viernes, 24 de abril de 2009

MI PORTATIL I


Os diré que mi portátil estaba funcionando pésimamente desde hacia unos cuantos días, pero como no me quería quedar sin él por ciertas necesidades, andaba mirando a ver si podía ir tirando un tiempo aún. Pero no me quedó más remedio que acudir al técnico, porque una noche me dijo “hasta aquí llegamos”.
Suelo llevarlo siempre al mismo técnico, pero cuando lo llamé me dijo que estaba de vacaciones y que no volvía hasta finales de mes. No podía esperar tanto y me dio el número de teléfono de un compañero suyo. Me dijo que era muy bueno y que además no era de los más caros.
Unos minutos más tarde llamé a Marcos, que así se llama el recomendado por mi técnico habitual, y una voz agradable sonó al otro extremo de la línea.
Me preguntó por los pormenores de mi ordenador y le expliqué lo mejor que pude, a mi manera, porque no entiendo mucho del tema, lo que le ocurría. Me preguntó donde vivía y al darle mi dirección, me dijo que estaba bastante cerca de mi casa y que cuando terminara se acercaría para revisar el portátil, más o menos en una hora.
Aproveché para darme una ducha ya que el tiempo que tenía era suficiente. Estaba saliendo del baño cuando sonó el timbre. Me puse una bata y salí del baño.
Miré por la mirilla y pude contemplar a un hombre de unos 40 años, moreno, de pelo corto, vestido con una camiseta y unos pantalones vaqueros, y con un maletín en la mano. No lo conocía de nada pero algo me impulso a abrir la puerta. Por su voz enseguida lo reconocí. De repente me di cuenta que me había quedado embobada mirando para él y no lo había invitado a entrar.

- Perdona por mi apariencia, es que me estaba duchando y me puse lo primero que encontré a mano
- No te preocupes, estoy acostumbrado
- Adelante, pasa
- Gracias

Mi imagen no debía ser la más impactante para provocar deseo, con mis cabellos envueltos por una toalla, y mi cuerpo cubierto con un bata de seda blanca haciendo juego con mis pantuflas mañaneras.
Lo dirigí a mi habitación, donde tenía el portátil, y una vez allí, señalándole la silla giratoria, lo invité a que se sentara. Me quedé situada a su espalda, observándolo. No me quise ir a cambiar para no dejarlo solo en la habitación, ya que hasta el momento era un completo desconocido.
Mientras reiniciaba el ordenador, me fue haciendo preguntas como para ir descartando ciertos problemas. En un momento giró su cabeza para escucharme cara a cara mientras yo hablaba.
De pronto noté que su mirada se perdía sin disimulo a la altura de mis pechos. Posiblemente en un descuido por mi parte, el lazo de la bata se aflojó, o en el apuro de vestirme deprisa al salir del baño, no la ajuste lo suficiente (es la pega que tiene la seda) y se había abierto más de lo debido, dejando asomar uno de mis pezones fuera de ella,
Con rapidez y con el calor del rubor inundando mis mejillas, me cubrí y ajusté el lazo. Demostrándome decoro y saber estar, dándose cuenta que me había puesto nerviosa, se dio vuelta y continuó en lo suyo.
Con las manos cruzadas y sin despegarlas de la endemoniada tela para que no se volviera a abrir, seguí a su espalda, fijándome en lo que hacía. Luego de una pausa silenciosa me hizo saber que debía llevárselo a su taller. Al parecer tendría que instalar nuevamente el sistema operativo. Mi cara se transformó al instante, y como si leyera mi pensamiento me tranquilizó.


- Tranquila, que no te voy a dejar empantanada, te traeré uno hasta que esté listo el tuyo
- No sabes cuanto te lo agradecería
- Ya hablaremos de eso…jajajaja

Qué bonita sonrisa, pensé.

- Además, qué menos podría hacer para una dama tan linda

La que sonrió fui yo. Bastó con mi sonrisa para que se diera cuenta de que me había agradado su halago. Lo acompañe hasta la puerta de salida, y antes de irse agregó:

- Tardaré muy poco, justo llegar a casa y volver
- No tengo prisa

Despidiéndome con un hasta luego se marcho.
Instintivamente, me fui a espiarlo por la terraza y me quedé mirándolo como caminaba hasta el auto. Mientras, recordaba el incómodo episodio del lazo de la bata y mi pezón al aire. ¡Qué vergüenza, Dios!
Me fui a mi habitación a cambiarme. Me puse algo sencillo para una tarde de sábado. Nada sofisticado, unos vaqueros ajustados, unas sandalias con algo de tacón, y una camiseta que llevaba impresa en la delantera la palabra "SEXY", muy sencilla pero bonita.
Arreglé el cuarto de baño, y sin nada más que hacer que esperar a que llegara Marcos, cogí el móvil y llamé a mi mejor amiga para contarle lo del técnico. No sé el rato que estuvimos hablando, pero debió ser bastante porque cuando nos ponemos a hablar de hombres, nos solemos alargar bastante. Cuando ya estábamos a punto de despedirnos, sonó el timbre y me imaginé que era él
Estaba en lo cierto. Traía consigo un portátil. Cerré la puerta y lo acompañe a mi habitación. Mientras sostenía el ordenador en sus manos, aún sin apoyarlo sobre la mesa, me recorrió por completa con la mirada, comentando:

- Cambiaste el vestuario?
- Jajaja
- Pues la bata te sentaba muy bien
- Gracias

Una sonrisa irónica apareció en su rostro.
Yo no pude menos que esbozar una sonrisa y agradecerle el piropo. Quise salir rápidamente de la conversación e inmediatamente enfoqué mi mirada en el portátil que traía en sus manos. Dándose cuenta de la incomodidad de las palabras anteriores, se sentó en la silla y colocó el portátil sobre la mesa.

