jueves, 23 de julio de 2009

SON LAS DOS


Estuve chateando un poco contigo, pero lo que prometía ser una noche apasionada de chat se truncó con aquella llamada que recibí. Ahora mismo son más de las 2 de la madrugada y no puedo dormir. Hace calor. Tengo la ventana abierta y en la calle se escucha el murmullo de la gente que pasea, cortando el sonido de la canción que suena en mi equipo de sonido, nuestra canción.
Mi cama es inmensa y me pierdo en ella intentando buscarte. Me enredo desnuda entre las sábanas disfrutando de tu olor, de tu aroma impregnado en ellas, apoyando mi cabeza sobre la almohada que lleva el perfume de tu pelo, de tu boca. Todo me sabe y me huele a ti.
Pero eso me hace sufrir porque no estás, esta noche no estás conmigo, y aunque intento llamarte a gritos sé que hoy no puedes venir. Te extraño y extraño tu cuerpo pegado al mío, tu calor, tu piel, todo tu ser.
Suspiro deseando que pudieras navegar por mi mente y descubrir lo que mis pensamientos deliran, lo que deseo hacer contigo en este momento.
No quiero, pero el cansancio hace mella en mí, y poco a poco voy logrando relajarme y entrar en el profundo mundo de los sueños donde sueles ser el único y exclusivo invitado.
De repente me muevo en la cama con una extraña sensación…mmmmmm…más que extraña, diría que es una sensación placentera por deseada y sentida.

“Me has despojado de las sábanas y siento como muy despacito y de forma tierna y suave, tus manos acarician mis tobillos. Vas subiendo por las piernas, te detienes en mis rodillas y sigues subiendo, despacio, lentamente, como sabes que a mí me gusta en estos momentos, hasta llegar a mis muslos. Tus dedos recorren mis caderas, suben por el lateral de mi cuerpo, acariciando mis brazos. Bajas hasta mis manos y tus dedos se entrelazan con los míos en una especie de unión de por vida. Vuelves a subir rozando mis axilas, bajando hasta mis pechos. Juegas con uno, con el otro, con los dos a la vez y subes hasta mi cuello.
Ahora siento como tu mano me acaricia la cara, mis mejillas, mis ojos cubiertos con un suave pañuelo de seda no te pueden ver, pero te reconocen en la oscuridad del momento. Besas mi frente y acaricias mi pelo. Tus labios se posan sobre mis hombros, bajando a lo largo de la espalda, hasta mi cintura, dejando un rastro de saliva que noto fresca y apetecible sobre mi caliente y morena piel. Mis caderas reciben tus besos, mis nalgas gozan del placer de ser tomadas por tus labios y acariciadas por tu lengua. Me estas matando, pero dándome la vuelta y poniéndome boca arriba sobre la cama, vuelves a subir de nuevo a lo largo de mi cuerpo ardiente.
Se me eriza la piel cuando siento tu aliento chocando contra mi cuello, justo debajo de mi oreja. Y siento que te acercas más, y más, hasta que el contacto de tus labios con los míos es inevitable, y tus besos me sumergen en un estremecimiento total.
Tus labios se apoderan de los míos y tu lengua se abre camino en mi boca en búsqueda de su alma gemela, fundiéndonos en el más apasionado de los besos, en el más sentido de los besos, en el más deseado y esperado de los besos.
Te separas nuevamente de mis labios y empiezas a humedecerme el cuello con tu cálida y lasciva lengua, surqueando sin parar hasta llegar a mi ombligo, donde te deleitas jugando con él un buen rato mientras escuchas mis gemidos de placer, y vuelves a subir hasta posar tus labios en mis pechos.
Empiezas con besos suaves, delicados, lamiéndolos, haciendo círculos con tu lengua alrededor de mis pezones totalmente endurecidos, para ir aplicando más fuerza y empezar a chuparlos, a succionarlos, a apretarlos con tus manos, para volver a lamerlos, sin prisa, despacio, en toda su extensión, sin dejar ni un solo milímetro de esos dos montes coronados por duras rocas sin besar, acariciar y disfrutar.
Y pienso en lo cada vez más caliente que me estás poniendo. Me intento concentrar en el placer que me estás dando, así, tumbada boca arriba, con los ojos vendados, a tu disposición, sometida a tus deseos y tus caricias, a tus anhelos más íntimos y obscenos, mientras mis manos acarician tu pelo ensortijándose mis dedos en él.
Subes de nuevo hacia mí, y me besas apasionadamente. Nuestras lenguas se unen, se enredan, se acarician, se chupan y se desean como jamás han notado ese deseo con nadie.
Tu mano baja a lo largo de mi cuerpo, sin dejar de besarme, y se abre camino entre mis piernas. Dios…por fin me tocas. Por fin noto la presión de tus dedos sobre mi sexo recién depilado.
Escuchas mis suspiros al comprobar lo mojado que lo tengo…siiiii…estoy toda mojada por ti, estoy empapada en mi interior por tu culpa.
Me acaricias y acercas tus dedos, totalmente impregnado de mí, hasta nuestras bocas, para que podamos saborear entre los dos mi aroma, mis sabores más íntimos, y me besas otra vez.
Y entonces vuelves a bajar por mi cuerpo ardiendo, pero esta vez sigues más allá de mis pechos, de mis duros y apetecibles pechos, y te detienes delante de este coño que quieres saborear, que quieres comer, que necesitas comer, que necesitas devorar. Y yo estoy deseosa de que lo hagas, quiero sentir tu lengua recorriéndome entera, por fuera y por dentro. Quiero y necesito sentirte y sentirla, y …mmmm…la siento.
Comienzas a lamer y a chupar cada milímetro de mi exuberante intimidad en busca de todo el néctar que desprende mi cuerpo por y para ti, te lo quieres beber todo y yo quiero que te lo bebas, casi te suplico a gritos que lo hagas.
Y me miras, me matas, me fascinas y me enloqueces.
Tu lengua acaricia mi clítoris, ese botoncito del placer que sólo quiere que lo beses, que lo chupes, que lo muerdas. Ahora reemplazas tu lengua por tus dedos, y empiezas a hacer círculos sobre ese punto álgido rojo e hinchado, al tiempo que tu apéndice bucal comienza a deslizarse entre mi coño y mi culo… una y otra vez… una y otra vez… metiéndose dentro de mi encharcado sexo, que te siente, que te desea, que se enloquece al sentir tu aliento, tu presencia, tu lujuria y tus ganas de mí.

