sábado, 14 de febrero de 2009

MY LADY


Me senté delante del ordenador y al abrir mi correo comprobé que tenía un mensaje. Sabía quien era el remitente y al ver que tenía un documento adjunto, ávidamente pinché sobre él y lo descargué. Se titulaba “My Lady”, y empecé a leer.
En cuanto leí cinco párrafos, noté que mi sexo empezaba a humedecerse, sabía que si seguía leyendo, pronto no me quedaría otro remedio que masturbarme.
Y seguí leyendo:

“La cortesana seguía su trabajo con la polla del noble. La chupaba desde la base, la apretaba, y continuaba ascendiendo hasta llegar a la punta, en la cual se recreaba en el enorme y colorado capullo que coronaba aquella polla. Mientras, el Lord, estaba gozando de su caliente y dulce coño...”

Ahora sí que estaba excitaba. Me recliné hacia atrás y desabroché el botón de los vaqueros. Introduje mi mano derecha lentamente. Estaba perfectamente depilada, y continué bajando hasta llegar a la apertura de mi coño. Pasé los dedos y noté la humedad. Introduje ligeramente las yemas de mis dedos y los pringué de mis jugos.
Saqué la mano y los olí. Olían a sexo, a hembra caliente. Froté los dedos hasta hacer que la humedad desapareciese e introduje de nuevo la mano en los pantalones. Ahora metí los dedos más hacia dentro, y me recreé en la sensación de mis jugos en mis dedos. Intenté meter la otra mano pero no podía. Me desnudé.
Mientras lo hacía, pude admirar en un espejo mi cuerpo desnudo, y eso me excitó aún más de lo que estaba. Mis largas piernas, mis poderosos pezones, mi coño totalmente depilado. Llevé ambas manos a mi coño, una a cada lado de mi clítoris, y lo masajeé lenta y intensamente. Mi respiración empezó a entrecortarse.
Con la mano derecha aplicada a lo largo y ancho de mi coño, con movimientos de arriba abajo, usé la otra mano para magrearme las tetas. Noté cómo mis pezones empezaban a endurecerse al contacto de mis dedos. Me los pellizcaba y apretaba incluso con dolor.
La humedad de mi coño se me extendió por toda la palma de la mano. Me había pringado de mi misma, de mis jugos. Me empecé a follar con dos dedos e intenté llegar a lo más hondo. Me froté la parte interior de mi sexo intensamente, lo que me hizo gozar más de aquella masturbación.
Evitaba tocarme el clítoris, porque quería alargar el momento de alcanzar el orgasmo.
Empezaba a notar como mis jugos resbalaban de mi coño cuando supe que era el momento de correrme, ya no podía más. Pero esta vez quería hacerlo de otra forma, así que, sentándome de nuevo frente al ordenador, pasé a un punto aleatorio de la troba:

