domingo, 31 de mayo de 2009

LADY REBECA - III -


Buenas noches My Lord:

Espero y deseo que me hayais echado mucho de menos, creo que yo entre calenturas y desvarios os he tenido presente, pero no podría asegurarlo. He decido continuar con el relato de la vida de nuestra querida Lady Rebeca.


Os agradecería, que una vez leído, tuvierais a bien realizar las correcciones necesarias para dotar a este mi relato de ese punto que es tan de vuestro agrado.


Permitidme que me tome la licencia de invitaros a un viaje en el tiempo que nos sitúe justo en el momento en que Lady Beca se reencontró con su joven amante, pudiendo así, una vez relatados los hechos dar por concluido ese capitulo en la vida de nuestra querida niña.





“... Cierto día recibió Beca la solicitud de su madre para que tuviera a bien acompañarla a una celebración que tendría lugar en las provincias del sur, al preguntar sobre el motivo de tal celebración, descubrió asombrada que su progenitora había seguido manteniendo contacto con la familia de aquel muchacho que le negaron en su juventud, y que la inició en el mundo del placer.

No queriendo conocer los motivos que llevaron a su madre a esa relación, puso como única condición acudir acompañada de su propia hija, creyendo que el tenerla presente haría que se confirmara con más fuerza su actual situación, en caso de que el encuentro con su primer amante la perturbara más de lo necesario.


(permitid My Lord que me alargue en el relato de los detalles, pero son necesarios para poneros en situación, después podreis olvidarlos reteniendo únicamente los puntos que se son de vuestro interés)


Tras un largo y pesado viaje en carruaje, llegaron al lugar en cuestión, la celebración tendría lugar dos días después de su llegada, tiempo necesario a una dama para recuperar el ánimo y la compostura,dando tiempo al resto de invitados ha llegar a la villa.

Como os contaba, les estaban esperando a su llegada, la mesa dispuesta y una veintena de comensales, prestos ha devorar literalmente las viandas con las que les agasajaron. El hermano mayor del amante de My Lady como correspondía hizo las veces de anfitrión, lo que para desgracia o gracia de nuestra Beca dejó libre de actuación a Sir Arthur, al que así llamaremos desde ahora, que únicamente se preocupó de buscar acomodo en la mesa a Beca y a la hija de esta.


Así que nos encontramos en una animada cena, donde Sir Arthur se halla sentado junto a la pequeña Ariadna y justo enfrente de Lady Rebeca. Esta situación dió a Beca la oportunidad de estudiar detenida y furtivamente a su antiguo amante. Con el tiempo se había convertido en un apuesto hombre y con la suerte había ganado una gran fortuna que le permitía vivir como a un noble.


Sir Arthur por su parte pero con más descaro hizo otro tanto con Beca, mientras hablaba y entretenía a la hija de esta, con lo que sus risas eran las que más resonaban en la sala. Llegó la hora de pasar al salón para disfrutar los hombres de un coñac y las mujeres de la conversación, y al poco rato los mas mayores empezaron a retirarse, la madre de Beca no viendo ya peligro en dejar a su hija en medio de tanta compañía, se ofreció a llevarse a su nieta a descansar con ella en los aposentos que les tenían preparados.

Al punto Sir Arthur invitó a Beca a salir del salón con la escusa de mostrarle las inmediaciones de la hacienda que según dijo eran más hermosas contempladas a la luz a de las estrellas. Cuando se hallaban cerca del acantilado, de las sombras surgió un trobador, Beca sintió que la rabia ahogaba su garganta, ¿Como era posible que aquel hombre estuviera tan seguro de que acudiría con él a ese paraje? Intentó reprimir la rabia y el odio que en aquellos momentos sentía centrándose en la troba, con la resolución de volver a la casa en cuanto acabara la música, más de pronto noto como el llanto la invadía, ya que al escuchar las letras, comprobó que eran el relato del sufrimiento, dolor y pena que sintió Sir Arthur cuando se la arrebataron de su lado.


Convulsionada por ese llanto Beca apenas notó como su caballero la alzaba y en brazos la llevaba a sus aposentos susurrándole palabras contenidas durante casi 20 años.

