jueves, 14 de mayo de 2009

A DOS VOCES ... - I -



EL

Quería y necesitaba devolver la normalidad a mi vida, después de separarme de mi mujer, pasé unos meses aprendiendo a vivir solo, arreglando mi nuevo apartamento y concentrado en mi trabajo. Fue allí donde un compañero me hablo de una página de internet donde podías conocer a mujeres que estaban tan solas como yo. Habían pasado más de ocho meses desde la separación, tiempo más que prudencial para empezar a aceptar y proponer citas a otras mujeres. En el último mes había invitado ya a unas siete a cenar, pero no conseguía sentir atracción por ninguna de ellas. Me encontraba ya en camino, cuando recibí un mensaje en mi teléfono móvil anulando mi octava cita. Tenía dos opciones, o dar media vuelta y comer un plato precocinado o aprovechar la reserva, escuchar algo de música y cenar como un señor.

Al no tener que pasar a recoger a mi acompañante, llegué pronto al restaurante.
Me daba tiempo a tomar una copa en el salón del piano antes de pasar a la zona de mesas. Me sorprendió que a esa hora hubiera más gente de la habitual, entonces recordé que se estaba celebrando en la ciudad una de esas ferias que atraen a bastante gente. Me encontraba bebiendo, poyado en un rincón de la barra cuando la vi.

Parecía mantener una interesante charla con alguien al otro lado del salón, la distancia no me impedía observarla. Alta, larga melena morena, podía imaginar su figura de marcadas curvas a través de su ajustado vestido negro. Su gesto de acomodarse un mechón de cabello mientras bajaba la cabeza y se mordía el labio inferior terminó de hipnotizarme, me sorprendí en actitud de voyeur en el mismo instante en el que me dí cuenta de que ella me estaba mirando.

Clavó sus ojos en mi, y podría jurar que una breve y sutil sonrisa se dibujo en su rostro. Apuré de un trago mi copa y me dirigí irremediablemente atraído hacia ella.

-Hola, vienes mucho por aquí?, ultimamente vengo bastante y no recuerdo haberte visto- Dije desentrenado en este tipo de entradas directas a una mujer.

- será porque es la primera vez que vengo?.

-Si, bueno, claro..- empezaba a parecer idiota- si no fuera así sería imposible que no me hubiera fijado antes en ti.

-Si claro gracias, ahora se supone que he de creerte?, he estado aquí en otras ocasiones.

-Entonces creo que deberé revisar mi vista- Primer intento fallido por mi parte por torpe.

-Te perdono tu falta de vista si me invitas a una copa de vino antes de que nos avisen de que nuestras mesas están preparadas.

Parado frente a ella en la barra observé su escote, mientras nos servían las copas que habíamos pedido.
Irradiaba sensualidad, poseía un magnetismo especial que me descolocaba y me hacia sentir como un torpe y completo idiota. Elevando nuestras copas en un brindis, asumí que los papeles se habían invertido, era ella quien dominaba la situación, descubrí lo placentero que puede llegar a ser dejarse llevar.

1 comentario:

  1. Desde luego, qué mal repartido está el mundo.
    Quienes no ven o tienen poca vista, ven mujeres de curvas perfectas, mujeres de formas provocativas, pudiendo disfrutar de su placentera y turbadora compañía.
    Quienes vemos o tenemos buen ojo, no las vemos. Nos las tenemos que imaginar a diario, mañana, tarde y noche (sobre todo por las noches), pero no podemos disfrutar de ese placer y de ser turbados, o incluso más.
    Por lo tanto me imagino que tendrá que ser lo más de lo más (no hablo de la turbación), poder disfrutar algún día o alguna noche de esas mujeres. Pero mientras llega esa noche mágica, las seguiremos viendo en nuestros sueños más turbadores.
    Un beso, o dos, para ellas y un abrazo con espacio, para ellos.

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