“My Lady estaba a cuatro patas encima de la cama, masturbándose con pasión y vicio. Cuando entró el Lord, totalmente desnudo, y admiró su trasero en pompa, ofrecido de forma voluptuosa, meneándolo excitante y deseando ser follado lenta y apasionadamente, no pudo más que excitarse y su polla se empalmó ante tal visión.
Se acercó por detrás y le posó una mano en su duro trasero. Esta, al principio se asustó, pero al ver quien era, siguió aplicada a darle placer a su coño.
Se tumbó boca arriba y abrió las piernas. El Lord se puso de rodillas encima de la cama y colocó su dura y venosa polla a la altura de la boca de My Lady para que esta se la pudiera chupar a gusto.
La cortesana no le hizo ascos a tan dulce manjar, y se introdujo el miembro enterito en la boca.
Tardó un poco en acomodar tan honorable huésped en su boca, pero cuando lo hubo conseguido, la mamada tornó carices de soberbia, como era habitual en ella.
La mamada que le estaba aplicando de forma tan minuciosa, le estaba llevando a cotas de gozo casi celestial. Sentía su polla totalmente mojada por la saliva de su amante, y cuando bajaba la mirada y veía lo que estaba haciendo My Lady, pensó que no podría aguantar sin correrse.
Ya no podía más. Tuvo que sacar su polla de la boca de su cortesana, pues si esta pasaba su lengua sobre su hinchadísimo y enrojecido capullo una vez más, estallaría de gozo, y antes deseaba sentir sobre su polla la cálida y dulce humedad de aquel coño.
Se separó y se puso de pies.
Admiró el cuerpo de My Lady una vez más. Le gustaban sus bien formadas tetas, a pesar de su edad, sus grandes pezones, ese vientre bien cuidado, ese ombligo que era su tesoro, ese coño depilado.
Se colocó entre las piernas de su amada y lentamente, se deslizó sobre ella, sin penetrarla. Una vez encontrada la posición más cómoda sobre ella, la hizo una señal con la cabeza. Esta bajó sus brazos y cogió la polla con ambas manos y, delicadamente, condujo la punta del miembro hacia la abertura de su coño. Cuando el Lord sintió sobre su glande la delicadeza de aquel coño, presionó para que entrara hasta el fondo su enorme polla.
Se paró y disfrutó de la sensación de tener toda su polla llenando aquel húmedo coño. Al poco empezó su movimiento rítmico de caderas, lo que le proporcionaba el placer increíble de sentir su polla entrar y salir. Notaba en cada centímetro de su miembro el escurrir de la humedad de su cortesana, cómo aquella sensación se apoderaba de él y como se agolpaba en su cabeza mientras los duros pezones de My Lady se le clavaban en el pecho.
Mientras la follaba, la miraba a los ojos y podía comprobar como ella tenía un gesto de placer en la cara, y como de su boca empezaban a salir gemidos de placer.
Notaba cómo su polla, empapada de los jugos de su amante, resbalaba maravillosamente en su interior.
La enorme cantidad de placer que llenaba su cuerpo hacia que el reprimir su irreprimible orgasmo, le costara muchísimo más esfuerzo de lo que le había costado nunca. Retardar su corrida le estaba haciendo sufrir como nunca.
Después de un buen tipo cabalgando a su amante, sacó la polla del coño de ella.
Necesitaba correrse, quería correrse y eso se reflejaba en sus ojos. My Lady asió la polla para, cuanto antes, obtener la enorme corrida que los dos esperaban, que los dos necesitaban.
Su mano hizo unos movimientos rápidos sobre su polla, estiró del prepucio hacia delante y hacia atrás y un tremendo orgasmo sacudió los cojones del Lord. Un chorro de blanco esperma salió disparado, cayendo sobre el coño de la cortesana, pringándola del delicioso néctar del éxtasis.
Esta se llevó su mano a su clítoris y lo empezó a frotar, buscando el orgasmo, pero sin dejar de masturbar aquél ardiente estilete. Y ella también se corrió entre espasmos, mientras su mano y su coño seguían siendo bañadas por tan divinos jugos.
El Lord se tumbó al lado de My Lady. Esta siguió frotándose su pubis con una mano, mezclando el esperma con sus propios jugos, mientras con la otra sacaba las últimas gotas de leche de la polla de su amante. Se giró hacia él, y le besó”

Ahora yo también gozaba de los restos de mi orgasmo. Me pringué todos los dedos, me froté de todas las maneras y formas posibles, y ello me llevó a tener una corrida impresionante. Nunca me había masturbado leyendo un relato porno pero si todos me provocan las mismas sensaciones, tendré que decirle a mi trobador que me escriba muchos más.

1 comentario:

  1. Acaso era excesivo el sentimiento?
    Acaso muy fuerte la pasión?
    Acaso indebido el deseo?
    Acaso impropio de ser leido?
    Acaso inadecuado el momento?
    Acaso con dudas al respecto?
    Acaso...se había atascado la cremallera?
    Acaso podía herir sentimientos?
    Era el caso de pensar que acaso se daba el caso de que alguien pudiera hacer caso?
    El caso es que se dío el caso.

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