martes, 22 de diciembre de 2009




Yo, de forma un tanto más clara y con intenciones más sabrosas, os deseo a tod@s un FELIZ 2010 y que al menos podáis seguir disfrutando de este blog, creado por y para soñar, imaginar, pensar y disfrutar, tal como lo habéis hecho este año.
Besos a ellas y saludos a ellos.
Para la inspiración, para mi inspiración, decirle que las palabras no son necesarias cuando existen los silencios, esos silencios que sin decir nada, en los ojos lo dicen todo.
Remuacs.

LA COPA DE VINO (2)

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...No ver tu desnudez me mata.
Lentamente desato los lazos de tu salto de cama, mientras beso tu nuca. Noto cómo tu cuerpo tiembla al contacto de mis labios. Finalmente, con la ayuda de mis manos, tu diminuta y transparente prenda deja al descubierto tu cuerpo. Mi lengua se desliza por tu cuello, jugando con tus hombros desnudos, dibujando pasiones sobre tu espalda. Tu piel se eriza y de tu boca sale un ligero gemido, casi imperceptible.
Te giro sobre la cama y puedo contemplar tu torso desnudo ante ti. Sonríes mientras me inclino sobre tu pecho. Mi lengua húmeda se posa sobre uno de tus preciosos y apetecibles pezones.

Siento el calor de tu boca rodeando mi piel, tu lengua jugueteando con la punta de mi pezón, haciendo que quede erecto y mojado. Succionas suavemente y lo tomas entre tus labios, separándote poco a poco, haciendo que mi piel se levante junto con tus labios.
Una de tus manos se desliza sobre mi abdomen y hacia mi pelvis. Tus dedos acarician el monte de Venus, que encuentran en su camino, y muy despacio bajan un poco más hacia mi sexo. Tú mismo puedes darte cuenta de cuan mojada estoy, y eso me encanta.
Suavemente frotas mi clítoris mientras introduces tus dedos en mí. Mis piernas instintivamente se abren un poco más. Me gusta ver tu rostro porque refleja tu deseo por mí. Esos ojos clavados en los míos me demuestran la pasión que está encerrada dentro de ti.
Siento como mueves tus dedos cada vez más aprisa en mi interior, mientras la palma de tu mano excita mi punto más débil, mi botón de la rendición, mi nexo de unión con el clímax más absoluto.
Mis piernas comienzan a contraerse, mi cadera se mueve al unísono con tu mano, mi mente se nubla. Me muerdo el labio inferior tratando de ahogar mis gemidos, pero es tan grande mi deseo por ti que no lo consigo.

Saco los dedos de tu sexo, los miro y después te observo a ti. Acerco mi mano a tus labios y dejo que te pruebes, que te deleites con tu sabor más íntimo, con tu sabor más deseado, con ese sabor salado que me encanta y me pierde, que hace que mi cuerpo se altere aún más de lo que está.

Quiero que entres ya en mí. Es tan fuerte la sensación que me recorre en estos momentos, que me vuelve loca el tan solo dejar de sentirte un segundo. Mi respiración es cada vez más rápida, siento que mi corazón quiere huir de mi pecho, mis pezones, completamente erectos, tremendamente erectos, esperan la visita de tu lengua, la pasión de tus labios.
Te miro fijamente clavando mis ojos en los tuyos.
Sé que puedes entrar en mi pensamiento, sé que sabes lo que quiero.

Acostada sobre la cama, me tumbo entre tus piernas buscando tu boca. Un apasionado beso es el inicio del camino hacia tu más deseado placer.
Mi lengua va bajando a lo largo de todo tu cuerpo, saboreando tus pezones, recorriendo tus pechos orgullosos y provocadores, tu cálido y maternal vientre. Juega con tu ombligo y poco a poco, muy lentamente, dibuja pasiones sobre tus muslos. Beso tus muslos, los mordisqueo suavemente.

Siento tu respiración en mi entrepierna y mi cuerpo se estremece más. Era lo que deseaba y lo que pedía a gritos sin decir nada; la humedad de tu lengua recorriendo mi sexo, entrando y saliendo de forma rítmica.
Tu lengua presiona mi clítoris. Tu nombre se cuela entre mis labios; un susurro apenas, pero un susurro que aumenta de intensidad, dejando paso a una voz temblorosa, jadeante.
Una de mis manos juega con tu cabello, mientras la otra está cerca de mi boca. Muerdo uno de mis dedos, tratando de evitar que mis gemidos se hagan más fuertes, pero no lo resisto. Grito tu nombre cada vez más fuerte en medio del éxtasis que me estas causando.
De repente, decides que ha sido suficiente.

Subo a lo largo de tu cuerpo y me coloco sobre y entre ti. Doblas las piernas y entre ellas busco el sentimiento del placer. Sólo milímetros separan nuestros cuerpos, hasta que siento el roce de tu piel con la mía.

Me penetras, me penetras muy lentamente, disfrutando cada centímetro de ello, sintiendo todos y cada uno de los movimientos de mi cuerpo. Mis manos alrededor de tu cuello. Puedo sentir como entras en mí. Comienza el deseo más hermoso, primero lento, sólo el capullo. Te diviertes torturándome así, pero a mí me gusta.
Coloco mis manos en tu cintura y te empujo hacia mí, quiero sentirte completo. Deseo que tu cuerpo se funda con el mío. Noto cómo me llenas por dentro. Mis manos empujan tu cadera contra mí. No quiero que salgas de mí, te necesito dentro, muy dentro.

Salgo un momento, que se me hace eterno, de ti, y tomándote por la cintura te doy la vuelta.
Comienzo a penetrarte boca abajo. Echo tu pelo hacia un lado y te muerdo suavemente una oreja, siguiendo hacia tu cuello mientras sigo entrando en tu cueva de placeres.

No puedo parar de gemir. Quiero que explotes en mí, quiero que explotes conmigo; que me hagas explotar a mí sólo como tú sabes hacerlo. Puedo sentir tu energía recorriendo todo mi cuerpo. Estas a punto de explotar, estás a punto de dármelo todo.

En esos momentos se abre la puerta y mis ojos reaccionan rápidamente al sonido. Giro la cabeza hacia un lado y lo veo a él, sonrió y me muevo hacia un lado de la cama para dejarle espacio. Él se mete entre las sábanas conmigo. Me abraza

 En qué piensas, nena?

Vuelvo a sonreírle y escondo la cara en su pecho

 En que me apetecería una copa de vino

martes, 15 de diciembre de 2009

LA COPA DE VINO (I)


Hace días que no se de ti, que no me deleito con el placer de verte sin poder hacerlo, de sentirte al otro lado sin que dejes de estar siempre al mío, en ese otro mundo del que no soy parte física pero en el que entro siempre.
Hace días que no pronuncio tu nombre en alto, aunque no dejo de hacerlo en mis sueños, que no noto tus labios en los míos, aunque los noto y los siento cerca, muy cerca de mí.
La espera me domina, me mata y necesito decírtelo, gritártelo.
Con solo escucharte me haces perderme en sueños, deseos, pasiones y sensaciones que solo tú podrás llenar aún sin estar vació mi mundo.

