lunes, 29 de junio de 2009

LA CENA


Que me había llevado a aceptar su invitación, hacia ya tiempo que habíamos roto nuestra relación. De camino a su casa me repetía una y otra vez la misma pregunta sin encontrar una respuesta correcta, ni siquiera con una incorrecta, resultaba totalmente imposible. Parada frente a la puerta, respiré hondo tratando de recuperar el valor que había perdido metro a metro en la distancia que separaba nuestras casas.

Besos de bienvenida en las mejillas y su sonrisa de satisfacción iluminando su cara e invitándome a pasar hacia el interior donde una cena fría nos esperaba sobre la mesa. Unas copas de buen vino se encargaron de romper el hielo. Compartiendo mesa, plato y mantel, como cualquier otra pareja, me sorprendí hablando de trivialidades, de futuros, de la vida, riendo de bromas tontas entre bocado y bocado. Me sentí como una tonta, mis temores parecían infundados, eramos como viejos amigos y como tales nos comportamos, recogimos la mesa llevando todo hacia la cocina.

Me dirigía de nuevo hacia su salón cuando tiró suavemente de mi mano, dirigiendo mis pasos con la suya apoyada en mi cintura hacia la habitación. Había cambiado algunas cosas, se lo comenté intentando disimular mis nervios y llenando ese incómodo silencio que solo llenaba el deseo de mi cuerpo por ser recorrido por sus manos y su boca. Insegura, indecisa, sin tener claro si quería que llegáramos lejos una vez más, le miré fijamente a los ojos, Creo que esa mirada entraba en sus planes, con una caricia desde la nuca al mentón dejo claras sus intenciones sin desviar ni un momento sus ojos de los míos, alargando la caricia hasta que mi respiración se hizo más audible.

Solo entonces me tomó por el cuello y me beso como si en ese beso le fuera la vida. Estábamos jugando con fuego, y nadie se enciende en pasión sin quemarse, nos invadía un anhelo devastador que nos consumía prescindiendo de toda delicadeza. Acariciando suavemente mi mejilla, mordiendo con furia mis labios, lenguas con su danza propia entre besos y suspiros y mi cuerpo que se adapta al suyo tan fuerte, tan grande. Me sorprendo fijándome en el temblor de sus manos intentando desabrochar mi blusa, una mezcla de dulzura y violencia que me excita más que cualquier beso y que sin embargo me hace buscar su boca con urgencia, descubriendo el brillo de una emoción que antes no le conocía, brillo que delata la pasión que lleva tiempo queriendo explotar y a la que esta noche nada va a detener.

Y me arrebata su urgencia y sin pensarlo abro de un tirón su camisa, arrancando los botones que salen volando sin importarnos donde acaban. Recorro con mi lengua su pecho, ese pecho que tantas veces recorrí acercándome a su.. cuando tira de mí hasta la altura de su mirada una vez más, frente a frente, recorre con su lengua mi cuello sin detenerse hasta llegar a mis endurecidos pezones, sentada sobre él sintiendo como se acerca la gloria apenas comenzando a recorrer el camino hacia ella, tomando con sus manos cada pecho, su boca continua el recorrido descendiente por mi cuerpo, y cada vez me cuesta más respirar, y lo hago aceleradamente agonizando al sentirlo entre mis húmedos pliegues, embargándome una sensación abrumadora. Intenté explicarlo, pero su boca calló la mía, dejando el rastro de sus besos por mi cara, por mi cuello...Recuerdo creer que caía por un precipicio e intenté gritar pero no salieron palabras, solo gemidos entrecortados ...

Lo sentí moverse sobre mi, cada vez más intenso, su temblor delató el momento en que se derramó en mi interior, y me dejé caer sobre el sintiendo de nuevo sus manos recorriendo mi espalda, acariciando mi cabello. Nuevamente, después de mucho tiempo, volví a desear no tener que separarme de ese cuerpo que me esclaviza en la felicidad mas sublime.

Pero la razón se impone, y al despertar entre una maraña de piernas y brazos, a su lado, no quise llorar el nudo de mi garganta, recogí las prendas desperdigadas por la habitación, y me fui sin mirar atrás. Quizás un día de estos me llame para cenar.

lunes, 22 de junio de 2009

ANOCHE TE VI...


Con el paso de este tiempo que llevamos juntos pese a la distancia, trás pasar los días que hemos dejado como un pasado fugaz, breve pero intenso, veo, presiento, creo y deseo que por delante tengamos un futuro inmenso, pleno de pasión pero incierto de momentos.