"No pares por favor…sigue…sigue"

Y mi cuerpo empieza a convulsionarse violentamente.
Sigues tocándome, y abro más mis piernas, que subes sobre tus hombros.
Con una mano me acaricias de forma obscena las tetas, pellizcando mis pezones a punto de reventar, y la otra se posa sobre mi clítoris, frotándolo con la palma de la mano, mientras tus dedos penetran en mi interior. Sí, me estas follando y me gusta. Oigo el chapoteo de tus dedos dentro de mi sexo encharcado. Entonces no lo puedo remediar, ni lo quiero hacer, y aparece ese fuego intenso, ese latigazo violento, ese chispazo especial que empieza en mi clítoris, sube por mi vagina, llena mi útero y se esparce por todo mi cuerpo. Esa deliciosa corriente eléctrica que me estremece de placer. Esa sensación que consigue enloquecerme.
No sé cuantos segundos o minutos pasan, solamente percibo las maravillosas convulsiones que produces en mi cuerpo, y que te demuestro con esos gritos ya no apagados que surgen del interior de mis labios entreabiertos y con los jugos que también emanan del mismo cuerpo, pero por otros labios.
Tras estremecerme y temblar como hoja mecida por el viento, las convulsiones van siendo más lentas y el fuego se empieza a apagar mientras tu boca se bebe mis espasmos, mis gemidos, mis jugos, mi pasión.
Acercas tu boca a la mía y compartimos mis sabores más íntimos con un beso no por deseado, menos obsceno, soez y vicioso.
Quitándome la venda que cubría mis ojos, puedo comprobar en todo su esplendor ese cuerpo que tanto deseo, que tanto me enloquece, que tantas veces recorrí en. Me incorporo y te sientas junto al respaldo de la cama.
Ahora soy yo quien quiere saborearte entero, soy yo quien necesita sentir tu piel desnuda y cálida, quien enloquece por besar cada centímetro de tu cuerpo. Me pongo de rodillas entre tus piernas. Clavo mis ojos en los tuyos, te beso y voy bajando con la lengua desde tu boca hasta tu pecho, tu tórax, tu ombligo, y aquí está, mi gran amor, mi gran deseo, mi necesidad de respirar, esa parte vital que me tiene locamente enamorada: si, tu polla my Lord. La miro. Dios…mmmmm…es perfecta. Su tamaño, su color, su olor, su textura, me enloquece, me apasiona.
Me tumbo entre tus piernas para que puedas contemplar a la perfección mi espalda y mis duras nalgas, visión que sé que te enloquece, y acercando mi boca, comienzo a pasar mi lengua por ella, desde los huevos, hasta la punta. Te los acaricio con mi mano libre, humedecida en mi propia saliva y los amaso suavemente, y me los meto en la boca, los succiono, los chupo, lamiéndolos enteros. Los noto llenos para mí, llenos a reventar de rica y sabrosa leche.
Y subo hasta la punta otra vez. Tu polla me tiene loca.
Hago círculos con mi lengua alrededor del glande…mmmm…me encanta su olor, su color y su tamaño tan perfecto. Me estoy poniendo a mil, y la tengo delante de mí para disfrutar de ella, para saborearla, para gozarla, para deleitarme con gula.
Me quitas el pelo de la cara porque quieres verme, lo sé, y sé que te gusta mirarme mientras lo hago, sé que te encanta poder verme la cara mientras te chupo la polla.
Y la vuelvo a lamer, de abajo hacia arriba, una y otra vez. Me la voy metiendo toda en la boca, quiero sentirla latir dentro, en un subir y bajar de estremecimientos, suspiros y placeres incesantes. Quiero disfrutar de la sensación de notarla crecer más y más dentro de mi golosa y hambrienta boca.
Me estás volviendo loca, pero también sé que te estoy volviéndote loco a ti.
Busco con mis ojos tu mirada de cómplice, quiero que disfrutes my Lord, quiero hacerte sentir lo que nunca sentiste, quiero llevarte a la cima de la gloria con cada movimiento, con cada beso, con cada caricia, en cada movimiento de mis labios sobre tu dura y erecta polla.
Y siento tus manos agarrándome los hombros. No me dejas continuar. Me incorporas hacia arriba, te acercas a mi boca y me besas como si se te fuera la vida en el beso. "Je t’aime", es lo único que soy capaz de decir sumergida en este carrusel de lujuria y deseo. “Moi aussi” me respondes antes de que me separe de tu boca y busque cabalgarte con pasión.
Y así como estás, me siento sobre ti, buscando el calor de tu polla en el interior de mi coño, queriendo clavarme hasta lo más profundo de mi ser para no separarme más, convirtiéndonos en una unión perfecta y de por vida.

