miércoles, 8 de julio de 2009

LA DUCHA


Aquella noche no habían podido compartir sus momentos de placer, deseo y amistad, así que se fueron a dormir pensando el uno en el otro. Deseaban soñarse, sentirse cerca y unidos en la intimidad de una habitación.
Y él la deseo como la desea siempre, la soñó, la imaginó, la vio, sí, la vio.

“De repente se despertó. El calor que hacía en su habitación, y el que desprendía su propio cuerpo, ayudada a aumentar ese asfixiante ambiente, por lo que pensó que una ducha le sentaría de maravilla.
Tiró de la sábana y deslizando sus esbeltas piernas hacia fuera de la cama, puso sus pies descalzos en el suelo. Sentada en el borde fue estirando cada uno de los músculos de su cuerpo a la vez que iba incorporándose, dejando escapar un bostezo. Completamente desnuda se encaminó hacia el baño.
Abrió el agua y sin importarle que no estuviera caliente, bastante lo estaba ella, se metió debajo sintiendo un escalofrío en la totalidad de su piel bronceada. El agua empezó a deslizarse por su pelo, su cara, sus hombros, su vientre, inundando su ombligo, bajando en cascada hacia su sexo. Un sexo depilado, de piel suave y labios rosados, como su interior.
Un estremecimiento de placer recorrió su columna hasta alojarse en su entrepierna y despertando en ella de nuevo las sensaciones que jamás quiso ocultar y que durante la noche, en su pensamiento, en su ausencia, había intentado calmar una y otra vez sin haberlo conseguirlo.
Estirando la mano alcanzó la botella de gel y depositando en ella una generosa cantidad, fue enjabonándose todo el cuerpo con la voluptuosidad y deleite que le producía sentir sus propias caricias.
Su primer punto de placer, sus pechos, fueron buscados por sus dedos que empezaron a jugar con ellos a base de movimientos circulares, notando como se le iban endureciendo los pezones con el roce. Disfrutaba sintiendo el dulce tacto que proporcionaba a su piel la textura del jabón en su culo, en la cara interna de sus muslos, pero no quería que sus manos empezaran a recorrer su zona más erógena, donde se escondía su más preciado resorte, su botón de placer, su clítoris.
Intentó retardarlo lo máximo posible, pero ya le era imposible. Necesitaba acariciarse y jugar con esa flor apetecida y deseada que era su coño. Separando sus labios vaginales, fue deslizando un dedo hacia el interior de su sexo para tener consciencia física de lo húmeda y excitada que estaba. Un leve gemido se escapó de su interior a la vez que sacaba el dedo para tocar suavemente el clítoris y seguir así por unos segundos.
Notaba como crecía y se volvía más duro al contacto de sus dedos, y que el placer ya empezaba a subir por su espalda para dominar luego todo su cuerpo. Mordiéndose los labios, sobre todo ese labio inferior que tan apetecible y deseada la hace, se dejó llevar por la llamarada que iba creciendo y se extendía por toda ella.
No tenía prisa, quería gozar plenamente de las sensaciones que recorrían cada poro de su piel, así que disminuyó el ritmo de sus manos, que no de su respiración cada vez más agitada, y cerrando los ojos, se dejó llevar por la vorágine de ese momento hacia lugares lejanos, riscos encantados y diablos viciosos.
Ya no era consciente de nada, sólo del placer que estaba sintiendo. Sus manos estrujaban sus pechos, sus dedos pellizcaban sus duros pezones, bajando de nuevo a su sexo buscando con frenesí el centro de su obsesión, presionando de forma experta el sitio exacto de donde le manaba el placer, una y otra vez, una y otra vez, hasta que se dio cuenta de que no podía más. Notó como miles de sensaciones empezaron a recorrer sus entrañas, concentrándose en sus puntos más erógenos, nublando su mente, vaciándola de cualquier pensamiento, excepto de los más íntimos, y haciendo que todo fuera de un solo color, el rojo pasión que la invadía en esos momentos y que quería compartir con él.
Y cuando creyó que ya no podía más, que estaba en otro sitio, cuando ni los gemidos podían abrirse paso en su garganta, llegó al clímax, sintió la explosión de sus más deseados placeres, jadeando y creyendo que moriría de gozo”.

Despertó con una tremenda erección y empapado en sudor. A la vista del asfixiante ambiente de la habitación, pensó que una ducha le sentaría de maravilla.

5 comentarios:

  1. Hubiera deseado que estuvieses aquí, que hubieran sido tus manos las que me hubieran hecho delirar, que hubiera sido tu cuerpo el que apagara mi fuego y no el agua.
    Me hubiera gustado no tener que fantasear buscándote, disfrutándote, sintiendote y gozandote hasta ese esperado momento en que mis fluidos se derraman y mis gemidos se amortiguan recuperando la calma, hasta que ese mismo calor, también te asfixie y no puedas resistirte a volver a encontarnos en la ducha.
    Je t'aim... tu sais My Lord

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  2. Muy bonito relato....íntimo pero cercano. Gracias.


    pacobailacoach.blogspot.com

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  3. Jejejejejeje
    me encantó...y me dio calor.
    Mejor me voy a dar una duchaaaaaaa.

    Encantadísima de recoerrer tus letras y compartir la idea.

    Besitros extra dulces ami...

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  4. Erizante, como siempre. Oportunisimo y sorprendente remate.
    Da gusto.

    Un abrazo

    Magah

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  5. Guauuuu cuanto calor para este sabado...
    Me fijare si el termo de mi casa esta prendido, en una de esas, yo tambien logo una buena ducha.
    Muy bien escrito mujer, tu pluma esta que arde!!!!
    un beso amiga.

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