miércoles, 1 de julio de 2009

PASION Y DESEO


Se puso un vestido sencillo, holgado y de tirantes. Sin duda no era uno de los más sexys que tenía en el armario, pero tampoco se lo iba a exigir ni a pedir, total, sólo íbamos a ir a dar una vuelta, picar algo y mejor no complicarse la vida en la búsqueda de la prenda ideal. Se recogió el pelo con un palito de madera, se puso unos aretes, brillo en los labios y nada más. Tampoco lo necesitaba por mucho que me dijera últimamente que estaba fea porque el trabajo y la tensión podían con ella.
Cuando salió de la habitación, yo estaba sentado en el sofá programando los canales de la tele para grabar el concierto de Youssou N’dour. La observé con detenimiento.

- Mmmm…preciosa, como siempre
- No seas tonto…jajajaja…estoy fea, vamos?

Le hice una seña de que se acercara al sofá. Ella, obedientemente, vino hasta mí e hizo el amague de sentarse a mi lado, pero no la dejé hacerlo y sin decirle nada, tomándola de la mano hice que se situara frente a mí, y sin mediar palabra, metí mis manos por debajo del vestido, deslizándolas por sus muslos y subiendo lentamente hasta llegar a sus contorneadas caderas.
Ella me miraba entre sorprendida, encantada y excitada, esperando que le dijera algo, pero sólo tenía intención de devolverle la mirada. Al verla tan dócil y tan calladita, busqué el borde de su tanga y con la mayor naturalidad comencé a bajárselo lentamente, aprovechando para rozar con mis dedos sus muslos desnudos y cálidos. Mientras se lo iba quitando, separó sus piernas de forma instintiva para facilitarme la labor. Cuando llegué a sus tobillos, sin decirle nada, le hice un ademán para que levantara el pie derecho, luego el izquierdo y poder así terminar de quitarle esa prenda intima tan diminuta que suele usar de forma habitual.
Una vez más, por las razones que los dos conocemos, me obedeció. Notaba en sus ojos y conozco muy bien su mirada, que estaba casi derretida. Sé que se excita cuando me pongo así, en plan dominante, y seguro que esperaba que la follara ahí mismo, en la sala, tumbados en el sofá, porque sé que para ella era lo que seguía, según su lógica, pero a veces su lógica no coincide con la mía.

- Vamos
- Vamos ?...Es en serio?
- Totalmente
- Así?
- Tienes razón, también te sobra el sostén

Se lo desabroché y lo saqué por encima del vestido. Como no tenía tirantes me fue sencillo hacerlo. Fue a descansar al lado del tanga, sobre el sofá.
Al hacer ademán de dirigirme hacia la puerta, comenzó a protestar, pero mirándome a los ojos se dio cuenta de que por mucho que protestara nada iba a cambiar. Además, por el brillo especial de los suyos, me di cuenta de que estaba excitada ante la idea de salir así. Tras dudar unos instantes, se encaminó detrás de mí, como un cachorrito, sin protestar.
Cerré la puerta y nos encaminamos hacia el coche.

Como me ocurría a veces, me sentía descolocada por su proceder de lo más natural. Tan dulce y atento. Caballeroso como siempre, pero a la vez tan autoritario, tan dominante. En esos momentos, a juzgar por la manera de portarse, por la reacción y la forma de tocarme, tenía la sensación de que iba tapada hasta el cuello y no desnuda como me sentía cada vez que la brisa se encargaba de recordarme que debajo del vestido no llevaba nada más que mi humedad, mi tremenda humedad.
Cada vez que me ponía una mano en la cintura, y con suavidad la bajaba hasta mi cadera, todo mi cuerpo se estremecía. Cuando clavaba mis ojos en los suyos, con deseo incontrolado en mi interior, él me sonreía sin decirme ni comentar nada respecto de mi desnudez interior.
Así me tuvo todo el tiempo que estuvimos fuera. Se le veía tan tranquilo, tan frío incluso, que me preguntaba a mi misma cómo era posible que yo estuviera tan al borde de un ataque y él tan sereno, tan íntegro, podríamos decir.
Su calma hacía que yo me notara y sintiera desconcentrada. Sólo era capaz de sentir, sólo era capaz de desear que llegara el momento de tenerlo. Pero él seguía imperturbable. Apenas algunos pequeños detalles me indicaron que él también era consciente de lo excitante y caliente que era la situación.
La manera de sujetarme con más presión en sus dedos. La forma en que posaba su mano en mi cintura. Cuando de vuelta a casa, en el coche, puso su mano sobre mi muslo con una fuerza distinta. Alguna caricia más sensual y más insinuante que otras.
Pero su cara no reflejaba nada. Sus ojos, el espejo de nuestras almas, eran como unos pozos sin fondo. No denotaban nada. Sólo le sentía la voz un poco más ronca, un tono que yo conozco de sobra y que conseguía ponerme aún más nerviosa y con ganas. Quería, necesitaba que me hiciera el amor, que me follara, que me hiciera suya, pero él parecía no tener ninguna urgencia, ninguna prisa por ello.

