domingo, 14 de noviembre de 2010

UNA COLABORACIÓN MUY ESPECIAL...


-Tres de duplex y pares tuyos, cuatro; pequeña en paso, cinco y dos de juego siete. Con dos, bicicleta. Joder, machos ¡estáis chupaos!
-Venga, venga, Alfredito, que esto no es como empieza, sino como acaba
-¿Acabar? ¿Y cómo va a acabar? Como siempre, Ernestín. Tú de paganini, jajajaja
-¡Eh, chavales! ¿Habéis visto peazo mujer? ¿Quién es? ¡está de toma pan y moja!
-¡Hostia! ¡Es la rusa, tú! Es la nueva mujer de Sergei. Dicen que la conoció en un puti de chicas finas en Madrid. ¡Qué buena está la tía, tú!-A esa no te la tiras, Alfredito
-¿Que no? Cuando quiera. Espera que termine de machacaros y verás. Esta noche la tengo debajo.
-¡Menos lobos, caperu! ¡Trescientos euracos a que no te la follas tonight!
-Vete preparando la visa, chalao. Verás tú que no…
-Un momento, Alfredo. Yo subo la apuesta a mil euros, pero pengo como condición que sólo la veas físicamente el mismo día que vayas a tirártela. Sin citas previas. Sólo quedarás con ella para follártela. ¿Qué? ¿Hace?



LA ÚLTIMA LLAMADA
"Jamás debí haber empezado esta farsa Lady. Al principio era tan sólo la oportunidad de quedar por encima del prepotente de Alfredo. Cuando acudió a mí para que le ayudase a ganar la estúpida apuesta que cruzó vi la oportunidad de darle una lección, de demostrar a ese playboy barato que un físico portentoso no lo es todo. Todavía recuerdo su descreimiento cuando le expliqué mi plan. El pobre inculto no sabía ni quién era Cyrano. Le dije que confiara en mí, que la voz es una poderosa herramienta para seducir, que con ella se puede despertar ese mundo infinito que es la imaginación. Tarea ingrata para convencer a quien piensa con la cabeza del pene. Pero no le cabía otra opción que ponerse en mis manos. Y ahí empezó todo, Lady. La primera vez que te llamé estaba nervioso como un colegial. Repasaba mentalmente tu imagen y sentía una sensación cercana al pánico, pero algo incontrolable me empujaba a no colgar. Era un reto excitante. ¿Podría conseguir crear un vínculo de sensualidad sin que me rechazaras? Entonces oí tu voz por primera vez. Una voz suave pero profunda. Engolé la mía, buscando el tono más viril posible.




Con naturalidad. Intenté disimular mi azoramiento, pero de pronto se me ocurrió que podía ser un elemento más de seducción. Me seguiste la corriente y ello me aportó seguridad. No me costó meterme en el papel. Me excitaba sentirme tan seguro y sentirte tan complaciente. Las siguientes llamadas fueron muy reconfortantes. Ibas aceptando el juego poco a poco. Ya no era un extraño, sino un amante desconocido. Empezamos a explorar nuevos caminos para despertar nuestra libido. Nos acariciábamos con las inflexiones de nuestras voces, modulándolas a la vez que modelábamos nuestro deseo. Cada vez necesitaba más. Poco a poco el doble sentido se iba quedando en un juego infantil. Cuando las conversaciones se hicieron más explícitas el deseo me abrasaba por dentro. Te imaginaba húmeda imaginándome excitado. La sola idea de que mis palabras pudieran encenderte, me ponía a mil. Cuando colgaba, las fantasías me asaltaban, quemándome, embruteciéndome como a un animal. Me estaba volviendo loco. Soñaba con penetrarte, con fundir mi lengua con la tuya, en mojar mi boca en tu sexo, en beber la ambrosía del cáliz de tu vulva, en mordisquear tu clítoris mientras te retorcias de placer. Quería comerte toda, poco a poco, beso a beso. Me masturbaba presintiendo el calor de tu boca lamiendo mi erecto miembro, conjeturando la fragancia de tu piel tras la batalla de un coito imposible. Te soñaba deshaciéndote entre mis piernas, jadeando al galope de mis orgasmos.



Me hice adicto a tu voz, a tu presencia imaginada. Buscaba cualquier momento para describirte el fuego que me consumía. Gozaba describiéndote mi deseo. Y todo ello para dejarte en bandeja a un chulángano que jamás sabría apreciar el manjar que iba a degustar. Él no te merece. No merece el frenesí acumulado después de tantas palabras, de tanta pasión interrupta por la distancia. Por eso te confieso la impostura, Lady. Por eso y porque me devoran los celos al pensar que un patán, atletico y bello, hollará lo que yo no podré hollar jamás. No, Lady. El hombre con el que vas a citarte no es quien crees. Él te disfrutará, pero solo yo os podría degustar como a ti te place. Yo te haría jadear, gemir, gritar…Perdóname si puedes. Perdóname por desearte tanto. Esta será mi última llamada, Lady. La última llamada que no te haré jamás…"

-Que sí, Ernestito, que sí. Que están muy bien tus medias de reyes, pero es que aquí el menda tiene dúplex de ases-sietes. Tres a dos, majete. Volvéis a palmar. Como os iba diciendo, la rusa folla como los ángeles. ¡Cómo se mueve la tía! ¡Y cómo come! Una tragasables. Me dijo que pensaba que yo tenía la voz más grave. ¿Grave? Grave son los dos palmos de tranca que voy a meterte entre las piernas, nena, le dije yo mientras me sacaba la artillería pesada de la bragueta…

by BEAU BRUMMELL

martes, 26 de octubre de 2010

LA LLAMADA...

Hacía casi un año que Lola se había mudado de piso. Y aunque no era muy partidaria de intimidades con la comunidad, lo cierto era que se sentía acogida, sobre todo por el matrimonio con el que compartía rellano. Siempre estaban dispuestos a cariñosas charlas que Lola, aunque los apreciaba, procuraba no alargar más allá del viaje en ascensor.


Hacía casi un año que a Lola la llamaban por teléfono. Siempre a la misma hora, la misma voz y con el mismo tono. Al principio creyó que las llamadas iban dirigidas a la anterior inquilina y colgaba sin más. Después, decidió que lo mismo si le seguía el juego, este acabaría por perder la gracia y la dejaría en paz. Siempre era igual, la saludaba con elegantes frases e iba “in crescendo”, cálida y audaz, hasta hacerla desfallecer. No sentía miedo, las palabras, aunque contundentes y seductoras, nunca fueron amenazadoras ni la llevaban a sospechar peligro alguno. Era más bien como una extraña forma de indefensión. Poco a poco había ido cayendo en su red y se sentía atrapada por ellas, hasta el punto de que llegaban a provocarle taquicardias, le hacían sudar y la dejaban sin aliento. En ocasiones hasta había sentido que se moría en los brazos de ese desconocido. Era consciente de que había sucumbido al hechizo de aquel hombre, del que nada sabía y, se sabía dominada por su lascivia.



Buenos días, cielo –dijo la Voz, desde el otro lado-. Te veo radiante esta mañana, se nota que has descansado bien. Estas preciosa con tu vestido nuevo. Tienes unas buenas piernas, no sé porque te empeñas en esconderlas... lucelas mujer, lucelas y deja que los demás disfrutemos de su visión. Estas bien? verás, te encuentro un poco rara, como incómoda, ... ¿Por qué no te quitas las bragas? Venga... utiliza tu mano libre. Eso es, así me gusta, muy bien mi niña; ahora, ve bajándolas despacio. Para, Para!! Deja las bragas y dime pequeña. Has hecho lo que te pedí? Bien... Así me gusta, esa es mi chica. Está suave, ¿No es cierto? Mírate, no te recuerda cuando eras una niña sin pelo en el coño? Si, verdad? Pues sigue, sigue bajando, eso es. Detenla en los labios, rózalos suavemente con los dedos y deja que su tacto te excite. Seguro que disfrutas acariciándolos, eso es, así, frótalos. Te gusta verdad? A mi me vuelven loco los coños afeitados.



Recuerdo una vez en que me follé a una chica estupenda... Pero aquello no era un coño, aquello parecía más una selva, no sabías que ibas a encontrar allí. No te parece increíble que recordemos detalles como ese?.. Pero tu no pares mujer, sigue, sigue, que ya te lo contaré en otra ocasión. Ahora baja con el índice a la vagina, tócala lentamente y mételo, eso es, estás mojada, a que sí. Llevate el dedo a la nariz, cierra los ojos y aspira despacio tu olor. Te gusta verdad??... lo sé, Oyee!!!ni se te ocurra pensar en masturbarte Ehh!!. Sabes? imagino tu olor, me llega a través del teléfono y siento como si la polla me fuera a reventar. Lo que son las sensaciones. Bueno mi niña, sigamos con lo nuestro, volvamos a tus bragas. Venga, continua bajándolas. Eso es, despacio, muy despacio. Debes aprender que el placer es enemigo de las prisas. Pero mira que eres puta!! eso que resbala de tu coño a los muslos es flujo?.





Me estas poniendo malo de tantas ganas. A mí también me fluye. Sigue, sigue, bajándolas despacito. Roza la parte interna de los muslos, eso es, date un buen magreo; imagina que alguien, no sé, digamos que yo mismo, tengo allí la cabeza. Sí pequeña, la tengo entre tus piernas, sigo oliendo tu coño, que me llama, aproximo la lengua, quedo preso entre ellas y tus bragas, sin más salida que ese agujero negro y comienzo a chuparlo, a mordisquearlo y mi lengua se ensaña con tu clítoris. Venga. Quítate ya esas bragas. Mmmm qué pequeñas son. Cielo, esas prendas solamente se usan para que alguien las vea. No te ofendas cariño, pero ves como si que eres una puta. En realidad, debes saber que todos lo somos cuando las ganas nos aprietan; Fíjate en mí, ni vivo, ni como, ni duermo y me duele la polla de las ganas que te tengo. Metete dos, no mejor tres dedos en la vagina, siente como mi polla te rompe mientras yo me hago una paja. Que ocurriría si ahora llamaran a la puerta? Sabes.. algunas veces ocurren cosas, se dan situaciones extraordinariamente increíbles.. y si te dijera que estoy justo al otro lado de la puerta?



De pronto Lola sintió miedo, y si realmente estaba allí?.. aquello ya no era un juego. Colgó el teléfono en un acto reflejo de defensa, se bajó el vestido y con la valentía que da el miedo se dirigió hacia la puerta y la abrió de golpe. Allí estaba su vecino, Lola no pudo contener un grito mientras dirigía su mirada a la abultada entrepierna
- No te asustes, Lola. Sabes.. algunas veces ocurren cosas...se dan situaciones que nos dejan fuera de control.. ¿no es cierto? - Y acercándose a ella, le subió el vestido y la encontró desnuda.- Eres tal y como te había deseado. Ven...- Y sin más saco su polla y la metió en su sexo.


