jueves, 23 de julio de 2009

SON LAS DOS


Estuve chateando un poco contigo, pero lo que prometía ser una noche apasionada de chat se truncó con aquella llamada que recibí. Ahora mismo son más de las 2 de la madrugada y no puedo dormir. Hace calor. Tengo la ventana abierta y en la calle se escucha el murmullo de la gente que pasea, cortando el sonido de la canción que suena en mi equipo de sonido, nuestra canción.
Mi cama es inmensa y me pierdo en ella intentando buscarte. Me enredo desnuda entre las sábanas disfrutando de tu olor, de tu aroma impregnado en ellas, apoyando mi cabeza sobre la almohada que lleva el perfume de tu pelo, de tu boca. Todo me sabe y me huele a ti.
Pero eso me hace sufrir porque no estás, esta noche no estás conmigo, y aunque intento llamarte a gritos sé que hoy no puedes venir. Te extraño y extraño tu cuerpo pegado al mío, tu calor, tu piel, todo tu ser.
Suspiro deseando que pudieras navegar por mi mente y descubrir lo que mis pensamientos deliran, lo que deseo hacer contigo en este momento.
No quiero, pero el cansancio hace mella en mí, y poco a poco voy logrando relajarme y entrar en el profundo mundo de los sueños donde sueles ser el único y exclusivo invitado.
De repente me muevo en la cama con una extraña sensación…mmmmmm…más que extraña, diría que es una sensación placentera por deseada y sentida.

“Me has despojado de las sábanas y siento como muy despacito y de forma tierna y suave, tus manos acarician mis tobillos. Vas subiendo por las piernas, te detienes en mis rodillas y sigues subiendo, despacio, lentamente, como sabes que a mí me gusta en estos momentos, hasta llegar a mis muslos. Tus dedos recorren mis caderas, suben por el lateral de mi cuerpo, acariciando mis brazos. Bajas hasta mis manos y tus dedos se entrelazan con los míos en una especie de unión de por vida. Vuelves a subir rozando mis axilas, bajando hasta mis pechos. Juegas con uno, con el otro, con los dos a la vez y subes hasta mi cuello.
Ahora siento como tu mano me acaricia la cara, mis mejillas, mis ojos cubiertos con un suave pañuelo de seda no te pueden ver, pero te reconocen en la oscuridad del momento. Besas mi frente y acaricias mi pelo. Tus labios se posan sobre mis hombros, bajando a lo largo de la espalda, hasta mi cintura, dejando un rastro de saliva que noto fresca y apetecible sobre mi caliente y morena piel. Mis caderas reciben tus besos, mis nalgas gozan del placer de ser tomadas por tus labios y acariciadas por tu lengua. Me estas matando, pero dándome la vuelta y poniéndome boca arriba sobre la cama, vuelves a subir de nuevo a lo largo de mi cuerpo ardiente.
Se me eriza la piel cuando siento tu aliento chocando contra mi cuello, justo debajo de mi oreja. Y siento que te acercas más, y más, hasta que el contacto de tus labios con los míos es inevitable, y tus besos me sumergen en un estremecimiento total.
Tus labios se apoderan de los míos y tu lengua se abre camino en mi boca en búsqueda de su alma gemela, fundiéndonos en el más apasionado de los besos, en el más sentido de los besos, en el más deseado y esperado de los besos.
Te separas nuevamente de mis labios y empiezas a humedecerme el cuello con tu cálida y lasciva lengua, surqueando sin parar hasta llegar a mi ombligo, donde te deleitas jugando con él un buen rato mientras escuchas mis gemidos de placer, y vuelves a subir hasta posar tus labios en mis pechos.
Empiezas con besos suaves, delicados, lamiéndolos, haciendo círculos con tu lengua alrededor de mis pezones totalmente endurecidos, para ir aplicando más fuerza y empezar a chuparlos, a succionarlos, a apretarlos con tus manos, para volver a lamerlos, sin prisa, despacio, en toda su extensión, sin dejar ni un solo milímetro de esos dos montes coronados por duras rocas sin besar, acariciar y disfrutar.
Y pienso en lo cada vez más caliente que me estás poniendo. Me intento concentrar en el placer que me estás dando, así, tumbada boca arriba, con los ojos vendados, a tu disposición, sometida a tus deseos y tus caricias, a tus anhelos más íntimos y obscenos, mientras mis manos acarician tu pelo ensortijándose mis dedos en él.
Subes de nuevo hacia mí, y me besas apasionadamente. Nuestras lenguas se unen, se enredan, se acarician, se chupan y se desean como jamás han notado ese deseo con nadie.
Tu mano baja a lo largo de mi cuerpo, sin dejar de besarme, y se abre camino entre mis piernas. Dios…por fin me tocas. Por fin noto la presión de tus dedos sobre mi sexo recién depilado.
Escuchas mis suspiros al comprobar lo mojado que lo tengo…siiiii…estoy toda mojada por ti, estoy empapada en mi interior por tu culpa.
Me acaricias y acercas tus dedos, totalmente impregnado de mí, hasta nuestras bocas, para que podamos saborear entre los dos mi aroma, mis sabores más íntimos, y me besas otra vez.
Y entonces vuelves a bajar por mi cuerpo ardiendo, pero esta vez sigues más allá de mis pechos, de mis duros y apetecibles pechos, y te detienes delante de este coño que quieres saborear, que quieres comer, que necesitas comer, que necesitas devorar. Y yo estoy deseosa de que lo hagas, quiero sentir tu lengua recorriéndome entera, por fuera y por dentro. Quiero y necesito sentirte y sentirla, y …mmmm…la siento.
Comienzas a lamer y a chupar cada milímetro de mi exuberante intimidad en busca de todo el néctar que desprende mi cuerpo por y para ti, te lo quieres beber todo y yo quiero que te lo bebas, casi te suplico a gritos que lo hagas.
Y me miras, me matas, me fascinas y me enloqueces.
Tu lengua acaricia mi clítoris, ese botoncito del placer que sólo quiere que lo beses, que lo chupes, que lo muerdas. Ahora reemplazas tu lengua por tus dedos, y empiezas a hacer círculos sobre ese punto álgido rojo e hinchado, al tiempo que tu apéndice bucal comienza a deslizarse entre mi coño y mi culo… una y otra vez… una y otra vez… metiéndose dentro de mi encharcado sexo, que te siente, que te desea, que se enloquece al sentir tu aliento, tu presencia, tu lujuria y tus ganas de mí.

