lunes, 29 de junio de 2009

LA CENA


Que me había llevado a aceptar su invitación, hacia ya tiempo que habíamos roto nuestra relación. De camino a su casa me repetía una y otra vez la misma pregunta sin encontrar una respuesta correcta, ni siquiera con una incorrecta, resultaba totalmente imposible. Parada frente a la puerta, respiré hondo tratando de recuperar el valor que había perdido metro a metro en la distancia que separaba nuestras casas.

Besos de bienvenida en las mejillas y su sonrisa de satisfacción iluminando su cara e invitándome a pasar hacia el interior donde una cena fría nos esperaba sobre la mesa. Unas copas de buen vino se encargaron de romper el hielo. Compartiendo mesa, plato y mantel, como cualquier otra pareja, me sorprendí hablando de trivialidades, de futuros, de la vida, riendo de bromas tontas entre bocado y bocado. Me sentí como una tonta, mis temores parecían infundados, eramos como viejos amigos y como tales nos comportamos, recogimos la mesa llevando todo hacia la cocina.

Me dirigía de nuevo hacia su salón cuando tiró suavemente de mi mano, dirigiendo mis pasos con la suya apoyada en mi cintura hacia la habitación. Había cambiado algunas cosas, se lo comenté intentando disimular mis nervios y llenando ese incómodo silencio que solo llenaba el deseo de mi cuerpo por ser recorrido por sus manos y su boca. Insegura, indecisa, sin tener claro si quería que llegáramos lejos una vez más, le miré fijamente a los ojos, Creo que esa mirada entraba en sus planes, con una caricia desde la nuca al mentón dejo claras sus intenciones sin desviar ni un momento sus ojos de los míos, alargando la caricia hasta que mi respiración se hizo más audible.

Solo entonces me tomó por el cuello y me beso como si en ese beso le fuera la vida. Estábamos jugando con fuego, y nadie se enciende en pasión sin quemarse, nos invadía un anhelo devastador que nos consumía prescindiendo de toda delicadeza. Acariciando suavemente mi mejilla, mordiendo con furia mis labios, lenguas con su danza propia entre besos y suspiros y mi cuerpo que se adapta al suyo tan fuerte, tan grande. Me sorprendo fijándome en el temblor de sus manos intentando desabrochar mi blusa, una mezcla de dulzura y violencia que me excita más que cualquier beso y que sin embargo me hace buscar su boca con urgencia, descubriendo el brillo de una emoción que antes no le conocía, brillo que delata la pasión que lleva tiempo queriendo explotar y a la que esta noche nada va a detener.

Y me arrebata su urgencia y sin pensarlo abro de un tirón su camisa, arrancando los botones que salen volando sin importarnos donde acaban. Recorro con mi lengua su pecho, ese pecho que tantas veces recorrí acercándome a su.. cuando tira de mí hasta la altura de su mirada una vez más, frente a frente, recorre con su lengua mi cuello sin detenerse hasta llegar a mis endurecidos pezones, sentada sobre él sintiendo como se acerca la gloria apenas comenzando a recorrer el camino hacia ella, tomando con sus manos cada pecho, su boca continua el recorrido descendiente por mi cuerpo, y cada vez me cuesta más respirar, y lo hago aceleradamente agonizando al sentirlo entre mis húmedos pliegues, embargándome una sensación abrumadora. Intenté explicarlo, pero su boca calló la mía, dejando el rastro de sus besos por mi cara, por mi cuello...Recuerdo creer que caía por un precipicio e intenté gritar pero no salieron palabras, solo gemidos entrecortados ...

Lo sentí moverse sobre mi, cada vez más intenso, su temblor delató el momento en que se derramó en mi interior, y me dejé caer sobre el sintiendo de nuevo sus manos recorriendo mi espalda, acariciando mi cabello. Nuevamente, después de mucho tiempo, volví a desear no tener que separarme de ese cuerpo que me esclaviza en la felicidad mas sublime.

Pero la razón se impone, y al despertar entre una maraña de piernas y brazos, a su lado, no quise llorar el nudo de mi garganta, recogí las prendas desperdigadas por la habitación, y me fui sin mirar atrás. Quizás un día de estos me llame para cenar.

1 comentario:

  1. Atractiva, apetecible y deseada situación. Sólo espero que en esa cita para volver a cenar seas más atrevida.
    Remuacs.

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