"Mmmm, que mojada estás my Lady
" Tú me pones así, tú me calientas y encharcas de esta manera"

Mis gemidos vuelven a sonar entrecortados al sentirte entrar en mi, más y más profundo, más y más adentro.
Si fueras yo podrías comprobar lo que estoy sintiendo en estos momentos, sabrías por qué disfruto tanto haciendo el amor contigo. Sentir cómo entras y sales de mi, cuando cabalgo sobre tu cuerpo, sudorosos los dos, deseosos, entregados a nuestra pasión, a nuestro deseo, a nuestra propia existencia.
Me encanta follarte así. Subir y bajar sobre ti, sentir tu polla, que es mía y sólo mía, partiéndome al medio en un sinfín de sensaciones, que poco a poco van subiendo aún más la temperatura de mi cuerpo. Los labios de mi coño y mi enorme clítoris tocando contra ti en cada movimiento. Mientras te cabalgo con locura y deseo, te comes mis tetas con gula. Las abarcas con tu boca arrasadora y las besas, muerdes mis erectos y duros pezones.
Me sostengo con las manos en el respaldo de la cama. Ya no aguanto más, lo sabes. Lo sabes y me lo pides, porque estás como yo.

"Córrete, córrete mi niña"

Y no puedo aguantar. Un volcán de explosiones y espasmos estalla en mi de nuevo, arqueando mi cuerpo, recorriéndome de arriba abajo al sentir cómo te deshaces dentro de mí, como te corres dentro de mí, inundando mi coño con tu leche, caliente, ardiente, que me quema al llenarme por completo por dentro. Mientras te corres, tu boca se ha prendido a mi cuello como una bestia devorando a su presa, marcándome como de tu propiedad, potenciando aún más este orgasmo maravilloso que estoy teniendo.

"Je t’aime", vuelvo a decirte mirándote a los ojos para que veas en los míos la imagen de la pasión, del deseo más ardiente, del placer jamás disfrutado con tanta intensidad”.

El frescor de la mañana me despierta y puedo comprobar que no ha sido un sueño, que no ha sido un deseo anhelado. Esta noche de tanto desearte y aclamarte, con mi corazón y mi cuerpo, has venido. Estás aquí, a mi lado, desnudo y durmiendo de forma apacible. Has venido, y como mi rey y mi demonio, has vuelto a ocupar tu lugar en mi cama, a mi lado por cada noche y por siempre. Me abrazo a ti y así vuelvo a cerrar los ojos, pero no para soñar, para dormir.
Ya no necesito buscarte en sueños, sólo tengo que extender la mano y atraerte hacía mí.

(Por esos momentos aún no vividos)

1 comentario:

  1. My sweet Lord, seguís siendo mi trobador favorito de la corte. vuestras trobas funden los hielos del Norte y prenden las llamas del Sur.

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