"No pares por favor…sigue…sigue"

Y mi cuerpo empieza a convulsionarse violentamente.
Sigues tocándome, y abro más mis piernas, que subes sobre tus hombros.
Con una mano me acaricias de forma obscena las tetas, pellizcando mis pezones a punto de reventar, y la otra se posa sobre mi clítoris, frotándolo con la palma de la mano, mientras tus dedos penetran en mi interior. Sí, me estas follando y me gusta. Oigo el chapoteo de tus dedos dentro de mi sexo encharcado. Entonces no lo puedo remediar, ni lo quiero hacer, y aparece ese fuego intenso, ese latigazo violento, ese chispazo especial que empieza en mi clítoris, sube por mi vagina, llena mi útero y se esparce por todo mi cuerpo. Esa deliciosa corriente eléctrica que me estremece de placer. Esa sensación que consigue enloquecerme.
No sé cuantos segundos o minutos pasan, solamente percibo las maravillosas convulsiones que produces en mi cuerpo, y que te demuestro con esos gritos ya no apagados que surgen del interior de mis labios entreabiertos y con los jugos que también emanan del mismo cuerpo, pero por otros labios.
Tras estremecerme y temblar como hoja mecida por el viento, las convulsiones van siendo más lentas y el fuego se empieza a apagar mientras tu boca se bebe mis espasmos, mis gemidos, mis jugos, mi pasión.
Acercas tu boca a la mía y compartimos mis sabores más íntimos con un beso no por deseado, menos obsceno, soez y vicioso.
Quitándome la venda que cubría mis ojos, puedo comprobar en todo su esplendor ese cuerpo que tanto deseo, que tanto me enloquece, que tantas veces recorrí en. Me incorporo y te sientas junto al respaldo de la cama.
Ahora soy yo quien quiere saborearte entero, soy yo quien necesita sentir tu piel desnuda y cálida, quien enloquece por besar cada centímetro de tu cuerpo. Me pongo de rodillas entre tus piernas. Clavo mis ojos en los tuyos, te beso y voy bajando con la lengua desde tu boca hasta tu pecho, tu tórax, tu ombligo, y aquí está, mi gran amor, mi gran deseo, mi necesidad de respirar, esa parte vital que me tiene locamente enamorada: si, tu polla my Lord. La miro. Dios…mmmmm…es perfecta. Su tamaño, su color, su olor, su textura, me enloquece, me apasiona.
Me tumbo entre tus piernas para que puedas contemplar a la perfección mi espalda y mis duras nalgas, visión que sé que te enloquece, y acercando mi boca, comienzo a pasar mi lengua por ella, desde los huevos, hasta la punta. Te los acaricio con mi mano libre, humedecida en mi propia saliva y los amaso suavemente, y me los meto en la boca, los succiono, los chupo, lamiéndolos enteros. Los noto llenos para mí, llenos a reventar de rica y sabrosa leche.
Y subo hasta la punta otra vez. Tu polla me tiene loca.
Hago círculos con mi lengua alrededor del glande…mmmm…me encanta su olor, su color y su tamaño tan perfecto. Me estoy poniendo a mil, y la tengo delante de mí para disfrutar de ella, para saborearla, para gozarla, para deleitarme con gula.
Me quitas el pelo de la cara porque quieres verme, lo sé, y sé que te gusta mirarme mientras lo hago, sé que te encanta poder verme la cara mientras te chupo la polla.
Y la vuelvo a lamer, de abajo hacia arriba, una y otra vez. Me la voy metiendo toda en la boca, quiero sentirla latir dentro, en un subir y bajar de estremecimientos, suspiros y placeres incesantes. Quiero disfrutar de la sensación de notarla crecer más y más dentro de mi golosa y hambrienta boca.
Me estás volviendo loca, pero también sé que te estoy volviéndote loco a ti.
Busco con mis ojos tu mirada de cómplice, quiero que disfrutes my Lord, quiero hacerte sentir lo que nunca sentiste, quiero llevarte a la cima de la gloria con cada movimiento, con cada beso, con cada caricia, en cada movimiento de mis labios sobre tu dura y erecta polla.
Y siento tus manos agarrándome los hombros. No me dejas continuar. Me incorporas hacia arriba, te acercas a mi boca y me besas como si se te fuera la vida en el beso. "Je t’aime", es lo único que soy capaz de decir sumergida en este carrusel de lujuria y deseo. “Moi aussi” me respondes antes de que me separe de tu boca y busque cabalgarte con pasión.
Y así como estás, me siento sobre ti, buscando el calor de tu polla en el interior de mi coño, queriendo clavarme hasta lo más profundo de mi ser para no separarme más, convirtiéndonos en una unión perfecta y de por vida.

