lunes, 4 de mayo de 2009

LA CAPULLA QUE BUSCO UN CAPULLO


Cuentan las malas lenguas, de un republicano pueblo, invadido por capullos de todas las clases, digo que cuentan, las lenguas de doble filo que te casaste con otro siendo yo el que más te ha querido………. Joe ya se me fue la estrofa o el párrafo, que ya no sé si escribo en prosa o en verso, o de qué escribo.
Digo que contaban por las esquinas y por plazas y callejuelas que la política de turno a la postre mandamás de aquel pueblecillo, tal cual cogió el bastón de mando, viendo que aquel, aunque largo era demasiado delgado para sus aspiraciones, a saber, lujuriosas, mandó poner en fila a los trescientos ( no los de Troya, aunque lo que buscaba era una buena polla), joé ya se me fue otra vez la rima – es que no puede ser – pues decía que puso en fila a los trescientos a sus órdenes, mandándoles pusieran firmes sus porras, los pobres sin saber a cuento de qué, sacaron sus defensas y allá que la pusieron en ristre, pero la “muy señora” , que así había que llamarla a la mandamás, muy furiosa, se paró ante el primero y ni corta ni perezosa, como dueña de cuanto allí había, abrió la bragueta de aquel inocente muchacho y sacándole, la porra, la polla, o como quiera que ella llamara a aquel descomunal armamento, les gritó a los trescientos: ¡ A esto me refiero ¡.
Prestos, algunos sonrojados, ante la aptitud de aquella puretona ardiente, sabiendo de la mala leche que se gastaba, por falta de la buena, hiciéronle caso, y allá cada uno sacó su pene, blandiéndolo con ansias, no fuera que la buenorra de la señora se enfadara.
Y allá fue ella, presa de ansias, a probar y catar cada uno de los manjares que delante suya se les iba poniendo, sopesando, y nunca mejor dicho lo de pesar, cada uno de aquellos nabos, que lujuriosa y ávida iba probando entre sus labios carnosos, recién llenados de silicona, aquellos miembros más agrestes, largos, duros y fuertes, mientras que los fláccidos, cortos y delgados los echaba a un lado.
No dejó ni uno sin catar, y cuando digo catar, digo catar, porque hasta los jugos de al menos 100 con los que se quedó a probar, fue catando, paladeando cual buen vino cada uno de aquellos chorreones que le lubricaban la cara y los pechos turgentes que le sobresalían por el ceñido vestido que llevaba.
Tras largo rato, practicando una de las cosas que más le gustaba y que mejor se les daba, si no, no la hubieran escogido sus capullos amigos de su peña como mandamás de aquel pueblo, fue desechando una tras otro a la gran mayoría, pero claro, con tantos como que se le iba olvidando lo que había probado, haciéndoles repetir a los que iban quedando, como si de un juego se tratara hasta quedarse con el que iba a ser su “semental”.
Mira le dijo, ¿quieres 5.000 euros al mes por ser mi surtidor personal, o prefieres seguir chupando servicios mientras vivas?-
Aquel joven de unos 28 años, se quedó anonadado con aquella pregunta, pero a la vez temeroso por la que se le venía encima, él miraba a su jefe el cual ya tenía los ojos fuera de órbita y el pantalón chorreando del espectáculo que su mandamás le había proporcionado, esperando una respuesta por parte de aquel.
El jefe temiendo represalias, y con voz temblorosa, solo atinó a decirle: ¡No has oído la orden que te han dado, pues a cumplirla ¡
Aquel guardándose sus porras, asintió con la cabeza y cual objeto de deseo, fue agarrado por la chaqueta por aquella mujer pringada en jugos y se sintió arrastrado hasta el coche oficial.
En aquel mismo instante le dijo: ¿Dónde, cuando y hasta cuando te diga estarás conmigo haciéndolo?, todos los gastos corren por mi cuenta y soltó una fuerte carcajada, - bueno por mí no, por los imbéciles que me han elegido, pobres de ellos-.
Así estuvo dos años hasta que le obligó a casarse, poniéndole un descapotable a su nombre y marchándose fuera de la ciudad a su nidito de lascivo deseo donde ningún imbécil pueblerino les molestara.
Y así siguió escribiendo su historia esta capulla, que por ser mandamás de los ímbeciles, tuvo cuanto deseó con la complacencia de aquellos que metieron un papelito en un cajoncito un día como otro cualquiera, y ella quedó sorda a los gritos desesperados de aquellos, pero claro la pobre, ya es que se la metía aquel infeliz hasta por las orejas, con lo que los gritos de aquellos, eran ahogados por su sordera y por los propios gritos de placer de ella.

Relato enviado bajo el pseudónimo de LA SANDÍA MECANICA

3 comentarios:

  1. Hay que ver que cosas corren por esos Ayuntamientos de Dios!!!

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  2. Qué cosas corren y, lo que es más placentero, se corren por esos mundos de la res púbica.
    Seguro que consigue levantar la moral, y lo que no es la moral, en los plenos del Ayuntamiento.
    Lo único que le supondría algo más de dificultad sería decir "se abre la sesión" con la boca llena, porque lo de "se levanta la sesión" eso lo haría a dos manos.
    Unas sabrosas "catadas" para todas las damas que lean, escriban o comenten en el blog.

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  3. mandamas de los imbeciles, cuantos hay asi, !!!!!!!!!!!!!!! un agradecimiento que estes en mi blog, un gusto en conocerte
    abrazo roxana

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