Te imagino sentado frente a mí, acompañado de una copa de vino tinto, con una sonrisa marcada en esos labios que tantas veces he dibujado en sueños, que tanto he besado en sueños.
Todo alrededor se nubla y no me importa nada más. Quiero probarte, gozarte, disfrutarte, sentirte en cada parte, cada célula, cada gemido, cada gesto, cada acto, quiero sentirte mía.
Me acerco a tu sillón y me hinco frente a ti. Deslizo mis manos por tu pecho, subo a tu cara y te miro a los ojos mientras mi lengua humedece mis labios. Tengo tatuadas todas las letras de tus palabras, de tus momentos por mi cuerpo y solo tú sabes cómo recorrer el camino entre ellas.
Lentamente me incorporo y pongo tu copa a un lado, sentándome sobre ti, con una pierna a cada lado. Por fin puedo acercarme a tu cara. Paseo mi lengua sobre tus labios, muy lentamente, disfrutando de ellos, bajando después hacia tu cuello
Mi lengua te lo recorre y noto cómo tu piel se eriza. Te mueves bajo mi cuerpo, tratando de acomodarte mejor, o acaso huyendo de mí. Elevo de nuevo mi rostro y poso mis labios sobre los tuyos. Por fin puedo probar tu saliva, jugar con tu lengua.
Una de mis manos está sobre tu nuca, la otra en tu rostro y luego baja a tu cuello, hacia tu pecho. Sigo besándote mientras con las dos manos desabotono tu camisa.
No sabes cuánto te deseo. No sabes cuantas veces me he masturbado pensando en ti. No sabes cuantas veces he pensando en ti mientras otro tocaba mi cuerpo.

Te cojo en mis brazos y te llevo hasta la cama. Delicadamente te dejo sobre ella y me inclino sobre ti. Mi camisa abierta roza tu cuerpo. Acostada sobre tu espalda, con el cabello desparramado alrededor de tu rostro estás preciosa, como te imagino siempre.
Tus manos van recorriendo el contorno de mi pecho hasta mi cintura. Me desabrochas el cinturón, abriéndome el pantalón que termino de quitarme por ti. Me despojo de toda mi ropa, vuelvo hacia la cama y me tumbo encima de ella.

Mi cabello cae sobre tu rostro, vuelvo a besarte profundamente, como si en cada beso pudiera probar tu alma, tu esencia. Después de un rato comienzo a bajar otra vez por tu cuello, tus hombros, tu pecho. Me detengo en tus pezones. Me gusta sentir como si fueran un par de botones bajo mi lengua y me gusta sentir como te retuerces un poco.
Mi lengua continúa su recorrido por tu cuerpo, dibujando el contorno de tus costillas, de tus músculos; hasta que llego a tu ombligo. Dibujo círculos alrededor de él; círculos húmedos que hacen que tu piel se erice. Me desvío a tu cadera y me entretengo un rato en ese espacio entre tu ombligo y ella.
Sigo bajando por tu ingle derecha, recorriendo todo su camino hasta llegar a tu sexo. Mi lengua juguetea con su cabeza por unos instantes, deleitándome con su sabor, con su textura. Lo recorro de principio a fin y finalmente lo introduzco completamente a mi boca húmeda.
Comienzo una serie de movimientos que hacen que tu sexo entre y salga de mi boca, siendo siempre tocado y succionado por mis labios. Lo introduzco completamente, hasta sentir que casi choca con mi garganta
Mis manos alrededor de tus muslos, mis uñas rasguñando suavemente tu carne, acariciando tus nalgas, tus manos sobre mi cabello, enredándolo entre tus dedos, mientras de tu garganta puedo escuchar salir gemidos ahogados. Me encanta tu sabor.
Me tomas de las manos que ahora están sobre tu abdomen y me acercas hacia ti. Mi cadera queda sobre la tuya. Mi sexo está completamente encharcado y no sabes cómo y lo mucho que deseo que entres en mí. Vuelvo a besarte mientras restriego mi vagina húmeda contra ti. Siento que quieres lo mismo que yo pero aun no es el momento.

...

martes, 1 de diciembre de 2009

LADY JULIETTE (1)


Aquella noche el Marques me había citado en sus aposentos.
Llegué al castillo con el suficiente adelanto para no tener que hacer esperar a mi Señor. Nada más traspasar la puerta principal del recinto, fui recibida por un par de lacayos que me ordenaron seguirlos hacia un recibidor, donde me mandaron sentarme, mientras me ofrecían una copa de vino y algo de fruta.
Durante mi espera pude fijarme en los lujos de aquella sala, decoradas con cuadros y tapices de gran tamaño y toda ella pintada con frescos a cada cual más hermoso.
En la observancia de dichos lujos estaba cuando me vinieron a buscar y me llevaron a una habitación muy amplia. Nada más traspasar la puerta me vi envuelta por una luz tenue y dominada por la mirada del Señor Marqués, que se hallaba en medio de la misma.
No pude apartar mis ojos de los suyos, y eso que lo lógico era que bajara mi mirada ante él, pero no podía. Algo me lo impedía.
Camino despacio, muy despacio hacia él al tiempo que escucho su voz

• Hoy serás mía, voy a poseerte muy poco a poco, deleitándome en ello, pero me pedirás, me implorarás, me suplicarás que te haga mía por y para siempre
• Me excita escucharos decir esas palabras, quiero ser vuestra, pertenecer a mi Señor, ser el objeto de sus más obscenos e impuros deseos
• Por esta noche, trátame de tú, mi deseada Lady Juliette, otra cosa será mañana

Así os lo narraré.

Mientras te recuesta en la cama, me pides que me desvista lentamente, mirándome con ojos de deseo. Empiezo por quitarme la blusa y mientras lo hago mis manos no pueden impedir ir en busca de mis pechos, pues se que eso te excita. Te levantas, te acercas a mí y detienes mis manos, cosa que me sorprende pues pensé que eso te gustaría. Te acercas a mi oído, me tomas fuertemente del pelo y me susurras con voz autoritaria

• Sólo te pedí que te desvistieras, te tocarás cuando yo te ordene, recuerda que hoy serás mía, a mi manera, cómo yo diga y cuando yo diga. Ahora continua desvistiéndote. Si vuelves a desobedecer te vas a arrepentir

Acto seguido me das un buen golpe en mis nalgas. Siento el dolor, pero también mis jugos correr en mi entrepierna.
Continúo quitándome la falda que llevo puesta. Ya estoy casi desnuda, sólo faltan las medias, me las quito lentamente mostrándote mis piernas que se que te ponen a mil. Llevo mi sexo bien afeitado y sin ropa interior como obliga siempre el Marques a ir a las mujeres dentro del castillo.
Me pides que camine lentamente hacia ti, lo que hago contorneando mi cuerpo desnudo. Me acerco e intento desvestirte, me frenas en seco y sólo te escucho decir

