miércoles, 26 de agosto de 2009

RECUERDAS..?


No es fácil volar sin alas, me pregunto si todo esto es real, o solo es producto de mi imaginación. Abro los ojos y te veo a mi lado. Suspiro aliviada viendo como tu cuerpo extenuado descansa junto al mio. No consigo comprender como podía sobrevivir antes de conocerte, porque fuera de estos momentos, a parte de ti, nada tiene sentido.

Recuerdas la noche en que nos conocimos? Se que los hombres sentís diferente, yo no he olvidado ni una sola de las sensaciones que me provocaste.

Esa noche acompañé a mi ahora ex-marido a una de sus cenas en el club, hablaba con uno de sus amigos mientras tus desvergonzados ojos no se apartaban de mi, sentía como me desnudabas sin piedad con la mirada mientras escuchaba lejano el eco de la conversación sin poder dejar de mirarte, de retarte, de seguir con la mirada cada gesto tuyo.

A pesar de la refrigeración del local mi calor interno subia por momentos, me excuse con mi interlocutor y me dirigí hacia la piscina en busca de sosiego. A los pocos minutos volví a sentir tu mirada fija en mi, quemando cada poro de mi piel. Nos miramos sin cruzar una sola palabra, y mi imaginación voló. Me vi entregada a ti, sentí tus manos recorriendo mi cuerpo, dibujando sobre la tela mis caderas, levantando suavemente mi vestido dejando a tu vista las ansias de mi sexo escondido bajo un pequeño triangulo de encaje.

La voz de mi marido me devolvió a la realidad: “Vámonos, mañana he de madrugar..” sentí tu mirada ardiente fija más abajo de mi espalda mientras me alejaba colgada del brazo de Javier.

A las mujeres nos pierde la curiosidad, así que le pregunté de camino a casa si sabía quien eras, me sorprendió que supiera al instante de quien hablaba, quizás también él se dio cuenta de nuestros cruces de miradas. Quizás ese fue el motivo por el que esa noche me hizo el amor como hacia mucho que no me lo hacia, fue algo salvaje, lleno de rabia, como si intentara arrancar de mi lo que presentía que me invadía, como si quisiera borrarte de mi mente, como si desease que no te pensara. Y lo intenté, juro que esa noche lo intenté, pero solo conseguí sentirte a ti. Era como una progresión aritmética, cuando más fuertes eran sus acometidas, más te evocaba en mis pensamientos, cuando más fuerte sujetaba mis muñecas, más me alejaba y me acercaba a ti.

No conseguía apartarte de mi mente. Saltaba cada vez que sonaba el teléfono. Hasta que al final, después de cuatro días, recibí tu llamada.

- A las cinco. Edificio Marfina. Apartamento 36. Te estaré esperando.

Solo eso, apenas unas frases fueron suficientes para que mi estómago de tanto encogerse se me desapareciera.

Miré nerviosa el reloj, apenas tenía tiempo, arregle lo arreglable y salí como alma que lleva el diablo de mi casa. Mientras conducía en dirección a ti, la parte de lucidez que aun conservaba se preguntaba hasta que punto el deseo había acribillado a mi sentido común. En el trayecto varias veces tuve que sujetar ese músculo batiente que se aloja en el pecho y que pugnaba por escaparse por la ventanilla.

El tiempo se me hizo eterno hasta llegar al lugar donde me habías citado. Subiendo hacia el tercer piso, recuperé parte de la sensatez que perdí en el mismo instante en que te vi por primera vez, a cada peldaño me asaltaba una duda, parada frente a la puerta 36 supe que era una locura, iba a darme la vuelta cuando la puerta se abrió. Nos miramos sin decirnos nada, y tus ojos se colaron descarados por el escote de mi camisa.

-”Me estaba volviendo loco, Cómo es que has tardado tanto?”

Sin darme tiempo a contestar me arrastraste hacia el interior, y me besaste con desespero, aprisionándome contra la puerta que se cerró de golpe, todo lo que había imaginado se convirtió en tan solo unos segundos en una realidad ineludible y maravillosa.

Con una destreza y una rapidez asombrosa me despojaste de mis ropas, recorriste mi cuerpo dejando un rastro húmedo y cálido sobre mi piel erizada, esculpiste con tu boca unos pezones duros, erectos sobre la creciente firmeza de mis pechos. Una descarga recorrió mi cuerpo al notar como te acercabas a mi entrepierna, saltaron por los aires mis restos de sensatez, Quién es su sano juicio permite que un desconocido descubra los rincones secretos de su sexo..? Definitivamente había perdido la cordura, no había nada que pudiera hacer, salvo entregarme sin reticencias a lo que estaba sintiendo, al goce de la piel, ... al placer.

Bebiste de mi con las mismas ansias con las que mi boca llegó a tu sexo, envolviéndolo, recorriéndolo, deleitándome en cada uno de sus rincones, disfrutando de la visión que la expresión de placer dibujaba en tu rostro.
Mientras otros labios situados al otro extremo de mi cuerpo reclamaban enfebrecidos y envidiosos lo que mi boca retenía, hasta que ya no pude más, y mi cuerpo desnudo se ofreció sin pudor a tu granítico miembro. A su paso entre mis piernas, todo palpitaba, vibraba y se estremecía una y otra vez como firme promesa del placer por llegar, en unos breves e interminables instantes todo mi yo acabó concentrado en un solo punto, en un pequeño canal de mi anatomía, a punto de estallar en la más tremenda convulsión. Solo entonces aceleraste el ritmo de tus acometidas, haciéndolas a la vez más profundas, atravesándome, masacrándome, matándome sin remordimientos, abocándome a la nada del todo concedido. Despojada de toda cordura, poseída por el más absoluto placer, gemí, jadeé, grité y me retorcí mientras te vaciabas dentro de mi en un ronco gemido, para agonizante dejarte caer sobre mi cuerpo.

Aquel primer encuentro fue una auténtica locura que pensé que no se repetiría jamás, pero solo Dios, o el diablo, saben que vivo solo para verte cada día acercarte a mi , con los ojos inyectados de deseo, y poder perderme sin tregua en el torbellino de pasión que nadie como tu sabe provocarme.

4 comentarios:

  1. linda, eu amo a sua história e eu não gasto muito saudações .. e isso dói ..
    me encanta .. Seu amigo Simon

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  2. Me rindo a tu excelsa remembranza erótica; sudo, imagino y escucho tu respiración acelerada... que me transporta al más placentero sueño húmedo…

    Besos temblorosos

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  3. Eu só vou passar por aqui não entro nesta história Beijos Rebelde

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  4. Mmmm...pero qué bien te han sentado las vacaciones, my Lady. Como ese vino que recorre tu caliente piel, como ese vino que deseo beber y con el que espero y necesito emborracharme algún día, como ese vino que busca los surcos de tu entrepierna, mejoras con el paso de los días, que no de los años.
    Perfecta armonía de deseos en palabras entrelazadas, como se entrelazan las manos de los amantes en el momento más álgido de los placeres, la unión de las esencias.
    Remuacs

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