domingo, 19 de abril de 2009

UN POETA EN EL BUENOS AIRES



La reunión se había alargado más de la cuenta, y la negociación había sido dura, necesitaba desconectar antes de irme a casa, así que sin pensarlo dos veces me encaminé hacia el “Buenos Aires”, uno de mis locales favoritos. Cuando entré varias cabezas se giraron y acompañaron mis pasos hasta el único taburete libre de la barra.
-”Un vino por favor”
-”Como no linda, hacia tiempo que no te veía, todo bien?”
-”Si gracias, veo que esto sigue igual, cuando vas a decidirte a poner el cartel de reservado el derecho de admisión, te evitarías que entrara tanto capullo, menuda colección tienes hoy aquí”
-”jajajaj.. Veo que no has cambiado, sigues igual que siempre. Te dejo, tengo que atender a estos capullos que me mantienen el negocio”
Repasé con la vista todo el local, lo cierto es que no había nadie que valiera la pena, todos enfundados en sus uniformes de traje y corbata, como si de una convención de clones se tratara. Alguien se movió en el fondo y entonces pude verle, estaba allí sentado en la mesa del rincón con un aire a lo Henry Miller que no encajaba para nada con el resto de clientela.
Estaba escribiendo sin parar, le veía tachar y volver a escribir, apenas levantaba la vista, lo que me permitía observarle con cierto descaro. No era especialmente guapo, ni especialmente atractivo, ni especialmente nada, pero no podía apartar mi mirada de él. El camarero se acercó a servirle un vino, entonces levantó la cabeza del papel y me miró directamente a los ojos sonriendo. Diosss!!!! tenía la sonrisa más bonita que había visto nunca, toda su cara se iluminó con ese solo gesto.
Levanté mi copa en un silencioso brindis dedicado a él y bebí un trago a su salud, una gota resbaló por la comisura de mis labios y la recogí con mi lengua. No pretendía que fuera un gesto erótico, pero creo que él lo interpretó como tal y me guiñó un ojo al tiempo que volvía a sonreír.
Está bien, pensé, si quiere que juguemos... jugaremos.
Me giré con la excusa de pedir otra copa haciendo que mis caderas quedaran bien marcadas por la tela del vestido, podía sentir su mirada como un fuego que empezaba a quemarme. Volví a brindar con la nueva copa al tiempo que cruzaba mis piernas dejándole ver la parte de mis piernas que las medias no cubrían.
Vi como se acomodaba en la silla, dispuesto a disfrutar del espectáculo que empezaba a ofrecerle, y con un leve gesto de su boca me envió un beso.
En ese momento me levanté para dirigirme al servicio, donde me quité el tanga y volví de nuevo a ocupar el taburete de la barra. Desde donde él estaba podía verme perfectamente, así que le ofrecí un primer plano de lo que se escondía debajo de mi vestido negro. Se puso en pie, caminando directamente hacia mi.
Levanté una mano que sujetó en el aire levantándola más y girándola me lamió la muñeca sin dejar de mirarme, dejando un rastro húmedo en mi mano. Una humedad que comenzaba a sentir en otra parte de mi cuerpo.
No hablábamos, pero nuestras miradas hacían promesas de un placer por venir, cuando uno de sus dedos comenzó a recorrer la pierna que quedaba escondida de la vista de todos con un suave roce, subiendo y bajando por ella. Podía ver como crecía su excitación entre sus piernas y no pude resistirme a acariciarlo por encima del pantalón al tiempo que él coló su mano entre mis piernas. Ambos sonreímos al mismo tiempo, él al notar la humedad que me había provocado, yo por provocar su erección.
Me giré hacia el dueño del local
-”Aún existe la sala de juntas?.. Dame una botella de vino y la llave, anda se bueno”
-”Ya nadie usa esa sala, esta algo abandonada, estas segura de lo que haces?”
-”Tu dame el vino y la llave”
Sin mediar palabra le lleve a esa zona privada que pocos conocen y cerré la puerta por dentro para tener intimidad, dejé que se pusiera cómodo mientras abría la botella de vino y llenaba las dos copas.
Mojé mis labios con el vino, de lejos nos llegaba la música del local y me dejé llevar.
Mis manos recorrían mi cuerpo y mis movimientos se volvían más sensuales, al tiempo que iba desabrochando mi vestido hasta quedar solo vestida por las medias. Mojé mis dedos en su copa y trace con ellos un camino de gotas que recorrían mi pecho. Volví a mojarlos, ahora el vino resbalaba por mi vientre, mientras mis dedos seguían su camino y se perdían entre mis piernas. Cuando mi piel brillaba húmeda, cuando mi respiración se aceleraba , cuando la humedad resbalaba entre mis piernas, tiró de mi haciendo que me sentara encima suyo con las piernas abiertas una a cada lado de las suyas.
Su boca hacía maravillas, chupaba, mordía y lamía haciéndome gemir de placer, provocando que mi cuerpo se arquera. Su mano se coló por entre mis piernas y rebuscó en su pantalón. Me sujetó con fuerza por la cintura al tiempo que sentí como de un solo golpe entraba en mi cuerpo, bruscamente, como a mi me gusta. Le quité de un tirón la camiseta y clavé mis uñas en sus hombros mientras continuaba forzándome, entrando y saliendo de mi. Su boca seguí volviéndome loca, ya no podía aguantarme más, estaba a punto de correrme cuando sus dientes aprisionaron mi hombro haciéndome gritar en una mezcla de dolor y placer que me llevó directa a uno de mis mejores orgasmos. Él terminó un poco después, noté como su semen se escurría entre mis muslos.
Me tumbé en el sofá mientras él se vestía, se giró hacia mi, mirando como una gota de su semen resbalaba por mi pierna, le sonreí al tiempo que la tomaba con uno de mis dedos y lo llevaba a mi boca. Sonrío al verme hacerlo cogió su copa, me la brindó y se la bebió de un solo trago.
-”Un placer conocerte, y una suerte, mi poema ahora ya tiene final”
Y salió de la habitación.
(Dedicado a Erker)

2 comentarios:

  1. a que hora sale un tren a barcelona guapa??
    me cortaste el aliento con esto mujer...nuestra charla de hoy en el chat parece que nos sirvio mucho a ambos...nos inspiro...lo escribiste mas que bien...quien te dice??,que lo hacemos realidad!!!
    besos y gracias por la dedicatoria

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  2. Quizás mi mala suerte o los hados del destino hicieron que llegaras a esas horas y que la reunión se alargara tanto. Hacía muy poco tiempo que me había ido del local y quizas habría tenido la suerte de que esta noche te hubieras fijado en mí.
    Desde la primera vez que te ví, hace ya unos cuantos meses, suelo venir casi todas las noches con la única ilusión de encontrarte, de volver a verte. Siempre con la idea de deshacer la distancia que nos separa, esos pocos metros que jamás me atreví a cruzar, los que me separan de tí, esos cuatro pasos físicos que son infinitos para mí.
    Quizás esa noche me hubiera atrevido, quizás esa noche te habría buscado, quizás esa noche sí los hubiera dado, quizás esa noche era la noche, pero no estabas y luego yo ya no estaba.
    Seguiré esperando, seguiré deseando, seguiré en mi esquina, en silencio, mirando para la puerta y esperando que entres, que dirijas tus pasos hacia la barra para atreverme a dirigir los míos hacia tí, para romper la barrera que me separa de tí, para que esos cuatro pasos físicos dejen de ser infinitos y poder decirte al oido, suavemente, dulcemente "te puedo invitar a una copa de vino?"

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