La recostó en el lecho y se tumbó junto a ella sin dejar de acariciar su larga melena, hasta que nuestra Lady se calmó. La presencia de aquel hombre a su lado, y el recuerdo de su primera noche hicieron que Beca enardeciera en deseos de volver a ser poseída por Sir Arthur, quien lejos de complacer a la dama se limitaba a castas caricias, a roces casi imperceptibles, que enloquecían a Beca que acabó gritando, rogando y demandando a aquel hombre que la complaciera.
Beca sintió una punzada de placer, cuando su señor comenzó a quitarle las ropas. Se deleitaba Sir Arthur en la contemplación de aquel cuerpo bien formado que tenía delante, ya no era el de la niña que recordaba, sino el de una mujer en todo su esplendor, mientras Beca arrastrada por pasiones internas gemía con cada prenda de que la despojaban, sintiendo como la humedad de su sexo aumentaba cada vez más y con un ardiente deseo de que la penetraran incansablemente como en su recuerdo.

-My Lady, sois la hembra más bella que jamás he tenido placer de poseer, pero también sois mujer por la que siento un profundo respeto,sabed que soy hombre casado, que si me adelante un día a la llegada de mi familia fue solo por pasar esta noche con vos, pero si os poseyera ahora os convertiría en una puta y no me lo perdonaría, aún así os ruego me concedais el gozo de volver a veros gritar, sentir, y disfrutar del placer que un dia descubrimos.

Beca no daba crédito a sus oídos, si no la poseía, acariciaba, besaba, ..como podría gozar? Sir Arthur se levantó y se sentó un sillón a los pies de la cama, miró con ternura a la dama y le pidió que cerrara los ojos, ... imaginad que mi mano acaricia vuestro pecho tocadlo vos misma, pellizcar vuestro pezón, dejad que se endurezca, vuestra mano es la mía que os acaricia, recorrer por mi vuestro cuerpo, juguetead con vuestro sexo, sentid la humedad que de el se desprende, y abrirlo para que pueda verlo y desearlo, no dejeis de acariciaros my Lady, así.. seguid así, lo haceis muy bien, no abrais aun los ojos, dejad que vuestros dedos siendo los mios os penetren y os hagan gemir y jadear como mereceis.

Beca se arqueo en ese mismo instante presa del tremendo placer que la invadió y gritó como hacia mucho que no gritaba mientras era arrastrada en el torbellino del orgasmo que ella misma se había provocado. Sentir como eres mirada y admirada en esos momentos, es igual o tanto más excitante que compartir las caricias.

My Lady, concededme una sola debilidad, dejadme volver a saborear vuestros recién derramados jugos- y diciendo esto comenzó a sorber, lamer y besar el centro del placer de Beca, provocándole nuevos arrebatos de placer.

Tras el segundo orgasmo de Beca, recuperó Sir Arthur su posición a los pies de la cama, y con su voz volvió a guiar las manos de Beca por su propio cuerpo haciéndola por un sin fin de veces disfrutar de un placer que no había conocido hasta ese momento.

Despuntando el amanecer y encontrandose My Lady agotada por el gozo vivido, Sir Arthur abandonó los aposentos de la dama antes de que nadie pudiera sospechar lo sucedido.
Durante el resto de los días en que Rebeca permaneció en su casa, solo cruzaron miradas cómplices, roces casuales que encendían a la dama, haciendola gemir en silencio y esconder la humedad que se derramaba entre sus piernas.

Sabe por su madre que Sir Arthur continua casado y que mantiene a diferentes amantes, con la seguridad de que a ella jamas la aceptará como a tal, Beca no ha querido que sus caminos volvieran a cruzarse. Esta vez y para siempre Lady Rebeca perdió al hombre que por dos veces y por una sola noche en ambas ocasiones, la inició en el placer del sexo."

Espero que el relato haya sido de vuestro agrado My Lord, como también espero poder reunirme en breve con vos y dejar que nuestras naturalezas se encuentren, se disfruten y gocen, pero como siempre, y hasta que llegue ese momento os envío mis más oscuros y obscenos deseos.


