su transparencia, delataba que mi coño estaba depiladito como a ti te gusta.
Solamente había dejado un pequeño triangulito de vello sobre él. Las medias y los tacones seguían en su sitio, y creo que iba a ser lo único que no me iba a quitar esa noche.
Me fui hacia ti, me senté encima de tí. Como te habías desabrochado los pantalones, bajo tus boxers pude notar cómo tu polla no me había defraudado y estaba ya gorda y preparada. Además una pequeña mancha en tu ropa interior me hizo ver que ya estaba hasta mojada. Pero no, todavía era muy pronto, antes de que me la pudieras meter te iba a hacer sufrir más y yo a disfrutar mucho más

 Estás buenísima y me estás poniendo caliente como un perro. Me dejas que te toque?
 No, quiero que veas como juego yo solita primero

Mientras tanto, seguía moviéndome sobre ti, sobre tu polla, y paseando mi escote por tu cara. Mi coño está ya bastante húmedo, y no se si lo notas. Así sentada empiezo a desabrocharme el corpiño hasta dejar mis pechos al descubierto y empiezo a tocármelos, a acariciármelos, a pasar mis dedos sobre los pezones y te los ofrezco para que los chupes. Mmmm….no lo puedo resistir, me encanta como lo haces.
Pero mi coño está ya demasiado caliente. Noto cómo me quema y me pide a gritos que le preste atención, así que me levanto y me voy a la otra esquina del sofá y de debajo de un cojín saco los juguetitos que tenía escondidos. Tu cara delata sorpresa, pero también deseo y entusiasmo. Te pones cómodo de verdad, quitándote toda la ropa que llevas encima, sin apartar ni un momento tu mirada de mí, y te preparas para disfrutar del espectáculo.
Yo recuesto mi cabeza sobre uno de los brazos del sofá y un cojín, separo mis piernas y tomo mi vibrador morado, no es muy grande, pero tiene la forma adecuada para alcanzar mi punto más álgido, más caliente, más provocador. Lo pongo en funcionamiento, y lo introduzco bajo la tela del tanga. Empiezo a acariciarme el clítoris…mmmm…Dios qué gusto.
Es una vibración suave pero constante. Me gusta pasarlo por todo mi coño, no sólo por el clítoris; y así empiezo a hacerlo.
Al mismo tiempo, mis caderas se mueven buscando la mejor posición. Mis manos y mis caderas saben cómo acompasarse para que mi coño sienta más intensamente todo.
El tanga ya me sobra, así que me lo quito rápidamente; pero no quiero dejar de tocarme. Tú me mirabas fijamente. Cuando me lo quité vi como observabas con deleite mi coño depilado, totalmente expuesto para ti, brillante por todos los jugos que estaba soltando.
El vibrador se movía solo, resbalaba por mi sexo, y yo gemía y me relamía. Te miro. Otras veces cierro los ojos para concentrarme en mi placer, pero esta vez no. Estoy disfrutando mucho, pero aun no quiero que llegue el orgasmo, hoy no soy impaciente como otras veces, hoy quiero disfrutar de mí.
Me encanta mi coño, y sé que a ti también. Las veces que te miraba te veía concentrado, observándome, con una erección de caballo, y tocándote suavemente. Sabía que no te ibas a pajear hasta el final, porque en realidad, lo que más deseabas en ese momento es poder meterla en ese coño brillante y húmedo que veías en primer plano.
Decidí acariciarme también con mis manos.
Moje mis dedos en mí y me los chupé. Lo reconozco, me encanta como saben mis jugos, y el lamerme los dedos con mi sabor hace que me ponga aun más cachonda.
Dios…estoy superexcitada y lo quiero todo, así que introduje mi vibrador en la vagina, y saqué mi otro juguetito, el "conejito", un conejito con unas orejitas de silicona, que con la vibración se meneaban y hacía estragos sobre mi clítoris.
Así, con un vibrador en la vagina, y las orejas del conejito vibrando sobre mi clítoris, empecé a jadear como una posesa. Me estremecía; era un placer increíble, y entonces empezaron a llegar un orgasmo tras otro. Mis caderas se contorsionaban, mi cuerpo vibraba, y yo no paraba de gritar y de gemir.
En un instante en que abrí los ojos te vi, te habías puesto a mi lado, de pie y estabas mirándome alucinado, viéndome como disfrutaba y deseoso que poder seguir siendo tú el que me proporcionara los orgasmos.
Después de unos minutos decidí finalizar, agotada de tanto placer continuo, saque el vibrador de mi vagina, paré mi adorado "conejito", me puse de rodillas sobre el sofá y te besé

