jueves, 2 de abril de 2009

EL NUEVO DIA



Por fin nuestras miradas se encuentran. Nos dirigimos el uno al otro y nos damos un beso en la mejilla. Por fin nos tocamos. Por fin nos sentimos cerca, pegados el uno al otro, aunque siempre lo estuvimos pese a la distancia.


Nos sentamos uno frente al otro y mientras tomamos algo, la conversación va haciendo desaparecer el inicial nerviosismo que nos invadía, consiguiendo que una sensación de calma pasional se apodere de nosotros.


Tras unos minutos de previo conocimiento, nos dirigimos a tomar el ascensor, y nada más cerrarse la puerta, nos fundimos en un beso lleno de pasión hasta llegar al piso correspondiente. Una vez allí ya nos sentimos más cómodos, por fin solos, estamos un buen rato mirándonos fijamente e intercambiando dulces caricias, al principio muy inocentes y poco a poco se van convirtiendo en una fuente de placer para ambos, mientras tú besas mi cuello yo fundo mis manos en tu cabello y empiezo a suspirar.


Empezamos a quitarnos la ropa lentamente. Mientras voy desabrochando tu camisa, tú acaricias mis piernas por debajo de mi vestido. Mientras beso tus pequeños pero apetecibles pezones, tú dibujas mi silueta con tus manos, me estás haciendo perder el control. Con mucha rapidez te despojo de tus pantalones y me quedo observando tu ropa interior claramente abultada por la pasión. Acaricio esa prominencia con cariño y cierro los ojos para agudizar mis sentidos, momento que aprovechas para quitarme el vestido. Acaricias mi cuerpo con ternura y terminas de quitarme la ropa interior mientras yo decido hacer lo mismo contigo. Nos observamos un instante y nos fundimos en un abrazo.


Ambos sentimos que una oleada de calor nos invade de nuevo. Aferras tus manos a mis caderas y te sitúas detrás de mi y me acaricias todo el cuerpo con mucho cuidado, mientras tus labios recorren mis hombros.


Entre caricias y besos nos dirigimos a la cama donde nos dejamos caer con suavidad. Me tumbas boca abajo y te colocas encima de mí besándome el cuello con frenesí. Yo no paro de lanzar suspiros cada vez más sonoros. Me susurras al oído “quiero descubrir a qué sabes” y poco a poco empiezas a recorrer mi espalda, milímetro a milímetro, hasta llegar a mis nalgas con las que tus labios y tu lengua juguetean, mordisqueándomelas con pasión y haciéndome sentir totalmente deseada.


Me das la vuelta y empiezas primero por la frente y las mejillas Tu lengua recorre mis labios, pero sin dejarme que la disfrute. Sigues bajando, pasando por mi cuello al que dedicas algo más de tiempo, más abajo están mis pechos, esperándote ansiosos, a los que además de besarlos los muerdes delicadamente hasta el punto de hacerme gemir débilmente, me miras fijamente a los ojos mientras te deleitas con mi expresión de placer y me sonríes, sigues bajando, me besas el costado, la cintura y el contorno de mi cadera.


Intento acariciarte el cabello, pero con tus manos inmovilizas las mías, mi placer se intensifica cada vez más y por fin llegas donde deseabas llegar, mi zona púbica. Está totalmente afeitada esperando recibir las más dulces caricias. Besas con cariño toda la superficie y bajas un poco más hasta encontrar la zona más cálida y húmeda y empiezas a practicarme el mejor sexo oral de mi vida.


Acaricias con tu lengua mis labios buscando el tesoro que guardan en su interior, esa pieza carnosa y palpitante que absorbes con dulzura y firmeza hasta hacerme desfallecer de placer. No puedo dejar de gritar una misma palabra “así, así, así…me gusta”.


Me agarras con firmeza de las caderas mientras me sientas sobre ti para que que pueda sentir en lo más profundo de mi ser el beso que me estás regalando sobre mi parte más íntima. Tus labios no dejan de succionar mis entrañas y tus manos empiezan estimular el resto de la zona. Estoy al borde del éxtasis y me derramo en tu boca.


Entonces tú, en un moviendo muy veloz, pasas de estar debajo de mi a colocarte detrás, me tienes agachada a cuatro patas ofreciéndote la visión de mis nalgas que mordisqueas con ganas y con gula. En un instante siento que tu cuerpo y el mío se fusionan de nuevo dulcemente y empiezan a moverse al son de nuestra pasión, nuestros cuerpos arden, tú te acercas a mi oído y me preguntas “¿te gusta así?”. Un gemido te hace pensar que realmente estoy disfrutando y la única frase que soy capaz de decir te lo confirma “no pares por favor no pares, dame más, así, así, así”,por lo que no dudas en obedecerme y empiezas a moverte más rápido y más profundo, me agarras firmemente de las caderas y mientras me acaricias la espalda me dices algo que hace me desborde “que dulce eres mi niña”.


Sientes cómo mi interior palpita una vez y otra a la vez que lanzo suspiros y grandes quejidos de placer. Estoy empezando a tener un nuevo orgasmo y al momento llega el tuyo inundándome por dentro completamente.


Caemos agotados sobre la cama bañados en sudor, pero plenamente satisfechos, te susurro al oído que ha sido una experiencia maravillosa, me das un beso en la frente y nos fundimos en un abrazo.


Suspiro profundamente, cierro lo ojos y me quedo dormida junto a ti esperando a que llegue el amanecer del nuevo día.

1 comentario:

  1. pensaba hacerte un comentario al tiempo que añadía la foto, pero decidí en el último momento convertir el comentario en relato, para ti...

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