Cierro los ojos y imagino el tacto de tus labios, el sabor de tu lengua, el contorno de tu cuerpo desnudo frente a mí, el calor de tu piel al contacto con la mía.

Algunas noches me despierto mientras tus jugos se derraman en mi boca, saboreando aún las gotas de sudor que caen por tu espalda tras haberse unido nuestros cuerpos, notando como nuestra respiración se acelera por el deseo y la pasíon que nos invade a cada momento.

Esas noches te tengo en mi cama, te tengo junto a mí, pero cuando despierto, cuando vuelvo a la realidad de mi vida, de nuestras vidas paralelas sin tocarse y sin cruzarse, sigues en mi cabeza.

Alguna vez deseo poder parar el mundo durante un instante atemporal para tenerte para mí solo. Deseo escuchar tu voz contándome historias que aún no siendo compartidas en la vida real, si lo son en esos momentos. Deseo que mis manos vuelvan a sujetar firmemente tu cintura. Deseo tus ojos clavados en los míos gritando a los cuatro vientos que me deseas, que me necesitas, sabiendo que los míos te dirán lo mismo. Deseo acariciar tu espalda. Deseos besar tus hombros desnudos. Deseo tus manos entre las mías. Deseo tu cuerpo y poder entregarte el mío.

Me gustaría poder fundirme contigo y formar un solo cuerpo para disfrutar juntos de nuestra lujuria, compartir contigo silencios mientras nos abrazamos, que notes como una parte de mí te aguarda, te necesita y la notarás en todo su esplendor pegada a tí al tiempo que nuestras ropas vayan cayendo al suelo.

Necesito confesarme contigo regados en vino. Deseo derramar ese mismo vino entre tus piernas para beberlo mezclado con tu esencia. Deseo y necesito emborracharme con tu presencia. Necesito hacerte objeto de mis lujurias inconfesables.

Estos últimos días fue mi mente la que te dibujó, la que te vistió y desvistió. Fue mi mente y mi imaginación la que penetró en tu interior, la que se dejó acariciar por tu boca, la que puso palabras en tus labios y la que se sintió acariciada por tus manos, por tu cuerpo.

Un día será tu cumpleaños y ojala pueda regalarte una noche de vino y sexo. Y si no es posible, ojalá pueda regalarte algo como lo recibido por mí.

Anoche te vi en mis sueños.

domingo, 21 de junio de 2009

EL ULTIMO HOMBRE...



Pienso en como es que he llegado hasta aquí. Pienso como es que he acabado con el último de los hombres... Pienso... No, no pienso, no puedo pensar. Siento... Solo siento, ..le siento tan dentro que no recuerdo como era todo antes de poder sentirle así.

Trémulo..., mi cuerpo se estremece con cada caricia de sus dedos en mi centro de placer, ahogando y reavivando el orgasmo, reteniéndolo para llegar al mismo tiempo que él. Que me embiste con fuerza,... haciéndome gemir, una y otra vez empuja sus caderas contra mi, arremete cada vez mas fuerte, no le detienen mis gritos, sabe que quiero sentirle bien dentro, bien fuerte, que quiero que duela, que quiero no poder olvidarlo.

Sus manos recorren cada centímetro de mi piel sin dejar de mirarme, perdiéndome en sus ojos, en su piel, en su cuerpo, gozando del gozar de los cuerpos, sintiendo como el deseo desmedido se desborda al unir nuestras bocas estallando en un tremendo orgasmo que sacude hasta el último rincón de nuestros cuerpos como si de uno solo se tratase, fluyendo, extasiándose, sintiendo ambos al unisono hasta caer rendidos sobre las sábanas revueltas

A oscuras, tan solo la luna que se cuela por el balcón nos ilumina, abrazados en silencio sonreímos, los dos reconocemos la canción que nos llega desde lejos, y tarareamos
"7 seconds"


FELIZ CUMPLEAÑOS LASTMAN

lunes, 15 de junio de 2009

EVOCANDO DESEOS...


Sentada en el asiento trasero de su viejo taxi, sintiendo como sus ojos clandestinos desnudaban mi intimidad a través del espejo público del retrovisor, escuchando sus disertaciones de filosofía pura de la vida, dejándome envolver por la cadencia de su voz y sorprendiéndome espiando su sonrisa, descubrí que la atracción no puede elegirse, que está o no está..., que cuando la encuentras, la sigues buscando, porque descubres que realmente es lo que andabas buscando, y que justamente es eso lo que necesitas para seguir sintiéndote vivo.