• Te lo advertí

Te levantas y me lanzas boca abajo en la cama ordenándome que no me mueva ni un centímetro. Me asusto un poco, pero me excito aun más, porque sé que ahora si me castigarás.
Tomas mis manos y me las amarras hacia atrás, separando mis piernas bruscamente, e introduces tres dedos dentro de mi sexo, algo que no te cuesta mucho trabajo pues la situación ya me ha excitado bastante y estoy inundada.
Lo notas y me dices al oído

• Sabía que esto te pondría a chorrear, porque eres una caliente, una salida, pero hoy tendrás que aprender a responder a mis deseos. No tendrás permiso de correrte sino hasta que yo te lo ordene, a todo me contestarás que si, y conocerás los límites de tu cuerpo

Mientras me dices esto yo me mojo aun más, preocupada porque sé que lo notas.
Magreas mis nalgas, y de pronto siento un fuerte golpe. Me ha dolido bastante pero no quiero moverme o gritar, se que sería peor. Cierro mis ojos y aprieto con fuerza mis labios; vuelves a golpearme con más fuerza, y seguido uno más, y otro.
Puedo contar que fueron 5 buenos azotes

• No quiero volver a golpearte, pero si no me obedeces volveré a hacerlo hasta que no puedas ni sentarte por el resto de la semana

El momento y la situación me asusta un poco, pero permanezco quieta, y extremadamente excitada, estas sacando a la luz a la hembra viciosa que hay en mí.
Te vas un momento hacia el baño, pero procuro no moverme para no despertar tu ira. Te oigo regresar, aunque no puedo ver qué me espera pues estoy tumbada boca abajo sobre la cama. Levantas mi cabeza y pones un collar en mi cuello, para acto seguido, con un pañuelo, amarrarme las manos a la espalda

• A partir de este momento, y al menos hasta que no diga lo contrario, serás mi perra sumisa

Te aceras a mi boca y oyes mis jadeos, estoy asustada pero a la vez deseosa de que me hagas tuya, y como me habías dicho al principio, quiero y necesito intensamente que me poseas.
Tomas una toalla y empiezas a secar mis jugos. Ya seca, introduces un dedo en mi sexo, inmediatamente dos, después tres. Me mojo de nuevo, sacas tus dedos y vuelves a secar. Es un dolor intenso, pues cada vez que metes tus dedos estoy completamente seca, trato de no gemir, pero es inevitable. El dolor se mezcla con el placer y no puedo esconderlo.
Separas mis piernas con brusquedad y me secas profundamente con la toalla, mientras siento como pasas un enorme consolador por mi cuerpo. Es largo, pero sobretodo grueso, y no imagino cómo harás entrar eso en mi si insistes en secar mis jugos.
Acercas el consolador a mi entrada, y sin miramientos, sin decir palabra lo empujas hasta que toca mi pared. No me das tiempo de gritar pues ahogas mis gritos dando un tirón a la correa que llevo puesta al cuello. Jadeas en mi oído, pues sabes que eso me excita.
Estoy tumbada de bruces en la cama, con mis manos amarradas hacia atrás y a tu entera y absoluta disposición.
Aumentas la intensidad del movimiento del consolador dentro de mi cada vez más encharcado sexo

• Eres una viciosa a la que le gusta el dolor, y a las perras como tú es necesario educarlas

Estoy invadida por el miedo y la excitación. Pese a mi lubricación extrema en esos momentos, el consolador empieza a hacerme algo de daño dado su tremendo grosor, pero parece no importarte, pues aumentas aún más la intensidad.
Estás sentado a mi lado, viéndome penetrada, y aumentas y disminuyes el movimiento del mismo a tu antojo. Estas disfrutando de esa visión de mí durante un buen rato, hasta que te empiezas a quitar la ropa.
Puedo contemplar por primera vez tu tremendo miembro

• Lady Juliette, hoy aprenderás, entre muchas cosas, a hacer una extraordinaria mamada, aprenderás a meterte mi sexo hasta el fondo de tu garganta. El ritmo lo marcaré yo, y evitaras lastimarme con tus dientes. Permitirás que, si me place y tengo a gusto, me corra en tu boca, y te tragarás hasta la última gota. Sí lo haces bien, aprenderás a disfrutarlo, sí lo haces mal, te castigaré hasta que lo lamentes

Tiras de la correa y me metes tu enorme miembro hasta adentro, sin miramientos. Empiezo a chupártelo a un ritmo lento; pero conforme aumenta la rapidez del movimiento de mi boca sobre tu verga, aumento también la intensidad del consolador, que con una de mis manos, clavo lo más profundo dentro de mí.
Eso se estaba convirtiendo en una verdadera y excitante tortura, apenas podía respirar y mi sexo me ardía. Los movimientos eran cada vez más intensos hasta que de pronto sentí como mis ganas de correrme eran inmensas. Apreté mis piernas para evitarlo, porque sabía que eso te pondría furioso. Seguí chupando tu miembro, tal como me lo habías ordenando. La tengo hasta adentro; la metes y sacas como si estuvieras follándome por la boca, y yo disfruto con ello, porque me gusta, me encanta esa situación.......

jueves, 5 de noviembre de 2009

ESCAPANDO DEL TEDIO...


La rutina acaba por volvernos grises, nos convierte en seres predecibles y convencionales. Dejar de lado esa consecuencia y romper con la monotonía es lo que hace que volvamos a sentirnos vivos.

El roce de una piel, el beso de unos labios, la mirada de unos ojos, la carne y el deseo, los fluidos derramándose y entremezclándose, voluntades que se rinden, brazos que aprisionan, piernas que se aferran a caderas en perfecto acoplamiento de dos cuerpos en uno. Y es que tan solo con el sexo recuperamos parte de nuestros instintos más primitivos y genuinos, nuestros sentidos se agudizan y nos convertimos en un animal, en un depredador que caza para matener su propia supervivencia. Elegimos una presa, la deseamos, la seducimos, necesitamos poseerla a cualquier precio, no importa si tenemos que maltratarla con caricias hasta hacerla gemir, gritar, licuarse y desfallecer de placer.

Pero como todo lo que escapa a nuestra monotonía, esto no se puede planificar, aunque si podemos buscarlo, y eso es lo que hizo, buscar esa situación, provocarla, por eso entró en aquella pagina de internet, había decidido que ya era hora de volver a sentir la emoción de cazar.

Se sorprendió a si mismo nervioso. Se negaba a reconocerlo, pero el sudor que empapaba sus manos lo delataba. Era un hombre adulto, experto, sin embargo en esos momentos parecía más un adolescente a punto de descubrir por primera vez los placeres del sexo. Había llegado pronto al hotel en el que ella lo había citado. Pensó que quizás una copa le sentaría bien. Sí, una copa le templaría los nervios y le ayudaría a recuperar el control. El primer trago le quemó en la garganta. Apenas había dormido esa noche preguntándose que ocurriría, imaginando mil formas diferentes a la situación que en breves momentos iba a vivir. Vio su imagen reflejada en el gran espejo que estaba frente él, el cansancio no había hecho mella su aspecto habitual y sus manos habían dejado de sudar, se sintió complacido. Miró la hora, apuro la bebida y se dirigió hacia la habitación con pasos decididos.