Sonó el teléfono. Lola pensando que la llamaban de su trabajo descolgó. Del otro lado de la línea le llegó una voz familiar antes de que el aparato cayera por suelos:

-Serás mala puta!!!... que sea la última vez que me cuelgas en medio de una paja, así no se hacen las cosas pequeña, voy a tener que castigarte...


jueves, 14 de octubre de 2010

LADY DE MEAIR (3 y ultima)



Cubrí mi cuerpo desnudo con una capa, me dirigí en silencio hacia los aposentos de invitados y escondida tras una columna pude ver cómo la chica estaba de rodillas, desnuda, chupándole la polla al Marques.
Dios mío...
Nunca había visto una polla tan enorme, tan gorda, tan tremenda. Era una polla descomunal, venosa y la chica la tenía casi toda metida en la boca. Mientras se la estaba chupando, recibía bofetadas en la cara, a cada cual más fuerte.
Mi desnudez debajo de la capa hizo que no me quedara más remedio que acercar mi mano a mi humedecido coño. Me empecé a tocar lentamente, notando como mi clítoris se empezaba a hinchar, sin poder apartar la vista de aquella polla, de aquel tremendo pollón que taladraba sin descanso la boca de la chica.
Separé un poco mis piernas para poder acceder mejor a mi coño, separando mis labios vaginales y comenzando a follarme con los dedos. Me los clavaba cada vez con más fuerza, casi al ritmo de cómo follaba la boca de la chica el Marques con su venosa polla.
Las bofetadas que descargaba sobre la cara de la pobre me hacían incluso daño a mí, pero me estaba excitando muchísimo la situación de sumisión que estaba demostrando ella. O era aquella tremenda polla?. O era la mamada?. Lo cierto es que estaba super caliente y super mojada.
Tuve que cerrar la boca para no gritar en el momento en que noté como una tremenda corrida inundaba mi coño, notando como mis jugos bajaban a lo largo de mis muslos. Tuve uno de los orgasmos más tremendos que jamás había tenido. Mis piernas temblaban y no me podía mantener en pie. Con los dedos aún clavados en mi encharcado coño, me puse de rodillas y seguí masturbándome. No podía parar de follarme.
Ella seguía con la polla metida en la boca, con las manos en la espalda en demostración de sumisión y con la cara enrojecida de las bofetadas que había recibido.
Cuando conseguí mi segunda corrida, pude comprobar cómo el Marques sacaba su tremenda polla de la boca de la chica y se empezaba a pajear delante de ella. Dios…en esos momentos habría dado algo por tenerla frente a mi cara, por poder llevármela a la boca, por poder saborear ese tremendo y hermoso trozo de carne.
Pero qué estaba pensando?
Pero cómo era eso posible?
Estaba siendo soez e impura, infiel y mala esposa.
Si…debería decírselo a mi amado esposo y pedirle perdón por mis malos actos de estos dos últimos días…mmmmm…pero ahora no.
No podía parar de masturbarme. Me estaba matando, me estaba volviendo loca y ese hombre malvado, aborrecible seguía masturbándose con furia delante de la enrojecida cara de la chica.
Veía cómo su mano recorría de arriba abajo la polla, cómo su enorme glande aparecía y desaparecía bajo la piel con los violentos movimientos de masturbación. Nunca había visto a un hombre masturbarse de forma tan obscena, soez y violenta. Me estaba volviendo loca la situación.
A medida que él aumentaba la velocidad de su masturbación, yo hacía lo mismo con los dedos dentro de mi coño. Tres dedos me estaban reventando por dentro. Y cuando estaba a punto de correrme de nuevo, pude ver cómo de la polla del Marques empezaron a salir una chorretones de leche hacia la cara de la chica. Como si se tratara de un surtidor, fue regando toda la cara de la chica. La frente, las mejillas, la nariz, el mentón, los pómulos se llenaron por completo de leche. Podía ver cómo la esparcía por toda la cara con su glande, sin que la chica hubiera movido sus manos de la espalda.
Golpeó con su erecta polla varias veces la cara de la chica, se dio la vuelta y se metió en los aposentos dejando a la pobre chica tumbada a la puerta, con la cara totalmente cubierta de leche. Yo seguía masturbándome, conservando en mi retina la tremenda corrida que acababa de contemplar y el enorme tamaño de la polla del Marques.
Cuando ya no podía más, cuando el dolor en mi coño era casi insoportable, me puse en pie con dificultad y me dirigí hacia la chica

- Estás bien?
- Si, mi Señora
- Levántate
- No, gracias, este es mi sitio
- Tu sitio?
- Sí, a la puerta de mi AMO, vigilando su sueño
- Cómo?
- Las perras deben vigilar para que su AMO tenga un sueño tranquilo y recuperador
- Las perras?
- Sí mi Señora
- Qué perras?
- Yo, mi Señora
- Tu qué?
- Que yo soy una perra, y como tal debo cumplir con mis obligaciones
- No te entiendo
- El qué no entiende, mi Señora?
- Eso de ser una perra y las obligaciones
- Es muy sencillo, soy la perra de mi AMO, y como tal, como su perra fiel y obediente debo cuidar la puerta, debo cuidar de que nadie interrumpa su descanso, debo cuidar por el bienestar de mi AMO
- Pero eres una mujer, no una perra
- Perdón, soy una perra nacida mujer, pero mi destino es el de perra, nací para ello, vivo para ello y moriré como tal
- No lo puedo entender. No es lógico
- No le busco la lógica, sólo busco el ser fiel y servir lo mejor posible a mi AMO. El me alimenta, me da cobijo, me cuida, me defiende y lo menos que debo darle es todo mi ser
- Aún así, eres una persona, un ser humano
- No, soy un bien de mi AMO, soy una posesión de mi AMO, soy alguien gracias a él
- Serías alguien igual sin ser de él
- No lo creo, sin ser de él no sería NADA
- No puedo entenderte ni tampoco compartir tus pensamientos
- No pretendo que los entienda, mi Señora, ni que los comparta, sólo se pueden entender y comprender si se viven tan intensamente como lo hago yo
- Y el verte así, desnuda, tumbada en el suelo, con la cara cubierta de leche, exhibida ante todos, no te importa, no te sientes ultrajada?
- Para nada. Es un placer que mi AMO quiera que yo sea la exhibida. Cualquiera de las perras que tiene mi AMO daría su vida por estar ahora mismo aquí, como estoy yo, con la cara cubierta con la leche divina de mi SEÑOR, habiendo sido abofeteada por él, humillada por él, vejada por él, habiendo podido disfrutar del sabor y del calor de su pollón adorable, habiendo podido chupar esa polla que sólo la sumisión trae al alcance de mi boca
- Llevas mucho tiempo viviendo, por decir algo, así?
- 5 años y cada día soy más feliz, más perra y más fiel
- 5 años siendo humillada, vejada, sometida…no es posible
- Es posible y extremadamente placentero, mi Señora, es la culminación de un deseo, de una existencia, de una vida
- Te puedo preguntar cómo empezó todo?
- Deseándolo mi Señora, deseando sentir esta sensación de plenitud, de felicidad, de devoción, de sumisión hacia una persona, hacia un ser único, hacia un ser superior a tu propia existencia mundana
- Lo consideras un dios?
- Es más aún que un dios, es mi AMO, mi DUEÑO, mi SEÑOR. Es lo máximo a lo que se puede aspirar como mujer, a ser la esclava de un AMO
- A ser una perra, como tú dices?
- Sí, mi Señora
- No me lo puedo creer
- No puede porque no lo es, porque no lo ha sentido aún, porque no lo ha deseado aún
- Cómo se puede desear ser la perra de nadie, la sumisa de nadie, la sierva de un hombre?
- No soy la perra de un hombre, no soy la sumisa de un hombre, no soy la sierva de un hombre, soy parte de él, soy de él, soy SUYA, y el serlo conlleva ser una perra, una esclava, una sumisa, una sierva
- Y eso se siente de alguna forma, te das cuenta de alguna manera?
- Si mi Señora, se siente de repente, es algo que crece de golpe
- Cuando ves a una persona o cuando la vas conociendo?
- De repente, es un instinto que nace del vació, de la nada
- Surge así como así?
- Si, de golpe
- Me quieres decir que sin conocer a una persona, puedes sentir algo por ella, no hablo de amor, no hablo de cariño
- Exacto, así es, es como un fuego interior que de repente te quema, te inunda
- Algo como un posesión mental, como una orden sensorial?
- Es eso precisamente. Ese ser te domina sin hablarte, te domina en la distancia, en los pensamientos
- Aunque esa persona te demuestre con sus actos, con su forma de hablar y de actuar, arrogancia, prepotencia, altanería?
- Esos son los síntomas de tu devoción hacia esa persona, hacia esa especie de dios al que quieres servir por y para siempre. El inicial rechazo, el desagrado personal, es el primer aviso de que sólo vas a desear en este mundo ser suya, de su propiedad
- Me lo dices en serio?
- Así es mi Señora
- Dios mío…no puede ser
- El qué, mi Señora?
- Nada, nada…dios…no es posible



No pude seguir hablando con ella.
Me levanté y me dirigí descentrada, totalmente fuera de mí, absorta en ese mundo desconocido, hacia mis aposentos.
Nada más cruzar la puerta me tumbé encima de la cama y me puse a llorar. No podía ser que los síntomas que había tenido con ese horrible hombre, con ese ser despreciable fueran los de querer ser su esclava, su perra, su sumisa…de su posesión.
Seguro que la chica me estaba engañando.
Pero qué necesidad tenía ella de engañarme a mí?
Qué iba a sacar ella por hacerlo?
Y qué diría mi esposo al respecto?
No debería de saberlo, decirle que estaba sintiendo obsesión por el Marques de Abraxas, que estaba sintiendo que quería ser suya, someterme a sus gustos y órdenes?
Seguro que era algo pasajero o producto de un mal sueño.
Me puse a dormir, y aunque me costó, al final pude relajar mi cuerpo y mi mente durante unas horas.
Nada más levantarme, y puesto que mi esposo y el Marques habían de nuevo salido de cacería, hice llamar a mis aposentos a la chica.
A los pocos minutos la hicieron pasar a mi antecámara y nos pusimos a hablar