Nada más entrar en el ascensor trató de echárseme encima, pero suavemente la aparté un poco. Ya en el coche había tratado de ponerme cachondo subiéndose la falda y mostrándome las piernas. Pero yo, impasible, la volví a poner en su sitio, bajándosela. Cuando me pasaba los dedos por la nuca, cosa que sabe que me encanta, buscaba estremecerme, pero aún así no hice nada. Cuando comenzó a acariciarme el muslo con toda la intención y deseo de llegar hasta mi polla, le cogí la mano y me la llevé a los labios, besándole los dedos con suavidad. Ahora en el ascensor, casi consigue aflojarme un poco, pero las puertas se abrieron para que entrara alguien y aproveché para recuperarme.

Cuando entramos en el apartamento y antes de que pudiera hacer ni decir nada, me atrajo hacia él y me besó. Su lengua buscando la mía, lo sentí respirar como buscando más aire porque se ahogaba. La forma de pegarse a mi cuerpo y la forma de sostenerme para que no me escapara de su beso voraz era como si quisiera adueñarse de mí y como si ya tanto resistirse al deseo primario de poseerme le hubieran pasado factura. Yo sólo me dejaba hacer, ya hacía mucho rato que había perdido la voluntad.

Me separé de ella tan rápido como la había atrapado en mis brazos y la llevé hasta el sofá, el mismo donde había dejado su ropa interior horas antes. Mirando de reojo vi que el tanga y el sostén seguían tirados en el mismo lugar.

– Siéntate

Yo me senté y al tener su polla a la altura de mi boca, pensé sólo en sacarla de su pantalón. Pero cuando fui a buscar esa divina posesión, él me sostuvo las manos y negó con la cabeza. Con sólo tirar del palito que lo sostenía, me soltó el pelo. Esa acción se me antojó de lo más provocativa. Se sentó a mi lado.

- Siéntate en el borde y abre las piernas

Una vez más obedecí y sentí como el vértigo me recorría el cuerpo a la vez que sus manos buscaban mi piel. Otra vez sus manos iban trepando por mis muslos, pero esta vez descaradamente y ahora sí, con la expresión en el rostro de absoluta lujuria. Sus manos abiertas recorriendo sin prisa todo cuanto les fuera posible recorrer y sentir, empujando hacia arriba el vestido y buscando dejarme expuesta ante sus ojos. Yo respiraba agitadamente. Que erótica la manera de prepararme todo el día, que locura ver en estos momentos su cara de deseo, de pasión, pero tan seria a la vez.

- Túmbate hacia atrás y ábrete más, quiero verte en todo tu esplendor

Me quedé mirando su sexo abierto, hipnotizado como siempre ante la visión de esa joya única y deseada.

Se me escapó un gemido. Me sentía muy mojada. Ya llevaba horas así, pero ahora era peor, estaba perdiendo la razón. Con su mano libre, me bajó el vestido dejando mis tetas al descubierto. Ahora su mirada estaba sobre ellas y yo levanté el torso desafiándolo a que las tocara, a que perdiera la cordura y se entregara al deseo que a los dos nos estaba quemando, pero su mano fue hasta mi mejilla para acariciarla suavemente con sus dedos. Su otra mano acariciaba mi muslo. Subía y bajaba apenas rozando mi vulva, mojándose los dedos con mi efusión. Que desnuda me sentía y que maravillosa sensación. Yo moví la cara y atrapé uno de sus dedos con mis labios y, él se dejó chupar.

Lo hacía como si de mi polla se tratara. Era tal la sensación y mi mente volando, que no podía dejar de pensar que era mi polla la que estaba en contacto con su lengua. Cuando lo saqué de su boca lo llevé directamente a su duro y erecto pezón, mojándolo y acariciándolo hasta hacerlo casi reventar de la excitación quedando brillante por la saliva con que lo impregné. Con su propia saliva.

En un movimiento simultáneo me recorrió los labios con su lengua que terminó enredada con la mía y con sus dedos hizo un camino desde la entrada de mi vagina hasta el clítoris y allí se quedó trazando círculos para luego volver a bajar y hundir un dedo en mí que me arrancó un gemido más largo y que hizo que me arqueara otro poco para sentirlo más. En este momento nuestras lenguas eran una sola y decidí dejarme caer hacia atrás para poder tener mis manos libres y acariciarlo, necesitaba sentir el calor de su piel, ya estaba bueno de hacerme esperar. Pero no me dejó.

- No, aún no

Así que no me iba a permitir tocarlo. Tampoco me terminaba de desnudar. Acaso esta noche le producía más excitación tenerme así? Yo estaba a mil. Me estaban desesperando esas pequeñas muestras de placer y precisamente esa desesperación, lo hacía todo más intenso. El orgasmo me iba a llegar rápido, mejor dicho, cuando a él le diera la gana de dejarme terminar.