"Mmmm, que mojada estás my Lady
" Tú me pones así, tú me calientas y encharcas de esta manera"

Mis gemidos vuelven a sonar entrecortados al sentirte entrar en mi, más y más profundo, más y más adentro.
Si fueras yo podrías comprobar lo que estoy sintiendo en estos momentos, sabrías por qué disfruto tanto haciendo el amor contigo. Sentir cómo entras y sales de mi, cuando cabalgo sobre tu cuerpo, sudorosos los dos, deseosos, entregados a nuestra pasión, a nuestro deseo, a nuestra propia existencia.
Me encanta follarte así. Subir y bajar sobre ti, sentir tu polla, que es mía y sólo mía, partiéndome al medio en un sinfín de sensaciones, que poco a poco van subiendo aún más la temperatura de mi cuerpo. Los labios de mi coño y mi enorme clítoris tocando contra ti en cada movimiento. Mientras te cabalgo con locura y deseo, te comes mis tetas con gula. Las abarcas con tu boca arrasadora y las besas, muerdes mis erectos y duros pezones.
Me sostengo con las manos en el respaldo de la cama. Ya no aguanto más, lo sabes. Lo sabes y me lo pides, porque estás como yo.

"Córrete, córrete mi niña"

Y no puedo aguantar. Un volcán de explosiones y espasmos estalla en mi de nuevo, arqueando mi cuerpo, recorriéndome de arriba abajo al sentir cómo te deshaces dentro de mí, como te corres dentro de mí, inundando mi coño con tu leche, caliente, ardiente, que me quema al llenarme por completo por dentro. Mientras te corres, tu boca se ha prendido a mi cuello como una bestia devorando a su presa, marcándome como de tu propiedad, potenciando aún más este orgasmo maravilloso que estoy teniendo.

"Je t’aime", vuelvo a decirte mirándote a los ojos para que veas en los míos la imagen de la pasión, del deseo más ardiente, del placer jamás disfrutado con tanta intensidad”.

El frescor de la mañana me despierta y puedo comprobar que no ha sido un sueño, que no ha sido un deseo anhelado. Esta noche de tanto desearte y aclamarte, con mi corazón y mi cuerpo, has venido. Estás aquí, a mi lado, desnudo y durmiendo de forma apacible. Has venido, y como mi rey y mi demonio, has vuelto a ocupar tu lugar en mi cama, a mi lado por cada noche y por siempre. Me abrazo a ti y así vuelvo a cerrar los ojos, pero no para soñar, para dormir.
Ya no necesito buscarte en sueños, sólo tengo que extender la mano y atraerte hacía mí.

(Por esos momentos aún no vividos)

jueves, 16 de julio de 2009

BUENOS DIAS


Hoy me ha despertado la calidez de tu cuerpo junto al mio. Suavemente he apartado la sábana que te cubría para poder contemplarte furtivamente. Con el roce suave de un solo dedo para no despertarte, te recorro lentamente, disfrutando del tacto de tu piel, bajando desde el cuello hasta tus hombros, de tus hombros a tu pecho, siguiendo por tu vientre el camino desnudo que me lleva hasta ese lugar concreto y secreto que comienza a palpitar al sentir mi presencia.

Tu sexo se ha despertado antes que tu, lenta y perezosamente me da los buenos días mientras sigo dibujando su contorno con mi dedo, presionando, acariciando, sintiendo como se endurece a la vida, como se tensa al deseo de entregarse a mi juego.

También el mio comienza a sentir. Pequeñas descargas nacen desde ese punto al que anoche le arrancaste mis gemidos, descargas que van aumentando y que intento retener presionándolo con la mano que tengo libre. Ahora es mi mano abierta la que acaricia tu miembro, que va endureciéndose al tiempo que yo voy humedeciendome.

