viernes, 28 de agosto de 2009

QUIERES VOLAR?


La habitación estaba en penumbra y en silencio, y aunque casi no podía verte, sin embargo sí podía sentirte a mi lado. Quise tocarte pero no pude porque mis manos estaban atadas al dosel de la cama.
Cuando traté de decirte lo que sentía, acercaste tu mano a mi boca y me silenciaste. Lentamente te acercaste a mi oído y susurraste: "Confía en mí, déjate llevar".
Durante unos minutos no ocurrió nada. Me sentía ansiosa y excitada.
Te conozco lo suficiente para saber que no me lastimarás, que todo lo que hagas me dará placer, un placer extremo.
Mientras imaginaba qué pensabas, qué ibas a hacerme, comencé a sentir y ya no pude seguir pensando, sólo podía hacer lo que me habías dicho al principio "Dejarme llevar".
En esos momentos con esa voz que tanto me gusta y excita, me dijiste “Quieres volar?”
Al principio no comprendí tus palabras. Quise preguntarte pero no pude porque acercaste tus labios a los míos y besaste mi boca.
Fue un beso suave. Noté el roce de tus labios con los míos, y abrí mi boca para que pudieras penetrar en ella, pero no lo hiciste.
Tus labios fueron descendiendo lentamente por mi cuerpo, tu lengua se deslizaba por mi cuello, recorriendo luego mis hombros. No habías hecho casi nada y sin embargo sentía la humedad entre mis piernas.
Cuando tu boca tomó uno de mis pezones me sentí morir.
Quería tomar tu cabeza entre mis manos para que no me soltaras, pero no podía, porque me habías atado. Me conoces muy bien y sabes lo que pienso, lo que quiero y lo que me gusta en extremo.
Después de unos minutos pasaste al otro pezón, lo mordías, lo chupabas. Tus labios lo envolvían mientras tu lengua jugaba con él. Me lo tenías a punto de estallar en tu boca, duro, tremendamente erecto.
Cada vez estaba más excitada, más mojada. Me notaba tremendamente caliente y a punto de enloquecer por no poder tocarte, acariciarte.
Seguiste bajando a lo largo de mi cuerpo ardiente. Tu lengua se detuvo en mi ombligo y jugaste con él.
Desde mi ombligo tu boca se fue deslizando hacia abajo, acercándose lentamente a mi pubis, buscando el contacto con ese botón que tanto necesita tus caricias y tus besos. Tu lengua se posó sobre mi clítoris, hinchado ya de pasión infinita, escribiendo sobre él palabras de deseo. Mis gemidos ayudaban a que el ambiente de pasión inundara toda la habitación. Mordisqueabas suavemente mis labios vaginales, mientras tus dedos los iban separando. Finalmente me hiciste el amor con tu boca.
Sentía cómo me ibas abriendo, cómo me penetrabas con tu lengua.
Ya no podía pensar, sólo sentir y gemir.
El orgasmo fue tan fuerte que me sentí morir.
No podía moverme por las ataduras en mis tobillos y mis muñecas. Mi mente estaba adormecida, como drogada por el éxtasis y el placer que me estaba provocando mi diablo, mi demonio particular.
En ese instante sentí como tu sexo se deslizaba en mi interior, duro, caliente, venoso, poderoso.
Mi cuerpo se fue adaptando a tu contacto y comenzaste a moverte en un baile excitante y sin fin. Una danza deseada y única.
Solo se oían nuestros gemidos, las pieles estaban calientes.
Tus manos recorrían mi cuerpo como si se tratase de un instrumento musical, y cada centímetro respondía a todo lo que pedías. Conseguías sacar de él las más preciosas notas.
No necesitaba decírtelo con palabras. El sólo roce de tus labios o el mínimo movimiento de tus manos excitaban mi piel, tensionaban todo mi cuerpo, exigiéndote y rogándote a gritos en silencio que finalizaras con esta dulce y mortífera agonía.
Momentos después, cuando me penetraste por última vez, justo antes de llenarme con tu néctar deseado, gritaste mi nombre.
Mi cuerpo se elevó, mis ojos se abrieron y quedaron fijos, buscando los tuyos.
No veía ni oía, no podía verlos, solo sentía tu cuerpo duro y húmedo sobre el mío. Y en ese momento los dos nos unimos en un beso apasionado, a la vez que nuestros sexos se inundaron por completo con la unión más deseada y querida.

3 comentarios:

  1. Veo que te has traído contigo los calores más ardientes de este verano.
    Qué si quiero volar?

    SI QUIERO...

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  2. BUeno, es mi primer paseo por aquí. Me gusta, se siente la honestidad de haber vivido el momento, me gustan las letras honestas, los escritores honestos, me gustan

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  3. Suelo estar de acuerdo con I Am y esta vez no es distinto:

    Qué si quiero volar?

    Si quiero...

    Efectivo relato

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