Tal y como habían convenido, debía hacerle una llamada perdida, a partir de ese momento en unos minutos ella entraría. Se tumbó sobre la enorme cama a esperarla repasando mentalmente las reglas que ella había impuesto al encuentro. No hablar a no ser que fuera imprescindible. Nada de preguntas. Nada de nombres, tan solo los seudónimos con los que se habían conocido. Mantener la habitación en penumbras. Pagar la cuenta antes de abandonar el hotel.

De pronto le asaltó la duda de si esto no sería una broma de mal gusto. De si en ese mismo instante no estaría alguien riéndose de un pobre tonto tirado en una habitación de hotel. El ruido de la puerta al abrirse le devolvió a la realidad. Había venido. Satisfecho se puso en pie para saludarla.

“Soy Eros”

“Diana”

Buscó un lugar donde dejar el bolso y su abrigo, y apagó la única luz que permanecía encendida, dejando el cuarto tan solo iluminado por la escasa luz que se colaba por la ventana. Eros recostado de nuevo sobre la cama, no había dejado de observarla, el ceñido vestido negro que llevaba no lograba contener la sensualidad que su cuerpo, a pesar de los años seguía desprendiendo, estaba claro que no era una jovencita, pero sin lugar a dudas no tenía mucho que envidiarles. Había hecho una buena elección, se sentía satisfecho, su olfato no le había defraudado.

Diana se acercó a la cama, y se tumbó a su lado. Con un suave roce de sus dedos le acarició el rostro, siguió la línea de sus pómulos, la forma de los labios, su mandíbula,...redibujando sobre él, su rostro. Los minutos le parecieron horas, y lograron erizar el vello de Eros. Se preguntaba si era tal y como ella esperaba, pero ni su boca, ni su cara le dieron una sola pista sobre la respuesta.

Él se moría de ganas por devolverle las caricias y poco a poco fué acariciándole el rostro. El contorno de los ojos. La nariz. Los labios. La barbilla. Como estaba recostada de lado, apoyándose sobre su brazo izquierdo, no resistió bajar su mano hasta el cuello, continuando por la figura que dibujaba su hombro, para acabar recorriendo la curva que une cintura y cadera, esa línea en forma de guitarra que tanto le gustaba de las mujeres.

Lo invitó a desnudarse. Ella hizo lo mismo. Sentados sobre la cama, fueron descubriendo los rincones de piel del otro, con leves y suaves caricias. Apenas podían verse, pero iban adivinando cómo era el otro, guiándose sólo por el sentido del tacto. Eros se acercó un poco más y rozó con sus labios la boca de Diana. Entonces ella lo tumbó boca arriba, y poco a poco, comenzó a recorrer todo su cuerpo con los labios. Ambos estaban muy excitados y se entregaron al intercambio de besos y abrazos. Habían acordado intentar no hablar, y lo estaban cumpliendo. Eros se perdía en el cuello de Diana. Ella le arañaba la espalda y se apretaba contra él. Cuatro manos recorrían lujuriosas dos cuerpos desconocidos, amoldando la visión a la casi total oscuridad reinante, buscando, encontrando, descubriendo...El cuerpo de ella le pareció obscenamente deseable, sus manos apresaron los pechos, apretándolos con fuerza, amasándolos. Su boca iba de uno a otro, mordiendo, lamiendo, succionando como si quisiera tragarlos.

El sudor brillaba sobre la piel de Diana cuando Eros comenzó a bajar por su vientre, dejando un rastro húmedo y caliente de saliva, recorriendo lascivamente la cara interna de sus muslos, provocándole intermitentes descargas de placer que aumentaron en el momento en que él se los separó y comenzó a beber el néctar de su sexo. Todo su cuerpo se estremeció de placer, se dijo a misma que después de todo había acertado en la elección. Estaba a punto de tener un orgasmo, pero intentaba retenerse por el solo hecho de prolongar el placer que le provocaba esa sensación, sintió como los dedos de él la llenaban por completo hasta lo más profundo de su ser y ya nada pudo hacer por retenerse, no aguantaba más, cerró los ojos y exhalando un último gemido se abandonó a la muerte de los sentidos, expulsando con violencia su esencia más íntima contra la cara de él.

Cuando volvió a abrirlos vio que él estaba de pie junto a la cama, entendió lo que quería, y a cuatro patas sobre la cama se dejó penetrar, ella gemía al ritmo que se aceleraba la respiración de Eros. Las embestidas eran cada vez más fuertes, los brazos casi no le sostenían, y acabó por hundir la cabeza en la almohada, al tiempo que otra descarga de placer sacudía de nuevo todo su cuerpo, haciendo que se derrumbara llena de satisfacción sobre la cama.

No llevaban ni media hora y ya había tenido dos orgasmos increíbles, ahora le tocaba a él. Comenzó a lamer su sexo, a mordisquearlo, succionarlo, empaparlo de saliva para sin previo aviso introducirlo completamente en su boca hasta donde no pudo más, sintiendo como la ahogaba. Notaba las manos de él recorriendo su cuerpo, buscando encontrar de nuevo su sexo, ese sexo que hoy mostraba un apetito mayor de lo habitual.

Eros sintió que no podría aguantar mucho más esa dulce tortura, estaba a punto, y se tumbó sobre ella. La penetró con fuerza, moviéndose al compás de un ritmo oculto que acompasaba sus cuerpos, formando un amasijo de brazos, bocas, piernas, espaldas, hasta que ambos explotaron en un grito común. Exhaustos se dejaron caer sobre las impuras sábanas blancas, que ahora estaban revueltas y empapadas de todos los fluidos que ambos había derramado.

Diana sintió la boca seca, necesitaba beber, y necesitaba una buena ducha, miró su reloj, después miró a Eros,le besó suavemente los labios, se puso en pie y dándose media vuelta se metió en el baño. Hay veces en las que sobran las palabras. Esta era una de estas ocasiones.

Eros esperó unos minutos, después se vistió y salió de la habitación. Se sentía satisfecho, había conseguido una buena presa.

Cuando Diana oyó cerrarse la puerta de la habitación, salió del baño, tenía tiempo y se entretuvo examinando su ultrajado cuerpo, desnuda se tumbó sobre la cama que aún conservaba la humedad y ese olor a sexo que tanto le gustaba. Acaricio sus pechos, su sexo... y se masturbo recordando el encuentro con Eros.

Más tarde, sin prisas disfruto de una agradable ducha, se vistió y se maquillo. Se veía resplandeciente, esa sonrisa de satisfacción le hacía parecer mas bella. Recogió sus cosas y salió. Al llegar al hall, se dirigió al mostrador de recepción.

“Buenas tardes Carlos, todo bien?”

“Buenas tardes Dña. Mercedes, todo correcto, abonó la cuenta antes de irse. Disculpe mi atrevimiento Dña. Mercedes, usted sabe cuanto la respeto y admiro, y no se me escapa el detalle de que luce usted más espléndida que de costumbre, si me lo permite, le diré que hoy me parece usted una diosa. Sin duda este caballero ha debido resultarle un buen amante. Perdone usted, Dña. Mercedes, volverá a necesitar la habitación más tarde?”

