lunes, 18 de mayo de 2009

A DOS VOCES ... - II -



ELLA

Tras mi crisis matrimonial y posterior divorcio, pasé un tiempo aprendiendo a ser solo la mitad de un todo. Mi amiga me había llamado esa mañana para convencerme de que saliéramos a cenar, había una feria de esas que atraen a mucha gente, aseguraba que habrían muchos hombres disponibles esa noche. Sus argumentos para convencerme fueron muchos y muy variados, así que al final, quizás por aburrimiento o por no oírla más, accedí a salir. Quedamos en el restaurante, temprano, eso nos daba tiempo, según ella, a poder hacer una valoración de la mercancía que se nos ofrecía.

Me encontraba en la puerta cuando entro un mensaje en mi teléfono móvil .
“Problemas en el despacho, no sé a que hora acabaré... lo siento”
“Estupendo, y ahora que hago yo..” - pensé, ya me encontraba en el restaurante.
Al final decidí quedarme a disfrutar de una buena cena, aunque fuera sola, con lo que me había costado decidirme a salir, no pensaba volverme a casa, además que caray!! la canguro había cobrado por adelantado.

Hacer que una noche aburrida se convierta en algo interesante está en nuestras manos, solo es cuestión de abrir un poco la mente y soltarse para disfrutar sin tener que darle tantas vueltas a las cosas. Llevaba demasiado tiempo sola y había tomado la decisión, esa noche iba a ser algo especial, aunque para ello necesitara tomar algo de alcohol que me entonara.

Me felicité interiormente por haber elegido ese vestido, que aunque algo insinuante, me hacía sentir segura de mi misma. Eso sí, a la que me despistaba, tenía que aguantar a algún que otro "salido" que en unos segundos de monólogo, intentaba convencerme de lo inteligente que era y de que cualquier mujer en mi lugar, se sentiría afortunada por tener la posibilidad que me brindaba de pasar la noche con él.

Entonces le vi, estaba apoyado en barra, sin demostrar interés en lo que le rodeaba. Buen físico, movimientos seguros, su rostro denotaba inteligencia y algo que me hacía sentirme irremediablemente atraída hacia él. Quería mirarle, pero no podía hacerlo sin disimulo. En eso que se me acercó un nuevo pesado, no veía la hora de quitármelo de encima, mientras en mi mente buscaba la manera de acercarme a aquel hombre de la barra. De pronto nuestras miradas llegaron a cruzarse, y noté como se me escapaba una sonrisa. Acto seguido observé como se dirigía hacia mi con paso decidido.

Debo confesar que no estuvo de lo más acertado a la hora de iniciar el diálogo, pero estaba decidida a hacer que esa noche fuera algo especial, y él era parte importante para que eso ocurriera.


Le sugerí tomar algo antes de que pasáramos a cenar, parecía no tener prisa, como si no esperara a nadie, así que le pregunté directamente. A ambos nos habían dado plantón. Hablamos y hablamos mientras él no apartaba sus ojos de los míos, sus gestos expresaban mucho más que sus palabras, y yo no me quedaba atrás, estábamos seduciendo descaradamente, eso junto con el alcohol, hizo que comenzara a sentir un intenso calor en mi cuerpo.

Frente a una copa de vino, decidimos que puesto que no teníamos con quien compartir nuestra mesa esa noche, bien podíamos cenar juntos. Avisamos al maître para anulara una de las mesas y nos preparara una en la que pudiéramos disfrutar de más intimidad.
La tenue luz y la suave música y el hecho de que nuestras piernas se rozaran sutilmente bajo la mesa, hicieron que la temperatura fuera subiendo, provocando reacciones que creía tener olvidadas.

Sus intensas miradas y su sonrisa, provocaban sensaciones por todo mi cuerpo, el alcohol continuaba con sus efectos desinhibidores. Dejándome llevar por lo que mi cuerpo reclamaba, coloqué mi pierna por encima de la suya, mirándole fijamente a los ojos. Me sonrió de nuevo y comenzó a acariciar mi pierna suavemente. Mi cuerpo reaccionó casi al instante bajo la tela del vestido, haciendose visible mi excitación. Su mano seguía recorriendo mi muslo con lentos y placenteros movimientos acercándose cada vez más a mi ya humedecido sexo. Con un solo gesto de mi cara le concedí el permiso para que traspasara el umbral. Apartó la pequeña porción de tela que lo cubría, y tras algunas caricias, introdujo sus dedos en él, una descarga de placer recorrió todo mi cuerpo y creí perder el sentido, sus dedos expertos entraban y salían de mi cuerpo empapándose de mi, rozaban mi clítoris,me tocaban, me acariciaban y pellizcaban.

No pude resistirme a colocar mi mano sobre el endurecido bulto debajo de su pantalón, necesitaba sentirlo, percibir todo su calor, necesitaba saber si le había provocado la misma reacción que él a mi, mientras mi cuerpo se sacudía a cada una de sus caricias. El mundo que me rodeaba quedó difusamente eclipsado cuando no pude reprimir el placer que sentía y comencé a gemir quedamente.

3 comentarios:

  1. guauuuuu como me has dejado mujer!!!
    Me parece que voy a armar una cena..
    un beso amiga

    ResponderEliminar
  2. HOLA!!!! SOLO QUIERO RECORDARTE QUE CUANDO TU AMIGA NO PUEDA ACOMPAÑARTE....LLAMAME A MI !!!!!
    MUY BUEN RELATO....
    UN BESO.

    ResponderEliminar
  3. My Lady, como el vino que recorre los cuerpos desnudos esperando una boca insaciable que saboreará el conjunto, ganas día a día.
    La primera parte interesante, la segunda excitante...esperamos más y sabemos que así será.
    Remuacs.

    ResponderEliminar