Desde hace unos días me sorprendo pensando en ti de manera puramente carnal. Un simple deseo casi inconsciente que busca satisfacer mis fantasías que crecen día a día, quizás solo fruto del morbo,... quizás solo del deseo de sentirte tan adentro que hasta me da miedo.

Y me veo acercándome casi desnuda, por detrás, tapándote los ojos te susurro al oído “dejate llevar...ven hasta donde tu me haces llegar...” Y tus manos acarician mis piernas, subiendo por mis muslos desnudos hasta aferrar mi trasero fuertemente por unos instantes antes de levantarte y girar, poniéndote en pie, frente a frente. Y mi lengua roza tu boca, en un juego por morder tus labios, abrazados al ritmo de nuestras risas y bailando en el movimiento de nuestras caderas restregándose en un cuerpo a cuerpo buscando su excitación.

Abrazados me comes la boca con hambre de tiempo de abstinencia, y casi pierdo el sentido cuando tu lengua llega a mi cuello y siento el tacto de tus manos en mis hombros, en mis pechos, recorriéndome, bajando por mi vientre, jugueteando tus dedos en el contorno de mi tanga cada vez más húmedo, y noto crecer algo bajo tus pantalones.

Inmóvil observas mi cuerpo desnudo y una sonrisa que me provoca se dibuja en tu cara, no me resisto a la tentación, desabrocho con prisas el pantalón dejando libre tu virilidad, disfrutando de su visión, y mi lengua y mi boca la hacen suya mientras mis manos no dejan de acariciarte, disfrutando ambos de ese comer y ser comido.

Quieres que pare y tiras de mi, y me empujas contra la pared perdiéndose tu cabeza entre mi pecho, mordiendo, lamiendo, pellizcando mis duros pezones, y mis manos guían el camino que quiero que sigan las tuyas mientras me muero de deseo de que me poseas, mi mente queda ajena a todo lo que no sea el placer de tus dedos dentro de mi, llevándome a la perdición, estallando en gemidos que empiezan a llenar el espacio que nos rodea.

Bruscamente, por sorpresa, me volteas contra la pared y embistes sin piedad, penetrándome sin descanso, una y otra vez, incapaz de sentir remordimientos a pesar de mis gemidos, hasta que arrancas a mi garganta un grito de infinito placer. Y no hay nada que yo pueda hacer, mis sentidos se funden en uno solo, concentrados únicamente en tus movimientos, mientras me sujetas fuertemente, sin dejar de besarme la espalda, dándome lo que más quería, lo que más deseaba, follándome como nunca antes me había follado ningún otro hombre.

Y de nuevo me sorprendes,.. cuando creí que me lo ibas a dar todo, te paras,.. como un castigo, me llevas hasta las puertas del máximo placer sin dejarme penetrar por ellas. Y vuelvo a encontrarme frente a tus ojos que me reclaman que acabe lo que hemos empezado. Sin perder tiempo tumbados en el frío suelo sin importarnos nada, salvajemente te cabalgo sin tiempo a reaccionar y puedo adivinar por tu cara que estas a punto de llegar al mismo lugar recóndito del placer en el que yo ya casi me encuentro, lentamente llego al éxtasis con gritos cada vez más fuertes, buscando comer tus labios, mientras me corro te vacías dentro de mí ahogando tu grito en mi boca.

Y así nos quedamos, permanecemos quietos, enredados los cuerpos hasta que nuestra respiración se calma y nuestros solitarios corazones recuperan su ritmo habitual.

Con los ojos cerrados evoco todos esos momentos de placer, cada caricia, cada gemido, sintiéndolos presentes en mis fantasías armadas...

Ocurre que a veces una persona despierta en nosotros algo especial, ocurre que a veces tenemos sensaciones que no podemos controlar, quizás en mis sueños, quizás en los tuyos, esta historia pueda repetirse... quizás...solo quizás mi querido taxista.

sábado, 13 de junio de 2009

DEDICADO



A veces se echa la vista atrás y los recuerdos inundan nuestra mente. En estos momentos lo estoy haciendo y estoy regresando al primer día, al primer momento, a la primera mirada sobre un nick, a la primera lectura de unas letras, muy pocas, que configuraban unas palabras en el idioma de Lord Byron.
Y cosas de la ciencia difusa, de la metafísica, de la cuántica o de la madre que las parió a todas juntas, resulta que con el paso del tiempo esas letras, ese grupo de tres términos dió paso a una realidad, a un deseo, a un sueño, a una ilusión por conocer, por ver, por tocar, por abrazar, por acariciar, por besar o simplemente por poder disfrutar de la visión de sus ojos, de su mirada clavada en la mía.
Si lo reflejado en esta breve pero sentida troba también lo siente como algo suyo, como algo propio, me gustaría que cerrara los ojos ahora mismo y disfrutara de estos siete segundos maravillosos.
No es necesario dar nombres porque sabe que está dedicado a ella, aún dentro del más absoluto anonimato.

viernes, 12 de junio de 2009

QUILOMBO - II -



Desde luego que le estaba provocando, estaba muy claro, quería que la siguiera, dejó unos billetes atropelladamente en la mesa y salió a la negra noche.