Por siempre vuestra. Lady Rebeca




viernes, 29 de mayo de 2009

LADY REBECA - II -


Buenas noches querido My Lord, nuevamente me veo obligada a faltar a nuestra cita, las tareas de una dama son más numerosas de lo que imaginais. Como no quiero faltar a la promesa que os hice en su día, de nuevo os dejo para que os acompañe esta noche otra parte del relato que hace unos días comencé a contaros, esperando siga siendo de vuestro agrado.

Continúo aquí relatando lo que aconteció aquella noche en la vida de nuestra pequeña y ya querida Lady Beca:


"...El joven amante bebió con pasión los jugos que su adorada le brindó, y una vez saciada su sed, y aprovechado que Beca aún no se había recuperado se colocó sobre ella y la obligó a separar las piernas, suavemente empezó a arremeter contra ella, que temblaba ante lo que iba a ocurrirle, pues había oído cosas horribles acerca de lo que les ocurre a las damas cuando son tomadas por primera vez, pero el amor o el deseo, pudo más que sus miedos, y se relajó dando así conformidad a el ardor del joven. Este, viendo que ya no se le ofrecía resistencia, suavemente comenzó penetrar cada vez más profundo.


Beca sintió como algo en su interior se rompía y quiso apartar a su amante, pero este lejos de ceder presionó con más fuerza al cuerpo que tenia debajo y beso con una mezcla de dulzura, pasión y lujuria la boca de su dama, ahogando las quejas de esta, en espera de que ese rechazo desapareciera, embistió así el joven cuan profundo le fue permitido y permaneció inmóvil en el interior, nuestra niña quizás por incomodidad, quizás por instinto, comenzó a moverse siguiendo un ritmo que nacía de lo mas profundo de su ser y que pudo comprobar que complacía a su amante y al momento reconoció que ella misma se sentía complacida en ese movimiento, del que ahora los dos cuerpos eran partícipes. El muchacho la penetró una y otra, y otra vez, arrancando los gritos y gemidos más ocultos, deliciosos y placenteros de Beca, haciendo que se corriera cada vez más fácilmente, y con mayor complacencia. Nuestra dama se entregó esa noche hasta diez veces a su amante, que no la defraudó ni una sola.


Este acontecimiento permanecería durante largo tiempo en la memoria de Lady Beca, que hasta pasados muchos años no volvería a encontrar casualmente a su joven amante de una noche..."


Acabo aquí mi relato, esperando haya sido de vuestro agrado
Como siempre My Lord, os envío mis más oscuros y lujuriosos deseos.




Por siempre vuestra. Lady Rebeca

martes, 26 de mayo de 2009

LADY REBECA - I -



Buenos días My Lord, espero que hayais tenido una perturbada noche pensando en los encantos que aún teniendo a vuestro alcance no podeís disfrutar.

Me gustaría entreteneros con un relato que espero sea de vuestra complacencia y que de ser así extenderé a las noches en que no pueda hacer acto de presencia.
Comienzo así mi relato:

" Es esta la historia de una My Lady a la que llamaremos Rebeca por sernos familiar a ambos.
Beca, como era conocida en el seno familiar, nació y se crió en el seno de una familia de alto rango abolengo, en el que nunca nada le fue negado, sus más mínimos caprichos eran concedidos, pero con unas reglas morales y sociales demasiado severas, así que desde su más tierna infancia, se reveló contra esas imposiciones que no entendía ni aceptaba. Pasaron los años y pese a mostrar continuamente su inconformismo, Beca se aplicó en todas las enseñanzas que tuvieron a bien darle, siendo la más aventajada de entre todos sus hermanos. La fatalidad quiso que a una edad temprana Beca se enamorara perdidamente, como suele pasar la primera vez, de un joven que le tenia robado el corazón, el sueño y el entendimiento. Decidió su familia que el muchacho en cuestión no era apropiado para la joven puesto que no pertenecía a una noble familia y decidieron alejarlos enviando a Beca cerca de la corte, esperando que se deslumbrara con los lujos de palacio y así olvidara a muchacho que la tenia fuera de sí.
Cuando nuestra protagonista descubrió la jugada que tenian pensada sus padres dicidió sellar el amor que sentía por el muchacho ofreciéndose en prenda a él la noche antes de su partida. "

Lo que pasó esa noche paso a relatároslo a continuación:

