martes, 1 de diciembre de 2009

LADY JULIETTE (1)


Aquella noche el Marques me había citado en sus aposentos.
Llegué al castillo con el suficiente adelanto para no tener que hacer esperar a mi Señor. Nada más traspasar la puerta principal del recinto, fui recibida por un par de lacayos que me ordenaron seguirlos hacia un recibidor, donde me mandaron sentarme, mientras me ofrecían una copa de vino y algo de fruta.
Durante mi espera pude fijarme en los lujos de aquella sala, decoradas con cuadros y tapices de gran tamaño y toda ella pintada con frescos a cada cual más hermoso.
En la observancia de dichos lujos estaba cuando me vinieron a buscar y me llevaron a una habitación muy amplia. Nada más traspasar la puerta me vi envuelta por una luz tenue y dominada por la mirada del Señor Marqués, que se hallaba en medio de la misma.
No pude apartar mis ojos de los suyos, y eso que lo lógico era que bajara mi mirada ante él, pero no podía. Algo me lo impedía.
Camino despacio, muy despacio hacia él al tiempo que escucho su voz

• Hoy serás mía, voy a poseerte muy poco a poco, deleitándome en ello, pero me pedirás, me implorarás, me suplicarás que te haga mía por y para siempre
• Me excita escucharos decir esas palabras, quiero ser vuestra, pertenecer a mi Señor, ser el objeto de sus más obscenos e impuros deseos
• Por esta noche, trátame de tú, mi deseada Lady Juliette, otra cosa será mañana

Así os lo narraré.

Mientras te recuesta en la cama, me pides que me desvista lentamente, mirándome con ojos de deseo. Empiezo por quitarme la blusa y mientras lo hago mis manos no pueden impedir ir en busca de mis pechos, pues se que eso te excita. Te levantas, te acercas a mí y detienes mis manos, cosa que me sorprende pues pensé que eso te gustaría. Te acercas a mi oído, me tomas fuertemente del pelo y me susurras con voz autoritaria

• Sólo te pedí que te desvistieras, te tocarás cuando yo te ordene, recuerda que hoy serás mía, a mi manera, cómo yo diga y cuando yo diga. Ahora continua desvistiéndote. Si vuelves a desobedecer te vas a arrepentir

Acto seguido me das un buen golpe en mis nalgas. Siento el dolor, pero también mis jugos correr en mi entrepierna.
Continúo quitándome la falda que llevo puesta. Ya estoy casi desnuda, sólo faltan las medias, me las quito lentamente mostrándote mis piernas que se que te ponen a mil. Llevo mi sexo bien afeitado y sin ropa interior como obliga siempre el Marques a ir a las mujeres dentro del castillo.
Me pides que camine lentamente hacia ti, lo que hago contorneando mi cuerpo desnudo. Me acerco e intento desvestirte, me frenas en seco y sólo te escucho decir

• Te lo advertí

Te levantas y me lanzas boca abajo en la cama ordenándome que no me mueva ni un centímetro. Me asusto un poco, pero me excito aun más, porque sé que ahora si me castigarás.
Tomas mis manos y me las amarras hacia atrás, separando mis piernas bruscamente, e introduces tres dedos dentro de mi sexo, algo que no te cuesta mucho trabajo pues la situación ya me ha excitado bastante y estoy inundada.
Lo notas y me dices al oído

• Sabía que esto te pondría a chorrear, porque eres una caliente, una salida, pero hoy tendrás que aprender a responder a mis deseos. No tendrás permiso de correrte sino hasta que yo te lo ordene, a todo me contestarás que si, y conocerás los límites de tu cuerpo

Mientras me dices esto yo me mojo aun más, preocupada porque sé que lo notas.
Magreas mis nalgas, y de pronto siento un fuerte golpe. Me ha dolido bastante pero no quiero moverme o gritar, se que sería peor. Cierro mis ojos y aprieto con fuerza mis labios; vuelves a golpearme con más fuerza, y seguido uno más, y otro.
Puedo contar que fueron 5 buenos azotes

• No quiero volver a golpearte, pero si no me obedeces volveré a hacerlo hasta que no puedas ni sentarte por el resto de la semana

