jueves, 5 de noviembre de 2009

ESCAPANDO DEL TEDIO...


La rutina acaba por volvernos grises, nos convierte en seres predecibles y convencionales. Dejar de lado esa consecuencia y romper con la monotonía es lo que hace que volvamos a sentirnos vivos.

El roce de una piel, el beso de unos labios, la mirada de unos ojos, la carne y el deseo, los fluidos derramándose y entremezclándose, voluntades que se rinden, brazos que aprisionan, piernas que se aferran a caderas en perfecto acoplamiento de dos cuerpos en uno. Y es que tan solo con el sexo recuperamos parte de nuestros instintos más primitivos y genuinos, nuestros sentidos se agudizan y nos convertimos en un animal, en un depredador que caza para matener su propia supervivencia. Elegimos una presa, la deseamos, la seducimos, necesitamos poseerla a cualquier precio, no importa si tenemos que maltratarla con caricias hasta hacerla gemir, gritar, licuarse y desfallecer de placer.

Pero como todo lo que escapa a nuestra monotonía, esto no se puede planificar, aunque si podemos buscarlo, y eso es lo que hizo, buscar esa situación, provocarla, por eso entró en aquella pagina de internet, había decidido que ya era hora de volver a sentir la emoción de cazar.

Se sorprendió a si mismo nervioso. Se negaba a reconocerlo, pero el sudor que empapaba sus manos lo delataba. Era un hombre adulto, experto, sin embargo en esos momentos parecía más un adolescente a punto de descubrir por primera vez los placeres del sexo. Había llegado pronto al hotel en el que ella lo había citado. Pensó que quizás una copa le sentaría bien. Sí, una copa le templaría los nervios y le ayudaría a recuperar el control. El primer trago le quemó en la garganta. Apenas había dormido esa noche preguntándose que ocurriría, imaginando mil formas diferentes a la situación que en breves momentos iba a vivir. Vio su imagen reflejada en el gran espejo que estaba frente él, el cansancio no había hecho mella su aspecto habitual y sus manos habían dejado de sudar, se sintió complacido. Miró la hora, apuro la bebida y se dirigió hacia la habitación con pasos decididos.

Tal y como habían convenido, debía hacerle una llamada perdida, a partir de ese momento en unos minutos ella entraría. Se tumbó sobre la enorme cama a esperarla repasando mentalmente las reglas que ella había impuesto al encuentro. No hablar a no ser que fuera imprescindible. Nada de preguntas. Nada de nombres, tan solo los seudónimos con los que se habían conocido. Mantener la habitación en penumbras. Pagar la cuenta antes de abandonar el hotel.

De pronto le asaltó la duda de si esto no sería una broma de mal gusto. De si en ese mismo instante no estaría alguien riéndose de un pobre tonto tirado en una habitación de hotel. El ruido de la puerta al abrirse le devolvió a la realidad. Había venido. Satisfecho se puso en pie para saludarla.

“Soy Eros”

“Diana”

Buscó un lugar donde dejar el bolso y su abrigo, y apagó la única luz que permanecía encendida, dejando el cuarto tan solo iluminado por la escasa luz que se colaba por la ventana. Eros recostado de nuevo sobre la cama, no había dejado de observarla, el ceñido vestido negro que llevaba no lograba contener la sensualidad que su cuerpo, a pesar de los años seguía desprendiendo, estaba claro que no era una jovencita, pero sin lugar a dudas no tenía mucho que envidiarles. Había hecho una buena elección, se sentía satisfecho, su olfato no le había defraudado.

Diana se acercó a la cama, y se tumbó a su lado. Con un suave roce de sus dedos le acarició el rostro, siguió la línea de sus pómulos, la forma de los labios, su mandíbula,...redibujando sobre él, su rostro. Los minutos le parecieron horas, y lograron erizar el vello de Eros. Se preguntaba si era tal y como ella esperaba, pero ni su boca, ni su cara le dieron una sola pista sobre la respuesta.

