miércoles, 8 de abril de 2009

LA CAMISA


Hasta esa hora había sido un día normal, sin nada excitante que contar, sin nada especial que mencionar. Un día más de los tantos que tiene mi vida. Trabajo, familia, un poco de relax y mis momentos ante el ordenador para, digamos, mis cositas más íntimas o personales, como por ejemplo, descargar música o alguna película.


Me encontraba concentrado en la descarga de un disco de Triana, soy un apasionado de su música por muchos años que haga de su desaparición, y en la búsqueda de la pertinente carátula, tarea arduo difícil, cuando escuché el sonido familiar del messenger que avisaba que alguno de mis contactos había entrado en línea. Pinché sobre la pareja de muñequitos y al abrirse la pantalla apareció otra más pequeñita con un rostro perteneciente a uno de mis contactos preferidos, por muchas razones que no vienen a cuento aquí.


Era, digamos, Sandra, una amiga con la que charlaba de vez en cuando en línea.


Sandra, por poner un nombre a esa foto, es una de las mujeres con el rostro más atractivo que conozco y cuando se conecta, lo demás puede esperar.


Un simple "Buenas noches" seguido de una confidencial y privada demostración de amistad y algo más, aparecía en el mensaje, y comencé a escribir una respuesta. Estuvimos un buen rato así hasta que apareció una invitación para charlar con cámara. Fue tal la sorpresa que casi no soy capaz de reaccionar, pero acepté de inmediato.


Cuando apareció en el monitor, una sonrisa se dibujo en mi rostro. Sus preciosos ojos negros, o no, miraban directamente hacia la cámara. Esa mirada se clavó en mí y me dejó fascinado. No me quedó más remedio que decírselo y cuando se rió ya quedé dominado por la visión de todo su rostro. Con un gesto muy de ella, ella sabe cual es, ya consiguió ganarme para su causa.


Tras la primera sorpresa y la atracción por su cara, mi vista bajo unos centímetros para comprobar si había alguna sorpresa más, pero de momento solo pude comprobar que llevaba una camiseta negra.


Estuvimos charlando de sucesos del día, de tal y cual, de esto y aquello, pero sin ninguna intención sexual, cuando de repente me dijo:

- Dame un minuto. Ahora vuelvo

La conexión de la cámara se cortó y al poco apareció una nueva invitación para conectarme. En cuanto lo hice, comprobé que se había cambiado la camiseta por una camisa. Le dije:

- Y ese cambio?

Ella sonrió y soltó un botón. No sé por qué razón, pero me empecé a poner cardiaco y un agradable cosquilleo se apoderó de mi cuerpo. Seguimos hablando, pero la carga sexual empezó a dominarnos por momentos. Y más cuando se soltó otro botón y separó un poco la camisa diciéndome que hacía mucho calor.


Yo estaba ya totalmente encelado ante la visión de su cara e imaginando sus pechos y se lo expresaba con mis frases, de contenido cada vez más sexual, al no poder demostrárselo de otra forma. Muy lentamente, por momentos que me parecieron eternos, se soltó otro botón. Ya sólo quedaba uno.


Mi respiración era cada vez más fuerte y mi, digamos, parte más dura, respondía a la vista de lo que tenía reflejado en la pantalla y a tantos kilómetros de distancia.


Noté, o al menos así quise pensar, que su cara reflejaba que ella también estaba excitada y caliente, muy caliente. Esta era la imagen más hermosa que me podía regalar en ese momento y le estaba totalmente agradecido, y mi erecta reacción, mucho más.


Al poco tiempo, soltó el último botón y una de sus manos se introdujo bajo la tela mientras la otra desapareció de mi vista. No sé si para buscar algo material o algo físico.


En esos momentos mis dedos se paseaban sobre el hinchado y enrojecido glande al tiempo que mis ojos se deleitaban con ese placer visual.


Si mano izquierda empezó a jugar, siempre bajo la tela, con su teta derecha y me empecé a imaginar lo duros que debían estar en esos momentos sus pezones, esos pezones que sin conocerlos, tanto deseo saborear, que sin haberlos visto nunca, tanta fijación me provocan.


Su otro brazo empezó a moverse y no necesitaba mucha imaginación para suponer lo que su mano derecha estaba haciendo. La imaginaba suspirar. Su rostro reflejaba lo bien que lo debía estar pasando, pese a no oír sus gemidos, pero dicen que la cara es el espejo del alma y en esos momentos, Sandra estaba aplicada en cuerpo y alma a darse placer y al mismo tiempo, a provocarme una cada vez más tremenda erección.


Me imaginaba su mano derecha jugando con su húmedo sexo, separando los labios y apretando con pasión y deseo su hinchado y abultado clítoris mientras su mano izquierda seguía jugando con su erecto y divino pezón.


Creo que le pedí que se quitara la camisa.


Cerró sus ojos con fuerza, echó la cabeza hacia atrás, hizo su gesto más erótico y provocador, y la imaginé gimiendo con fuerza mientras mis testículos descargaban todo el placer contenido todo este tiempo.


Nos quedamos en silencio un rato, sin escribir nada, intentando recuperar el ritmo de la respiración. Se abotonó o se puso la camisa, no lo recuerdo, nos despedimos por esa noche, deseando volver a disfrutar el uno del otro, cerramos la conexión y soñamos con ese momento que habíamos vivido.

4 comentarios:

  1. me ves...?
    me sientes...?
    Me adivinas..?
    Me deseas...?
    Te veo
    Te siento
    Te adivino
    Te deseo...
    mmmmm ... My Lord

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  2. se me olvidó.. te presta la foto?.. te presto la foto. Remuacks mon diable

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  3. My Lady, verte es una delicia, sentirte es un placer, adivinarte es un vicio y desearte es una realidad.
    Por lo tanto, te veo, te siento, te adivino y te deseo.
    Solo falta una cosa para la quinta esencia...tenerte.
    Remuacs.

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  4. Por cierto, anónimo, me presta la foto y si me la prestas, me prestará mucho más.
    Remuacs ma petite fille.

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