"Ambos jóvenes, inexpertos, esperando estrenarse mutuamente, deseos desbocados por una pasión desconocida que les urgía en la intimidad de una alcoba cualquiera, dos bocas se buscaron desesperadamente y con demasiada urgencia, manos que recorren cuerpos para guardarlos en la memoria, al momento la ropa sobró, y descubrieron ambos la desnudez y se observaron deleitándose en ella, disfrutando de esa visión que les enardecía, el muchacho que no era tan inexperto, tranquiliza a la futura dama con palabras de amor mientras su lengua recorre todo su cuerpo y su mano, que en un principio es rechazada, busca su sexo para perderse en las profundidades que su dama le ofrece ya sin miramientos, la dama gime de placer al sentir como la mano de su amante penetra en ella, con un movimiento que le roba el entendimiento, proporcionandole una sensación que hasta ahora le había sido vetada, el amante viendo que ya no hay resistencia por parte de su amada baja lentamente hasta que su boca se haya justo por encima de los dedos que tan agradables gemidos arrancan a su dama, y besa y juguetea y mordisquea el origen del placer hasta que Beca se derrama entre convulsiones de placer en su boca."

La historia continua My Lord, pero no me alargaré por si os aburro, vos me direis si quereis saber como continua.

Hasta entonces recibid como siempre mis mas oscuros deseos.
Por siempre vuestra. Lady Rebeca

lunes, 25 de mayo de 2009

A DOS VOCES... - IV -


ELLA

Las manos de ese hombre me estaban volviendo loca, no dejaba de excitarme con cada una de sus caricias, todos sus movimientos me proporcionaban un placer indescriptible. Cuando me giró hacia la pared, adiviné sus intenciones y eso me calentó aún mucho más. Sentir la humedad de sus besos en mi espalda, sus dedos acariciando mi trasero. Comenzó a descender con su lengua hasta llegar a mi ano, tan húmedo como el resto de mi cuerpo. Se detuvo allí, sus labios, su lengua, sus dedos en un placentero baile, entrando y saliendo, mis piernas apenas podían sostenerme. Sentí como apoyaba contra mi su pene, ..tan endurecido, .. tan húmedo, .. su cabeza buscó mi orificio ya dilatado por los previos masajes. Abrí un poco más mis piernas, y lo invité a entrar separando mis nalgas,... le deseaba dentro de mi. Casi me sentí desmayar cuando me penetró sin pausa, atravesándome para llegar a lo más profundo de mi ser, sentía el calor de su pene, el sudor de su piel. Comenzó a moverse alternando movimientos lentos y rápidos, sus manos me dedicaban intensas caricias, mis fluidos resbalan por mis piernas,.... no iba a poder aguantar mucho más.

Noté que estaba a punto de correrse en mi interior, mientras sus dedos se dedicaban a mi clítoris, le pedí, le rogué que me llenara, que me diera todo. En el mismo instante en el que sus espasmos y su fluido tibio comenzó a llenarme.. exploté en un increíble orgasmo, apenas pude ahogar el grito tapando la boca para no despertar a mis hijos. Allí, pegados a la pared, nuestros cuerpos temblaban envueltos en sudor resistiéndose a volver a la realidad. Le miré a los ojos, y me devolvió la mirada con una sonrisa.

Increíble - dijo aún sin haberse recuperado.

-Ha sido maravilloso - Respondí buscando su boca para fundirnos en un profundo beso

- Lo has pasado bien?
- Muy bien, pero ahora estoy un poco cansado y es muy tarde ya, los niños pueden despertarse en cualquier momento, creo que es mejor que me vaya.

- No te vayas, quiero que te quedes lo que queda de noche conmigo, no te preocupes por los niños.
Me acosté junto a ella, volviendo a sentir la tibieza de su cuerpo acurrucándose contra el mio y le besé el cabello, al tiempo que le oí susurrar
- Los niños estarán encantados de desayunar mañana con su padre, te echan mucho de menos.

jueves, 21 de mayo de 2009

A DOS VOCES... - III -



EL



Estaba realmente excitado, esta mujer me había encendido como hacía tiempo ninguna había logrado. Estaba totalmente humedecida, y mis continuas caricias no hacía otra cosa que llevarla cada vez más lejos. La deseaba ahí mismo, en ese instante, quería masturbarla, volverla loca de placer y ella no quería que me detuviese, su mirada, su cuerpo me pedían más y más. No podía ni creerme que pudiera haber llegado al orgasmo en mitad de un restaurante, yo no quería mirar a mi alrededor, quería disimular, pero la cara de ella resultaba de lo más evidente.