Él se moría de ganas por devolverle las caricias y poco a poco fué acariciándole el rostro. El contorno de los ojos. La nariz. Los labios. La barbilla. Como estaba recostada de lado, apoyándose sobre su brazo izquierdo, no resistió bajar su mano hasta el cuello, continuando por la figura que dibujaba su hombro, para acabar recorriendo la curva que une cintura y cadera, esa línea en forma de guitarra que tanto le gustaba de las mujeres.

Lo invitó a desnudarse. Ella hizo lo mismo. Sentados sobre la cama, fueron descubriendo los rincones de piel del otro, con leves y suaves caricias. Apenas podían verse, pero iban adivinando cómo era el otro, guiándose sólo por el sentido del tacto. Eros se acercó un poco más y rozó con sus labios la boca de Diana. Entonces ella lo tumbó boca arriba, y poco a poco, comenzó a recorrer todo su cuerpo con los labios. Ambos estaban muy excitados y se entregaron al intercambio de besos y abrazos. Habían acordado intentar no hablar, y lo estaban cumpliendo. Eros se perdía en el cuello de Diana. Ella le arañaba la espalda y se apretaba contra él. Cuatro manos recorrían lujuriosas dos cuerpos desconocidos, amoldando la visión a la casi total oscuridad reinante, buscando, encontrando, descubriendo...El cuerpo de ella le pareció obscenamente deseable, sus manos apresaron los pechos, apretándolos con fuerza, amasándolos. Su boca iba de uno a otro, mordiendo, lamiendo, succionando como si quisiera tragarlos.

El sudor brillaba sobre la piel de Diana cuando Eros comenzó a bajar por su vientre, dejando un rastro húmedo y caliente de saliva, recorriendo lascivamente la cara interna de sus muslos, provocándole intermitentes descargas de placer que aumentaron en el momento en que él se los separó y comenzó a beber el néctar de su sexo. Todo su cuerpo se estremeció de placer, se dijo a misma que después de todo había acertado en la elección. Estaba a punto de tener un orgasmo, pero intentaba retenerse por el solo hecho de prolongar el placer que le provocaba esa sensación, sintió como los dedos de él la llenaban por completo hasta lo más profundo de su ser y ya nada pudo hacer por retenerse, no aguantaba más, cerró los ojos y exhalando un último gemido se abandonó a la muerte de los sentidos, expulsando con violencia su esencia más íntima contra la cara de él.

Cuando volvió a abrirlos vio que él estaba de pie junto a la cama, entendió lo que quería, y a cuatro patas sobre la cama se dejó penetrar, ella gemía al ritmo que se aceleraba la respiración de Eros. Las embestidas eran cada vez más fuertes, los brazos casi no le sostenían, y acabó por hundir la cabeza en la almohada, al tiempo que otra descarga de placer sacudía de nuevo todo su cuerpo, haciendo que se derrumbara llena de satisfacción sobre la cama.

No llevaban ni media hora y ya había tenido dos orgasmos increíbles, ahora le tocaba a él. Comenzó a lamer su sexo, a mordisquearlo, succionarlo, empaparlo de saliva para sin previo aviso introducirlo completamente en su boca hasta donde no pudo más, sintiendo como la ahogaba. Notaba las manos de él recorriendo su cuerpo, buscando encontrar de nuevo su sexo, ese sexo que hoy mostraba un apetito mayor de lo habitual.

Eros sintió que no podría aguantar mucho más esa dulce tortura, estaba a punto, y se tumbó sobre ella. La penetró con fuerza, moviéndose al compás de un ritmo oculto que acompasaba sus cuerpos, formando un amasijo de brazos, bocas, piernas, espaldas, hasta que ambos explotaron en un grito común. Exhaustos se dejaron caer sobre las impuras sábanas blancas, que ahora estaban revueltas y empapadas de todos los fluidos que ambos había derramado.

