martes, 7 de abril de 2009

NOCHE DE TORMENTA....


-” Marcos..”
-” Dime”
-” no te vayas”
-” Estas segura?”
-” Te necesito. No quiero estar sola. Esta noche no.”


Marcos se sentó en el borde la cama y durante unos instantes me abrazó. Solo deshizo su abrazo para desnudarse y acostarse a mi lado. Fuera retumbaban los truenos y la lluvia no dejaba de golpear las ventanas mientras él me quitaba el pequeño camisón que llevaba puesto y retiraba el coletero que mantenía recogido mi pelo al tiempo que lo extendía sobre mis hombros.

-”Siempre me ha encantado tu cabello” murmuró pasando sus dedos por mi melena al tiempo que me besaba en el cuello y recorría mis desnudos hombros con sus húmedos labios.

Los relámpagos iluminaban la habitación a través de la ventana dejándome ver a intervalos el esbelto y musculoso cuerpo de Marcos, mientras acariciaba sus hombros, su pecho. Un trueno resonó haciendo que me pegara a su cuerpo en busca de protección y entonces me besó profundamente. Sentí de pronto un deseo tan impetuoso como la tormenta de fuera.

Para tranquilizarme me abrazó de nuevo, me besó dulcemente los párpados, la nariz, la boca; y volvió a besarme intensamente.

Mis manos temblaban cuando le tocaba y podía percibir como la pasión empezaba a poseerle. Suavemente comenzó a acariciarme un pecho, sentía la calidez de sus dedos recorriendo, dibujando el contorno, acariciando mi pezón. De nuevo me besó, con un beso lento, sensual, erótico y dolorosamente tierno.

Recorrió mi cuello, pegó sus labios a mi hombro y siguió bajando hasta llegar a mi pecho, haciendo que sintiera un escalofrío al notar sus labios, sus dientes y su hábil lengua dando vueltas sobre mi cada vez más endurecido pezón. Y me sentí envuelta en el calor que creció en mi interior al compás de la tormenta.

Marcos fue bajando, su lengua jugueteó con mi ombligo mientras yo me movía agitada, sintiendo como mi cuerpo ardía deseando que siguiera, que no parara, que siguiera bajando. Y bajó, bajó hasta separarme las piernas y colocarse en medio mientras besaba mi vientre, la parte interna de mis muslos.

No puede reprimir un gemido cuando deslizó sus manos hacia mi trasero para apretar más su boca contra mi sexo. Un estremecimiento me recorrió mientras su lengua separaba los pliegues y jugueteaba con mi clítoris, mordiendo, succionando, lamiendo, dando pequeños golpecitos sobre él con su lengua.. era extraordinariamente placentero. Clave mis manos sobre las sábanas mientras me mordía el labio inferior para no gritar del dulce y puro placer que fluía por todo mi cuerpo sin control.

Marcos me acariciaba con ternura y sabiduría, usando sus manos, su boca, haciendo que mi deseo creciera hasta no poder controlarlo, logrando que alcanzara el clímax llenándome de un placer profundo y torrencial. Todo mi ser palpitaba cuando me atravesó un rayo de pasión. Al parpadeante resplandor anaranjado del relámpago, pude ver los ojos de Marcos que parecían casi negros mientras se colocaba sobre mi. Clavé mis manos en su espalda mientras un estremecimiento me recorría por completo cuando me penetró de una sola y profunda acometida.

Una nueva oleada de calor me inundó y no pude evitar un largo y profundo gemido arrancado de lo más profundo de mis entrañas. Los truenos y los rayos no cesaban y yo seguía unida a él, acariciando su espalda mientras comenzaba a moverse lentamente dentro de mi. Transportándome de nuevo a un mundo de sensaciones y placeres.

Marcos aumentó el ritmo de sus profundas embestidas. Podía notar como todo su cuerpo se tensaba sobre mi manteniendo el control, provocándome un placer tan intenso como pocas veces he sentido.

Seguía moviéndose, más deprisa, más a fondo, con más fuerza.

-”Ven conmigo..”, - dijo en un húmedo susurro.

Y su voz áspera y sensual me arrastró a un orgasmo tremendo y total al tiempo que ambos nos corríamos.

Nos quedamos tumbados, sin hablar, abrazados hasta que el agotamiento nos venció y quedamos dormidos. Amanecía cuando aún abrazados sentí de nuevo su excitación y volvió ha hacerme el amor, esta vez despacio, con delicadeza y ternura, y tan concienzudamente que cuando terminamos volví a quedarme dormida.

Cuando desperté, ya entrada la mañana, Marcos no estaba. Miré por la ventana, al otro lado la lluvia había cesado....

No hay comentarios:

Publicar un comentario