Donde diablos se había metido esa mujer, miró en ambas direcciones de la oscura calle. Le pareció ver una sombra cerca del viejo almacén abandonado, y dirigió hacia allí sus pasos. Parado frente a la entrada, pudo ver la silueta de ella recortada contra los ventanales apenas iluminados por alguna vieja farola. Todo estaba muy oscuro, pero estaba seguro, ahí estaba ella, subiendo al piso superior, donde antes debían estar las oficinas.

Se acercó por detrás, lentamente y le susurró algo al oído, algo que hizo saltar por los aires las pocas barreras que le quedaban esa noche, algo que llevaba mucho tiempo esperando, mordiéndose el labio, se giró sensualmente y le besó sujetando con ambas manos su cabeza, mientras le oía suspirar y sentía sus manos recorriéndole el cuerpo en caricias que estaban empezando a volverla loca, acelerando cada vez más su respiración. Su cuerpo y su mente habían llegado a ese punto en que ya no había marcha atrás.

La sujetó entre sus brazos, apretándola fuerte a él, frotándose contra ella, sin dejar de susurrarle palabras obscenas que parecían gustarle, ya que había empezado a gemir y le miraba sonriendo. No acababa de creerse la suerte que había tenido, quizás la había pillado en sus de más necesidad.

Le quitó el jersey y el sujetador, sin que ella ofreciera resistencia alguna, y aferró a sus pechos, estrujándolos y retorciéndolos con la fuerza de la pasión, haciendo que endurecieran entre sus dedos los pezones sin dejar de mordisquearle el cuello y restregar su cada vez más endurecido miembro contra la entrepierna de ella. Sentir como crecía la erección del hombre la excitaba aun más.

La levantó en el aire y la colocó sobre una vieja mesa arrinconada. Dar rienda suelta a sus deseos más salvajes hacía que la temperatura de ambos fuera subiendo y subiendo cada vez más, al ritmo de sus toqueteos y caricias. La mujer comenzó a gemir con mayor intensidad, también a él le estaba gustando.

-¿Quieres que vayamos a otro lugar?
-Quiero que sea aquí mismo, ahora...

Sonrió, también a él le excitaba que algún vagabundo de la noche entrara en el almacén y les sorprendiera. La bajó de la mesa, la giró y se pegó a su trasero, mientras una de sus manos se dedicaba a fuertes caricias en el pecho y la otra se adentraba en el pantalón buscando penetrarla, ella se arqueó sacudida por oleadas de placer.

Estaba empapada, los dedos de él resbalaban entre sus fluidos, buscando y encontrando su clítoris, introduciéndolos hasta lo más profundo, mientras ella ahogaba gritos de placer dejándose hacer por él, hasta que ya no pudo más y echando las manos hacia atrás introdujo su mano por la bragueta de él, para finalmente desabrocharle el pantalón dejándolo caer. Sus manos recorrían el pene, acariciándolo, estudiándolo, comprobando su grandeza en el apogeo de su máxima erección y dureza.

Con prisas bajó los pantalones de la mujer y atrayéndola hacia él la penetro con urgencia, con fuerza, de un solo golpe, provocándole un tremendo orgasmo, que la convulsionó mientras él se movía lentamente, entrando sin dificultad por el río de fluidos que de ella manaba, notando las paredes vaginales, sintiendo como la llenaba totalmente, sintiendo un placer indescriptible, como el que ella debía estar sintiendo a juzgar por su manera de gemir y arquearse. La completa simbiosis de ambos sexos aceleró el ritmo, con embestidas cada vez más rápidas, potentes y profundas derramando el néctar del placer escondido, deseado, añorado en las noches de la soledad, hasta caer rendido, abrazándola, sintiendo su pene palpitar dentro de la calidez femenina de su Venus surgente.

Permanecieron abrazados en silencio hasta que recuperaron el aliento y se acomodaron la ropa.
Ella se sentó sobre la mesa, con sus largas piernas balanceándose en el aire mientras encendía un cigarrillo.