Su mano seguía acariciando mi miembro totalmente erecto, a punto de explotar, fijé mi mirada en esa mano que me estaba haciendo perder el sentido, entonces me dí cuenta de que llevaba una alianza puesta. Ver ese anillo en su dedo aún me excitó mucho más.

-Si nos quedamos un solo segundo más te violaré sobre la mesa a la vista de todos, busquemos un lugar más apropiado – dije casi suplicando.

-Si, no creas que esto va a quedar así – respondió al tiempo que se reponía de sus espasmos.

Pedí la cuenta, aunque lo cierto es que apenas habíamos tomado un aperitivo. Tomándola de la cintura la guié hasta mi coche.

-Bien, donde quieres que vayamos?- pregunté decidido a llevarla a mi apartamento.

-Vamos a mi casa, pero antes hay algo que llevo deseando hacer desde hace mucho rato- dijo al tiempo que me besaba con desespero.

Conduje por la ciudad hasta llegar donde ella vivía, su mano no dejó de regalar caricias a mi endurecido pene, volviéndome loco.

Nada más entrar en el portal, la sujeté por la cintura y busqué su boca y nuestras lenguas volvieron a entrelazarse calientes. Entramos en el ascensor sin dejar de besarnos, una vez dentro, comencé a acariciar el maravilloso culo que tenía, mis manos no dejaban de apresar sus nalgas, y ella, ella se pegaba más y más a mi, entreabriendo las piernas, mientras sus duros pechos me acosaban, y no pude resistirme a dirigir mis manos hacia ellos. Tenía tanta necesidad de tocarlos, sentirlos, apretarlos, acariciarlos.

-Hagamoslo... por favor... no puedo más- sus palabras entrecortadas por la excitación cegaron mi mente y me dejé llevar solo por mis instintos.

Entre besos y caricias me condujo por la casa a oscuras hasta la habitación. Una vez cerrada la puerta tras nosotros fue directa a mi cinturón para abrirse paso, su mano experta extrajo mi miembro hinchado. Se arrodilló frente a él, y comenzó a acariciarlo en toda su extensión, su lengua se relamía de gusto como si se encontrara frente a uno de los manjares más exquisitos... y su boca se lanzó sobre él.

Las caricias de su lengua y de sus manos, el vaivén de succión con el que se sacudía su cabeza, me transportaba a un mundo de placer total, haciéndome casi imposible aguantar por más tiempo derramar mi semen en su boca. Pero quería más, mucho más. La tomé por los brazos y la levanté para volver a besarla al tiempo que desabrochaba la parte de arriba de su vestido, dejando al descubierto sus hermosos pechos, dejando a la vista sus duros pezones. Los apresé con mi mano, mi lengua los rodeó, los mordí al tiempo que ella dejaba caer hacia atrás su cabeza embriagada de placer.

Llevado por el instinto levanté la falda de su vestido, le arranqué la ropa interior totalmente empapada, ahí mismo, de pié, ella tomó mi pene y lo introdujo en su interior. Nuestros sexos se unieron deslizándose suavemente, con un calor que nos quemaba y ambos emitimos un gemido de placer al sentirnos.
Entré en ella todo lo que la posición me permitía y ella comenzó un movimiento de cadera que me envolvió por completo.

-Así... así... dámela... dámela toda...- me rogaba sin dejar de moverse.

El momento era muy intenso y estaba haciéndome llegar al límite, instintivamente la giré. Ella apoyó las manos en la pared. Subí el vestido hasta quitárselo por encima de su cabeza, y mientras acariciaba con una de mis manos su pecho dirigí la otra a su apetecible trasero

.

lunes, 18 de mayo de 2009

A DOS VOCES ... - II -



ELLA

Tras mi crisis matrimonial y posterior divorcio, pasé un tiempo aprendiendo a ser solo la mitad de un todo. Mi amiga me había llamado esa mañana para convencerme de que saliéramos a cenar, había una feria de esas que atraen a mucha gente, aseguraba que habrían muchos hombres disponibles esa noche. Sus argumentos para convencerme fueron muchos y muy variados, así que al final, quizás por aburrimiento o por no oírla más, accedí a salir. Quedamos en el restaurante, temprano, eso nos daba tiempo, según ella, a poder hacer una valoración de la mercancía que se nos ofrecía.

