sábado, 14 de febrero de 2009

AL CALOR DEL VERANO


Agosto en la ciudad, cuatro de la tarde, una larga mañana en el trabajo, problemas y más problemas, por qué la gente no se va de vacaciones o se relaja?... Llegué a casa agobiada, cansada, y este horrible calor que no me deja respirar.
Empecé a desnudarme antes de salir del ascensor, y al entrar en mi casa fui dejando un rastro de ropa esparcida por el suelo de camino a la ducha... El simple hecho de sentir el agua fría recorriendo mi cuerpo ya fue un placer. Cerré los ojos y recordé como me sumergía en el mar apenas hacia unas semanas. Imaginé que aún estaba de vacaciones, y poco a poco, la tensión acumulada fue resbalando por mi cuerpo al mismo tiempo que lo hacía el agua.
Era agradable volver a sentir esa sensación.. el agua fría, la brisa del mar, que decidí montarme mi propio paraíso vacacional. Abrí todas las ventanas para que hubiera corriente y me tumbé aún empapada por la ducha en el sofá frente a la ventana, dejando que el sol bañara por completo mi cuerpo húmedo y desnudo.
Adormecida y relajada, inconscientemente me llevé dos dedos a la boca y los lamí, dejándolos totalmente ensalivados, sin darme cuenta empecé a trazar con ellos un recorrido descendente, de mi boca fui bajando a mi cuello... es un placer sentir una caricia húmeda en el cuello. Cuando llegué suavemente a mis pechos, ya estaban hinchados y mis pezones duros.
No fui consciente hasta ese momento de que mi otra mano se encontraba ya acariciando mis muslos. Unos segundos después, también los ensalivé y seguí acariciandome.
Me pellizqué un pezón y no pude evitar que se me escapara un gemido de placer. Mis otros dedos se acercaron a mi sexo y apreté en mi mano mi pecho.
Abrí los ojos y le ví, frente a mi, en el edificio de enfrente había un hombre mirandome fijamente. Saberme espiada me excitó mucho, y decidí seguir con mi juego privado.
Notaba como sus ojos acariciaban mi piel, mi cuerpo expuesto solo para él. Abrí las piernas, dejando paso a mis dedos, que lentamente y formando espirales fueron acariciando, y apretando mi clítoris. Estaba ya toda húmeda solo de pensar que él no dejaba de mirarme, de verme disfrutar. Cuando te sientes mirada, espiada, dandote placer a ti misma, saberte observada añade más excitación y lujuria.
Y ya no podía contener mis gemidos, ni los suspiros de deseo que escapaban de mi garganta. No pude reprimirme, y llevé mis dedos a mi boca y me deleité lamiendolos.
Volví a mirarle y le sorprendí lamiendo sus dedos como si fueran los mios. Verle hacer eso me volvió loca, y ya solo deseaba correrme para él, para que los dos disfrutáramos de este momento compartido por casualidad.
Y mis dedos vuelven a sumergirse en mi cuerpo deseando correrme, deseando que se corra conmigo.
Voy acelerando el movimiento de mis dedos, dentro... fuera, no olvidando rodear mi clítoris, pero sobre todo no dejando de introducirlos en mi cuerpo.
Puedo sentir como se crece su excitación a pesar de esa distancia que nos separa, puedo ver como los movimientos de su mano adquieren un ritmo cada vez más frenético, y decido premiarle con la visión de mi otra mano manoseando mis pechos, acariciándolos, marcándolos, dejándome llevar por el placer, elevándome a la locura.
Mis dedos, expertos en mi cuerpo, sacan rapídamente todo el placer que puedo darme. Gimiendo silenciosamente, sigo acariciándome, ya violentamente, necesitada de sentir ese placer absoluto, total. Y me olvido de que me estan observando, presa de mis propias ganas. Ambas manos se pierden en mi cuerpo arañando los últimos resquicios de placer, llevándome al orgasmo.
Al terminar, y entreabriendo los ojos, elevo mi mano hacia él, como justo tributo oscuro, le sonrio y me encojo de hombros al tiempo que me llevo la mano a mi boca.
Veo como lame su mano sin dejar de mirarme, de observarme. Se besa dos dedos y extiende su mano hacia mi, en un gesto de agradecimiento. Sé que se ha corrido viéndome, sintiéndome, soñandodome en esta calurosa tarde de agosto.

1 comentario:

  1. Mi niña, el mes de agosto es muy dado a tener las ventanas abiertas y a que desconocidos puedan disfrutar, para su deleite y el nuestro, de cuerpos en pleno fragor de la pasión.
    Acaso negarías agua al sediento o dejarías de instruir a quien lo necesita, aún siendo desconocido?
    Dejemos que disfruten ellos con nosotros, porque su gusto y su placer es el nuestro, puesto que somos quienes lo provocamos.
    Un beso desde el otro lado del edificio.

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