jueves, 26 de marzo de 2009

SOLO AMIGOS....


—Estoy bien así, sin pareja—me dijo ella—, a parte yo te veo... como un amigo... y me gusta tu amistad, me hace bien... no quiero perderla...
—¡Yo no! — le dije secamente, sonriendo con malicia e ironía— Yo no tengo amigas, ni las quiero tener — ella se quedó tímida y colorada.
La lleve hasta su casa en un taxi, y durante todo el viaje le tomé la mano.
—¡No soporto que me digas que no! — le dije y le invite a tomar un café en mi departamento.
—¡N-n-n-nooo...! —tartamudeó ella mirando el piso— tengo que estudiar... mañana tengo un examen y me tengo que levantar temprano, otro día.
—¡HUUUUuuuu, bueh...! —suspire decepcionado— ¡No lo puedo creer!
—¿Qué cosa? —preguntó ella despacito y con voz finita y aflautada.
La mire con dulzura durante un rato, luego, le aparte un mechón del pelo que caía sobre su frente, le sonrei irónicamente y con mi índice y mi pulgar le apreté suavemente la nariz haciendo ruido de corneta dos veces. Y nos despidimos.
Al día siguiente, ella llegó a mi departamento, con el pretexto de pedirme prestada una película. Entró, tomamos un café, charlamos hasta por los codos y luego vino el momento de la despedida:
—Bueno... ¿me la prestas? —preguntó ella sacando la película del estante.
—Yo no presto mis películas, ni mis libros, ni mis discos — sangrando aún por la herida que infringió la derrota de la noche anterior— ¿Y si me la rompes...?
—¡No seas malo, garoto...! — te la voy a cuidar -.
—Bueno... — pero- ¿me vas a dar un besito o no?
—YYYyyya te dije Simóm que te quiero como a un amigo — y repitió el increíble y mediocre eslogan de la noche anterior.
Le quite de un tirón la película que se llevaba; ella, ya había accionado el picaporte de la puerta y la estaba abriendo cuando la tome de la mano, la traje hacia mi y sin levantarme de la silla la sente sobre mis rodillas, ella bajó la vista poniéndose colorada como un tomate, la observe con esa rara mezcla de dulzura y malicia, como sólo lo hacen los que ya entendieron que, con toda seguridad, sencilla e inevitablemente, se les va a dar.
La bese, la bese y la bese, ella me abrazó con pasión y me devolvió cada uno de mis besos.
Le toque los pechos, los acaricié los aprete; ella, estremecida por el cosquilleo y la adrenalina, suspiraba fuertemente exhalando sobre mi las hermosas volutas de su tibio y delicado aliento; le quité la remera, luego el pantalón mientras se levantaba, para hacérselo más fácil, pero sin dejar de besarnos y abrazarnos, le acaricié el pubis sobre su ropa interior mientras ella resoplaba de éxtasis, luego me bajó el pantalón y llevó su mano debajo del calzoncillo mientras me abrazaba y besaba con desesperación; terminamos de desvestirnos completamente, la tome en mis brazos cruzamos la puerta del dormitorio, la deposité suavemente en la cama, me acostó a su lado y nos entrelazamos con ardor,... solo luego, después de una suprema eternidad, hicimos el amor.
Al acabar, ella miró la hora y me dijo que se tiene que ir.
— Simón, es tarde, mira.
—Media horita más... —le pedí con ternura.
Y volvimos a hacerlo... una y otra vez más !

SIMON

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