Me encontraba en la puerta cuando entro un mensaje en mi teléfono móvil .
“Problemas en el despacho, no sé a que hora acabaré... lo siento”
“Estupendo, y ahora que hago yo..” - pensé, ya me encontraba en el restaurante.
Al final decidí quedarme a disfrutar de una buena cena, aunque fuera sola, con lo que me había costado decidirme a salir, no pensaba volverme a casa, además que caray!! la canguro había cobrado por adelantado.

Hacer que una noche aburrida se convierta en algo interesante está en nuestras manos, solo es cuestión de abrir un poco la mente y soltarse para disfrutar sin tener que darle tantas vueltas a las cosas. Llevaba demasiado tiempo sola y había tomado la decisión, esa noche iba a ser algo especial, aunque para ello necesitara tomar algo de alcohol que me entonara.

Me felicité interiormente por haber elegido ese vestido, que aunque algo insinuante, me hacía sentir segura de mi misma. Eso sí, a la que me despistaba, tenía que aguantar a algún que otro "salido" que en unos segundos de monólogo, intentaba convencerme de lo inteligente que era y de que cualquier mujer en mi lugar, se sentiría afortunada por tener la posibilidad que me brindaba de pasar la noche con él.

Entonces le vi, estaba apoyado en barra, sin demostrar interés en lo que le rodeaba. Buen físico, movimientos seguros, su rostro denotaba inteligencia y algo que me hacía sentirme irremediablemente atraída hacia él. Quería mirarle, pero no podía hacerlo sin disimulo. En eso que se me acercó un nuevo pesado, no veía la hora de quitármelo de encima, mientras en mi mente buscaba la manera de acercarme a aquel hombre de la barra. De pronto nuestras miradas llegaron a cruzarse, y noté como se me escapaba una sonrisa. Acto seguido observé como se dirigía hacia mi con paso decidido.

Debo confesar que no estuvo de lo más acertado a la hora de iniciar el diálogo, pero estaba decidida a hacer que esa noche fuera algo especial, y él era parte importante para que eso ocurriera.


Le sugerí tomar algo antes de que pasáramos a cenar, parecía no tener prisa, como si no esperara a nadie, así que le pregunté directamente. A ambos nos habían dado plantón. Hablamos y hablamos mientras él no apartaba sus ojos de los míos, sus gestos expresaban mucho más que sus palabras, y yo no me quedaba atrás, estábamos seduciendo descaradamente, eso junto con el alcohol, hizo que comenzara a sentir un intenso calor en mi cuerpo.

Frente a una copa de vino, decidimos que puesto que no teníamos con quien compartir nuestra mesa esa noche, bien podíamos cenar juntos. Avisamos al maître para anulara una de las mesas y nos preparara una en la que pudiéramos disfrutar de más intimidad.
La tenue luz y la suave música y el hecho de que nuestras piernas se rozaran sutilmente bajo la mesa, hicieron que la temperatura fuera subiendo, provocando reacciones que creía tener olvidadas.

Sus intensas miradas y su sonrisa, provocaban sensaciones por todo mi cuerpo, el alcohol continuaba con sus efectos desinhibidores. Dejándome llevar por lo que mi cuerpo reclamaba, coloqué mi pierna por encima de la suya, mirándole fijamente a los ojos. Me sonrió de nuevo y comenzó a acariciar mi pierna suavemente. Mi cuerpo reaccionó casi al instante bajo la tela del vestido, haciendose visible mi excitación. Su mano seguía recorriendo mi muslo con lentos y placenteros movimientos acercándose cada vez más a mi ya humedecido sexo. Con un solo gesto de mi cara le concedí el permiso para que traspasara el umbral. Apartó la pequeña porción de tela que lo cubría, y tras algunas caricias, introdujo sus dedos en él, una descarga de placer recorrió todo mi cuerpo y creí perder el sentido, sus dedos expertos entraban y salían de mi cuerpo empapándose de mi, rozaban mi clítoris,me tocaban, me acariciaban y pellizcaban.