Diana sintió la boca seca, necesitaba beber, y necesitaba una buena ducha, miró su reloj, después miró a Eros,le besó suavemente los labios, se puso en pie y dándose media vuelta se metió en el baño. Hay veces en las que sobran las palabras. Esta era una de estas ocasiones.

Eros esperó unos minutos, después se vistió y salió de la habitación. Se sentía satisfecho, había conseguido una buena presa.

Cuando Diana oyó cerrarse la puerta de la habitación, salió del baño, tenía tiempo y se entretuvo examinando su ultrajado cuerpo, desnuda se tumbó sobre la cama que aún conservaba la humedad y ese olor a sexo que tanto le gustaba. Acaricio sus pechos, su sexo... y se masturbo recordando el encuentro con Eros.

Más tarde, sin prisas disfruto de una agradable ducha, se vistió y se maquillo. Se veía resplandeciente, esa sonrisa de satisfacción le hacía parecer mas bella. Recogió sus cosas y salió. Al llegar al hall, se dirigió al mostrador de recepción.

“Buenas tardes Carlos, todo bien?”

“Buenas tardes Dña. Mercedes, todo correcto, abonó la cuenta antes de irse. Disculpe mi atrevimiento Dña. Mercedes, usted sabe cuanto la respeto y admiro, y no se me escapa el detalle de que luce usted más espléndida que de costumbre, si me lo permite, le diré que hoy me parece usted una diosa. Sin duda este caballero ha debido resultarle un buen amante. Perdone usted, Dña. Mercedes, volverá a necesitar la habitación más tarde?”

“ Gracias Carlos. No, hoy no volveré. Buenas tardes”

9 comentarios:

  1. Intensas e profundas palavras Beijo.

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  2. Buenas y caldeadas tardes my niña.
    Te-dio o no Te-dio?
    Realidad o fantasía?
    El encanto de tus letras, siempre en constante temperatura (alta)

    Un placer leerte

    R.

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  3. Si la realidad mejora le pensamiento. Si lo verdadero es mejor que lo idílico. Si lo que se piensa es aún mejor de lo que se sueña.
    Mmmmmmmmm...que pendencia y ganas de poder llegar a ese punto de encuentro.
    Remuacs.

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  4. Un buen relato, un buen .....vete, pero pienso, que Eros es egoista y como bien dices, seduce, acaricia, caza, chupa y despues escupe y a otra cosa mariposa.
    Además eros es un hombre mirandose a un espejo, es hombre amando a otro hombre en la mayoria de las mitologias.
    Siento decirte, que sin amor nada dura y el sexo solo dura lo que dura dura.
    Entiendo y admiro a los hombres que buscan sexo, lo encuentran y salen satisfechos. Pero yo no puedo y prefiero amor y sexo, sin el sexo uno se apaña solo, yo, sin el amor me muero.
    Eros es ilusión y atracción, el amor es un mar de pasiones que nunca daña, nunca acaba, eso si, a veces duele y mucho, a pesar de eso, es lo mejor.
    Prefiero morir de amor, que de deseos ardientes que nunca llenan.
    Claro está que me falta probar algunas cosas para hablar con propiedad, pero me quedo donde estoy que ya voy sobrado.
    Un abrazo

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  5. Por cierto, my Lady...mmmmmm...preciosa, como siempre, y bien elegida, como es habitual dado tu buen gusto, la foto.
    Reitero mis más deseados mmmmm.
    Remuacs.

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  6. ¡Joder! con tanto sexo me las has puesto durísima... jajajajaja Beijos!

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  7. Buena presa... el juego de solo placer!!!
    Un beso amiga

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  8. Todos hemos sido eros algua vez en nuestras vidas. Sin embargo seguimos buscando el amor... pero también es cierto que Eros siempre está diciendonos cosas al oído... un desafío para el amor haber sido Eros.
    Un abrazo

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  9. APLAUSOS Y GRACIAS POR DARLO BESOSABARAZAOS

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