- Anoche me dejaste preocupada con tus palabras
- Por qué mi Señora?
- Por el tema de los síntomas, de lo que habías sentido la primera vez
- Por cómo se da cuenta una de que desea ser sumisa, de que desea ser esclava?
- Sí. Te puedo ser sincera?
- Claro, mi Señora
- No me digas mi Señora, llámame Erica
- Claro, Erica
- Desde hace unos días noto esos síntomas
- Los que le he descrito?
- Uno a uno, paso a paso
- Conocía a esa persona?
- Jamás la había visto ni había oído hablar de él
- Puedo preguntarle quien es?
- Casi no me atrevo a decírtelo
- Cómo queráis
- Creo que eres sincera y buena persona y te lo diré
- No os sintáis obligada, mi Señora
- Erica, llámame Erica
- Perdón, Erica
- Es el Marqués
- Mi AMO?
- Sí, desde el mismo día que el Marques entró en el patio de armas, desde el primer momento que lo vi subido a su caballo negro tuve como una especie de dominación mental
- Que te obligaba a hacer cosas que no deseabas, que no querías hacer en esos momentos?
- Así es
- Que se te meten cada vez más y más dentro de ti?
- Si
- Contra las que luchas y no puedes hacer nada?
- Exacto
- Incluso sin querer buscas provocar, buscas excitar, buscar gustar?
- Anoche me ocurrió al ponerme el vestido más atrevido que tengo, cosa que no suelo hacer jamás, y mucho menos cuando mi esposo tiene invitados. Para eso siempre he sido muy recatada, hasta anoche
- Pues Erica, creo que estas deseando ser humillada, vejada, dominada, poseída por el Marques de Abraxas
- Lo crees?
- No es que lo crea, es que a mi me ocurrió lo mismo en su día
- Dios mío…es que estoy casada y amo a mi esposo
- Yo también amaba con locura al mió, a mis hijos y los abandoné a todos y a todo por el, por mi AMO
- Y eres feliz?
- Soy el ser más feliz haciendo feliz a mi SEÑOR, a mi AMO. Su felicidad y su placer son mi felicidad y mi existencia
- Pero no puedo abandonar a mi esposo, se moriría de dolor, de pena
- Tendrás que abandonarlo antes o después
- Por qué?
- Porque no podrás vivir sintiendo lo que sientes en estos momentos, deseando ser suya, ser de su propiedad, ser su perra
- Quizás sea algo pasajero
- Eso es imposible. Un calentón lo sería. Que te enamoraras de él lo sería. Que te gustara lo sería, pero si te ocurre como me ocurrió a mi, que incluso lo odiaba, lo consideraba un depravado, un soberbio, un engreído
- Eso me ocurre a mí
- Pues contra eso no se puede luchar, Erica. Eso es más fuerte que el veneno del amor, que el elixir de la sabiduría, que la ciencia de los sabios
- O sea que la única solución es la muerte o la sumisión
- Exacto, así es
- Y mi esposo?
- Morirá de dolor o luchará por ti
- Luchará por mi, seguro
- Pues entonces morirá por ti o te perderá, te lo aseguro
- Por qué?
- Por experiencia, Erica, por experiencia
- Te ocurrió a ti?
- Si, y mi esposo cayó en desgracia y me perdió…bueno, lo perdió todo
- No quisiera que al mío le ocurriera eso
- Pues que no luche por ti
- Morirá si no lo hace
- Morirá igual
- Gracias. Cómo te llamas?
- Perra, Erica, me llamo perra
- Dios santo, no tienes ni nombre?
- Claro que lo tengo, el más bonito del mundo
- Dímelo
- Te lo acabo de decir, mi nombre es PERRA. Me puedo retirar para esperar a mi AMO como a él le gusta que lo haga?
- Cómo le gusta?
- Lo descubrirás en poco tiempo
- Puedes hacerlo
- Gracias

La conversación con la chica me había acabado por romper todos mis esquemas. Toda mi vida anterior iba a ser tirada a la basura en unos minutos, en cuanto le dijera a mi esposo la verdad, en cuanto le planteara la situación de abandonarlo, de dejarlo por ese hombre que el tan amablemente había invitado.
No quería, pero debía hacerlo.
Tampoco quería ser la perra de ese hombre, pero tampoco podía seguir viviendo sin serlo.
Dios mio…en mala hora lo conocí.
Esa noche era la última del Marques de Abraxas como invitado en nuestro castillo.
A la mañana siguiente abandonaron nuestro castillo sin que le hubiera dirigido palabra alguna. Ni tan siquiera me habló en toda la noche.
No podía dejar pasar los días sin decírselo a mi esposo. Ni podía ni debía.
Una noche estábamos en mis aposentos y me decidí

- Mi señor, debo contaros algo
- Dime, cielo
- Recuerda cuando estuvo aquí el Marques de Abraxas?
- Claro
- Me notó rara aquellos días?
- Cómo rara?
- Sí, cambiada, extraña, distinta
- No mi amor, siempre hermosa, bella, atractiva y espléndida
- Gracias, pero no me refería a cambiada así. En serio, no me notó cambiada?
- No
- Pues lo estaba, mi señor
- Qué te ocurrió?
- No me atrevo a contárselo
- Fue culpa de ese hombre?
- Mi señor
- Te ha dicho o hecho algo?
- No mi señor
- Fue por la primera noche, cuando te faltó al respeto?
- No me faltó al respeto, fueron palabras dichas y nada más
- Entonces, que fue?
- Fue algo mental, interno, desconocido
- No te entiendo
- Tampoco yo lo acabo de comprender. Pero no quiero dar rodeos, no os los merecéis siendo como sois
- Me estas preocupando, mi amor
- Mi señor…me voy a vivir a Abraxas…lo siento
- Cómo?
- Lo siento…lo siento
- Pero Erica, eso no puede ser. Lo eres todo en mi vida
- Lo sé, pero no puedo más. No puedo vivir así, con ese pensamiento atormentándome día a día, noche tras noche. No duermo, me consumo cielo, me consumo en este mundo
- No te entiendo
- Necesito explorar mi nueva vida, mis nuevas querencias, mi nuevo estado. No puedo quedarme aquí haciendo que sufráis, prefiero que sea fuerte el golpe pero ya
- Voy a matar a ese mal nacido
- El no tiene la culpa. Mi mente me domina, posee mi cuerpo y mi alma
- Pero ha ocurrido con su llegada, con su presencia
- Si mi señor, con su presencia. Lo siento en el alma, pero no puedo seguir viviendo sin su ser, sin su esencia, sin su dominio
- Me acabas de matar en vida, pero moriré por ti
- No lo haga
- Es mi destino y ni tu ni nadie me lo va a impedir
- Por favor
- Te he perdido para siempre?
- Si mi señor
- Pues la muerte es mi liberación
- No lo haga
- Por ti, si. Gracias por ser mi vida
- Por favor

Me dio un beso en la frente y salió de mis aposentos.
No pude conciliar el sueño en toda la noche. Daba vueltas a la situación con mi esposo, a los comentarios de la chica, a mis atormentados pensamientos, a mis locuras de pasiones, de impurezas, de deseos indebidos, de posesiones malévolas.
Al levantarme me dirigí a los aposentos de mi esposo. Estaban vacíos.
Asustada, puesto que a esas horas siempre suele estar acostado, pregunté a su mayordomo el cual me dijo que el Señor se había levantado muy temprano y se había ido acompañado por parte de sus soldados.
Impaciente y nerviosa aguardé su llegada.
Entrada la noche regresó al castillo y se dirigió a mis aposentos

- Conmigo o con él?
- Mi señor?
- Sí, Erica, conmigo o con el Marqués de Abraxas?
- Lo siento
- Con él?
- Si, siempre
- Lo esperaba
- Lo siento, perdóneme
- Jamás. Me matas y no puedo
- Perdóneme
- No, nunca. Has muerto para mi
- Pero mi señor, hemos sido felices
- Has muerto
- Lo siento
- Me has matado pero acabo de comprar mi muerte
- No le entiendo
- Es muy claro. Me acabas de destrozar, he caído en desgracia por tu culpa
- Pero
- Sí, estoy muerto en vida. Lo acabo de perder todo por ti
- No quería, de verdad
- Ahora ya no importa. Tienes un nuevo dueño, pero no amor
- Qué ha hecho?
- Te acabo de vender a cambio de mi vida
- No le entiendo
- Desde hoy eres esclava del Maques de Abraxas y todas mis tierras también
- Por qué lo ha hecho?
- Por vivir, por no morir por ti. Mi muerte habría sido inútil y mi vida sin ti está vacía, por lo tanto no necesito bienes materiales, no necesito bienes físico, sólo una vida breve, pero vida
- Mi señor
- Mañana a primera hora vendrán a buscarte. Estate preparada para tu nuevo morada
- Mañana?
- Sí, abandonarás el castillo junto con tus sirvientas y me quedaré aquí a morir viviendo
- Lo siento
- No existes ni has existido, Erica. Adios

Salió de mis aposentos y no lo volví a ver.
A la mañana siguiente un carruaje y unos soldados vinieron a buscarme a mí y a mis sirvientas.
Había metido mi ropa en unos baúles y los había mandado bajar

- A donde va no necesita llevar nada
- Pero es mi ropa
- Ni tan siquiera la que lleva puesta. Desnúdese
- Cómo?
- Le he dicho que se desnude del todo
- Pero que se ha creído?

Una bofetada recorrió mi cara

- Desnúdese
- Oiga

Otras dos bofetadas me convencieron de que me tenía que desnudar, y así lo hice. Me quité el vestido y los ajuares interiores, quedando en mi completa desnudez a la vista de aquellos soldados, intentando cubrir mis tetas y mi coño con las manos

- Déme las manos
- Para qué?
- No pregunte, démelas
- Pero

Un nuevo bofetón cruzó mi cara

- Ponga las manos a la espalda

Así lo hice, sabiendo de que en caso contrario mi cara volvería a recibir una bofetada.
Con las manos atadas a la espalda y completamente desnuda me hicieron subir al carruaje y salimos de la que había sido mi morada, mi querida y bucólica morada durante varios años.
Sabía que mi destino era el castillo del Marques de Abraxas.
Sabía que quería ser su perra, su esclava.
Sabía que había perdido mi condición de ser yo misma.
Sabía que había sido vendida como esclava por mi esposo, al tiempo de caer en desgracia por mi culpa.
Pero no sabía si sería feliz”.

