miércoles, 18 de febrero de 2009

ELLA SABIA...



Ella sabía que se merecía un castigo y que el que iba a recibir sería tremendo, pero lo consideraba algo normal y además lo estaba deseando. Jamás se le hubiese ocurrido, ni tan siquiera pensado, que habiendo sido mala y rebelde no iba a ser castigada por su AMO. Consideraba como algo natural e inevitable el hecho de ser castigado si se cometía alguna falta, y ese día sabía que lo iba a ser en condiciones, pero lo necesitaba, lo deseaba.

Llevaba tiempo pensando en ese día. En si su DUEÑO cumpliría lo que le había prometido tantas veces y que ella siempre le decía que no tenía cojones. Ese día iba a comprobar quien tenía razón.

Estaba super excitada y se había masturbado ya unas tres veces a la espera de su "castigador".

En eso sonó el timbre y ella sabía que había llegado el momento que tanto estaba deseando.

Dejó la puerta de su casa entreabierta y, dirigiéndose a la habitación, dispuso una almohada a la ancho de la cama tumbándose boca abajo, con el vientre apoyado sobre ella de forma que su trasero sobresalía hacia arriba.

Como tantas otras veces, para su deleite, el AMO le iba a aplicar un severo castigo y eso la excitaba enormemente. Le encantaba ser azotada, ser castigada duramente, pero aquél día se notaba especialmente caliente y viciosa, dispuesta incluso para soportar un dolor extremo si era necesario.

Oyó como se cerraba la puerta y como unos pasos se dirigían hacia la habitación. Giró la cabeza y vio a su AMO parado en medio de la puerta, tocándose la entrepierna, palpándose el pollón que ella suponía debía estar duro y caliente...mmm...como a ella le gustaba. Ese pollón que a ella la volvía loca.

Su trasero lucía espléndido encima de la cama, levantado y desafiante.

Cuando el AMO se desnudó, quitó del pantalón el ancho cinto de cuero y se dirigió a la cama sobándole las nalgas y comiéndole la boca con pasión y vicio. Ella cogió aquel divino pollón con las manos y se lo empezó a sobar. Los cojones estaban durísimos y los suponía cargados de leche. Se la quería chupar pero él no se lo permitió, los dos sabían qué era lo primero.

Iba a ser azotada en las nalgas como tantas otras veces. Ella se daba cuenta de que merecía el castigo, estaba segura de que era necesario recibir ese castigo, por eso, sin necesidad de que su AMO le dijera nada ya lo estaba esperando en la posición más adecuada. Ya sabía lo que iba a ocurrir.

El AMO empezó a pasar suavemente el cinto entre las nalgas desnudas de la perra, que al notarlo esperó con expectación y algo de miedo el primer cintazo. Siguió frotando su culo y su coño con el cinto mientras ella estaba cada vez más y más excitada. Quería sentir ya la fuerza del castigo sobre sus nalgas, lo estaba necesitando. Y lo que con tanta pasión se espera, suele ser recibido con locura. El AMO subió la mano y la bajó rápidamente de tal forma que el cinto golpeó fuertemente las nalgas de la sumisa Volvió a hacerlo una y otra vez. Ella estaba siendo azotada severamente, como debía ser por su rebeldía, y se tenía bien merecido el castigo.

El cinto volvía a subir y bajar rápidamente y a golpear su trasero. Con cada azote se oía un ruido seco. Cada azote dejaba una marca en las nalgas de la perra Al cabo de poco tiempo su trasero estaba surcado por muchas líneas alargadas de color rojo además de un enrojecimiento general.

El AMO se fijaba en esos cambios de color. La belleza de las nalgas de su sumisa era mayor ahora. Sus nalgas eran más bellas cuando estaban azotadas y enrojecidas.

Al primer cintazo, ella sintió un dolor repentino y seco, que fue agudizándose con los siguientes. Con cada golpe el dolor era mayor y se sumaba al dolor de los anteriores. A ella le agradaba, le gustaba y además lo aceptaba como el castigo merecido por su rebeldía. Le gustaba y además sabía que se lo había estado buscando durante muchos días, por esa razón no le hubiera parecido insólito y absurdo el hecho de no ser castigada. Sentía el cinto golpeando fuerte y dolorosamente sus nalgas y deseaba que aquello no terminase.

El AMO le propinó veinte cintazos. Era lo pactado entre los dos por una rebeldía severa y continuada, y esta lo había sido. Cuando hubo terminado de ser castigada con el cinto, levantándose de la cama, se giró y se miró al espejo. Sus nalgas estaban divinas, con un color rojo intenso como jamás lo habían adquirido. Nunca estaban tan bellas ni lucían tanto como cuando habían sido azotadas, y en esta ocasión lo habían sido en condiciones.

Se abrazaron y se comieron a besos. Follaron como animales y al poco tiempo el AMO le volvió a mandar adoptar la primera postura...mmm...sí, boca abajo, sobre la almohada, pero esta vez ya no era para azotarla, para golpearla con el cinto, era para dominarla, para poseerla, para encularla cómo solo él sabía hacerlo.

El dolor también sería intenso, pero el placer aún mucho mayor

La polla del AMO se acercó a su aún prieto agujero y de un solo golpe, con violencia, con pasión, con dolor, se la clavó hasta lo más profundo de su culo. Pero esto es otra historia…mmm

No hay comentarios:

Publicar un comentario