domingo, 17 de enero de 2010

FIEL

Foto: Greg Wiliams

Las horas no corren cuando ella no está, intento mantener mi mente ocupada para perder la consciencia del tiempo que dura su ausencia ¡Como puedo echarla tanto de menos! ¡Como puedo necesitarla tanto!. Recuerdo nuestro primer encuentro en aquel local en el que taciturno y aburrido observaba sin ver nada de lo que me rodeaba, evadiéndome de un mundo que no me interesaba hasta que por unos breves instantes nuestras miradas se cruzaron, si hubiera podido sonrojarme, lo habría hecho, aún hoy no soporto ver esos hermosos ojos tan cerca sin que me asalten las ganas de hacerla mía. No hicieron falta palabras, desde ese preciso instante juré pertenecerle para siempre y protegerla con mi propia vida.

Oigo la puerta del ascensor al cerrarse, el familiar sonido de las llaves en la cerradura, y el deseo me eriza la piel. ¡Es ella! ¡Por fin! ¡Llevo tantas horas apagando en solitario mi deseo contra su cama! ¿Cómo puede hacerme esto? ¿Tenerme tan ansioso de su contacto? A veces pienso que disfruta sometiéndome a su voluntad, haciéndome sufrir, doblegándome hasta la sumisión! La sangre se agolpa violentamente en el interior de mi cuerpo. Y el corazón que se escapa por todos mis poros, siento por todo mi ser el tambor de un latido anhelante. Ahí está. Si me dejara la haría mía ahí mismo. A contraluz se dibuja su cuerpo bajo el vestido, esa cadera que me enloquece y me siento morir. Debe querer volverme loco, pero más es imposible.

Me busca en las sombras entre las que escondo mi desespero y una sonrisa burlona se dibuja en esos labios que adoro. Camina pausadamente hacia mí, alargando este delicioso martirio al que me somete. Toma mi cabeza entre sus manos con ese gesto tan suyo de frotar su nariz contra la mía como preludio al beso que tanto espero y deseo, mientras sus dedos se ensortijan en mi pelo y acarician mi cuello, abrazando su cuerpo al mío, sintiendo su calor, provocándome un escalofrío de placer que recorre toda mi columna, mientras el universo entero se congela para mí en ese breve instante, sintiendo que podría correrme ahora mismo. Pero ella me devuelve a la realidad golpeándome las nalgas con firmeza y tirando de mí, que sometido y sumiso, la sigo, hasta la ducha, donde de nuevo comienza mi tortura.

Sentado, simulando una serenidad que no tengo, veo como lentamente su vestido va resbalando por sus hombros, dejándolos al descubierto, cayendo muy suavemente, como si cada centímetro que recorriera al caer fuera un beso, como si estuviera bailando una canción solo para mí en este silencio que nos envuelve. ¡Dios... como la deseo!! ¡Por favor, haz que no tarde mucho, que me tome cuanto antes o moriré de deseo!! Se sienta en el suelo frente a mi, colocando sus piernas a ambos lados de mi cuerpo y me abraza, siento el olor de su desnudez mezclándose con el mio. Mi sexo se dispara, mi instinto animal se despierta y comienza un orgasmo tan brutal que me nubla la visión. Pero ella no es una mujer a la que puedas dominar fácilmente e inesperadamente tira de mi pelo obligándome a echar la cabeza hacia atrás, recordándome que ella es mi ama, mientras se incorpora y se mete en la ducha.
Derrotado la miro envidioso del agua que recorre su cuerpo, imaginando que cada gota es uno de mis besos, que mi lengua es la esponja con la que se deleita acariciando cada pliegue, cada uno de sus rincones secretos, mientras siento que no puedo retener por más tiempo la humedad viscosa que comienza a salir de mi miembro, que voy a morir del placer que me provoca el dolor de no tocarla!!, ¡Por Dios... no dejes que pare este castigo que me enloquece!!

Adoro a esta mujer que enfundada en su albornoz sale de la ducha y acaricia mi cabeza, revolviendo juguetona mi pelo. Pero el sexo me agota y me dejo caer exhausto, sin apenas fuerzas para moverme, hasta que la voz de mi dueña me devuelve al mundo de los vivos.

- Venga.. espabila holgazán, es la hora de tu paseo, a ver si encontramos alguna preciosa perrita, que ya va siendo hora de buscarte una novia.
Me incorporo dedicándole una mueca parecida a una sonrisa, preguntándome dolorosamente, como es posible que aún no se haya dado cuenta de que soy enteramente suyo, de que siempre seré su perro fiel.

4 comentarios:

  1. caminado por tus letras, me ha gustado.
    saludos

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  2. El leerlo me remonta a unos tiempos pasados, no tan lejanos, en los que, en las horas de la noche, en esas horas mágicas, los comentarios y las demostraciones plásticas hacían realidad ciertas fantasías.
    Y ahora, como de bien nacidos es ser agradecido, me toca a mí.
    Un remuac.

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  3. Esta muy biennn! Me gustó.

    Genberas unas descripciones muy detalladas. las imagenes son muy fuertes!

    Saludos

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