viernes, 24 de abril de 2009

MI PORTATIL II



….Sentía su cuerpo temblar junto al mío. Nuestras lenguas entrelazadas se entendían mejor que con palabras.
Me cogió una mano y la puso sobre su entrepierna. Empecé a moverla por encima de su pantalón. Comprobé lo excitado que lo había puesto ese beso, y me imagino que otras cosas. También yo lo estaba. Notaba la humedad de mi sexo mojando mi diminuto tanga.
Desde lo sucedido en el baño, creo que nuestros cuerpos se deseaban y necesitaban, y había llegado el momento de calmar la sed que reclamaban.
Deshicimos el camino y sin dejar de tocarnos y de besarnos, llegamos a su coche.
Una vez dentro, se abalanzó sobre mí y metiendo la mano en el escote sacó mis tetas fuera y comenzó a juguetear con su lengua hasta lograr erizarme los pezones por completo. Me retorcía de placer mientras acariciaba su cuello, y trayéndolo hacia mí, lo besaba. Exaltado y con voz entrecortada me dijo:

- No aguanto más…Dios…me tienes a mil
- Estoy totalmente mojada
- Vamos a otro sitio, necesito follarte

Oírle decir “necesito follarte” con esa entonación de pasión y deseo, me puso aún mucho más encendida, y casi sin pensar le respondí:

- Vamos a mi casa

Sin haber terminado la frase ya había puesto en marcha el coche.
Nada más llegar, y mientras buscaba la llave en mi cartera para abrir la puerta, se apretaba contra mí, notando su tremenda erección pegada a mí. Me metía la mano por debajo del vestido para tocar mi trasero.
Tras cerrar la puerta nuestros cuerpos ardían de sed, de pasión de deseo, de vicio. Nos besábamos, nos tocábamos, nos sentíamos. Me arrancó el vestido de la forma más salvaje. Hasta pensé que quizás me lo había roto, pero no me importaba. Yo no quise ser menos y le arranqué la camisa, haciendo que los botones saltaran con mi tirón.
Nos dejamos caer sobre la alfombra que revestía la entrada y nos pusimos a comernos la boca. Tras estar un buen rato nuestras lenguas luchando con el deseo y la pasión, la sacó de mi boca y comenzó a bajar a lo largo de mi cuerpo. Se detuvo en mi ombligo jugando con ella y dejando que gotas de saliva lo inundaran, Siguió bajando por mi vientre hasta llegar a mi entrepierna y con los dientes me quitó el tanga.
Abrí las piernas un poco más para que bebiera de mi fuente y calmara su sed con mis jugos vaginales. Pero él fue lento, más bien tortuoso y un poco cabrón, y se hizo desear. Parecía que el juego previo era lo suyo, porque sabía cómo hacerlo.
Me acariciaba y daba lametones largos y húmedos. Sentir su lengua alrededor de mi pubis me enloquecía. Me mordía los labios para contener el deseo que me estaba provocando al jugar con mi clítoris, al pasar su lengua por mis labios vaginales.
Dos dedos que supo mover muy bien, empezaron a follarme, metiéndolos y sacándolos de forma rítmica.

- Mmmmmm, qué mojada estás, mi niña. Me encanta ponerte y notarte así
- Estoy encharcada por tu culpa
- Y bien depilada como me gusta a mí, para comértelo todo mejor


Mientras seguía matándome de placer con sus dos dedos, con el dedo índice de la otra mano me frotaba el clítoris, enorme y endurecido por la gran excitación que tenía. Sólo se escuchaba el chasquido de sus dedos al entrar una y otra vez en mi coño encharcado.
Yo seguía tumbada encima de la alfombra, mientras él se puso de rodillas frente a mí y metió sus manos por debajo de mis caderas, asiendo mis duras nalgas y elevándolas hasta dejar mi sexo frente a su cara.
Hundió su boca en mi entrepierna y comenzó a comerme como nadie lo había hecho jamás. Se bebió hasta la última gota que le entregué.

- Me mataste, Marcos
- Pues estamos empezando
- Dios, menuda corrida me acabo de pegar, pero ahora quiero ver más

Sólo su torso estaba desnudo. Su polla, prisionera debajo de los vaqueros, me pedía a gritos que la liberara de esa cárcel de tela. Se puso de pie mientras yo me arrodillaba frente a él. Se quedó quieto y a mi entera disposición.
Solté el cinto y empecé a bajarle la cremallera. Necesitaba ver y sentir ese aparato que se abultaba como de buen tamaño. Bajé de golpe el pantalón y pude ver como su bulto palpitaba bajo un slip negro que le quedaba muy bien.
Con ayuda de ambas manos, empecé a bajarle el último obstáculo que me separaba de su caliente tesoro. Su polla, finalmente liberada, saltó como un resorte.