Mis manos acompasan los ritmos, arriba, abajo, arriba... te agitas sin abrir los ojos, tu respiración se entrecorta con la mía, arriba, abajo, arriba...mis dedos penetran mi cuerpo sintiendo tu erección en mi mano. Y mi boca sedienta dispuesta a calmar esa sed de deseo de ese secreto placer que tu sexo en silencio reclama.

Entreabres los ojos cuando comienzo a chupar, a lamer, lentamente, vibrando esa intimidad solo mía que compartes, y comienzas quedamente a gemir como yo gimo, a sentir como yo siento, a gozar como yo gozo. Ahora ya no disimulas, y me miras directamente a los ojos, encendidos de deseo, quemándonos en las ganas, entras y sales de mi boca, más duro, más fuerte, más profundo. Tu mano se une a la mía empapándose de mi, llegando donde yo no he llegado, incrementando los ritmos, más deprisa, más adentro, más lejos, más arriba... nos perdemos y buscas comerme la boca, mientras la mia se pierde entre los jadeos de tu placer.

Tus dedos maestros en mi cuerpo me están haciendo enloquecer, gimiéndote ,siento en mi boca como estalla en un grito lo ya no puedes retener. Sin apartar las miradas, tus ojos fijos en los míos, subo lentamente hasta tu boca recuperando el aliento.


-mmmmmm ... buenos días!!!.


Tendidos, mirando al techo, abrazados, sonreímos satisfechos.




( ... no voy a dejar de escribir)

domingo, 12 de julio de 2009

EN EL CALOR DE LA NOCHE




El calor era insoportable, no podía conciliar el sueño, después de dar vueltas y más vueltas en la cama decidí salir al jardín y ver si conseguía refrescarme un poco antes de volver a la cama.
Los escuché mientras me dirigía hacia una de las tumbonas de la piscina, poco a poco me fui acercando al seto que separaba ambas casas. Desde donde estaba podía verlos. No había demasiada luz, pero veía perfectamente los ojos de la mujer, unos ojos infinitos, que reflejaban en destellos animales el placer, la ansiedad, la sensualidad y el deseo. Su silueta y su pelo negro destacaban sobre la blanca mesa de jardín de mi vecino, mientras sus pechos se movían al ritmo de la penetración.

Pensé buscar un lugar desde donde observarles mejor, pero me dio miedo que me descubrieran. En ese momento envidiaba a mi vecino más que a nadie. Deseaba ser yo quién estuviera al otro lado del seto, ser yo quien se perdiera entre las piernas de esa mujer, ser yo quien la hiciera gemir de ese modo tan salvaje, empaparme de ella, sentir como sus caderas me golpeaban, que se atara con sus piernas eternamente a mi cuerpo, compartiendo su danza, bailando a su ritmo.

Oí como se recitaban letanías completas de obscenidades al oído mientras ella se agarraba a su cuello poseída por el placer. Hipnotizado por la visión de ese baile de cuerpos ardientes no podía hacer otra cosa que masturbarme, que presionar fuerte mi polla, ahogando las ganas de unirme a ellos, mordiéndome el placer, sintiéndome parte del espectáculo, con derecho a ser uno de ellos, a colaborar para conseguir que esa mujer no dejara de disfrutar, de sentir, de jadear durante horas, durante noches.
Deseaba poder ser yo quien le arrancara gemidos, ser yo quien profanara su cuerpo, masturbándome lentamente esperando que ella se dirigiera a mi para invitarme a beber todo su cuerpo apurando hasta la última gota de su placer. De repente su cuerpo se arqueó y por encima de los ruidos de la noche resonó salvaje su grito de liberación.

De un solo movimiento la volteó y volvió a penetrarla sujetando sus caderas, arrancándole nuevos jadeos que se clavaban en mi mente haciéndome insoportable la distancia que nos separaba, doliéndome hasta en el deseo, aprisionandome en aquella escena que también era mía, participando en su rito mientras el ritmo aumentaba, y yo, ..yo seguía jugando con mi sexo, poseyéndola, haciéndola mía en mi imaginación, excitándome hasta el extremo de no darme cuenta de cuando ella giró la cabeza hacia mi, esbozando una leve sonrisa, sacándome la lengua lascivamente. Mientras, mi vecino la sujetaba ajeno, penetrándola brutalmente.
Ella no apartaba sus ojos de los míos, intensificando sus gemidos, aumentándolos hasta que se apoderaron de mis dos cabezas. Era otro el que la estaba penetrando, poseyendo, disfrutando, pero solo yo la sentía totalmente mía, mientras seguía con su mirada el movimiento de mi mano, observando las convulsiones de mi cuerpo. Me tenía atrapado en sus ojos y no dejaba de sonreírme. Ambos lo sabíamos, yo... yo lo sabía.., estaba gimiendo solo para mi, moviendose solo para mí, disfrutando solo conmigo.
Devorándome con la mirada, deshaciendo la distancia, culminando los deseos, acompasando nuestros cuerpos oí los gritos de su orgasmo acompañando la salida de mi esperma al eyacular. Me corrí con sus ojos en los míos, con la imagen de una medio sonrisa en su boca entreabierta, sabiendo que cada una de las sacudidas que recorrieron su cuerpo las había provocado yo, solo yo.