-Ha sido muy rápido?- preguntó él sentándose frente a ella sobre una vieja caja.
-Importa? ha sido intenso, los dos estábamos muy calientes poseyéndonos.

El breve tiempo que tardó en fumarse su cigarro se hizo eterno, sentados cada uno frente al otro, mirándose, pero sin atreverse a decir nada, buscando en los ojos del otro las respuestas a las preguntas que no se atrevían a hacer, porque no tenían derecho a formularlas. Ella preguntándose en que estaría pensando el hombre que había conseguido derrumbar todas sus murallas. El, intentando saber que tendría en la mente esa mujer con aire misterioso que se perdía con aire descarado por los oscuros descosidos de las noches. Y la oscuridad se hacía más intensa, casi tanto como sus silencios, mientras sus miradas seguían diciendo mucho más que cualquier cosa que hubieran podido decirse en esos momentos.

Se levantó sin dejar de mirarle, lentamente se le acercó, parecía cansada, despeinada, se le había borrado todo rastro de maquillaje, pero se movía con igual sensualidad que al nacimiento de la noche. Pasó delicadamente un dedo recorriendo el contorno de su cara como queriendo grabarlo en la memoria, se agachó y le besó. Como alma que lleva el diablo bajó de tres en tres los escalones y se perdió en la oscura noche.

Sintió ganas de echar a correr tras ella, pero no movió un solo músculo, continuó sentado sobre la vieja caja, con el convencimiento de que no volvería a verla más, quizás en una semana o dos volviera de nuevo a visitar ese local, quizás la viera sentada en su mesa, quizás.... Cerró los ojos y se recostó contra la pared, reviviendo en su mente cada mirada, cada caricia, cada gemido...
A un par de calles del viejo almacén sentada en una parada de bus, fumando un cigarrillo, una mujer se preguntaba que le había llevado a salir corriendo... con ese dilema en sus labios liberó sus dedos del placer del tabaco, giro su silueta en la penumbra de la sombra nocturna y oscilando sus caderas deshizo la evasión del miembro masculino que disipo su pudor de sexo y su entrega....
(Gracias a M.P. por sentarse conmigo a escribir este relato)

miércoles, 10 de junio de 2009

HOY ME ACORDÉ DE TI...


A la vuelta del trabajo, cuando estaba a punto de entrar en este hotel que es ahora mi casa, me ha preguntado una chica por un lugar, y no he podido evitar acordarme de ti. Su cara, sus labios, sus pechos prisioneros bajo aquella estrecha camiseta...y no he podido dejar de sentir una cierta excitación y calor, ...mucho calor, a pesar de del aire acondicionado del hall .

En el ascensor que me llevaba a mi habitación, he cerrado los ojos y mi mente ha volado a esos nuestros tiempos, y me he sorprendido a mí mismo, caliente, deseoso y excitado.

Tenía prisa por entrar en la habitación, por deshacerme de la ropa, por tumbarme desnudo sobre la cama, disfrutando del contacto con la ropa, como cuando compartíamos nuestros cuerpos entre aquellas sabanas blancas en aquel lugar cerca del mar. Y al respirar hondo de nuevo me ha envuelto la brisa y el olor a sal.

Necesitaba sexo y me he abandonado en la búsqueda de mi propio cuerpo, acariciádome con los ojos cerrados, atrayéndote a mi lado, recorriéndome, acariciando mis muslos, mi vientre, mi sexo. Como cuando tu te deslizabas sobre mi cuerpo, como cuando jugabas con tu boca, con tu lengua, con tus manos a recorrerme entero, provocándonos esa agonía en la que se derrama la vida.
Desearía tanto que estuvieses aquí, que fueras tu quien me hiciese delirar, que fueses tu quien apagara este fuego que me quema por dentro.

Y me acaricio cada vez más, y más rápido, y más fuerte, sintiendo como mi cuerpo se estremece de placer, y te imagino entre mis sabanas, fantaseando mientras te busco, mientras te poseo, y te disfruto y te gozo. Sintiéndote así, tan cerca, tan pegada a mi piel, buscándome, poseyéndome, disfrutándome, gozándome..., sintiéndote ... tan mía, que no puedo más y siento como mis fluidos se derraman, y ahogo mis gemidos, disfrutando de ti en la distancia. Hasta que por fin recobro la calma.

En la penumbra de mi habitación, acompañado solo por la noche, no he podido resistirme, y he marcado tu número, me hubiera gustado tanto escuchar de nuevo tu voz, no esta tan mecánica de tu contestador, charlar de nada, del tiempo, de como te va la vida, me hubiera gustado tanto preguntarte si tu también alguna vez te entregas al placer solitario, si tu también alguna vez te acuerdas de mi...