Me separé de su boca, buscando sus tetas. Las lamí y chupé como si fueran uno de los mayores manjares, que sin ningún tipo de duda, lo eran. Mi lengua recorrió y jugó con sus durísimos pezones mientras una de mis manos fue bajando por su vientre a la búsqueda de su sexo, de su encharcado y lubricado coño. Empecé a jugar con su hinchado clítoris y al poco tiempo uno de mis dedos buscó su interior. Salía y entraba una y otra vez. La palma de mi mano se aplicaba sobre su erizado clítoris mientras dos dedos la empezaban a follar entre espasmos de placer. Le estaba arrancando gemidos cada vez más fuertes y notaba como su respiración se agitaba más y más.

- Me estás matando. Vas a hacer que me corra ya si no paras

Sacó sus dos dedos de mi coño y dejó de masturbarme, pero el respiro no duró mucho, porque cuando soltó el pezón que mordisqueaba, su lengua continuó su recorrido hacia mi vientre, sintiendo como dejaba un surco húmedo hacia mi entrepierna. Tenerlo entre mis piernas, ver como se desnudaba, saber que su lengua me haría desfallecer, aceleraba todos mis sentidos.

Le acabé de quitar el vestido y colocó sus piernas sobre mis hombros. Una de mis manos empezó a acariciar sus tetas, a la vez que los dedos de la otra entraban y salían de su coño, mientras ella separaba los labios vaginales con sus propias manos para darme mejor acceso a su ya necesitado nido de placer. Me separé un poco para ver cómo esa profunda cueva se me ofrecía y esa visión me excitó al máximo. Me puse de rodillas entre sus piernas y mi lengua buscó su clítoris. Mientras con mi lengua escribía su nombre sobre él, mis dedos entraron de nuevo dentro de su ser. Mi excitación ya era casi descontrolada y ese placer se había adueñado de mi polla, erecta y dura como nunca. Aceleré el ritmo de mis dedos y de mi lengua.

Oír el chasquido que hacía mi humedad al contacto con sus dedos, el de la succión, sus gemidos, la sensación de estar siendo penetrada, lo mojada que me sentía, todo me arrancó un orgasmo que no pude ni quise dilatar más, me agité, me sacudí con violencia y se lo ordené.

- Fóllame…fóllame por favor

Necesitaba que me penetrara, que me follara. Por mucho placer que me produzca cuando me folla con sus dedos, no es lo mismo, nunca es lo mismo sin él moviéndose dentro de mí, sin el peso de su cuerpo sobre el mío, sin el olor de su piel, sin sus gemidos de placer.

Me tumbó encima del sofá. Lo sentí entrar y moverse con violencia, abrazándome, besándome los labios, mordiéndome los hombros. Necesitaba que terminara dentro de mí, que se corriera dentro de mí ser, necesitaba que desahogara en mí tanta espera.

Saqué mi polla de su coño y bajándola del sofá, la puse de rodillas en el suelo y pegándome contra sus nalgas, que ella misma se encargó de separar con sus manos, mi glande se apretó contra su ano buscando penetrar ese prieto orificio que tantos momentos de lujuria y lascivia nos proporciona.

Pegado a mi espalda, sintiendo su aliento en mi cuello y sus labios besando mis hombros, necesitaba sentir toda su fuerza en mi culo y de un solo golpe me clavé su tremenda erección por completo. El espejo ofrecía la visión de sus manos magreando mis tetas y su boca en mi cuello. Giré la cara para buscar su lengua y enloquecerlo más moviendo mis caderas mientras su polla se clavaba hasta lo más profundo de mi ser. Lo oí gruñir, lo sentí acelerar y sentí como se apretaba más fuertemente contra mis nalgas.

Tenía la imperiosa necesidad de correrme dentro de su culo y sabía que ella lo estaba también deseando. Se corrió en mi interior, que maravillosa sensación de plenitud, de hembra completa. Notaba como ella también se había corrido con mis últimas gotas de esperma.

Nos acomodamos en el sofá, abrazados, agotados, relajados, felices y dispuestos a disfrutar del concierto. Nunca 7 segundos de inicio dieron para tanta pasión y deseo.

5 comentarios:

  1. ayyyyyyyyyyyyyyyy!!!!
    me encantó de principio a fin... muy bueno el relato.

    Besitos dulces...

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  2. Aún vibra mi cuerpo con el recuerdo de esos 7 segundos, preludio de uno de los mejores conciertos de gemidos, besos, caricias y placer al que jamás he asistido.
    Je T'...My Lord moi non plus

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  3. No te imaginas como me has dejado...
    guauuuu genial tu relato!!!
    un abrazo

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  4. IMPRESIONANTE Diosa!!!
    Tu relato le saca jugo a las piedras, absolutamente imperdible!!
    Habrá que saber que al venir a leerte será bueno tener a alguien cerca, o si no enviar ese mensaje por celuler jaja

    Un abrazo

    MAGAH

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  5. Un relato candente para deshacernos un poco de lo pueril y contidiano.

    Saludos...

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