- Y lo sois mi Señora
- Erica, Maese Janot, recordad que en la intimidad soy vuestra, soy Erica
- Y sois feliz, Erica
- Después de 7 años, os digo mi querido Maese Janot, que totalmente. La perra más feliz del mundo
- Os arrepentís de algo?
- Si, de una cosa, de no haber conocido mucho antes al más maravilloso de los seres, a mi AMO, DUEÑO y SEÑOR, el Marques de Abraxas
- Tanto lo amáis?
- Con la más infinita de las pasiones, mi querido Janot
- Y qué fue de la chica que había ido con el Señor Marques al castillo de vuestro esposo?
- Jajajajaja…vos la conocéis bien
- Sí?
- Claro, incluso en alguna ocasión os la habéis follado
- Decidme quien es, Erica
- Seguro?
- Claro
- Es Marlene
- Marlene, vuestra sirvienta?
- La misma. Pero ahora dejad de hablar y meted vuestra polla en mi culo
- Es un placer mi Señora
- Erica, mi apasionado Janot, llamadme Erica
- Sí, Erica
- Sabéis quien es Erica?
- Vos
- Jajajajajaja…la más puta de las perras
- Sin ningún tipo de duda
- Y ahora dadme por el culo, cabrón, que la perra esta muy caliente

jueves, 16 de septiembre de 2010

LADY DE MEAIR (2)


La velada se alargó hasta altas horas de la madrugada en que los comensales nos fuimos a nuestros respectivos aposentos. Aquella noche dormí sola puesto que mi adorado esposo estaba algo indispuesto por los efectos de la suculenta cena y de los licores que la regaron de forma abundante.
Me desnudé y me metí en la cama, pero no podía sacar de mi mente a ese engreído y altanero caballero que había osado dudar de mis principios, de mis más íntimos pensamientos de cariño, afecto y amor.
Intenté dormir, pero no podía. Me removía en mi cama.
Pensamientos morbosos empezaron a aflorar a mi mente y me era imposible conciliar el sueño. Odiaba a ese presumido, pero no se por qué razón, me sentía nerviosa por su culpa, pensaba en mi adorado esposo, pero a la vez pensaba en ese maleducado, presuntuoso y atrevido Señor de Abraxas, y me estaba mojando. Mi coño estaba encharcándose de jugos.
Me sentía sucia por ello, pero cuanto más sucia me sentía, más caliente me ponía, y cuanto más caliente me ponía, más necesidad tenía de masturbarme, de tocarme, de acariciarme.
No pude reprimirme más y echando la ropa hacia atrás, con mi cuerpo caliente y desnudo, separé mis piernas y los dedos de mi mano derecha buscaron mi clítoris, mi ya hinchado clítoris, mientras con la otra mano empecé a pellizcar mis pezones.
Me empecé a masturbar lentamente pero de forma obscena, como jamás lo había hecho, totalmente abierta, con las piernas separadas de par en par, con mi coño totalmente abierto, con los labios separados y con el clítoris a punto de estallar.
Dios mio…qué estaba haciendo?
Sabía que no estaba bien, que no debía hacerlo, pero mi mente dominaba mis dedos y una especie de orden me obligaba a seguir masturbándome, tocándome, follándome.
Me estaba follando con 3 dedos. Me los clavaba hasta lo más profundo de mi ya encharcado coño. Oía como chapoteaban en mis jugos. Me encanta ese sonido, ese ruido de mis dedos mezclados con mis jugos, follándome y haciendo que mis líquidos resbalaran por la parte interior de mis muslos.
Perdí la cuenta de las veces que me corrí aquella noche, pero dejé de masturbarme por puro agotamiento físico, hasta que me quedé dormida encima de las sábanas.
A la mañana siguiente el rubor recorría todo mi cuerpo. Me sentía sucia, y no sólo por los jugos que recorrían mis piernas, mi cara y mis manos, sino por mis pensamientos, por mis querencias obscenas hacia ese hombre.
Pensé en contárselo a mi esposo, con el que nunca he tenido secretos, pero tampoco quería importunarlo con algo que seguramente había sido fruto de algún calentón pasajero o momento de debilidad carnal.
Me dirigí hacia la cocina y al entrar escuché a dos de mis doncellas hablar

- Me dijeron que anoche, después de terminar la fiesta, antes de entrar en los aposentos, la compañera del Marques se quitó el vestido, se arrodilló y se metió en la boca su polla. Por lo visto se la estuvo chupando hasta que él se corrió en su cara y así se quedó ella, con la cara cubierta de leche y tumbada delante de la puerta, como una perra, mientras él había accedido al interior del aposento
- Y durmió allí la pobre?
- Por lo visto sí
- No me lo puedo creer
- Pues dicen que fue así, y que cuando se levantó esta mañana el Marques ella seguía allí, momento en que la dejó entrar
- Vaya hombre. Que tremenda maldad
- Ni me lo digas
- Y quien te lo contó?
- Marcel, el mayordomo de nuestro Marqués

Me fui retirando lentamente para que no me vieran. No me lo podía creer. Cuanta maldad debía haber en ese hombre para hacer eso.
Pasé el resto del día atendiendo mis cosas, pero no podía dejar de pensar en lo que les había oído decir en la cocina y en esa pobre chica, tumbada en el suelo durante toda la noche, desnuda, con la cara cubierta de leche y expuesta ante la mirada de quien apareciera por ahí.
Mi esposo y el Marques de Abraxas habían salido de cacería y no regresaron hasta bien entrada la tarde. Fue volver a verlo y de nuevo la excitación, el nerviosismo, se apoderó de mí.
Fue de nuevo como una especie de descarga, de ímpetu desconocido, de chispazo lo que me dominó, lo que superó mi habitual virtud de dominio de las situaciones, y eso que empecé a pensar en la pobre chica, en la situación que se había vivido, en la maldad del Marqués, en sus comentarios de la noche anterior, pero la sensación de deseo que recorría todo mi cuerpo, y lo que es peor, mi mente, hacía que la excitación fuera mayor que la reprobación.
Esa noche de nuevo teníamos un ágape en honor del invitado, y no se por qué razón, o si lo sabía pero no lo quería reconocer, elegí el vestido más escotado y apretado que tenía. Era un vestido que tapaba mínimamente mis tetas debido a su escote recto muy muy bajo, y que marcaba a la perfección mi silueta, remarcando sobre todo mis caderas y mis poderosas nalgas. Además no me puse nada debajo con lo cual ya desde el primer momento mis pezones querían romper la tela.
Como la noche anterior, me correspondió sentarme a la derecha del Marques de Abraxas, que junto con mi esposo, presidía la mesa, sentándose al lado de mi esposo la compañera del Marques.
Al acercarme a la mesa los ojos del Marques recorrieron mi cuerpo de arriba abajo, clavándose acto seguido en los míos. Pese a mi calentura un escalofrío se apoderó de mi cuerpo. No sé la causa o la razón, pero algo me descolocó por dentro. Aún así, eso no impidió que me pasara toda la velada encharcada, notando cómo mis jugos resbalaban por mis muslos. Pasaba la mano por la silla y podría comprobar que estaba totalmente mojada por mis líquidos.
En varias ocasiones nuestras miradas se cruzaron y eso me hizo estar cada vez más y más orgásmica, más y más ardiente, y cada vez que veía sus ojos, ese escalofrío competía con mi ardor.
Respecto de la acompañante del Marques, no me había fijado en ella, pero a raíz de los comentarios que había escuchado, esta noche lo hice.
Era una chica morena, hermosa, con unos bonitos ojos verdes. Me dí cuenta de que siempre se mantenía en silencio, contestando únicamente cuando alguien se dirigía a ella, pero no llevando jamás sus temas de conversación mucho más allá de frases cortas.
Fue una velada parecida a la anterior, con conversaciones intrascendentes, sin alusiones a conductas o modos de vida, por lo tanto con ningún interés descriptivo por su poca virtuosidad o importancia, a la que se puso fin con la inoportuna indisposición de mi esposo.
Una vez recuperado, nos fuimos retirando a nuestros aposentos.
Me quité el vestido y me dispuse a meterme en la cama, cuando me acordé de la chica que estaba con el Marques de Abraxas.



...continuará...

jueves, 2 de septiembre de 2010

LADY DE MEAIR (1)





Aún recuerdo aquel día como si fuera ayer mismo, y de eso ya han pasado bastantes años, en concreto siete.

En aquella época yo estaba casada con el Marques de Meair, un buen hombre, servicial, honrado, mayor que yo, y que estaba locamente enamorado de mí. Mi vida con él era de lo más relajada y tranquila, aunque siempre echaba un poco en falta el sexo, puesto que nuestros encuentros no solían ser muy habituales y tampoco eran nada del otro mundo, dados sus años y su poca experiencia en el tema, con lo cual me veía obligada a masturbarme, cosa que hacía a diario.

Me dejaba disfrutar de los favores de mis sirvientes, tanto hombres como mujeres, pero como era tan bueno conmigo me daba reparos hacerlo y tengo que reconocer que nunca le fui infiel, me conformaba con masturbarme y follarme a mí misma.

Pero mi vida era tranquila, era feliz y me conformaba con lo que tenía, sin pensar en nada más, disfrutaba de la vida que llevaba y eso era suficiente.

Y eso era así hasta que un maldito, o bendito, día de hace 7 años, conocí al que ahora es mi AMO, DUEÑO y SEÑOR, el Marques de Abraxas, el hombre que me tiene loca por él, el hombre que cambió por completo mi vida, mi existencia, mi forma de pensar, mi forma de vivir…mi propio ser, el hombre que descubrió la hembra que tenía escondida dentro, el que sacó a la luz lo mejor y lo peor de mí, el que dejó que la más extrema y viciosa de las mujeres apareciera a este mundo de pasiones y vicios más sublimes.

Mi esposo había invitado al Marques de Abraxas a pasar unos días en nuestro castillo en muestra de buena vecindad, ya que este último había adquirido hacía muy poco tiempo todas las tierras limítrofes a nuestro marquesado. Por lo visto era un noble con muy buenas influencias en la Corte y que había alcanzado fama y notoriedad en tiempo record.

La primera vez que lo ví fue entrando en el patio de armas del castillo, altivo, elegante, incluso con aires chulescos, montado en un caballo negro reluciente, con un séquito de soldados, dando imagen de ostentación, de poderío, de fuerza, de dominio.

Me retiré del balcón hacia mis aposentos y no volví a verlo hasta esa misma noche, durante la cena de bienvenida.

La mesa estaba dispuesta de tal forma que mi esposo la presidía, junto al Marques de Abraxas, quedando yo a la derecha de este y al lado izquierdo de mi esposo una dama que había acompañado a nuestro invitado.

Yo llevaba un vestido de escote recto y lo suficientemente ajustado para que marcara a la perfección todas las curvas de mi cuerpo.

No soy mujer de teta grande, más bien todo lo contrario. Mis tetas son pequeñas, dominadas por unos pezones no muy prominentes pero tremendamente sensibles a cualquier momento de placer. Incluso con el simple pensamiento consigo que se me pongan duros y erectos, marcándose a través de la fina tela de mis vestidos.