Volví al interior de mi casa, sintiendo demasiado calor dentro y fuera de mi. Mientras el agua fría de la ducha resbalaba por mi cuerpo, grabando en mi mente para siempre esa mirada anoté mentalmente no olvidar comentarle a mi mujer lo mal que me caía el nuevo vecino.
(Dedicado a ...ti)

miércoles, 8 de julio de 2009

LA DUCHA


Aquella noche no habían podido compartir sus momentos de placer, deseo y amistad, así que se fueron a dormir pensando el uno en el otro. Deseaban soñarse, sentirse cerca y unidos en la intimidad de una habitación.
Y él la deseo como la desea siempre, la soñó, la imaginó, la vio, sí, la vio.

“De repente se despertó. El calor que hacía en su habitación, y el que desprendía su propio cuerpo, ayudada a aumentar ese asfixiante ambiente, por lo que pensó que una ducha le sentaría de maravilla.
Tiró de la sábana y deslizando sus esbeltas piernas hacia fuera de la cama, puso sus pies descalzos en el suelo. Sentada en el borde fue estirando cada uno de los músculos de su cuerpo a la vez que iba incorporándose, dejando escapar un bostezo. Completamente desnuda se encaminó hacia el baño.
Abrió el agua y sin importarle que no estuviera caliente, bastante lo estaba ella, se metió debajo sintiendo un escalofrío en la totalidad de su piel bronceada. El agua empezó a deslizarse por su pelo, su cara, sus hombros, su vientre, inundando su ombligo, bajando en cascada hacia su sexo. Un sexo depilado, de piel suave y labios rosados, como su interior.
Un estremecimiento de placer recorrió su columna hasta alojarse en su entrepierna y despertando en ella de nuevo las sensaciones que jamás quiso ocultar y que durante la noche, en su pensamiento, en su ausencia, había intentado calmar una y otra vez sin haberlo conseguirlo.
Estirando la mano alcanzó la botella de gel y depositando en ella una generosa cantidad, fue enjabonándose todo el cuerpo con la voluptuosidad y deleite que le producía sentir sus propias caricias.
Su primer punto de placer, sus pechos, fueron buscados por sus dedos que empezaron a jugar con ellos a base de movimientos circulares, notando como se le iban endureciendo los pezones con el roce. Disfrutaba sintiendo el dulce tacto que proporcionaba a su piel la textura del jabón en su culo, en la cara interna de sus muslos, pero no quería que sus manos empezaran a recorrer su zona más erógena, donde se escondía su más preciado resorte, su botón de placer, su clítoris.
Intentó retardarlo lo máximo posible, pero ya le era imposible. Necesitaba acariciarse y jugar con esa flor apetecida y deseada que era su coño. Separando sus labios vaginales, fue deslizando un dedo hacia el interior de su sexo para tener consciencia física de lo húmeda y excitada que estaba. Un leve gemido se escapó de su interior a la vez que sacaba el dedo para tocar suavemente el clítoris y seguir así por unos segundos.
Notaba como crecía y se volvía más duro al contacto de sus dedos, y que el placer ya empezaba a subir por su espalda para dominar luego todo su cuerpo. Mordiéndose los labios, sobre todo ese labio inferior que tan apetecible y deseada la hace, se dejó llevar por la llamarada que iba creciendo y se extendía por toda ella.
No tenía prisa, quería gozar plenamente de las sensaciones que recorrían cada poro de su piel, así que disminuyó el ritmo de sus manos, que no de su respiración cada vez más agitada, y cerrando los ojos, se dejó llevar por la vorágine de ese momento hacia lugares lejanos, riscos encantados y diablos viciosos.
Ya no era consciente de nada, sólo del placer que estaba sintiendo. Sus manos estrujaban sus pechos, sus dedos pellizcaban sus duros pezones, bajando de nuevo a su sexo buscando con frenesí el centro de su obsesión, presionando de forma experta el sitio exacto de donde le manaba el placer, una y otra vez, una y otra vez, hasta que se dio cuenta de que no podía más. Notó como miles de sensaciones empezaron a recorrer sus entrañas, concentrándose en sus puntos más erógenos, nublando su mente, vaciándola de cualquier pensamiento, excepto de los más íntimos, y haciendo que todo fuera de un solo color, el rojo pasión que la invadía en esos momentos y que quería compartir con él.
Y cuando creyó que ya no podía más, que estaba en otro sitio, cuando ni los gemidos podían abrirse paso en su garganta, llegó al clímax, sintió la explosión de sus más deseados placeres, jadeando y creyendo que moriría de gozo”.

Despertó con una tremenda erección y empapado en sudor. A la vista del asfixiante ambiente de la habitación, pensó que una ducha le sentaría de maravilla.