No pude resistirme a colocar mi mano sobre el endurecido bulto debajo de su pantalón, necesitaba sentirlo, percibir todo su calor, necesitaba saber si le había provocado la misma reacción que él a mi, mientras mi cuerpo se sacudía a cada una de sus caricias. El mundo que me rodeaba quedó difusamente eclipsado cuando no pude reprimir el placer que sentía y comencé a gemir quedamente.

jueves, 14 de mayo de 2009

A DOS VOCES ... - I -



EL

Quería y necesitaba devolver la normalidad a mi vida, después de separarme de mi mujer, pasé unos meses aprendiendo a vivir solo, arreglando mi nuevo apartamento y concentrado en mi trabajo. Fue allí donde un compañero me hablo de una página de internet donde podías conocer a mujeres que estaban tan solas como yo. Habían pasado más de ocho meses desde la separación, tiempo más que prudencial para empezar a aceptar y proponer citas a otras mujeres. En el último mes había invitado ya a unas siete a cenar, pero no conseguía sentir atracción por ninguna de ellas. Me encontraba ya en camino, cuando recibí un mensaje en mi teléfono móvil anulando mi octava cita. Tenía dos opciones, o dar media vuelta y comer un plato precocinado o aprovechar la reserva, escuchar algo de música y cenar como un señor.

Al no tener que pasar a recoger a mi acompañante, llegué pronto al restaurante.
Me daba tiempo a tomar una copa en el salón del piano antes de pasar a la zona de mesas. Me sorprendió que a esa hora hubiera más gente de la habitual, entonces recordé que se estaba celebrando en la ciudad una de esas ferias que atraen a bastante gente. Me encontraba bebiendo, poyado en un rincón de la barra cuando la vi.

Parecía mantener una interesante charla con alguien al otro lado del salón, la distancia no me impedía observarla. Alta, larga melena morena, podía imaginar su figura de marcadas curvas a través de su ajustado vestido negro. Su gesto de acomodarse un mechón de cabello mientras bajaba la cabeza y se mordía el labio inferior terminó de hipnotizarme, me sorprendí en actitud de voyeur en el mismo instante en el que me dí cuenta de que ella me estaba mirando.

Clavó sus ojos en mi, y podría jurar que una breve y sutil sonrisa se dibujo en su rostro. Apuré de un trago mi copa y me dirigí irremediablemente atraído hacia ella.

-Hola, vienes mucho por aquí?, ultimamente vengo bastante y no recuerdo haberte visto- Dije desentrenado en este tipo de entradas directas a una mujer.

- será porque es la primera vez que vengo?.

-Si, bueno, claro..- empezaba a parecer idiota- si no fuera así sería imposible que no me hubiera fijado antes en ti.

-Si claro gracias, ahora se supone que he de creerte?, he estado aquí en otras ocasiones.

-Entonces creo que deberé revisar mi vista- Primer intento fallido por mi parte por torpe.

-Te perdono tu falta de vista si me invitas a una copa de vino antes de que nos avisen de que nuestras mesas están preparadas.

Parado frente a ella en la barra observé su escote, mientras nos servían las copas que habíamos pedido.
Irradiaba sensualidad, poseía un magnetismo especial que me descolocaba y me hacia sentir como un torpe y completo idiota. Elevando nuestras copas en un brindis, asumí que los papeles se habían invertido, era ella quien dominaba la situación, descubrí lo placentero que puede llegar a ser dejarse llevar.