No sé la razón o la causa, pero su sola presencia me había alterado desde el mismo instante que entró en el castillo, desde el mismo instante que su esbelta figura asomó en el patio de armas, montado sobre aquel precioso caballo negro como el tizón, desde el mismo instante que lo ví.

Pero en estos momentos teniéndolo a mi lado, mi excitación era extrema. Me notaba caliente como jamás me había ocurrido, notaba mi corazón palpitar a un ritmo desenfrenado, incluso pensé que me podría dar mal. Nunca me había sentido así, y no me gustaba puesto que tenía miedo de no poder controlarme, de perder el dominio de la situación y de poder hacer algo de lo que luego me podría arrepentir.

Procuraba no mirar para él, pero notaba su presencia, su calor corporal, incluso lo que yo pensaba que era mi imaginación, pero era como una especie de fuerza mental que empezaba a meterse en mi mente, en mi cerebro.

No quería sentirlo pero deseaba sentirlo, no quería estar así pero deseaba estarlo, no quería vivir ese momento de excitación, pero lo estaba, estaba super excitada, no quería querer eso pero lo quería, y mi coño me lo demostraba.

¡¡DIOS!!...estaba literalmente encharcada.

Me preguntaba mentalmente por qué me estaba pasando esto con un hombre al que nunca antes había visto, al que no conocía de nada, al que a lo mejor no volvería a ver en mi vida, con un hombre con ademanes dominantes, chulescos, altivos.

No sabía la respuesta, sólo sabía que estaba caliente, excitada, tremendamente excitada.

La velada transcurrió entre la ingesta de exquisitos manjares, la degustación de aromáticos y deliciosos caldos, amenas charlas sobre temas de damas, de corceles, de cazas, de batallas, y ahí fue donde empezó todo.

Recuerdo que mi esposo hizo el comentario de que no le importaría en una batalla o en avatares de la vida perderlo todo, excepto a su esposa, a la que adoraba con pasión

- En serio, Señor de Meair, que vuestra esposa es vuestro bien más preciado?
- Sin ningún tipo de duda, Señor de Abraxas. Podría perder todas mis posesiones, todas mis tierras, todos mis bienes, pero no podría jamás renunciar a mi amada y adorada esposa, a mi Erica querida, aunque para mí ella no es un bien, es un regalo
- Pero pensad que es un bien material que os ha sido otorgado por la suerte o el azar
- No considero a mi esposa un bien material, mis caballos, mis tierras, mis bienes si lo son, pero ella no, ella es un don divino, es un maná celestial
- No estoy con vos, además casi estoy seguro de que si la perdierais podríais encontrar pronto una sustituta
- Jamás
- Tan seguro estáis?
- Tanto como que estamos hablando vos y yo
- Y vuestra esposa no opina al respecto?
- Preguntadle a ella, la tenéis a vuestra vera
- Que opináis al respecto, mi Señora?
- Que nada me podrá apartar de mi amado y adorado esposo, incluso con la pérdida de todos sus bienes, en la más completa penuria, sería feliz con él
- Perdonad mi incredulidad al respecto
- Dudáis acaso de las palabras de mi esposa?
- No es que dude, Señor de Meair, es que las palabras de las mujeres me son de una total incredulidad siempre, incluso las de vuestra esposa
- No me son de agrado sus palabras, Señor de Abraxas
- Lo siento Señora, pero suelo ser siempre claro en mis comentarios, por ello a veces me he creado muchas enemistades, pero es algo que tengo superado, aunque no me gustaría que ocurriera con vos
- Dejemos el tema seguir su curso y tengamos una placentera velada
- Desde luego que sí, mi Señora
- Y vuestra acompañante no opina al respecto?
- No debe ni puede hacerlo
- Por alguna razón concreta?
- Como vos bien habéis dicho hace un instante, dejemos el tema seguir su curso
- Muy bien, mi Señor


...continuará...

martes, 24 de agosto de 2010

FEMMES...

Hoy puede ser el día en que cambie el rumbo de mi vida. Hoy no habrá derrota posible. Tan solo el hecho de ser capaz de enfrentarme a un ejercito de primera, armada con un tirachinas es ya de por si un triunfo. Hoy... a pesar de haberme prometido a mi misma apartarme de los sueños y las letras, necesito vaciarme para enfrentarme serena al reto, por eso retomo momentáneamente mi válvula de escape. Por eso me reconcilio conmigo misma encontrando el equilibrio que voy a necesitar esta tarde.

Anoche comprendí que aceptar una situación simplemente por complacer a alguien es una experiencia desastrosa. Actuar en contra de la propia voluntad, por mucho que nos convenzamos de que será fácil dejarnos llevar por el entorno, es el error más tremendo que podemos cometer.

Hasta ayer he sobrellevado el contradictorio sentimiento de una culpa que no creía tener, pero que me pesaba como si fuera cierta. Hoy el peso de esa culpabilidad se ha esfumado como por arte de magia, ha desaparecido por el arte de una captadora de imágenes a la que conocí hace unos meses.




Recuerdo ese primer encuentro en el que paralizada por el miedo y los convencionalismos dejé que su lengua dibujara palabras mudas en mi oído y sobre mis labios. Recuerdo como mi mente y mi cuerpo se abandonaron a la placentera sensación que su boca me provocaba al bajar húmedamente por mi cuello, mordisqueando la zona donde se une al hombro, arrancándome gemidos quedos de placer. Recuerdo sus manos recorriendo mi cuerpo, buscando excitarlo hasta, a pesar de mi, conseguir endurecer mis pezones, humedecerme y hacerme sentir ese deseo al que siempre me he resistido.


Tras mi última y primera experiencia en ese terreno, al final accedí a volver a verla. Anoche, aprovechando que estaba sola, quedamos para cenar en mi casa. Debo confesar que no me importó en absoluto dejar que dirigiera la conversación hacia ese terreno, es más, me sentí aliviada de poder compartir lo que había vivido, y más aún al escuchar su opinión al respecto.

Con el tema aún candente, me propuso hacer una prueba tras la cual, al terminar, podría decidir sin ningún tipo de presión la posibilidad de repetir o no la experiencia. Estar en mi casa, en mi terreno, saber que solo yo ponía los límites, me dio cierta seguridad, eso y las dos botellas de cava que nos habíamos ventilado sin darnos cuenta.


Me guió tierna pero firme de la mano hasta mi habitación, me pidió que me relajara, que dejara la mente en blanco y que cerrara los ojos. Yo estaba tensa, aunque reconozco que esa mujer me provocaba y no podía evitar mirar con cierto recelo todos y cada uno de sus movimientos. Tanto es así, que al final decidió vendarme los ojos.
-Analizas la imagen, no lo hagas. Solo siente con la piel independientemente de la imagen. Deja que el calor de nuestros cuerpos ordene a tu mente que esclavice tu cuerpo al deseo y siente, ...solo siente y desea.

Y sentí, vaya si sentí. Su lengua volvió a recitarme poemas ancestrales al oído, completas letanías de obscenidades escandalizándome y haciéndome perder la cordura, su boca volvió a buscar la mía que se ofreció a ella con deleite. Inconscientemente mis manos buscaban satisfacer a la fuente de mi propio placer, sin por primera vez importarme si era hombre o mujer, sintiendo cada caricia, cada palabra, cada gemido, cada gesto como algo natural, placentero y único. Algo tan especial, tan nuestro,... tan mío, que jamás lo compartiré con nadie.
Sus manos guiaban las mías, su boca provocaba a la mía, su cuerpo buscaba y reclamaba el placer que el mío pedía a gritos entre jadeos y gemidos descontrolados. Sentirme totalmente poseída, poseerla, dejarme dominar y dominarla, encontrar la fuente del placer y provocarlo, así, sin nadie más, a solas, dejándonos llevar, ha sido una de las mejores experiencias de mi vida.

Ahora me siento en deuda con la pequeña sumisa que mi viejo amante me regaló. No es culpable de no ser la persona adecuada para mi. Por eso me gustaría recompensarle por su dedicada entrega. Por eso, me la follaré hasta extenuar sus sentidos, mientras tu, mi viejo amante, excitado, nos observas desde las sombras, deleitándote en el placer solitario, añorando el contacto de una lengua sabia y de un cuerpo hecho a tu medida.




Cuando oigas su grito de liberación, cuando veas su cuerpo estremecido... Prepárate... porque entonces iré a por ti. Reclamaré lo que por derecho me corresponde, y cuando por fin me lo entregues... comprenderás que mi victoria ha sido total.



jueves, 5 de agosto de 2010

jueves, 22 de julio de 2010

UN DÍA DE LLUVIA

Hacía un día de perros. Agradecí no tener planes concretos. Los martes, jueves y sábado nunca los tengo. El resto de la semana he tomado por costumbre disfrutar de los favores, desde luego siempre tras una pequeña transacción económica, de algunas de las señoritas del barrio que no gozan de demasiada buena reputación. Debo confesar que a mi, personalmente, me resultan más agradables que el resto de la vecindad, con la que apenas intercambio los saludos protocolarios. Me dirigí a la cocina para preparar algo que llevarme a la boca.


- Mierda. Otra vez no! Siempre se me olvida hacer la compra.



Pensé en obviar el refrigerio, pero mi estómago protestó con un rugido que hizo temblar las paredes. De mala gana me vestí y bajé al bar de la esquina protegiéndome bajo las cornisas de la lluvia.

Estaba lleno a reventar. Con el gesto torcido, pasee la mirada por el local esperando encontrar un rincón donde sentarme. Fue entonces cuando la vi. Allí estaba, sentada. Tomando tranquilamente un Martini. El humo del cigarrillo la envolvía, y tuve la sensación de que era lo más parecido a una aparición del más allá que había visto en mi vida. En el breve instante en que nuestros ojos se encontraron, se despejaron mis dudas. Era lo más parecido a una bruja a punto de lanzar una maldición que había visto en mi vida.


Arrastrados, no se si por su magnetismo o por algún tipo de conjuro, mis pasos se dirigieron hacia ella y yo no tuve más remedio que acompañarlos con el resto de mi cuerpo.


-Parece que se ha llenado. Esta buscando mesa?


Le dije que sí, y que la lluvia podía acabar por convertirse en un tremendo coñazo. Ella, sin más, con un leve gesto de su mano me indicó que me sentara: Por favor..., susurró, acompañando la frase con una turbadora sonrisa. Tomé asiento, nos presentamos, y pedí un vino. Estuvimos charlando de esto y de aquello hasta que, pensando ella que la conversación no iba a dar más de sí, disparó sin más:


-El menú de hoy no vale la pena. Le apetece un buen cocido?. Le advierto que tengo buena mano. Si quiere puede acompañarme a casa, será un placer compartirlo con usted.