HOY PENSABA EN TI


Sigues presente en mis noches, esperándote, sabiendome esperada, en un loco juego de desencuentros.
Hoy no he podido evitar pensarte la mayor parte del día, mi mente ha estado ocupada por fantasías, acortando la mucha distancia que nos separa, para sentirte a mi lado. He visto tu sonrisa de diablo dispuesto a todo por esos momentos de felicidad prometida en el claro del monte. Me he perdido en el brillo reluciente de tus ojos reflejandome en tu emoción, sintiendo como crecía la mía. He visto como me ibas desnudando tan poco a poco que el tiempo parecia dilatarse quedando flotando las prendas en el espacio. He visto tu cuerpo desnudo, rebosante de energia, tu hambre de piel. He visto como me hacias gozar, como temblabas, como me llenabas, como te vaciabas saciando tu sed en la fuente del placer que se esconde entre mis piernas. He sentido tus manos tu lengua recorrerme por entero, lentamente, aprendiendo de memoria cada centímetro.
Hoy te he visto y te he sentido. Hoy no sé que ha pasado, será que te he echado de menos...?

miércoles, 1 de julio de 2009

PASION Y DESEO


Se puso un vestido sencillo, holgado y de tirantes. Sin duda no era uno de los más sexys que tenía en el armario, pero tampoco se lo iba a exigir ni a pedir, total, sólo íbamos a ir a dar una vuelta, picar algo y mejor no complicarse la vida en la búsqueda de la prenda ideal. Se recogió el pelo con un palito de madera, se puso unos aretes, brillo en los labios y nada más. Tampoco lo necesitaba por mucho que me dijera últimamente que estaba fea porque el trabajo y la tensión podían con ella.
Cuando salió de la habitación, yo estaba sentado en el sofá programando los canales de la tele para grabar el concierto de Youssou N’dour. La observé con detenimiento.

- Mmmm…preciosa, como siempre
- No seas tonto…jajajaja…estoy fea, vamos?

Le hice una seña de que se acercara al sofá. Ella, obedientemente, vino hasta mí e hizo el amague de sentarse a mi lado, pero no la dejé hacerlo y sin decirle nada, tomándola de la mano hice que se situara frente a mí, y sin mediar palabra, metí mis manos por debajo del vestido, deslizándolas por sus muslos y subiendo lentamente hasta llegar a sus contorneadas caderas.
Ella me miraba entre sorprendida, encantada y excitada, esperando que le dijera algo, pero sólo tenía intención de devolverle la mirada. Al verla tan dócil y tan calladita, busqué el borde de su tanga y con la mayor naturalidad comencé a bajárselo lentamente, aprovechando para rozar con mis dedos sus muslos desnudos y cálidos. Mientras se lo iba quitando, separó sus piernas de forma instintiva para facilitarme la labor. Cuando llegué a sus tobillos, sin decirle nada, le hice un ademán para que levantara el pie derecho, luego el izquierdo y poder así terminar de quitarle esa prenda intima tan diminuta que suele usar de forma habitual.
Una vez más, por las razones que los dos conocemos, me obedeció. Notaba en sus ojos y conozco muy bien su mirada, que estaba casi derretida. Sé que se excita cuando me pongo así, en plan dominante, y seguro que esperaba que la follara ahí mismo, en la sala, tumbados en el sofá, porque sé que para ella era lo que seguía, según su lógica, pero a veces su lógica no coincide con la mía.

- Vamos
- Vamos ?...Es en serio?
- Totalmente
- Así?
- Tienes razón, también te sobra el sostén

Se lo desabroché y lo saqué por encima del vestido. Como no tenía tirantes me fue sencillo hacerlo. Fue a descansar al lado del tanga, sobre el sofá.
Al hacer ademán de dirigirme hacia la puerta, comenzó a protestar, pero mirándome a los ojos se dio cuenta de que por mucho que protestara nada iba a cambiar. Además, por el brillo especial de los suyos, me di cuenta de que estaba excitada ante la idea de salir así. Tras dudar unos instantes, se encaminó detrás de mí, como un cachorrito, sin protestar.
Cerré la puerta y nos encaminamos hacia el coche.