“ Gracias Carlos. No, hoy no volveré. Buenas tardes”

miércoles, 21 de octubre de 2009

DE PRONTO TE PENSE...


Se que tengo pendiente la segunda parte de Urgencias, la verdad es que la tengo escrita y guardada en las entrañas del hp (esto no es marca comercial) de mi portátil que se niega a ponerse en funcionamiento, debería cambiarlo de nuevo, pero es parte de su encanto, será que en el fondo me encanta que tenga carácter, que tome sus propias decisiones, quizás por ese motivo me encantas tu, quizás por eso me acordé de ti.

Recuerdo entre divertida y nostálgica aquellas primeras citas, la sensación de mil hormigas recorriendo mi cuerpo de pies a cabeza cuando te tenía frente a mi, tus manos clandestinas buscando lo prohibido, las miradas ahogadas en deseo invitando al placer, los susurros incitantes, las risas disfrazando las ganas de estar piel con piel, la urgencia, la humedad bajo la ropa que siempre nos sobraba, las ansias de tenerte dentro, muy dentro, traspasándome, anulándome, haciéndome desfallecer, muriendo a la vida.

Detesto reconocer que te extraño, que echo de menos esa mirada tuya que me traspasa y me excita, que añoro tu risa canalla cuando sin dejar de mirarme vas acortando la distancia que nos separa sabiendo que a ti no se resistirme, porque me muero de ganas de sentir tu boca en la mía, tus manos jugueteando con mi pecho, tu lengua recorriendo impía el sendero de mi vientre despertando mis deseos y provocándome el placer.

Me fascina el poder que aún ejerces sobre mi, la excitación recorre mi piel y moja mi ropa solo con pensarte, tan solo imaginando que apareces frente a mi, deteniendo el tiempo en el instante en que nos dijimos adiós. Sin decir ni una palabra acaricias despacio mi espalda, recorriendo mi cuello con tu lengua mientras me aprietas contra tu pecho. Me estremece la tibieza de tu aliento. Mis manos buscan ansiosas la caricia de tu cuerpo desnudo, mientras nuestras lenguas se enredan en una batalla sin tregua. La humedad de tu saliva resbala por mis labios y las pieles se erizan al solo contacto.

El deseo de sentirnos se intensifica a cada instante, mientras nuestras bocas que se devoran sin piedad. Tus caricias diestras dibujan mi contorno arrancando mis primeros gemidos. Mi pulso se acelera cuando comienzas a bajar por mi vientre, siento el calor de tu boca. Una deliciosa descarga me recorre cuando sin aviso te pierdes entre mis piernas, que tiemblan y te aprisionan, rindiendo a ti mi voluntad. Tu boca, maestra en mi cuerpo, chupa, muerde, lame y me derrite entre gemidos que no consigo contener. Tu boca, tu lengua, tus dedos, abriendo el camino, mi camino a la cima del placer.

Tan excitado como yo, te recuestas mirándome fijamente, conozco esa mirada y obediente me acomodo entre tus piernas, mi boca comienza a recorrerte y mi lengua deja un húmedo rastro sobre tu piel en su camino hacia el lugar deseado, noto como se acelera tu pulso, mientras te muerdes el labio, me excita tanto verte así, notar tus dedos enredados en mi pelo, sin dejar de mirarme, acompasando mi ritmo, siguiendo con tus ojos cada uno de mis movimientos, hasta que mi lengua consigue confundirte y desborda tus sentidos que resbalan por mis labios.

No te imaginas como me gusta pensarte así, sentirte así, no te imaginas como odio extrañarte así.

miércoles, 30 de septiembre de 2009

URGENCIAS (I parte)

Nada me hacía pensar que esa noche fuera diferente, lo mismo de cada guardia, dolores y más dolores, algún que otro borracho con un golpe en la cabeza, niños con fiebre y poca cosa más, total los martes suelen ser tranquilos, la gente no suele salir a no ser que haya partido y gane su equipo.

A las tres ya habíamos vaciado prácticamente la sala de espera y decidimos cenar tranquilamente y tumbarnos en los sillones de la sala de relax. No habían pasado ni cinco minutos cuando nos avisaron que en breve nos llegaría un accidentado de tráfico. Nos lo jugamos a los chinos y como siempre perdí, el tráfico era enterito para mi, mientras los demás se quedarían tranquilamente sentados.

Al cuarto de hora ya teníamos la ambulancia en puertas, pedí los datos del paciente, el nombre me era familiar, sería porque se trataba de un nombre bastante común, y me dispuse a recibirlo. No quiero ni pensar en la cara de idiota que debí poner cuando lo bajaron de la ambulancia y relacioné ese nombre que tanto me sonaba con el hombre al que pertenecía. También él me reconoció de inmediato a pesar de los años que habían pasado desde la última vez en que nos habíamos visto.

Rápidamente recuperé la compostura profesional interesándome por su estado.

- Que te ha pasado?... Donde te duele?.. puedes mover la pierna?..

- Donde has dejado tus buenos modales? Hola.., como estás.., yo muy bien, y tu?.., me alegro de verte..,

- Creí que el problema era la pierna, ya veo que has debido golpearte también la cabeza, aunque de momento creo que conservas la memoria. Me puedes decir tu nombre, edad, ... hay algún familiar al que quieres que avisemos?

- Ya sabes como me llamo, o acaso la que ha perdido la memoria eres tu? y si, aun sigo teniendo unos cuantos años más que tu, quise plantarme para esperarte pero no lo conseguí. Respecto a lo de la llamada creo que aun es pronto para avisar a nadie, por lo menos no hasta que hayamos pasado la noche juntos.

- Mira Guillermo, esto son las urgencias de un hospital, no uno de los locales que sueles frecuentar, el tema es serio, puedes perder la pierna, es posible que tengas que pasar por quirófano, de momento vamos a hacerte algunas pruebas, no muevas la pierna, en un momento vendrá el cirujano a verte.

- No pienso moverme, aunque quisiera no podría, estoy a tu merced, realmente es tan grave?

- No sé, el médico te lo dirá personalmente. Voy a buscarlo

-No te vayas, quedate hasta que venga, no importa que tarde, no tengo prisa. Podemos tomar algo mientras esperamos?

- Es que no piensas cambiar nunca? Sigues igual de inconsciente que siempre.

- Sabes que ese uniforme te sienta muy bien... me acomodas la pierna, por favor?... no, no, desde ahi no, que me duele, ponte a los pies de la camilla y mueveme el pie.. mmm .. que vista más interesante.. ropa interior de encaje blanco, me encantará disfrutar quitándotela.

- Vete a la mierda Guillermo, voy por tu calmante, y es posible que si no cambias de actitud tarde en encontrarlo.