Mi estómago no pudo resistirse, y yo no supe ni quise hacerlo, así que acepté. Media hora más tarde, tras un breve paseo bajo un paraguas, me encontraba repantigado en su sofá y con una copa de buen vino en la mano, mientras ella se encargaba de los preparativos.


La vi moverse de un lado para otro durante un buen rato, hasta que, al acabar mi segunda copa, me envolvió una extraña sensación de vacío y fui consciente de su ausencia. En el justo momento en que empezaba a inquietarme, oí sus pisadas acercándose. Entró en la sala envuelta en un albornoz y con una toalla secando su cabello mojado. Para evitar que a mi se me pudiese plantear algún tipo de duda dejó, a través de la obertura inferior y de la amplitud del escote, evidencia de que debajo no había otra cosa que piel desnuda. Detalle que agradecí enormemente, porque pensar con el estómago vacío es algo a un servidor le supone un esfuerzo tremendo. Pero habiéndome ella facilitado la cuestión, pude entretenerme en contemplarla.


Era una mujer especial. No porque fuera guapa o fea, ni porque tuviera un buen cuerpo o todo lo contrario. Quiero decir que, a pesar de su edad, seguía conservando una cautivadora figura, a la que acompañaba un rostro enmarcado por una oscura melena, que dotaba al conjunto de un enorme atractivo. En definitiva, podría afirmar sin temor a equivocarme, que estaba buena de cojones. Tanto que, a mi, que soy un amante reconocido de la carne fresca y lozana a buen precio, su madurez, lejos de provocarme repulsión, me invitaba a profundizar en los misterios, sin duda gozosos, de su veteranía.



-El agua está deliciosa- dijo - He dejado otro albornoz en el baño, por si quiere ponerse cómodo. Con toda confianza. Total,vamos a estar los dos solos.Dudé de si había segunda intención en su inusual invitación. Si bien era cierto que había salido de casa sin pasar por otra agua que no fuera la de la lluvia, mi olor corporal no era demasiado insoportable. Por lo que lo tomé como una sutil insinuación a pasar una tarde de vehemente goce. Me duché, claro que me duché, entregado a unos pensamientos que, acaso sin pretenderlo, me estaban provocando una intensa erección.






Por no hacerle un feo a mi inesperada anfitriona, me senté a degustar el almuerzo en las mismas condiciones que ella, luciendo mi torso desnudo y dejando asomar mis muslos por la entreabierta prenda. El cocido, debo reconocer que estaba de muerte. Tan de muerte como la cocinera, que sentada frente a mí, se había abierto discretamente el escote para mostrarme la exquisita caída de sus pechos, atenta a todas y cada una de mis reacciones, mientras yo la miraba con total descaro. En un momento en que una gota de vino resbaló de su boca a su busto, me apresuré, con un elegante movimiento a secársela. Una sonrisa se dibujó en su rostro dando a entender que el gesto había sido de su agrado. Cada vez se abría más el albornoz, la aureola de sus pechos me invitaba a adivinar dos magníficos pezones que, de buena gana, le hubiera succionado en aquel mismo instante. Pero reconociéndome neófito en su juego, me contuve.



Mi anfitriona me llenaba continuamente la copa en cuanto esta se vaciaba, haciendo otro tanto con la propia. Comimos y bebimos con un razonable exceso. Sabedora de que el sopor y la laxitud subsiguientes a una excelente comida eran, sin duda alguna, la mejor antesala del sexo, y convencida como estaba de tal hecho, fue aligerando su recato y librándose, cada vez más, del enclaustramiento al que el albornoz sometía a su cuerpo.

-Pongámonos cómodos. Siéntese en el sofá mientras yo voy por el café, ¿le apetece un brandy?

Acepté con la esperanza de que el exceso de alcohol disminuyera parte de mi erección. Me dolía la polla y empezaba a sentir una incómoda urgencia. Sirvió el café y se sentó a mi lado, con las piernas cruzadas y descalza, saboreando la bebida y pasando la lengua por el labio inferior con lascivia evidente, dejando que sus dos muslos mostraran todo su poderío. Entonces, apurando mi copa de un trago, me recosté y, abriendo a su paso el albornoz, se irguió mi pene, enrojecido por la excitación.




-Uy, pobre, que mal rato está pasando – dijo mientras lo cogía sopesando mis hinchados huevos con la mano izquierda, al tiempo que deslizaba suavemente la derecha por aquella columna hasta la altura del glande, rodeándolo con el índice y el pulgar. Moviendo de arriba a abajo la piel hasta que la excitación hizo que segregara grandes hebras de flujo que ella, amable y dedicadamente, recogió con su lengua, para al final introducirla en su boca. Comenzó a chupando de arriba a abajo, mientras con su otra mano presionaba mis testículos, haciéndome llegar casi al borde del desmayo.




Por miedo a precipitarme, retiré mi miembro de tan placentero cobijo y le insté a recostarse en el sofá. Le abrí las piernas, doblé sus rodillas, y las flexioné hacia arriba. En esa postura su coño me permitía dedicarme un buen rato a jocosos juegos. Recorrí con mis dedos los labios externos lentamente y, una vez comprobada la eficacia de tales caricias, accedí a los interiores, poniendo extremada atención en que rozaran el clítoris pero sin llegar a tocarlo directamente. Podría asegurar que estaba causándole, a parte de buena impresión, una deliciosa ansiedad, a juzgar por la manera en que se humedeció, hecho que yo aproveché para lubricarle el ano e introducir sin ninguna dificultad uno de mis dedos, al tiempo que acariciaba con el pulgar la entrada de la vagina.


Con mi otro brazo la obligaba a mantener tan lúbrica posición, sin dar descanso a mis tocamientos, hasta que consideré oportuno aproximar mi boca a su coño y, sin dejar de acariciarla, comenzar a devorárselo con ganas. Perdida la compostura, se movía y gritaba como una posesa ante el despliegue de mis artes amatorias que la tenían al borde de éxtasis.


-Venga, no sea cabrón, ¡a qué espera para reventarme el coño con su polla! ¡Métamela ya! ¿No ve que no puedo más?
-Lo haré –repuse, restregándosela por el clítoris-, pero si la quiere tendrá que confesarme que no es más que una puta, verá yo solo follo a...

-Una puta –me interrumpió-, la más zorra y la más caliente de todas las putas; pero fólleme ya, folle a esta puta de una puta vez.



Entonces la penetré y comencé a castigarla como se merecía, sin sentir compasión por sus gritos y jadeos, que aumentaban de intensidad a cada movimiento, la embestía impasible, con dureza, exprimiendo sus senos y mordiendo con fiereza sus pezones, hasta que se corrió salvajemente y yo, aguijoneado por sus convulsiones, no pude evitar inundarla con mi semen, mientras pensaba que afuera, posiblemente seguía lloviendo.






miércoles, 7 de julio de 2010

UN PLAN "B" INESPERADO..

Llevaba ya unos días instalada en la casa de veraneo. Para ese viernes había organizado una cena con varias parejas de amigos que tenían interés en conocer a mi acompañante, con el que había quedado que me recogería para pasar un largo y caliente, y no por la climatología, fin de semana. Pero como siempre, basta que se hagan planes para que estos se caigan como un castillo de naipes.

Ilusa de mi esperaba, con mi maletita preparada, a que sonará el móvil para indicarle como llegar hasta mi. Y sonó, si señor, vaya si sonó. Me llamó para decirme de que tenía una cena y que ya nos veríamos. Apunto estuve de lanzar el teléfono a la piscina, menos mal que no lo hice, porque a los pocos minutos volvió a sonar de nuevo. Contesté sin mirar en un tono de lo más desagradable.


- QuEEEE
- Hola señorita, te pillo en mal momento?
- Hola caballero, no no, perdona, creí que eras otra persona.
- Ocupada esta noche? Sigues de vacaciones?
- No a la primera pregunta y Si a la segunda.
- Estoy cerca, cuanto tardas en arreglarte?

Le dije que estaba arreglada, y le conté lo que había pasado, lo de la cena, lo del plantón y quedamos en ir juntos. Y aunque la velada transcurrió entre amenas conversaciones y risas, en cuanto tuvimos oportunidad de excusarnos, lo hicimos y nos fuimos de nuevo buscando la tranquilidad de la casa.



Recostados en las tumbonas junto a la piscina, con una botella de cava bien fría, empezamos a hablar. Con cada copa, las confidencias se hacían más intimas. Nos contamos nuestras necesidades, nuestras carencias y la temperatura iba subiendo con la misma rapidez con la que el cava corría por nuestras venas. De pronto, provocándome la misma sorpresa que deseo, me beso. Un beso intenso, de esos que hacen que te tiemblen hasta las piernas y sientas esa punzante sensación entre ellas. Un beso tan efímero y eterno que resulta imposible calcular su duración, lo mismo hubiera podido ser un segundo que.. una vida.












Cuando nuestras bocas se separaron, en un intento por recuperar la poca cordura que tengo me separé de él, me descalcé y sentada en el borde de la piscina sumergí mis pies en el agua helada. Depositó la copa, nuevamente llena a mi lado y volvió a sentarse en su hamaca. Sabía que necesitaba pensar, que mi mente estaba decidiendo lo que sucedería esa noche, me concedió el espacio que necesitaba sin dejar de mirarme, porque a pesar de darle la espalda, sentía sus ojos clavados en mi nuca.

Busqué con la mirada alguna toalla olvidada por la tarde con la que secarme el frío que empezaba a sentir. Adivinando mi intención fue a buscarla y tomándome de la mano me ayudó a levantarme.

- Ven, deja que yo lo haga. Tumbate, relajate y deja de pensar de una puñetera vez.





Sin dejar de mirarme ni un instante, se arrodilló frente a mi. Como si temiera que pudiera romperme, con una delicadeza extrema fue frotando mis pies hasta dejarlos secos. Yo los envolví en el vuelo del vestido. No se movió de donde estaba. Sus ojos me sonrieron mientras despacio, sus manos fueron retirando la tela que no le dejaba verlos. Yo seguía sus movimientos, hipnotizada por sus ojos oscuros y profundos, sin atreverme ni a pestañear. El roce de la tela me produjo un dulce cosquilleo que me gustó. Nunca nadie me había tocado los pies. Era como la profanación de la parte más íntima de mi cuerpo.




Uno a uno mis dedos fueron rozados por su dedo indice, en una ceremonia lentísima. Entraba en cada espacio, buscando acariciar lo inaccesible. Después, alargando los segundos, fue descubriendo mis piernas. Sentía sus manos en el centro mismo de mis piernas, y ni siquiera había llegado a rozarme las rodillas. Como era posible sentir eso?