Como me ocurría a veces, me sentía descolocada por su proceder de lo más natural. Tan dulce y atento. Caballeroso como siempre, pero a la vez tan autoritario, tan dominante. En esos momentos, a juzgar por la manera de portarse, por la reacción y la forma de tocarme, tenía la sensación de que iba tapada hasta el cuello y no desnuda como me sentía cada vez que la brisa se encargaba de recordarme que debajo del vestido no llevaba nada más que mi humedad, mi tremenda humedad.
Cada vez que me ponía una mano en la cintura, y con suavidad la bajaba hasta mi cadera, todo mi cuerpo se estremecía. Cuando clavaba mis ojos en los suyos, con deseo incontrolado en mi interior, él me sonreía sin decirme ni comentar nada respecto de mi desnudez interior.
Así me tuvo todo el tiempo que estuvimos fuera. Se le veía tan tranquilo, tan frío incluso, que me preguntaba a mi misma cómo era posible que yo estuviera tan al borde de un ataque y él tan sereno, tan íntegro, podríamos decir.
Su calma hacía que yo me notara y sintiera desconcentrada. Sólo era capaz de sentir, sólo era capaz de desear que llegara el momento de tenerlo. Pero él seguía imperturbable. Apenas algunos pequeños detalles me indicaron que él también era consciente de lo excitante y caliente que era la situación.
La manera de sujetarme con más presión en sus dedos. La forma en que posaba su mano en mi cintura. Cuando de vuelta a casa, en el coche, puso su mano sobre mi muslo con una fuerza distinta. Alguna caricia más sensual y más insinuante que otras.
Pero su cara no reflejaba nada. Sus ojos, el espejo de nuestras almas, eran como unos pozos sin fondo. No denotaban nada. Sólo le sentía la voz un poco más ronca, un tono que yo conozco de sobra y que conseguía ponerme aún más nerviosa y con ganas. Quería, necesitaba que me hiciera el amor, que me follara, que me hiciera suya, pero él parecía no tener ninguna urgencia, ninguna prisa por ello.

Nada más entrar en el ascensor trató de echárseme encima, pero suavemente la aparté un poco. Ya en el coche había tratado de ponerme cachondo subiéndose la falda y mostrándome las piernas. Pero yo, impasible, la volví a poner en su sitio, bajándosela. Cuando me pasaba los dedos por la nuca, cosa que sabe que me encanta, buscaba estremecerme, pero aún así no hice nada. Cuando comenzó a acariciarme el muslo con toda la intención y deseo de llegar hasta mi polla, le cogí la mano y me la llevé a los labios, besándole los dedos con suavidad. Ahora en el ascensor, casi consigue aflojarme un poco, pero las puertas se abrieron para que entrara alguien y aproveché para recuperarme.

Cuando entramos en el apartamento y antes de que pudiera hacer ni decir nada, me atrajo hacia él y me besó. Su lengua buscando la mía, lo sentí respirar como buscando más aire porque se ahogaba. La forma de pegarse a mi cuerpo y la forma de sostenerme para que no me escapara de su beso voraz era como si quisiera adueñarse de mí y como si ya tanto resistirse al deseo primario de poseerme le hubieran pasado factura. Yo sólo me dejaba hacer, ya hacía mucho rato que había perdido la voluntad.

Me separé de ella tan rápido como la había atrapado en mis brazos y la llevé hasta el sofá, el mismo donde había dejado su ropa interior horas antes. Mirando de reojo vi que el tanga y el sostén seguían tirados en el mismo lugar.

– Siéntate

Yo me senté y al tener su polla a la altura de mi boca, pensé sólo en sacarla de su pantalón. Pero cuando fui a buscar esa divina posesión, él me sostuvo las manos y negó con la cabeza. Con sólo tirar del palito que lo sostenía, me soltó el pelo. Esa acción se me antojó de lo más provocativa. Se sentó a mi lado.

- Siéntate en el borde y abre las piernas

Una vez más obedecí y sentí como el vértigo me recorría el cuerpo a la vez que sus manos buscaban mi piel. Otra vez sus manos iban trepando por mis muslos, pero esta vez descaradamente y ahora sí, con la expresión en el rostro de absoluta lujuria. Sus manos abiertas recorriendo sin prisa todo cuanto les fuera posible recorrer y sentir, empujando hacia arriba el vestido y buscando dejarme expuesta ante sus ojos. Yo respiraba agitadamente. Que erótica la manera de prepararme todo el día, que locura ver en estos momentos su cara de deseo, de pasión, pero tan seria a la vez.

- Túmbate hacia atrás y ábrete más, quiero verte en todo tu esplendor

Me quedé mirando su sexo abierto, hipnotizado como siempre ante la visión de esa joya única y deseada.

Se me escapó un gemido. Me sentía muy mojada. Ya llevaba horas así, pero ahora era peor, estaba perdiendo la razón. Con su mano libre, me bajó el vestido dejando mis tetas al descubierto. Ahora su mirada estaba sobre ellas y yo levanté el torso desafiándolo a que las tocara, a que perdiera la cordura y se entregara al deseo que a los dos nos estaba quemando, pero su mano fue hasta mi mejilla para acariciarla suavemente con sus dedos. Su otra mano acariciaba mi muslo. Subía y bajaba apenas rozando mi vulva, mojándose los dedos con mi efusión. Que desnuda me sentía y que maravillosa sensación. Yo moví la cara y atrapé uno de sus dedos con mis labios y, él se dejó chupar.

Lo hacía como si de mi polla se tratara. Era tal la sensación y mi mente volando, que no podía dejar de pensar que era mi polla la que estaba en contacto con su lengua. Cuando lo saqué de su boca lo llevé directamente a su duro y erecto pezón, mojándolo y acariciándolo hasta hacerlo casi reventar de la excitación quedando brillante por la saliva con que lo impregné. Con su propia saliva.