Salí del box con una extraña sensación, mezcla de excitación y rabia. De todos los hombres que había conocido, tenía que ser precisamente Guillermo el que acabara justo en mi hospital. Hacía años que había conseguido convencerme de que lo había olvidado, ignorándolo en mi mente, y sin embargo su sola presencia, y ese sarcasmo suyo, esa manera de dominar la situación, hicieron que de nuevo me sintiera bajo su poder, dominada por él, sabía que por mucho que lo intentara, estaba en sus manos, de nuevo volvía a ser mi dueño.

viernes, 18 de septiembre de 2009

MI PUNTO DEBIL (2 parte)


Subimos del garaje prácticamente corriendo y según cruzamos la puerta de casa empezamos de nuevo a abrazarnos. La levanté agarrando sus nalgas con mis manos y dejé que se abrazara a mí con sus piernas, restregándose contra mi cuerpo mientras atravesábamos los metros que separan la entrada de la casa de nuestra cama. Nos dejamos caer encima y seguimos intercambiando besos y saliva. Estábamos salvajes y nuestras lenguas entraban y salían en la boca del otro como si lleváramos años esperando estos besos.
Cuando rodé para dejarla debajo de mi noté como se resistía

- Espera, no querías que te hiciera de todo? pues ahora me vas a dejar a mi encima para que pueda hacerlo

Volví a girar y me quedé boca arriba mientras ella, sentada sobre mi paquete, se quitaba primero los zapatos y luego el top, dejando al descubierto sus maravillosas tetas. No me pude resistir y mi lengua buscó el contacto de sus duros pezones, mientras mis manos acariciaban su caliente piel. Volvió a detenerme, cogió mis muñecas con sus manos y bajando mis brazos a la cama

- Esta vez mando yo y vas a dejar las manos quietas al menos hasta que te haga un par de cosas

Intenté calmarme un poco pero era imposible, ella estaba convertida en una vampiresa del sexo y quería disfrutar de mí a su antojo, así que eso me hacía descontrolarme todavía más. Aún así me las apañé para permanecer con las manos fuera de su cuerpo mientras me quitaba la camiseta y las botas, dejándome sobre la cama solo con el pantalón. Se puso de pie sobre mí, con una pierna a cada lado de mi cabeza y terminó de desnudarse, dejando una vista privilegiada de su coño afeitado y húmedo sobre mis ojos. Agachándose un poco abrió un cajón y cogió unos de sus conjuntos de lencería y bajándose de la cama, se lo puso.
Era un traje elástico de rejilla sin mangas, que cubría los pies hasta el cuello haciendo resaltar todavía más sus pezones entre los hilos, al tiempo que dejaba al descubierto toda su entrepierna, desde el monte de Venus hasta el final del culo.
Satisfecha se miró en el espejo y volvió a la cama.
Dejó que su lengua trazase todo el camino desde mi cuello hasta mi cinturón y empezó de nuevo a morder mi polla por encima del pantalón. Eso me encanta y consiguió que se me pusiera todavía más dura, intentando salir de su prisión de tela para encontrarse con esa lengua juguetona que estaba dejando la cremallera empapada. Por fin sentí cómo bajaba la cremallera y tirando a la vez del boxer y de los vaqueros, me dejó totalmente desnudo sobre la cama. Se quedó semitumbada entre mis piernas, con la cabeza cerca de mi polla y sus tetas fuera del alcance de mis manos. Agarrando mi erecto y duro miembro con una mano, empezó a pasar su lengua por un lateral como si se tratase de un helado. Desde la base hasta el capullo, saboreando cada una de mis venas y besando sonoramente la punta cuando lo notaba conveniente.
Cuando vio que estaba suficientemente empapado de su saliva y que ésta ya goteaba desde mi cuerpo hasta el colchón, cogió mi polla con sus labios, la deslizó entera en su boca e inició un suave movimiento de sube y baja con su cabeza mientras sus labios se cerraban alrededor de mi tronco, acariciando en cada movimiento desde la punta de mi miembro hasta su base, haciendo que su nariz tocara mi piel cuando bajaba y hacía desaparecer mi polla dentro de su boca, tan calida y húmeda como su propio coño.
Así permaneció un buen rato, jugando con mi polla como si fuera un dulce mientras sus manos recorrían mi pecho. En un momento me la estaba comiendo con una velocidad endiablada y al rato bajaba el ritmo de sus labios mientras abandonaba mi torso y usaba sus dedos para acariciar mis huevos.
De cuando en cuando dejaba que mi sexo saliese de su boca y, mientras subía a besar mis labios con los suyos, hacía que sus dedos se deslizasen sobre mi rabo aprovechando la saliva que acaba de dejar en él. Cuando notaba que la fricción de sus dedos hacía disminuir la lubricación, abandonaba mis labios, volvía a juntar los suyos con mi capullo y dejaba que su saliva volviese a resbalar por mi polla. Me acercó al orgasmo en varias ocasiones, pero cuando me sentía suficientemente cerca, bajaba el ritmo y cambiaba de táctica, ya fuera chupando mis cojones o restregando su coño contra mi abdomen mientras sus manos acariciaban y manoseaban sus pechos por encima de la rejilla.
Al rato su hambre pareció calmarse y se deslizó juguetona sobre mi cuerpo, juntando nuestras bocas en una parte de la cama mientras nuestros sexos se juntaban en otra. Mis brazos se cerraron sobre su espalda mientras sus manos agarraban mi culo y me hacían girar hasta quedar yo encima de ella.
Mi polla entró fácilmente en su interior y empecé a moverme sobre ella mientras observaba su cara de vicio. Sus ojos reflejaban todo el placer que sentía en esos momentos y el vicio que tenía dentro, y eso aumentó un grado más mi excitación e, incorporándome un poco para agarrarla de las caderas, empecé a embestirla como un animal, moviéndola sobre el colchón, entrando y saliendo de su lubricado coño como antes había entrado y salido de sus deliciosos labios.
Mientras mordía mi cuello me abrazó y me hizo soltar sus caderas volviendo a quedar tumbado sobre ella al tiempo que bajaba mi ritmo de penetración al pegarse totalmente a mi cuerpo. En ese momento deslizó sus manos hacia mi culo y agarrándolo comenzó a dirigirme en un lento pero constante ritmo de penetración.
Seguía gimiendo y mordiéndome el cuello, las orejas, los labios, otra vez el cuello. Yo estaba en el límite y a punto de llegar al orgasmo.
Se separó de mí y poniéndose a cuatro patas sobre la cama, me ofreció la visión de sus espléndidas nalgas no pudiendo resistirme a acercar mis labios a su prieto culo. Mi lengua empezó a jugar con su ano mientras mis manos separaban sus nalgas.
Empecé a penetrarla con mi lengua mientras la oía gemir cada vez con más ímpetu. Pero necesitaba más, y mi lengua no se lo podía dar.
Acerqué mi enrojecido glande a su esfínter y apoyándolo en su entrada, ella misma se lo introdujo de un solo golpe. Sus lascivos movimientos de cadera y sus gemidos hicieron el efecto deseado. Mi polla desapareció de un solo golpe dentro de su culo, notando cómo las prietas paredes de su ano se iban dilatando poco a poco.
Tumbado sobre su espalda, empecé a besar su cuello, a mordisquear sus hombros mientras nuestros cuerpos estaban unidos por el nexo de su culo y mi polla en la unión más lasciva y deseada.
Entraba una y otra vez dentro de ella. Mis manos buscaron su coño y empezaron a disfrutar del contacto de su hinchadísimo clítoris y sus mojados labios vaginales, penetrando mis dedos su húmeda cueva hasta conseguir que un tremendo orgasmo de apoderara de todo su cuerpo.
Continué clavando mi polla en su culo cada vez con más fuerza y más deprisa, casi enloquecido por sus gritos cada vez más fuertes.
Estaba a punto de correrme y quería hacerlo dentro de su culo, pero al notarme a punto