- Para que no te encuentres desconectada del mundo, además estoy convencido que lo dejo en buenas manos
- No sabes el favor que me estás haciendo, trabajo y me manejo mucho con el ordenador
- Lo usas para tu trabajo?
- Lo uso para todo y en serio, no sé como podré agradecerte el favor que me estas haciendo
- Yo sé cómo
- Si?
- Aceptando ir a cenar esta noche conmigo, si es que no tienes planes, claro.

Me pareció interesante. Sólo tenía que cancelar la salida que teníamos acordada varias amigas.

- No, esta noche no tenía ningún plan
- Te parece bien si te vengo a buscar a las nueve?
- Sí, perfecto.

Se levantó, lo acompañé hasta la puerta y a modo de despedida, me dio un beso en la mejilla.
Volví a cambiarme de ropa acorde a la situación. Como no sabía a qué sitio me llevaría escogí un vestido rojo discretamente escotado con un fino lazo que ajustaba en el cuello, dejando la espalda al descubierto. El modelo no permitía usar sujetador, prenda que no suelo usar mucho pues mis pechos firmes lo permiten. Acompañé el conjunto con unos zapatos de tacón y una diminuta carterita al tono.
A la hora acordada sonó el timbre. Estaba ahí. Me llevó a un restaurante muy bonito, con un ambiente cálido, iluminación más bien escasa y música tenue, haciendo de él un lugar confortable.
Era una situación un tanto extraña. No era común para mí estar sentada junto a alguien que pocas horas antes había conocido. Mantuvimos una conversación amena, y supimos un poco más del otro. Ya habíamos cenado pero aún seguíamos apurando las últimas copas de la botella de vino.
Pedimos una nueva botella, y aunque estoy acostumbrada a tomar vino, empezó a subir por mi cuerpo un calor que parecía concentrarse en mis mejillas. Con un tono de voz suave y relajador, me preguntó si tenía calor. Le confesé que sí, que quizás es que llevaba ya demasiado vino en mi cuerpo.
Alejó la copa llevándola para su lado.

- Mejor te pido un café
- Creo que es una buena idea, Marcos

Me bebí el café y me levanté para ir al baño. Al hacerlo sentí que mis piernas flojeaban, e intenté disimularlo bajándome el vestido que se había levantado un poco al estar tanto tiempo sentada. Caminando lentamente moviendo las caderas como si fuera una modelo (sabía o me imaginé que él me estaba mirando), encontré los baños y al ver la clásica muñequita pintada en la puerta, entré.
Permanecí un largo rato sentada en el inodoro esperando que se me pasara el mareo (se me daba vuelta todo). De pronto sentí su voz tras la puerta.

- ¡Te pasa algo?
- No, tranquilo
- Me tenías preocupado
- Estoy bien, gracias
- Puedo pasar?
- No, espera que salgo yo ahora

Aquella situación me parecía extraña.
Abrí la puerta y allí estaba él.

- Estas pálida
- Ya ves, la falta de costumbre
- Ven

Me comenzó a mojar la cabeza y la frente. Pasaba sus manos empapadas de agua por mi rostro, y si bien los mareos ya habían cesado, él seguía refrescándome. Sacó su pañuelo y me secó.
Mientras, acariciaba mi rostro suavemente y continuó secándome. Cuando terminó lo abracé y le pedí disculpas por el papelón.
Pensé en aguantarme las ganas pero no pude resistirme a semejante tentación. Estando a escasos centímetros de sus labios era "el momento", y fui en busca de esa boca que tanto me atraía. Al posar mis labios en los suyos nos fundimos en un largo y caliente beso. Estábamos tan pegados que notaba el bulto de su entrepierna crecer.
No sé si fue producto del alcohol o qué, pero deseaba que me follara ahí mismo. Estábamos muy excitados los dos, pero Marcos estaba más lúcido, en cambio yo no tanto. Apartándose un poco de mí me tomó del mentón elevándome la cara para asegurarse que lo mirara, y me dijo:

- No hagamos lo que quizás mañana, más sobria, te puedas arrepentir
- Gracias, espérame en la mesa que salgo ahora
- Estás mejor?
- Tranquilo, que ya estoy bien. Anda, sal

En cuanto salió del baño, me acomodé el vestido, peiné con mis dedos el cabello, me di un poco de maquillaje para disimular mi palidez, y salí del baño.
En mi ausencia, él ya había pagado. Tomándome de la mano salimos del restaurante y me preguntó si me sentía bien como para dar un pequeño paseo por un parque que había cerca. Como me sentía mucho mejor, acepté encantada.
No habíamos caminado mucho, cuando me tomó por la cintura y sus labios buscaron los míos. Su boca me quemaba. En ese momento tuve la necesidad de apagar el incendio que me perturbaba, recibiendo su beso con pasión……

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