 Me encanta ver cómo te corres, en ese momento eres la mujer más sexy del mundo, pero mi polla, está muy mal, necesita unos primeros auxilios ya o va a reventar de un momento a otro
 No te preocupes ahora le toca a ella, anda túmbate

A estas alturas yo estoy ya sin zapatos, con las medias a medio caer, así que termino por quitármelas. Lo único que queda de la colegiala traviesa del comienzo era la diadema roja con el lacito, que inexplicablemente había resistido las convulsiones de mi cuerpo, y seguía aún domando los rizos de mi pelo.
Contigo tumbado y un apéndice gordo y hermoso apuntando al techo, es el momento de sentarme a horcajadas sobre ti. Muy despacio, acerqué mi vagina a tu glande, y el primer contacto de tu polla con la humedad y calor de mi coño, te supo a gloria. Emitiste un gemido que me animó a proseguir mi descenso, pero lentamente, para que tu polla se deslizara y fuese saboreando ese calorcito, y el beso que mi coño estaba empezando a darle.
Volviste a gemir y arqueaste levemente tu espalda. Había llegado el momento que llevabas toda la noche esperando, así que empecé a cabalgarte, primero más lentamente y después subiendo el ritmo. Me encanta notar tu polla, está dura como las piedras.
Cada embestida de ella que yo provocaba, me hacía estremecer, la llevaba hasta el fondo, así notaba tu polla en toda su dimensión, y a la vez hacía rozar mi clítoris con tu pubis, provocando un doble placer en mí.
Yo ya venía muy excitada de mis orgasmos anteriores, con lo cual mis jadeos fueron aumentando, mi cabalgar sobre ti cada vez tenía más ritmo y notaba que mi nuevo orgasmo estaba cerca. Tú no parabas de gemir y de emitir sonidos.
Era tan grande tu excitación, que imaginaba que tu orgasmo tampoco iba a tardar en llegar y que si estaba tardando más era porque querías que yo me corriera contigo, así que me dejé llevar y finalmente explotó un gran orgasmo dentro de mi, bestial y alucinante, mis gritos debieron oírlos los vecinos, pero me daba igual, o si acaso, me excitaba aun más,
Seguí montándote mientras disfrutaba de mi maravilloso orgasmo y entonces noté cómo tú, tensando todos y cada uno de tus músculos, alcanzabas el tuyo, gemiste y gritabas.
Me encanta ver tu rostro cuando te corres.
Tú estás bañado en sudor, y yo, francamente agotada, me separo de ti y noto como tu semen resbalaba desde mi vagina hacia mis piernas y mi culo. Estaba tan exhausta que debía reponerme antes de limpiarme.
Me abracé a ti, y me besaste.
No hubo más palabras, quedamos dormidos rendidos el uno abrazado al otro.

3 comentarios:

  1. Felicidades My Lord, una fantasía tan real, que me hace dudar de si en realidad la fantasía es creer que no fué real.

    Moi aussi...

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  2. My Lady, gracias por tu comentario. Ya sabes que hay causas o razones que provocan mis ganas, o incluso mis necesidades, de que las fantasías se hagan realidad.
    Qué te voy a decir yo a tí que no te hayan dicho las trobas.
    Moi non plus, ma cher fille.
    Un remuac.

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  3. Ven a mi casa vestida igual.
    Saludos

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