Los fue besando despacio, con devoción, pasando la punta de su lengua por cada uno de ellos, hundiéndola entre sus pliegues. Lamiendo cada centímetro. Sus ganas comenzaban a subir, podía sentir su lengua quemante avivando un fuego que en mi, se diluía en humedades.




Sus manos y su boca trazaron caminos ascendentes por mis piernas hasta llegar a la fuente en la que él, sació su sed y yo mis ganas. Lo hicimos lentamente, sin hablar porque no nos hacían falta las palabras. Dulce y tiernamente, rozándonos en cada embestida el alma.
Desde ese día, yo que nunca me preocupé, como buena piscis, más que lo imprescindible de mis pies, les prestó gran atención, los cuido y los mimo. Quién sabe, lo mismo un día de estos vuelve a aparecer alguien convencido de que, al santo se le empieza a adorar por la peana.


lunes, 21 de junio de 2010

LA CENA 3

.....
- Cielo tu polla tampoco está nada mal
- Jajaja.., pero que dices, las tías a cualquier cosa llamáis polla- dijo Martín mientras empezaba a desabrocharse la bragueta- ahora vas a ver lo que es un buen pollón
- No te atreverás a sacártela delante de mi mujer
- Y por qué no?
- Ni se te ocurra tío
- Mmm... empiezo a creer que tiene razón, y que a mi maridito le dan miedo las comparaciones, jajaja
- No digas sandeces además, que yo sepa, hasta el momento no tienes queja
- Pues claro que no tonto, solo una miradita? Venga hombre, si no te ha importado que mee delante de ellos, es justo que tenga una compensación, no crees, te prometo no tocar
- Y una polla – rieron todos a la vez – déjala que toque tío, o mejor aún, deja que toquemos todos. Además que coño tienes que decir tú, que decida ella.


Todos, incluido Carlos fijaron sus miradas en mí, que seguía sentada en el wc. Por un momento pensé en dejarme llevar y hacer realidad la fantasía de disfrutar con varios hombres a la vez, pero conociendo a mi marido, sabía que eso no iba a ser posible, y mucho menos siendo esos hombres sus amigos.

- Chicos, os propongo un nuevo juego, si queréis tocar, tocareis, además tendréis la oportunidad de recuperar vuestro dinero. Qué os parece?
- Suena interesante, por mí está bien
- Vale, yo también estoy de acuerdo
- Y yo
- Carlos cariño, que dices tu?
- Miedo me das, estos no saben lo que puede idear tu mente, pero gana la mayoría, no hay más remedio que aceptar
- Perfecto. Caballeros, permítanme acomodarme el vestido y pasemos de nuevo al salón donde les explicaré en que consiste el juego que acaban de aceptar.

Una vez que me hubieron ayudado a recolocar los muebles tal y como yo les pedí, les hice sentar en el sofá junto a la butaca en la que me acomodé yo.

- Habéis jugado alguna vez a lo que manda el rey? Bien, pues a partir de ahora yo soy la reina, de corazones, ya que solo jugaremos con esas cartas. El que saque la carta más baja se someterá a mi voluntad para ir recuperando su dinero, el que se niegue deberá abandonar la casa como en GH. Estáis de acuerdo?

Los cuatro movieron afirmativamente la cabeza.

- Sres. Elijan carta. Empieza la diversión

Las cartas eligieron a Martin como perdedor

- Mmm.. vamos a comprobar si lo que decías era cierto, ya puedes empezar a desnudarte
- Eso esta hecho
- Guauuuuu... Martín, tenías razón, las mujeres a cualquier cosa llamamos polla
- Serás cabrona – grito indignado Carlos
- Mi amor, tómatelo con calma, aunque tu no te hayas jugado dinero, has aceptado el juego e igualmente puedo hacerte salir de la casa
- Acabas de ganarte 100E más 100E de regalo por esa espléndida polla que tienes. Volver a coger cartas

Nunca antes había visto tanta competitividad por perder, en un momento tuve a los cuatro desnudos frente a mi. Estaban excitados, casi tanto como yo ante la visión de esas cuatro duras pollas a mi servicio.

- Esto va de regalo por los honores que me están haciendo vuestras amiguitas

Me quité el resto de prendas que llevaba a excepción del liguero y los zapatos entre gritos de satisfacción por parte de mi público privado, y empecé a masturbarme bajo su atenta mirada. Carlos no daba crédito a lo que veían sus ojos, pero el brillo de su mirada delataba su excitación.

- Queríais tocar no?

Casi a la vez dieron un paso hacia mí.

- No, no, no, eso iba a ser muy sencillo, quiero ver como os masturbáis, los dos que saquen las cartas más bajas le harán una paja a los ganadores
- Te has vuelto loca?
- Para nada, a vosotros os excita ver a dos mujeres juntas, pues yo quiero saber si a mi me ocurre lo mismo viendo a dos tíos, o en este caso a cuatro

Al final, no sin algunas protestas aceptaron. Carlos y Jonás fueron los perdedores. Les pedí que se colocaran detrás de los otros dos y que empezaran la faena. Ver como los pajeaban me excitó muchísimo y me apliqué con más ganas a mi coño.

- Tío, pero que te pasa, no te arrimes tanto que me la vas a meter por el culo
- Joder, que quieres que haga si la puta de mi mujer me está poniendo como un berraco, tengo que buscar un agujero donde meter la polla y tu culo…mmmm…tu culo es perfecto
- Mmm…en serio te excita mirarme cariño, no será que te pone tocársela a Martín?. Qué os parece si, entre los cuatro organizáis un improvisado espectáculo gay en mi honor. Os dejo a solas unos minutos para que penséis que vais a hacer, mientras, yo voy a buscar mi vibrador
- Jajaja…serás puta y mala. Vamos a darle un escarmiento a esta cabrona
- Venga, dijo Martín, cómo lo hacemos?

Me dirigí hacia mi habitación dejándolos enfrascados en sus temas de iniciación al sexo homosexual.
Cuando volví no me lo pude creer…dios…estaban los cuatro en faena. Yo que pensé que no se iban a atrever y resulta que allí los tenía a los cuatro en plena función de porno masculino.
Carlos, como dando cumplimiento a lo que le había dicho antes a Martín, lo estaba enculando mientras le besaba el cuello y sus manos buscaban los duros pectorales de este.
A su vez, Martín estaba comiendo la boca a Jonás sin dejar de masturbarse mutuamente, al tiempo que Cesar le comía el culo a Jonas y se masturbaba a sí mismo.


- Vaya fuerte, tremendo…jajajajaja

Me senté en el sofá, completamente abierta de piernas y empecé a acariciar mi mojado coño con el consolador, sin poder quitarles ojo.
Carlos cada vez enculaba con más fuerza a Martín. Su polla se clavaba hasta lo más profundo en su culo y sus manos buscaban ya desesperadamente el pollón de este, compitiendo con Jonas en la posesión de la enorme polla

- Jonas, chúpale la polla a Martín, mientras mi marido lo folla. Vamos cabrones, demostrar a esta zorra lo putos que sois

Así lo hizo, poniéndose de rodillas se llevó la polla de Martín a la boca y empezó a pasar su lengua por ella, como si lo hubiera hecho toda su vida. Al poco tiempo el enorme pollón había sido engullido casi por completo.

- Joder, te la metes más que yo en la boca, y mira que yo trago

No hablaban…jajajaja…sólo se dedicaban a follarse, besarse, comerse, tocarse.
Carlos seguía aplicado al culo de Martín mientras que Jonás, de rodillas seguía con la polla de este en la boca. En ese momento Cesar, poniéndose en la misma postura, se colocó a la espalda de Jonás y se la empezó a meter por el culo.
El espectáculo era tremendo, impensable hace unos minutos. Tenía a mis cuatro machos totalmente emputecidos entre ellos, mientras yo no dejaba de masturbarme cada vez con más fuerza.
Estaba a punto de correrme, pero ellos lo hicieron primero.

- Jonas, cabrón menuda mamada me estas haciendo, me voy a correr…siiiiiiiiiiiiiiii

Mi corrida coincidió con la de Martín en la boca de este, al tiempo que Carlos vaciaba toda su carga en el culo del primero.

- Sólo os falta correros a dos, el último que lo haga se llevará el premio final

Martín se aplicó a la polla de Jonás mientra Cesar seguía clavado en el culo de éste. En ese momento Carlos se acercó a mi

- Chupámela, cariño
- De eso nada, que aún no toca. Vete con ellos
- Ya te lo contaré esta noche, cabrona
- Jajajaja…yo también te quiero, mi amor

Y allí se dirigió, hacia sus tres amigos del alma, ahora convertidos en tres auténticos viciosos de sus propias pollas. Entre Martín y él se dedicaron a comerle la polla a Jonás, momento en que Cesar se corrió en el culo de este.
Sólo quedaba uno y entre los otros tres se aplicaron a la faena. Se la comían, se la chupaba, las manos recorrían todo su cuerpo, le comían la boca y finalmente

- Mmmmm…me cooooooooooooorro

Los tres pusieron sus bocas a la altura de la polla de Jonás y recibieron en ellas su tremenda descarga.

- Tremendo niños…tremendo…menudo espectáculo me acabáis de ofrecer. Os mereceis el premio los cuatro, pero sólo será para uno, para el que más aguantó, para Jonás
- Y los demás?
- Jajaja…los demás miráis
- Cual es mi premio?
- Este juguetito que tengo aquí guardado, en mi coño…mmmm
- El consolador?
- Jajajajaja…si, compartirlo conmigo
- Eres mala y cabrona, pero eres muy buena…jajajaja…venga, pásamelo

Los cinco nos pusimos a reir mientras Jonás se hacía dueño del consolador por unos minutos.

