lunes, 23 de febrero de 2009

SUEÑOS LIADOS I



Esa noche me había invitado a cenar uno de mis mejores amigos, quería presentarme a alguien, como él decía a ver si de una vez por todas me encontraba un novio en condiciones y me dejaba colocada de por vida. La cena fue perfecta y la conversación entre los tres de lo mas amena e interesante. Como se hizo demasiado tarde, decidimos quedarnos los tres a dormir en el apartamento. Yo había tenido un duro día en el trabajo,así que acepté encantada. Les deseé buenas noches a ambos con un suave beso y me retiré a la habitación que me asignaron. Me encontraba en la cama, desnuda, cubierta por las sábanas de seda negra, me encanta la seda, es un placer deslizar mi cuerpo por ellas, ese tacto frío al calor de mi piel.
Estaba ya en ese momento en que la realidad y los sueños se confunden, cuando de pronto escuché un sonido, intenté moverme, pero mi cuerpo no reaccionó, en ese momento la puerta de mi habitación se abrió, estaba a oscuras y no podía ver quien era. Pero no habían muchas opciones, estábamos los tres solos.
Alguien me puso un venda en los ojos, oí el sonido del interruptor al prender la luz. Intenté incorporarme, pero una mano me lo impidió y me obligó a tumbarme boca a abajo. Otras manos sujetaron mis manos y mis pies, y sentí como enroscaban una cuerda en ellos y me sujetaban. De un solo tirón, me obligaron a abrir mis piernas y brazos y me ataron a los extremos de la cama. Por unos instantes en los que no supe si gritar, gemir o llorar, me mantuvieron suspendida.
Un líquido frío cayó sobre mi espalda y pude reconocer por su olor que se trataba de un aceite perfumado. Al momento cuatro manos se aplicaron a la tarea de acariciar, pellizcar, apretar y repartir el aceite por cada porción de la piel de mi espalda.
Una mano perdida juegueteó en mis nalgas, primero solo acarició, luego algo más atrevida, comenzó a apretarlas y sobarlas. Un hilo de aceite se coló entre ellas acariciando mi ano y seguidamente resbalando lentamente hasta la entrada de mi vagina.
Un dedo masajeaba mi apretada entrada trazando círculos a su alrededor, mientras mi cuerpo se calentaba y comenzaba a sudar, esas manos mezclaban mi sudor con el aceite, haciendo que creciera el deseo en mi a cada movimiento.
Una de las manos comenzó a bajar lentamente por mi pierna en una de las caricias mas sensuales que recuerdo, hasta llegar a mi pie, y empezó a masajearlo...mmmm una descarga de placer atravesó mi cuerpo desde los pies hasta mi sexo mojado y no pude reprimir un gemido de placer.
Otra mano masajeaba mi espalda, sin dejar un solo centímetro sin acariciar. Esas manos me conocían, sabían bien lo que me gusta, sabían como desesperarme, como volverme ansiosa.
Yo ya no podía más, cuando el dedo que jugueteaba en la entrada de mi ano, me penetró y comenzó a entrar y salir de él... cada vez más deprisa, cuando no era capaz nada más que de suplicar y gemir, cuando todo en mi era deseo, … entonces, de golpe... me giraron en la cama.
Por fín había llegado el momento, iban a darme todo lo que quería, lo que necesitaba, lo que les suplicaba....

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