En un movimiento simultáneo me recorrió los labios con su lengua que terminó enredada con la mía y con sus dedos hizo un camino desde la entrada de mi vagina hasta el clítoris y allí se quedó trazando círculos para luego volver a bajar y hundir un dedo en mí que me arrancó un gemido más largo y que hizo que me arqueara otro poco para sentirlo más. En este momento nuestras lenguas eran una sola y decidí dejarme caer hacia atrás para poder tener mis manos libres y acariciarlo, necesitaba sentir el calor de su piel, ya estaba bueno de hacerme esperar. Pero no me dejó.

- No, aún no

Así que no me iba a permitir tocarlo. Tampoco me terminaba de desnudar. Acaso esta noche le producía más excitación tenerme así? Yo estaba a mil. Me estaban desesperando esas pequeñas muestras de placer y precisamente esa desesperación, lo hacía todo más intenso. El orgasmo me iba a llegar rápido, mejor dicho, cuando a él le diera la gana de dejarme terminar.

Me separé de su boca, buscando sus tetas. Las lamí y chupé como si fueran uno de los mayores manjares, que sin ningún tipo de duda, lo eran. Mi lengua recorrió y jugó con sus durísimos pezones mientras una de mis manos fue bajando por su vientre a la búsqueda de su sexo, de su encharcado y lubricado coño. Empecé a jugar con su hinchado clítoris y al poco tiempo uno de mis dedos buscó su interior. Salía y entraba una y otra vez. La palma de mi mano se aplicaba sobre su erizado clítoris mientras dos dedos la empezaban a follar entre espasmos de placer. Le estaba arrancando gemidos cada vez más fuertes y notaba como su respiración se agitaba más y más.

- Me estás matando. Vas a hacer que me corra ya si no paras

Sacó sus dos dedos de mi coño y dejó de masturbarme, pero el respiro no duró mucho, porque cuando soltó el pezón que mordisqueaba, su lengua continuó su recorrido hacia mi vientre, sintiendo como dejaba un surco húmedo hacia mi entrepierna. Tenerlo entre mis piernas, ver como se desnudaba, saber que su lengua me haría desfallecer, aceleraba todos mis sentidos.

Le acabé de quitar el vestido y colocó sus piernas sobre mis hombros. Una de mis manos empezó a acariciar sus tetas, a la vez que los dedos de la otra entraban y salían de su coño, mientras ella separaba los labios vaginales con sus propias manos para darme mejor acceso a su ya necesitado nido de placer. Me separé un poco para ver cómo esa profunda cueva se me ofrecía y esa visión me excitó al máximo. Me puse de rodillas entre sus piernas y mi lengua buscó su clítoris. Mientras con mi lengua escribía su nombre sobre él, mis dedos entraron de nuevo dentro de su ser. Mi excitación ya era casi descontrolada y ese placer se había adueñado de mi polla, erecta y dura como nunca. Aceleré el ritmo de mis dedos y de mi lengua.

Oír el chasquido que hacía mi humedad al contacto con sus dedos, el de la succión, sus gemidos, la sensación de estar siendo penetrada, lo mojada que me sentía, todo me arrancó un orgasmo que no pude ni quise dilatar más, me agité, me sacudí con violencia y se lo ordené.

- Fóllame…fóllame por favor

Necesitaba que me penetrara, que me follara. Por mucho placer que me produzca cuando me folla con sus dedos, no es lo mismo, nunca es lo mismo sin él moviéndose dentro de mí, sin el peso de su cuerpo sobre el mío, sin el olor de su piel, sin sus gemidos de placer.

Me tumbó encima del sofá. Lo sentí entrar y moverse con violencia, abrazándome, besándome los labios, mordiéndome los hombros. Necesitaba que terminara dentro de mí, que se corriera dentro de mí ser, necesitaba que desahogara en mí tanta espera.

Saqué mi polla de su coño y bajándola del sofá, la puse de rodillas en el suelo y pegándome contra sus nalgas, que ella misma se encargó de separar con sus manos, mi glande se apretó contra su ano buscando penetrar ese prieto orificio que tantos momentos de lujuria y lascivia nos proporciona.

Pegado a mi espalda, sintiendo su aliento en mi cuello y sus labios besando mis hombros, necesitaba sentir toda su fuerza en mi culo y de un solo golpe me clavé su tremenda erección por completo. El espejo ofrecía la visión de sus manos magreando mis tetas y su boca en mi cuello. Giré la cara para buscar su lengua y enloquecerlo más moviendo mis caderas mientras su polla se clavaba hasta lo más profundo de mi ser. Lo oí gruñir, lo sentí acelerar y sentí como se apretaba más fuertemente contra mis nalgas.

Tenía la imperiosa necesidad de correrme dentro de su culo y sabía que ella lo estaba también deseando. Se corrió en mi interior, que maravillosa sensación de plenitud, de hembra completa. Notaba como ella también se había corrido con mis últimas gotas de esperma.

Nos acomodamos en el sofá, abrazados, agotados, relajados, felices y dispuestos a disfrutar del concierto. Nunca 7 segundos de inicio dieron para tanta pasión y deseo.