(Dedicado a A.M., que inspiró y fué parte de este relato)

sábado, 6 de junio de 2009

QUILOMBO - I -



Era un local pequeño, tan solo media docena de mesas, iluminado por pequeñas velas que apenas dejaban adivinar las siluetas.

Cada noche visitaba ese pequeño antro, se fundía y confundía entre sus sombras, buscando algo, sin ni siquiera saber bien que es lo que buscaba, quizás esperara a alguien que nunca llegaba, alguien que la redimiera de ser una causa perdida, tal vez solo pretendía que el mundo la olvidara. Como cada noche se sentaba en el rincón más oscuro fumando sin parar frente a una copa que apenas acercaba a sus labios.

En una de las mesas se encontraba sentado un hombre. Después de un buen rato y de unos cuantos cigarros, estuvo segura de que no le había quitado los ojos de encima.

Hacia noches que la venía observando, estaba casi seguro de que ella no había reparado en su presencia, la casi total oscuridad le permitía permanecer prácticamente oculto. Esa mujer le tenía fascinado, el modo casi ausente en que se movía, esa profunda mirada como perdida en otro tiempo, en otro lugar, con su eterno cigarro prendido, vestida siempre de negro.

Más de una noche, en la soledad de su cama se había masturbado pensando en ella, en cada una de las curvas que escondía bajo su eterno luto. Esta noche había tomado la determinación de acercarse a ella, de hablarle, la necesidad de su sexo le hacían superar su timidez, una timidez tan tremenda como las erecciones que le provocaba el deseo de poseerla. La estuvo observando desde que entró y se sentó en la misma mesa de cada noche, se preguntaba que es lo que andaría buscando esa mujer que parecía no buscar absolutamente nada, o que lo buscaba todo, no acababa de definir eso, la inteligencia que reflejaba su mirada la distinguía del resto de asiduos al local, eso no era problema, estaba capacitado para mantener una interesante y profunda charla con ella, todo era válido si conseguía lo que desde hacía tiempo le tenía obsesionado, hacerla suya, poseerla, llevársela a la cama. Solo sexo, exclusivamente sexo, nada de sentimientos, sabía los problemas que eso le traería, una o dos noches con ella y a cambiar de local en busca de nuevas presas interesantes. De pronto se sorprendió al darse cuenta de que ella le estaba mirando en esos momentos y se sintió atrapado por sus ojos. Tenía que escapar de su embrujo, consultó su reloj a modo de excusa y se dispuso a abandonar el local, pero sus pasos lo traicionaron llevándole directamente hasta su mesa.

La mujer levantó su cabeza hacia él, mientras apagaba su cigarrillo, un gesto de sorpresa se dibujó en su cara. No era la primera vez que le había visto por allí, pero nunca le había tenido tan cerca. Con un gesto indefinido a modo de sonrisa le invitó a sentarse con ella, sin poder apartar las miradas empezaron a hablar, y hablaron de verdades ocultas, de mentiras sinceras, de todo y de nada, hablaban como si fuera la primera que lo hacían, como si nunca antes se hubieran dirigido a nadie, hablaban y hablaban mientras el deseo iba quemando sus cuerpos, lanzado chispas en cada mirada. Pidieron otra copa que ahogara sus fuegos internos. Sin querer, o quizás si fue queriendo, la mujer tocó la pierna del hombre, el primer roce, tan fugaz ... tan intenso, que el hombre se quedó algo descolocado por lo que le había provocado, algo nervioso´, alargó la mano para coger la copa, pero ella posó su mano sobre la de él ,mirándole de esa manera que solo saben mirar algunas mujeres, algunas hembras, una mirada llena de erotismo, de fuego que hiela y enciende a un hombre... se levantó, sonrió y salió del local. Acaso era esa su manera de invitarle a que la siguiera?... se levantó y salió tras ella.

martes, 2 de junio de 2009

LA LAVA CANDENTE


Un hombre surgido de un encuentro inesperado se va haciendo un pequeño hueco en mi vida, en mi mente, en mi pensamiento, poco a poco. Una amistad cargada de atracción, de fuego corriendo por la sangre. Me mira sin verlo y me atrapa. Me mira sin estar frente a mí y lo deseo. Si lo tuviera enfrente...Dios.


Lo imagino respirando sexualidad masculina por todos los poros de su piel. Es un buen macho, mi macho. Me pertenece, igual que yo a él, aún sin haber compartido nada, sólo pensamientos, deseos y pasiones. O ya hemos compartido mucho para no habernos visto jamás.