- Dios…me gusta...guau

Era una polla hermosa, no muy venosa, con un capullo hinchado y amenazador. Tenía el vello recortado y junto con unos hinchados y duros cojones, todo el conjunto componía un gratificante y apetecible cuadro.
Me hizo incorporar y nuestras lenguas se volvieron a buscar, calentando aún más la situación si ello era posible.
Saqué la lengua de su boca para recorrerle el cuello. Besándolo todo, me acerqué a su oído y luego de un par de lamidas en el lóbulo que lo hizo gemir, le susurré al oído:

- Te voy a hacer una mamada como jamás te la hicieron
- Mmmm…hazlo

Me arrodillé frente a él y me dispuse a disfrutar de ese trozo de carne. Comencé lamiendo sus hinchados huevos. Me gusta jugar con ellos, sentirlos dentro de mi boca, recorrerlos con mi lengua. Me fijé en sus ojos, es algo que me encanta, y su mirada me pedía a gritos que me llevara su pedazo de carne caliente a mi boca, que se la chupara, pero a mí también me gustaba hacerlo desear.
Lo tomé con mi mano ensalivada y jugué largo rato con la puntita de mi lengua. Lametazo va, lametazo viene, asomaron las primeras gotas de líquido preseminal que limpié con placer y gusto.
Fui devorándome su polla, desapareciendo casi por completo en mi boca. Su cara reflejaba lo mucho que le gustaba. Se la estuve chupando con verdadera gula un buen rato, hasta que me levantó de nuevo y me besó con pasión.

- Vamos para la cama, Marcos
- Vamos, mi niña

Él seguía con el mástil firme como una roca, y cogiéndosela con mis manos, nos fuimos para mi habitación.
Tumbándose boca arriba encima de la cama, me senté sobre su hermosa y dura polla ensartándome hasta lo más profundo de mi ser.

- Cabalga, jaca, cabalga

Era una de mis posturas preferidas, y no dudé en complacerlo. Empecé a galopar sobre ese trozo de carne que ardía dentro de mí, mientras con sus manos amasaban mis tetas y pellizcaba mis duros pezones.
Mis gemidos se hacían cada vez más intensos, y se mezclaban con los suyos. Nuestra respiración se aceleraba. Moviéndome en círculos sobre él, ahora ya de manera frenética, percibía el gran final.
Con mis últimos movimientos pélvicos, mordiéndome el labio inferior, me corrí varias veces seguidas. Mi cuerpo seguía temblando por el clímax alcanzado, cuándo, por su cara, presentí que estaba a punto de darme su leche. Lo descabalgué y cogiendo con mi mano su polla, empapada por mis jugos, empecé a pajeársela con fuerza.

- Me voy a correr
- Hazlo, dámela toda
- Siiiiiiiiiiiiiii

En ese mismo instante, un tremendo chorro de leche salió a borbotones de su miembro, cubriéndome los pechos de su cremoso fruto, momento que aproveché para esparcirlo por ellos y por mi vientre.
Acerqué mis labios a su capullo y le agradecí el placer y la corrida con un beso.
Nos abrazamos y nos besamos. Ese fue nuestro primer encuentro sexual, y el inicio de una relación muy placentera que perdura hasta el día de la fecha.
Bendito aquel día que se me rompió el portátil y que mi técnico habitual estuviera de vacaciones.

3 comentarios:

  1. Bello relato. Tiene un tema pasional interesante y una descripción donde queda perfectamente detallado un modelo mental singular y con ganas de voivir, Felicidades.
    ¿cómo te van las bugambillas?

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  2. Gracias Paco, pero el texto no es mio, este blog lo hacemos entre mi buen amigo Lastman y yo, el relato en cuestión es suyo. las buganvillas estas preciosas.

    Last... te has superado, vuelves a los origenes o al menos eso me ha parecido leyendo tu relato. En cuanto pueda le pongo una imagen. Besos

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  3. Que buen relato, no sabes cuanto me gusta leer un gran relato e ir imaginando a la vez como sería en la realidad o más bien como fue!!

    Sigue así...

    Saludos

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