- Esta noche no quiero tu leche en mi culo, quiero una novedad, algo que nunca hicimos

Separándose de mí, se desnudó por completo y sentándose frente a mí, con las piernas separadas, cogió mi erecta polla con una mano mientras la otra buscaba su sexo. Me empezó a masturbar al tiempo que ella hacía lo mismo.
Creo que llegamos al orgasmo los dos al mismo tiempo. Mientras ella gemía de forma lasciva, unos tremendos cuajarones de leche salieron de mi polla cubriendo sus preciosas tetas. No podía pensar en esos momentos, pero sí recordé lo que me había dicho “quiero una novedad, algo que nunca hicimos” y en esos mismos instantes, dirigió mi polla a sus labios y recibió en su boca las últimas gotas de leche.
Era algo que estaba deseando desde hacía tiempo, pero a lo que jamás la había obligado, sabiendo que algún día ella misma me lo pediría o se decidiría.
Me besó el capullo y mirándome a los ojos, pasó la lengua por sus labios, relamiéndose.

viernes, 4 de septiembre de 2009

MI PUNTO DEBIL ( I parte)



Tengo un punto débil, lo confieso. Un solo punto en toda mi anatomía que me rinde y me entrega. Nadie lo conoce, solo él, ilusamente creí que después de tantos años lo habría olvidado, me equivoqué, aún lo recuerda... aún sabe como usarlo.

Esa noche, como últimamente se estaba haciendo habitual, habíamos salido a cenar. De camino hacia el coche no dejó de provocarme, iba directo a ese punto sometiéndome a su voluntad. Creo que, como si de una premonición se tratara bebí más alcohol de la cuenta, inconsciente anulé todas mis barreras de protección.
Sentados en su coche parado, tardé unos segundos en ubicarme, en adaptar mi cuerpo al asiento, a la incomodidad del cinturón de seguridad, a dejar que la música me envolviera. En un juego de miradas y silencios, noté mi lengua adormecida, y la agradable pesadez de mis párpados adormecidos en el duermevela de la realidad y la fantasía. Mi mente anestesiada se puso a recorrer los recuerdos casi olvidados de años lejanos, mientras intentaba inútilmente hacer recuento de las copas de vino que había ingerido. Pasara lo que pasara, tenia la certeza absoluta de que al día siguiente me arrepentiría de esa noche. Pero su mano me saco de mis profundos y estériles devaneos mentales. Su mano y la humedad. Me miraba sonriendo maliciosamente mientras jugueteaba conmigo, con mi punto vulnerable. Y es que cuando me tocan ese punto, no me queda más remedio que perder el control. No me quedaba más remedio que entregarme entreabriendo las piernas para facilitarle el acceso, al tiempo que cerraba los ojos en un intento de evadirme de la culpabilidad por ser incapaz de contenerme. Su mano se coló por debajo de mi tanga mientras un estremecimiento me recorría y hacia que me hundiera más y más en el asiento del jodido coche. Sus dedos se adaptaron al ritmo de la canción que sonaba, jamás hubiera imaginado que Amaya Montero pudiera sonar tan erótica, tan lasciva, y tan viciosa hasta ese momento. Me dejé hacer mientras mi garganta iba ahogando pequeños gemidos, sintiendo como aumentaba su deseo en cada uno de sus movimientos, como crecía su excitación entre sus piernas. Mi mente viajaba una y otra vez de la cordura a la locura, de la locura a la sensatez, de la sensatez al deseo. No era posible, aquello no podía estar sucediendo, y sin embargo nos comportábamos como dos adolescentes con las hormonas en plena efervescencia. Recuperando el aliento, le susurré al oído:

“ Llévame a casa.. por favor..”

Se separó de mi, puso el coche en marcha y lo dirigió hacia mi casa. Apenas me miraba, pero las pocas veces que lo hizo descubrí en sus ojos un brillo que me era familiar, un brillo que me dejó claro que quizás mi intento de huida se había convertido en mi propia trampa.

viernes, 28 de agosto de 2009

QUIERES VOLAR?


La habitación estaba en penumbra y en silencio, y aunque casi no podía verte, sin embargo sí podía sentirte a mi lado. Quise tocarte pero no pude porque mis manos estaban atadas al dosel de la cama.
Cuando traté de decirte lo que sentía, acercaste tu mano a mi boca y me silenciaste. Lentamente te acercaste a mi oído y susurraste: "Confía en mí, déjate llevar".
Durante unos minutos no ocurrió nada. Me sentía ansiosa y excitada.
Te conozco lo suficiente para saber que no me lastimarás, que todo lo que hagas me dará placer, un placer extremo.
Mientras imaginaba qué pensabas, qué ibas a hacerme, comencé a sentir y ya no pude seguir pensando, sólo podía hacer lo que me habías dicho al principio "Dejarme llevar".
En esos momentos con esa voz que tanto me gusta y excita, me dijiste “Quieres volar?”
Al principio no comprendí tus palabras. Quise preguntarte pero no pude porque acercaste tus labios a los míos y besaste mi boca.
Fue un beso suave. Noté el roce de tus labios con los míos, y abrí mi boca para que pudieras penetrar en ella, pero no lo hiciste.
Tus labios fueron descendiendo lentamente por mi cuerpo, tu lengua se deslizaba por mi cuello, recorriendo luego mis hombros. No habías hecho casi nada y sin embargo sentía la humedad entre mis piernas.
Cuando tu boca tomó uno de mis pezones me sentí morir.
Quería tomar tu cabeza entre mis manos para que no me soltaras, pero no podía, porque me habías atado. Me conoces muy bien y sabes lo que pienso, lo que quiero y lo que me gusta en extremo.
Después de unos minutos pasaste al otro pezón, lo mordías, lo chupabas. Tus labios lo envolvían mientras tu lengua jugaba con él. Me lo tenías a punto de estallar en tu boca, duro, tremendamente erecto.
Cada vez estaba más excitada, más mojada. Me notaba tremendamente caliente y a punto de enloquecer por no poder tocarte, acariciarte.
Seguiste bajando a lo largo de mi cuerpo ardiente. Tu lengua se detuvo en mi ombligo y jugaste con él.
Desde mi ombligo tu boca se fue deslizando hacia abajo, acercándose lentamente a mi pubis, buscando el contacto con ese botón que tanto necesita tus caricias y tus besos. Tu lengua se posó sobre mi clítoris, hinchado ya de pasión infinita, escribiendo sobre él palabras de deseo. Mis gemidos ayudaban a que el ambiente de pasión inundara toda la habitación. Mordisqueabas suavemente mis labios vaginales, mientras tus dedos los iban separando. Finalmente me hiciste el amor con tu boca.
Sentía cómo me ibas abriendo, cómo me penetrabas con tu lengua.
Ya no podía pensar, sólo sentir y gemir.
El orgasmo fue tan fuerte que me sentí morir.
No podía moverme por las ataduras en mis tobillos y mis muñecas. Mi mente estaba adormecida, como drogada por el éxtasis y el placer que me estaba provocando mi diablo, mi demonio particular.
En ese instante sentí como tu sexo se deslizaba en mi interior, duro, caliente, venoso, poderoso.
Mi cuerpo se fue adaptando a tu contacto y comenzaste a moverte en un baile excitante y sin fin. Una danza deseada y única.
Solo se oían nuestros gemidos, las pieles estaban calientes.
Tus manos recorrían mi cuerpo como si se tratase de un instrumento musical, y cada centímetro respondía a todo lo que pedías. Conseguías sacar de él las más preciosas notas.
No necesitaba decírtelo con palabras. El sólo roce de tus labios o el mínimo movimiento de tus manos excitaban mi piel, tensionaban todo mi cuerpo, exigiéndote y rogándote a gritos en silencio que finalizaras con esta dulce y mortífera agonía.
Momentos después, cuando me penetraste por última vez, justo antes de llenarme con tu néctar deseado, gritaste mi nombre.
Mi cuerpo se elevó, mis ojos se abrieron y quedaron fijos, buscando los tuyos.
No veía ni oía, no podía verlos, solo sentía tu cuerpo duro y húmedo sobre el mío. Y en ese momento los dos nos unimos en un beso apasionado, a la vez que nuestros sexos se inundaron por completo con la unión más deseada y querida.