Me lo imagino, sé que él me imagina, en casa, encerrados entre cuatro paredes, damos rienda suelta al maravilloso juego del amor. Todo vale.


Sabemos lo que queremos y lo que nos gusta. Nos conocemos bien. Conocemos el uno el cuerpo del otro, donde tocarnos, cómo besarnos, donde buscar los placeres más fuerte y cómo hacerlo.
El sofá es el punto de partida, abrazados el uno al otro, hablando, dándonos tiempo a conocernos un poco más, a escuchar nuestras voces antes de que hablen nuestros cuerpos.


Pero al poco tiempo, las conversaciones se interrumpen con besos. Nuestros labios se unen, se juntan, se buscan. Nuestras lenguas empiezan un baile provocativo, como dos serpientes con vida propia, enroscándose la una en la otra. Sus dientes atrapan mi labio inferior cuando mi boca se entreabre. Conoce bien mis costumbres y las disfruta como suyas. Sus manos buscan mis pechos sin ropa, desnudos para su contacto, para su deseado contacto. Sus dedos empiezan a jugar con mis erectos y apetecibles pezones, pellizcándolos para provocarme un placer extremo con esa situación.


Las mías recorren su cuello y su desnudo pecho hasta llegar a su cintura, deteniéndose para desabrochar su pantalón, lo que hago con prontitud, dejando hermosa su polla al descubierto.


En esos momentos tengo la irrefrenable tentación de ahogar mi boca con ese órgano. Su erección y sus palabras me indican que es eso mismo lo que él quiere. Cumplo gustosa con su deseo y con el mío. Mirarlo de reojo y ver su cara de placer cuando mi lengua acaricia su erecto miembro es una grata recompensa para mí. Estoy orgullosa y encantada de que sea de mi posesión.


Una de sus manos acaricia mi pelo, mientras la otra va recorriendo mi espalda, entrando en mi pantalón y en mi tanga, acariciando con sus dedos la entrada de mi trasero. Su dedo índice, tomando la iniciativa, es el primero en entrar. Lo hace sin dificultad y sin necesidad de pedir permiso ya que es un visitante asiduo y bien recibido.


Movimientos suaves van abriendo el paso a un segundo dedo.

- Ofrécete, my Lady
- Sí my Lord, es un placer hacerlo

Me desabrocho el pantalón y lo bajo, junto con el diminuto tanga negro, hasta dejarlos en el suelo. Apoyo mis manos en el brazo del sofá y dejo mis nalgas a su plena disposición. Me ofrece sus dedos para que mi lengua los cubra de saliva, y de nuevo buscan mi ano. Dos entran ya a la perfección en mi interior mientras su polla se clava dentro de mi coño para lubricarse lo suficiente con mis jugos.


Sacando sus dedos de mi orificio anal, sus manos separan mis nalgas y la punta de su miembro caliente, venoso y erecto pugna por entrar. Y lo hace. Despacito, muy despacito se adentra en mí. Mi mente entera se vuelca a vivir la sensación.


Pasa el sonrosado capullo y pasa el resto. Una penetración perfecta. Un movimiento suave que comienza a acelerarse. Sus manos en mis caderas, sujetándolas fuertemente, impiden que nos separemos, situación que en esos momentos no queremos ninguno de los dos. Gozamos de la unión y más cuando el vaivén de su polla se torna brusco, duro y rápido. No puedo reprimir mis gemidos. Y tampoco quiero hacerlo.


Mientras una de sus manos busca mis pezones, la otra busca mi coño, que palpita por el orgasmo que acabo de tener al notarme empalada por detrás, y comienza a jugar y a deleitarme frotando y acariciando mi endurecido clítoris. Eso provoca en mí una sacudida de placer indescriptible. Las sensaciones me marean y mis manos flojean haciéndome caer sobre el brazo del sofá. Sus potentes embestidas no cesan. Estallo nuevamente sin remedio. Su ardiente polla sale de mí. Me giro para besarlo en la boca, mientras su miembro se clava en mi vientre. Noto su humedad.


Subiendo las escaleras que nos lleva al dormitorio, totalmente desnudos, nuestras manos buscan sin descanso cada rincón de nuestros cuerpos, nuestros sexos son tocados y acariciados con lujuria. Llegamos a la cama, y tumbándolo boca arriba, vuelvo a lamer su polla para humedecerlo todavía más y prepararlo para el segundo asalto a mi retaguardia.