El momento y la situación me asusta un poco, pero permanezco quieta, y extremadamente excitada, estas sacando a la luz a la hembra viciosa que hay en mí.
Te vas un momento hacia el baño, pero procuro no moverme para no despertar tu ira. Te oigo regresar, aunque no puedo ver qué me espera pues estoy tumbada boca abajo sobre la cama. Levantas mi cabeza y pones un collar en mi cuello, para acto seguido, con un pañuelo, amarrarme las manos a la espalda

• A partir de este momento, y al menos hasta que no diga lo contrario, serás mi perra sumisa

Te aceras a mi boca y oyes mis jadeos, estoy asustada pero a la vez deseosa de que me hagas tuya, y como me habías dicho al principio, quiero y necesito intensamente que me poseas.
Tomas una toalla y empiezas a secar mis jugos. Ya seca, introduces un dedo en mi sexo, inmediatamente dos, después tres. Me mojo de nuevo, sacas tus dedos y vuelves a secar. Es un dolor intenso, pues cada vez que metes tus dedos estoy completamente seca, trato de no gemir, pero es inevitable. El dolor se mezcla con el placer y no puedo esconderlo.
Separas mis piernas con brusquedad y me secas profundamente con la toalla, mientras siento como pasas un enorme consolador por mi cuerpo. Es largo, pero sobretodo grueso, y no imagino cómo harás entrar eso en mi si insistes en secar mis jugos.
Acercas el consolador a mi entrada, y sin miramientos, sin decir palabra lo empujas hasta que toca mi pared. No me das tiempo de gritar pues ahogas mis gritos dando un tirón a la correa que llevo puesta al cuello. Jadeas en mi oído, pues sabes que eso me excita.
Estoy tumbada de bruces en la cama, con mis manos amarradas hacia atrás y a tu entera y absoluta disposición.
Aumentas la intensidad del movimiento del consolador dentro de mi cada vez más encharcado sexo

• Eres una viciosa a la que le gusta el dolor, y a las perras como tú es necesario educarlas

Estoy invadida por el miedo y la excitación. Pese a mi lubricación extrema en esos momentos, el consolador empieza a hacerme algo de daño dado su tremendo grosor, pero parece no importarte, pues aumentas aún más la intensidad.
Estás sentado a mi lado, viéndome penetrada, y aumentas y disminuyes el movimiento del mismo a tu antojo. Estas disfrutando de esa visión de mí durante un buen rato, hasta que te empiezas a quitar la ropa.
Puedo contemplar por primera vez tu tremendo miembro

• Lady Juliette, hoy aprenderás, entre muchas cosas, a hacer una extraordinaria mamada, aprenderás a meterte mi sexo hasta el fondo de tu garganta. El ritmo lo marcaré yo, y evitaras lastimarme con tus dientes. Permitirás que, si me place y tengo a gusto, me corra en tu boca, y te tragarás hasta la última gota. Sí lo haces bien, aprenderás a disfrutarlo, sí lo haces mal, te castigaré hasta que lo lamentes

Tiras de la correa y me metes tu enorme miembro hasta adentro, sin miramientos. Empiezo a chupártelo a un ritmo lento; pero conforme aumenta la rapidez del movimiento de mi boca sobre tu verga, aumento también la intensidad del consolador, que con una de mis manos, clavo lo más profundo dentro de mí.
Eso se estaba convirtiendo en una verdadera y excitante tortura, apenas podía respirar y mi sexo me ardía. Los movimientos eran cada vez más intensos hasta que de pronto sentí como mis ganas de correrme eran inmensas. Apreté mis piernas para evitarlo, porque sabía que eso te pondría furioso. Seguí chupando tu miembro, tal como me lo habías ordenando. La tengo hasta adentro; la metes y sacas como si estuvieras follándome por la boca, y yo disfruto con ello, porque me gusta, me encanta esa situación.......

2 comentarios:

  1. Todo es cuestión de gustos Lady... el tema siempre está en hallar un buen "partener".
    La intimidad es el espacio de soberana libertad, donde los límites son puestos de a dos.

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  2. BUENO VAYA MANERA DE SACARME EL JUGUILLO ERES COJONUDA
    BESOSABARAZAOS

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