martes, 22 de diciembre de 2009

LA COPA DE VINO (2)

Image and video hosting by TinyPic

...No ver tu desnudez me mata.
Lentamente desato los lazos de tu salto de cama, mientras beso tu nuca. Noto cómo tu cuerpo tiembla al contacto de mis labios. Finalmente, con la ayuda de mis manos, tu diminuta y transparente prenda deja al descubierto tu cuerpo. Mi lengua se desliza por tu cuello, jugando con tus hombros desnudos, dibujando pasiones sobre tu espalda. Tu piel se eriza y de tu boca sale un ligero gemido, casi imperceptible.
Te giro sobre la cama y puedo contemplar tu torso desnudo ante ti. Sonríes mientras me inclino sobre tu pecho. Mi lengua húmeda se posa sobre uno de tus preciosos y apetecibles pezones.

Siento el calor de tu boca rodeando mi piel, tu lengua jugueteando con la punta de mi pezón, haciendo que quede erecto y mojado. Succionas suavemente y lo tomas entre tus labios, separándote poco a poco, haciendo que mi piel se levante junto con tus labios.
Una de tus manos se desliza sobre mi abdomen y hacia mi pelvis. Tus dedos acarician el monte de Venus, que encuentran en su camino, y muy despacio bajan un poco más hacia mi sexo. Tú mismo puedes darte cuenta de cuan mojada estoy, y eso me encanta.
Suavemente frotas mi clítoris mientras introduces tus dedos en mí. Mis piernas instintivamente se abren un poco más. Me gusta ver tu rostro porque refleja tu deseo por mí. Esos ojos clavados en los míos me demuestran la pasión que está encerrada dentro de ti.
Siento como mueves tus dedos cada vez más aprisa en mi interior, mientras la palma de tu mano excita mi punto más débil, mi botón de la rendición, mi nexo de unión con el clímax más absoluto.
Mis piernas comienzan a contraerse, mi cadera se mueve al unísono con tu mano, mi mente se nubla. Me muerdo el labio inferior tratando de ahogar mis gemidos, pero es tan grande mi deseo por ti que no lo consigo.

Saco los dedos de tu sexo, los miro y después te observo a ti. Acerco mi mano a tus labios y dejo que te pruebes, que te deleites con tu sabor más íntimo, con tu sabor más deseado, con ese sabor salado que me encanta y me pierde, que hace que mi cuerpo se altere aún más de lo que está.

Quiero que entres ya en mí. Es tan fuerte la sensación que me recorre en estos momentos, que me vuelve loca el tan solo dejar de sentirte un segundo. Mi respiración es cada vez más rápida, siento que mi corazón quiere huir de mi pecho, mis pezones, completamente erectos, tremendamente erectos, esperan la visita de tu lengua, la pasión de tus labios.
Te miro fijamente clavando mis ojos en los tuyos.
Sé que puedes entrar en mi pensamiento, sé que sabes lo que quiero.

Acostada sobre la cama, me tumbo entre tus piernas buscando tu boca. Un apasionado beso es el inicio del camino hacia tu más deseado placer.
Mi lengua va bajando a lo largo de todo tu cuerpo, saboreando tus pezones, recorriendo tus pechos orgullosos y provocadores, tu cálido y maternal vientre. Juega con tu ombligo y poco a poco, muy lentamente, dibuja pasiones sobre tus muslos. Beso tus muslos, los mordisqueo suavemente.

Siento tu respiración en mi entrepierna y mi cuerpo se estremece más. Era lo que deseaba y lo que pedía a gritos sin decir nada; la humedad de tu lengua recorriendo mi sexo, entrando y saliendo de forma rítmica.
Tu lengua presiona mi clítoris. Tu nombre se cuela entre mis labios; un susurro apenas, pero un susurro que aumenta de intensidad, dejando paso a una voz temblorosa, jadeante.
Una de mis manos juega con tu cabello, mientras la otra está cerca de mi boca. Muerdo uno de mis dedos, tratando de evitar que mis gemidos se hagan más fuertes, pero no lo resisto. Grito tu nombre cada vez más fuerte en medio del éxtasis que me estas causando.
De repente, decides que ha sido suficiente.

Subo a lo largo de tu cuerpo y me coloco sobre y entre ti. Doblas las piernas y entre ellas busco el sentimiento del placer. Sólo milímetros separan nuestros cuerpos, hasta que siento el roce de tu piel con la mía.

Me penetras, me penetras muy lentamente, disfrutando cada centímetro de ello, sintiendo todos y cada uno de los movimientos de mi cuerpo. Mis manos alrededor de tu cuello. Puedo sentir como entras en mí. Comienza el deseo más hermoso, primero lento, sólo el capullo. Te diviertes torturándome así, pero a mí me gusta.
Coloco mis manos en tu cintura y te empujo hacia mí, quiero sentirte completo. Deseo que tu cuerpo se funda con el mío. Noto cómo me llenas por dentro. Mis manos empujan tu cadera contra mí. No quiero que salgas de mí, te necesito dentro, muy dentro.

Salgo un momento, que se me hace eterno, de ti, y tomándote por la cintura te doy la vuelta.
Comienzo a penetrarte boca abajo. Echo tu pelo hacia un lado y te muerdo suavemente una oreja, siguiendo hacia tu cuello mientras sigo entrando en tu cueva de placeres.

No puedo parar de gemir. Quiero que explotes en mí, quiero que explotes conmigo; que me hagas explotar a mí sólo como tú sabes hacerlo. Puedo sentir tu energía recorriendo todo mi cuerpo. Estas a punto de explotar, estás a punto de dármelo todo.

En esos momentos se abre la puerta y mis ojos reaccionan rápidamente al sonido. Giro la cabeza hacia un lado y lo veo a él, sonrió y me muevo hacia un lado de la cama para dejarle espacio. Él se mete entre las sábanas conmigo. Me abraza

 En qué piensas, nena?

Vuelvo a sonreírle y escondo la cara en su pecho

 En que me apetecería una copa de vino

No hay comentarios:

Publicar un comentario