- Antes quiero follarte my Lady
- Pero déjame cabalgarte, quiero ser tu amazona

Necesito tenerlo dentro de mi coño, cabalgar sin descanso a mi semental, así que sujeto con una mano su erecta polla y me la meto hasta lo más hondo de mi cueva, sentándome sobre él.

Cabalgo sobre my Lord a un ritmo tranquilo.


Es así como, en esa posición, su sexo roza los puntos débiles de mi cavidad. Mi sexo chorrea un nuevo orgasmo, mojando por completo su polla, empapándolo de mis jugos, de mi orgasmo más sentido y deseado.


Me tumbo a su lado esperando ese juguete que siempre nos acompaña…un vibrador de algo más de 20 cm…nuestro compañero de fatigas, Otto.


Me besa mientras abre mis piernas y dirige el aparato hasta la entrada de mi sexo para hundirlo. De rodillas entre mis piernas, ofreciéndome a la vista su erecta polla, se entretiene jugando con el vibrador y me acaricia fuertemente el clítoris con sus dedos. Mientras Otto me folla, my Lord juega con mi clítoris provocándome un orgasmo tras otro.


Fuera ya de mi coño, sin saber la cantidad de veces que hizo que me corriera, me pone a cuatro patas y ahora el juguete, ese delicioso perrito, se centra en mi ano. Guiado por las sabias manos de mi diablo, éste lo hunde completamente. No puedo evitar soltar un grito al ser poseída de golpe por tan grueso y duro juguete. El acelerado ritmo con el que marca el movimiento del utensilio y la vibración de éste, dilatan mi agujero trasero tanto, que tengo la sensación de que nunca más volverá a cerrarse, pero en esos momentos poco me importa ese, digamos, problema.
Arrodillada sobre la cama, con mi macho a mi espalda, saca a Otto de mi interior y su polla vuelve a ser el amado huésped de mi trasero. Ahora tiene el camino más abierto que antes, pero igual de acogedor. Las fuertes y frenéticas embestidas de su sexo me hacen caer rendida sobre la cama y cae sobre mí sin dejar de moverse. Con sus manos sujeta y estira mi pelo, me tapa la boca, me ahoga, muerde mi espalda. Me hace daño y no me quejo porque sé que ese dolor inicial, que siempre me ha gustado, se tornará en breves instantes en el mayor de los placeres. Estoy rendida al fuego que desprendemos. El sudor resbala por nuestros cuerpos, mezclándose también. Agotados, nos separamos para darnos un minuto de respiro.

- My Lord, ponte a cuatro patas.

Ahora lo tengo ahí, a cuatro sobre la cama, con sus nalgas abiertas para mí. Las sujeto con ambas manos para separarlas bien y dejar totalmente al descubierto su entrada trasera. Paso mi lengua por ella. Humedezco su estrecho ano y hundo mi lengua en él. La meto un poco y la saco, comenzando a follarle el culo. Mojo mis dedos en mi coño y lubricados, introduzco primero uno. Lo saco. Ahora otro. Intento con dos. Si, si caben.


Con los dedos clavados en su trasero, busco el juguete que antes me había poseído a mí. Le pongo bastante lubricante. Saco mis dedos y dibujo círculos con el aparato en la entrada de su trasero. Lo sitúo justo en el centro y comienzo a empujarlo suavemente. Consigo encajar la punta. Mi hombre rompe su silencio con un leve gemido. Lo que mis ojos presencian, me provoca un orgasmo virtual y otro real, y mientras con una mano sujeto a Otto, con la otra busco su erecta polla y empiezo a masturbarlo con locura.


Tras estar un buen rato follándolo, volvemos a estar tumbados el uno junto al otro. Me vuelve a comer la boca y de nuevo estoy bajo su poder. Abre mis piernas y se echa sobre mí. Con una de sus manos busca mis agujeros para hundir sus dedos. Su sexo, sin dejar de estar erecto ni un sólo segundo, se sitúa, una vez más, en mi orificio trasero. Se adentra de un sólo empujón hasta lo más profundo. Un movimiento lento y continuo, incesante, acaba provocándole un fuerte orgasmo al tiempo que yo también me deshago con el mío.


Su leche me inunda el trasero completamente.


Al salir su polla de mí interior, noto como su abundante y espeso semen se escurre por mi recto y se asoma por mi palpitante ano. Me arde.


Es como fuego, como lava candente recorriendo mis adentros. Es una magnífica y única sensación. Ahora soy más suya todavía. Mi espalda ha quedado señalada por sus dientes y por su pasión. La primera señal seguramente a los pocos días desaparecerá, la segunda casi seguro que se mantendrá.