…CONTINUARA…

jueves, 3 de junio de 2010

LA CENA (2)

Empezamos a porfiar pero por mucho que lo intenté y casi rogué, no me quedó más remedio que desprenderme de una prenda. Lo tenía claro, mi tanga.
Sentada como estaba, metí mis manos bajo el vestido y despacio, empecé a deslizar el tanga dejando ante la visión de Jonás y Carlos mis muslos y las medias con ligas. Como muestra de haber cumplido con mi deuda de juego, puse el tanga en el centro de la mesa.
Carlos lo tomó y me míró a los ojos




- No conozco yo este tanga
- Ya lo sé, es que me lo compré esta mañana para darte una sorpresita después de la cena, que por tu culpa y la de tus amigos se ha fastidiado. Ahora te jodes y te aguantas

Los demás reían, y no paraban de mirarme a mí y a mi tanga. Cuando Carlos lo dejó sobre la mesa, Cesar lo tomó y se empezó a reir

- Joder, Carlos que suerte tienes

El muy cabrón estaba pasando los dedos por la parte que tapaba mi raja, y supuse que al notar la tela mojada, se estaba dando cuenta de que estaba muy húmeda.
Seguimos jugando, pero las ganas me apretaban

- Me estoy meando. A ver si terminamos pronto esta partida que si no me voy a mear aquí mismo

Jonás, propuso con una sonrisa

- Pues, para arriesgarnos un poco más en el juego, si tú pierdes esta partida en lugar de desprenderte de una nueva prenda, que te quedan pocas, nos dejas verte mear

Me quede con la boca abierta y mirando a Carlos. No sabía que reacción podía llegar a tener mi marido. Sabia de su temperamento, y por un momento pensé que lo iba a echar a patadas de casa, pero cuál fue mi sorpresa, cuando mirando a Jonás le dijo

- Tú estás loco tío, loco y muy borracho
- Por qué, Carlos?, es un juego no?
- Sí, claro que lo es, pero es un poco fuerte
- Vamos a ver, aquí se apuestan cosas, en eso consiste
- Vale, de acuerdo. Si ella se juega eso tú que te juegas?



Casi no me lo podía creer. Mi marido no se había enfadado, sino más bien creo que le había gustado el tema de esa apuesta. Jonás dijo

- Pues no se tío.
- Qué tal una considerable cantidad de dinero?
- Vale, cuanto? No te creas que me da miedo
- 1000 euros?
- Por mi vale, no sé qué dirán estos

Cesar y Martín, asistían a la negociación entre Carlos y Jonás expectantes y sorprendidos.
Ellos dos también decidieron jugarse los 1000 euros. Pero claro, la última palabra tenía que ser la mía, que por algo era la que tenía que mear delante de ellos si perdía.

- 1000 euros me parece poco precio por verme mear. Si subís la apuesta a 1500 euros y una cena en un restaurante de mi elección, acepto la apuesta

Como si se tratara de una sola voz, los tres, casi a grito aceptaron encantados. Les dije

- Entonces si pierdo la partida y meo delante de vosotros, pasáis por caja y me dais 1500 euros cada uno. De acuerdo?
- De acuerdo, te los tendrías bien ganados
- Eso está hecho…jajajaja

Seguimos con la partida, y llego el desenlace. Otra vez la puta ley de Murphy y otra vez volvimos a perder Jonás y yo.
Entonces mi marido me miró y me dijo si quería hacerlo, que si no quería no pasaba nada, que ellos se podían ir a la mierda. Lo dijo entre las sonoras protestas de los demás. Entonces puse la cara más inocente y comprometida que pude, aunque en mi interior solo hubiera una hembra muy caliente y por qué no, muy zorra, que en el fondo era como realmente me sentía en esos momentos, como una auténtica zorra

- Tengo que cumplir, esa ha sido la apuesta y la he aceptado como tal
- Vale, como tú quieras, pero antes de nada tienen que prometer que nada de esto saldrá de aquí nunca jamás
- Eso no se comenta, Carlos, quedará todo aquí, te lo prometemos
- Además, Carlos, piensa que si meo delante de ellos nos llevamos por la cara 4500 euros a cambio de una meada. Nunca se habrá pagado tanto por una lluvia dorada

Nos levantamos del sofá y nos fuimos hacia el baño.
Tenemos un baño muy amplio y por lo tanto no había problema para entrar los cinco. En ese momento me dio mucha vergüenza, pero a la vez quería hacerlo, ver la impresión que causaba, así que me acerqué a la taza del wáter y me senté con las piernas separada mientras ellos se ponían a mí alrededor. No me lo pensé más. Me subí el vestido, quedando desnuda de cintura hacia abajo y comencé a mear. Mientras mi coño soltaba ese líquido dorado y salado a raudales, tenía unas tremendas ganas, miraba para sus caras. No me quitaban ojo de la entrepierna y bajando la vista hacia unas zonas más apetecibles, comprobé las tremendas erecciones dentro de sus pantalones. Los tenía a los cuatro con la boca abierta. Sí, incluso a mi marido.
En ese momento Cesar dijo

- Ostia, vaya coño tienes

A lo que Carlos le contestó

- A que te gusta, eh, pues no veas como folla la condenada

Visto el jardín en el que nos habíamos metido, la contestación adecuada por mi parte era lógica.

...CONTINUARA...

jueves, 27 de mayo de 2010

LA CENA (1)


Carlos, mi marido, me había invitado a cenar fuera, ya que hacía mucho que no salíamos a divertirnos. Estuve todo el día animada e ilusionada con nuestra escapada, pensando en ella y por esa razón, dediqué gran parte de la tarde a decidir qué ponerme. Al final opté por un conjunto, tengo que reconocer, que algo atrevido. Vestido de licra negro a la altura de medio muslo, que aunque no era totalmente ceñido, sí hacía que se marcara todas mis curvas; medias negras con ligas y unos zapatos negros de tacón de aguja, que aunque incómodos para caminar, resaltan enormemente mi figura. Había optado por vestirme así, porque esperaba que aquella salida terminara en una gran noche de sexo con mi marido. Y para rematar, quise sorprenderlo con un diminuto tanga de hilo negro, que apenas tapaba mi pequeñito triangulo de vello púbico.
Cuando llegó a eso de las ocho de la tarde, yo estaba lista, dispuesta y vestida para la ocasión.

Mirando su cara de cordero degollado, imaginé que había algo que no marchaba y era cierto. El muy cabrón, por decirle algo bonito, me dijo que había olvidado que hoy había quedado con los amigos para ver el fútbol en casa, que se le había pasado, que era algo que ya lo tenía concertado con ellos desde hacía más de dos semanas, que aquel partido era muy importante, que su equipo se jugaba la liga, que si patatín que si patatán. En fin, que se aguaron mis planes de salir a cenar y de fiesta nocturna.
Después de la bronca que tuve con él, a la que solo respondía con continuos "lo siento" y "te compensare", decidí irme a nuestra habitación. Cerré la puerta y ahí me quede doblando ropa que había recogido de la lavadora, hasta que llegaron sus tres amigos, Jonás, Martín y Cesar.
Sonó el timbre y fui yo quien les abrió la puerta. Traían cerveza y algún que otro aperitivo. Como no me había cambiado de ropa, la primera impresión de los tres fue mirarme de arriba abajo y de abajo arriba. En eso llegó Carlos

- Pasad, pasad. Ya creí que no ibais a llegar
- Cómo nos vamos a perder el partido de hoy tío, estás loco o qué?
- Es que se me hacía ya tarde
- Culpa del tráfico, que esta noche está imposible
- Como siempre, no te digo

Así los dejé mientras yo iba haciendo mis tareas del hogar, de acá para allá.
Comenzó el partido y ellos a beber. Les puse los diversos aperitivos en platos. Cada vez que aparecía por el salón, notaba como sus miradas dejaban la pantalla para posarse en mi cuerpo y debo reconocer que me agradó. Aunque algo, no sé si una voz o qué, en mi conciencia me decía que no era lo más lógico, ni lo más formal esa forma de lucirme, no hacía más que pasar por delante, entrar en la cocina, salir, pasar con ropa. En una palabra, me estaba exhibiendo ante esos hombres.
Me sentía culpable, mínimamente, la verdad sea dicha, por ello, pero por otro lado aquello me estaba excitando sobremanera. No recordaba haber estado tan caliente desde hacía mucho tiempo.
Así transcurrió todo el partido, entre mis idas y venidas, sus miradas cada vez menos disimuladas, mi calentura cada vez más en aumento y mi sexo totalmente mojado. Al final su equipo perdió con lo que las caras de los cuatro eran de verdadera frustración y disgusto. Unos verdaderos poemas.
Aparecí por el salón otra vez y con una de mis mejores sonrisas horizontales, les dije

- Venga hombres, es solo fútbol, ya ganarán otro día
- Si tú que sabrás, nos jugábamos la liga
- Venga animaos. Yo no he salido a divertirme por ahí, por culpa de este maldito partido y no me pasa nada
- No es lo mismo, tú puedes salir otra noche y el partido no se repite

Teníamos una baraja encima de la mesa del salón y Jonás empezó a jugar con ellas, como ausente, quizás influenciado aún por la derrota. Cesar, le quito la baraja y les dijo

- Bueno juguemos una partidita haber si así os desplumo y me saco unas pelas a vuestra costa
- Tú y quien más, pringado
- Me basto y me sobro, ya sabéis que soy muy bueno con las cartas

Viendo que no estaban muy decididos a ello, les dije

- Venga si así os animáis yo también jugare con vosotros
- Pues vamos allá

En eso nos pusimos a jugar en nuestra mesa circular. Para animarlos, y debo reconocer que para exhibirme aún un poco más por si lo había hecho poco durante el partido, les traje una botella de whisky, unos chupitos y unos hielos, y nos dispusimos a jugar.
Ya llevábamos más de una hora, jugando, y tal como había dicho Cesar, los estaba desplumando. Debo decir que la atmósfera estaba bastante cargada y empezaba a hacer calor. El alcohol me había empezado a hacer efecto, y la mezcla de cerveza y whisky los había vuelto sonrientes a los cuatro y además les había hecho olvidar el dichoso partido de fútbol.
Carlos dijo

- Joder tío, basta ya, nos vas a dejar sin dinero
- Acaso es mi problema, ya os avisé en un principio Si no queréis seguir perdiendo vuestro dinero, no juguéis más

Entonces Jonás dijo

- Lo que teníamos que hacer es jugar a las prendas
- Si hombre, como solo está mi mujer no te importa no, cabronazo?
- Oye que yo ya soy mayorcita para cuidarme sola, y si queréis jugamos a las prendas, yo tengo decidido y muy claro que no voy a perder

Carlos me miró a los ojos, y entonces dijo que por él no había problema, pero que cuidado con sobrepasarse conmigo.
Imaginaros lo que eso provocó en mi cuerpo. Una excitación aún mucho mayor de la que llevaba. Creo que no me corrí de gusto porque me lo pensé dos veces, pero por ganas no era.
Antes de repartir, habíamos decidido que los dos que quedaran últimos en cada partida se quitarían una prenda. Martín repartió cartas y nos pusimos a jugar. La primera, como si fuera de lógica aplicación la ley de Murphy, al ser la única mujer en el grupo, la perdí yo junto con Jonás. El se desprendió de la camisa. Y me tocaba a mí, pero me hice de rogar, diciendo que no valía, que yo apenas llevaba tres prendas y ellos muchas más, que si me perdonaban la primera partida, que si me daban otra oportunidad.


...CONTINUARA...