lunes, 4 de mayo de 2009

LA CAPULLA QUE BUSCO UN CAPULLO


Cuentan las malas lenguas, de un republicano pueblo, invadido por capullos de todas las clases, digo que cuentan, las lenguas de doble filo que te casaste con otro siendo yo el que más te ha querido………. Joe ya se me fue la estrofa o el párrafo, que ya no sé si escribo en prosa o en verso, o de qué escribo.
Digo que contaban por las esquinas y por plazas y callejuelas que la política de turno a la postre mandamás de aquel pueblecillo, tal cual cogió el bastón de mando, viendo que aquel, aunque largo era demasiado delgado para sus aspiraciones, a saber, lujuriosas, mandó poner en fila a los trescientos ( no los de Troya, aunque lo que buscaba era una buena polla), joé ya se me fue otra vez la rima – es que no puede ser – pues decía que puso en fila a los trescientos a sus órdenes, mandándoles pusieran firmes sus porras, los pobres sin saber a cuento de qué, sacaron sus defensas y allá que la pusieron en ristre, pero la “muy señora” , que así había que llamarla a la mandamás, muy furiosa, se paró ante el primero y ni corta ni perezosa, como dueña de cuanto allí había, abrió la bragueta de aquel inocente muchacho y sacándole, la porra, la polla, o como quiera que ella llamara a aquel descomunal armamento, les gritó a los trescientos: ¡ A esto me refiero ¡.
Prestos, algunos sonrojados, ante la aptitud de aquella puretona ardiente, sabiendo de la mala leche que se gastaba, por falta de la buena, hiciéronle caso, y allá cada uno sacó su pene, blandiéndolo con ansias, no fuera que la buenorra de la señora se enfadara.
Y allá fue ella, presa de ansias, a probar y catar cada uno de los manjares que delante suya se les iba poniendo, sopesando, y nunca mejor dicho lo de pesar, cada uno de aquellos nabos, que lujuriosa y ávida iba probando entre sus labios carnosos, recién llenados de silicona, aquellos miembros más agrestes, largos, duros y fuertes, mientras que los fláccidos, cortos y delgados los echaba a un lado.
No dejó ni uno sin catar, y cuando digo catar, digo catar, porque hasta los jugos de al menos 100 con los que se quedó a probar, fue catando, paladeando cual buen vino cada uno de aquellos chorreones que le lubricaban la cara y los pechos turgentes que le sobresalían por el ceñido vestido que llevaba.
Tras largo rato, practicando una de las cosas que más le gustaba y que mejor se les daba, si no, no la hubieran escogido sus capullos amigos de su peña como mandamás de aquel pueblo, fue desechando una tras otro a la gran mayoría, pero claro, con tantos como que se le iba olvidando lo que había probado, haciéndoles repetir a los que iban quedando, como si de un juego se tratara hasta quedarse con el que iba a ser su “semental”.
Mira le dijo, ¿quieres 5.000 euros al mes por ser mi surtidor personal, o prefieres seguir chupando servicios mientras vivas?-
Aquel joven de unos 28 años, se quedó anonadado con aquella pregunta, pero a la vez temeroso por la que se le venía encima, él miraba a su jefe el cual ya tenía los ojos fuera de órbita y el pantalón chorreando del espectáculo que su mandamás le había proporcionado, esperando una respuesta por parte de aquel.
El jefe temiendo represalias, y con voz temblorosa, solo atinó a decirle: ¡No has oído la orden que te han dado, pues a cumplirla ¡
Aquel guardándose sus porras, asintió con la cabeza y cual objeto de deseo, fue agarrado por la chaqueta por aquella mujer pringada en jugos y se sintió arrastrado hasta el coche oficial.
En aquel mismo instante le dijo: ¿Dónde, cuando y hasta cuando te diga estarás conmigo haciéndolo?, todos los gastos corren por mi cuenta y soltó una fuerte carcajada, - bueno por mí no, por los imbéciles que me han elegido, pobres de ellos-.
Así estuvo dos años hasta que le obligó a casarse, poniéndole un descapotable a su nombre y marchándose fuera de la ciudad a su nidito de lascivo deseo donde ningún imbécil pueblerino les molestara.
Y así siguió escribiendo su historia esta capulla, que por ser mandamás de los ímbeciles, tuvo cuanto deseó con la complacencia de aquellos que metieron un papelito en un cajoncito un día como otro cualquiera, y ella quedó sorda a los gritos desesperados de aquellos, pero claro la pobre, ya es que se la metía aquel infeliz hasta por las orejas, con lo que los gritos de aquellos, eran ahogados por su sordera y por los propios gritos de placer de ella.

Relato enviado bajo el pseudónimo de LA SANDÍA MECANICA