miércoles, 26 de agosto de 2009

RECUERDAS..?


No es fácil volar sin alas, me pregunto si todo esto es real, o solo es producto de mi imaginación. Abro los ojos y te veo a mi lado. Suspiro aliviada viendo como tu cuerpo extenuado descansa junto al mio. No consigo comprender como podía sobrevivir antes de conocerte, porque fuera de estos momentos, a parte de ti, nada tiene sentido.

Recuerdas la noche en que nos conocimos? Se que los hombres sentís diferente, yo no he olvidado ni una sola de las sensaciones que me provocaste.

Esa noche acompañé a mi ahora ex-marido a una de sus cenas en el club, hablaba con uno de sus amigos mientras tus desvergonzados ojos no se apartaban de mi, sentía como me desnudabas sin piedad con la mirada mientras escuchaba lejano el eco de la conversación sin poder dejar de mirarte, de retarte, de seguir con la mirada cada gesto tuyo.

A pesar de la refrigeración del local mi calor interno subia por momentos, me excuse con mi interlocutor y me dirigí hacia la piscina en busca de sosiego. A los pocos minutos volví a sentir tu mirada fija en mi, quemando cada poro de mi piel. Nos miramos sin cruzar una sola palabra, y mi imaginación voló. Me vi entregada a ti, sentí tus manos recorriendo mi cuerpo, dibujando sobre la tela mis caderas, levantando suavemente mi vestido dejando a tu vista las ansias de mi sexo escondido bajo un pequeño triangulo de encaje.

La voz de mi marido me devolvió a la realidad: “Vámonos, mañana he de madrugar..” sentí tu mirada ardiente fija más abajo de mi espalda mientras me alejaba colgada del brazo de Javier.

A las mujeres nos pierde la curiosidad, así que le pregunté de camino a casa si sabía quien eras, me sorprendió que supiera al instante de quien hablaba, quizás también él se dio cuenta de nuestros cruces de miradas. Quizás ese fue el motivo por el que esa noche me hizo el amor como hacia mucho que no me lo hacia, fue algo salvaje, lleno de rabia, como si intentara arrancar de mi lo que presentía que me invadía, como si quisiera borrarte de mi mente, como si desease que no te pensara. Y lo intenté, juro que esa noche lo intenté, pero solo conseguí sentirte a ti. Era como una progresión aritmética, cuando más fuertes eran sus acometidas, más te evocaba en mis pensamientos, cuando más fuerte sujetaba mis muñecas, más me alejaba y me acercaba a ti.

No conseguía apartarte de mi mente. Saltaba cada vez que sonaba el teléfono. Hasta que al final, después de cuatro días, recibí tu llamada.

- A las cinco. Edificio Marfina. Apartamento 36. Te estaré esperando.

Solo eso, apenas unas frases fueron suficientes para que mi estómago de tanto encogerse se me desapareciera.

Miré nerviosa el reloj, apenas tenía tiempo, arregle lo arreglable y salí como alma que lleva el diablo de mi casa. Mientras conducía en dirección a ti, la parte de lucidez que aun conservaba se preguntaba hasta que punto el deseo había acribillado a mi sentido común. En el trayecto varias veces tuve que sujetar ese músculo batiente que se aloja en el pecho y que pugnaba por escaparse por la ventanilla.

El tiempo se me hizo eterno hasta llegar al lugar donde me habías citado. Subiendo hacia el tercer piso, recuperé parte de la sensatez que perdí en el mismo instante en que te vi por primera vez, a cada peldaño me asaltaba una duda, parada frente a la puerta 36 supe que era una locura, iba a darme la vuelta cuando la puerta se abrió. Nos miramos sin decirnos nada, y tus ojos se colaron descarados por el escote de mi camisa.

-”Me estaba volviendo loco, Cómo es que has tardado tanto?”

Sin darme tiempo a contestar me arrastraste hacia el interior, y me besaste con desespero, aprisionándome contra la puerta que se cerró de golpe, todo lo que había imaginado se convirtió en tan solo unos segundos en una realidad ineludible y maravillosa.

Con una destreza y una rapidez asombrosa me despojaste de mis ropas, recorriste mi cuerpo dejando un rastro húmedo y cálido sobre mi piel erizada, esculpiste con tu boca unos pezones duros, erectos sobre la creciente firmeza de mis pechos. Una descarga recorrió mi cuerpo al notar como te acercabas a mi entrepierna, saltaron por los aires mis restos de sensatez, Quién es su sano juicio permite que un desconocido descubra los rincones secretos de su sexo..? Definitivamente había perdido la cordura, no había nada que pudiera hacer, salvo entregarme sin reticencias a lo que estaba sintiendo, al goce de la piel, ... al placer.

Bebiste de mi con las mismas ansias con las que mi boca llegó a tu sexo, envolviéndolo, recorriéndolo, deleitándome en cada uno de sus rincones, disfrutando de la visión que la expresión de placer dibujaba en tu rostro.
Mientras otros labios situados al otro extremo de mi cuerpo reclamaban enfebrecidos y envidiosos lo que mi boca retenía, hasta que ya no pude más, y mi cuerpo desnudo se ofreció sin pudor a tu granítico miembro. A su paso entre mis piernas, todo palpitaba, vibraba y se estremecía una y otra vez como firme promesa del placer por llegar, en unos breves e interminables instantes todo mi yo acabó concentrado en un solo punto, en un pequeño canal de mi anatomía, a punto de estallar en la más tremenda convulsión. Solo entonces aceleraste el ritmo de tus acometidas, haciéndolas a la vez más profundas, atravesándome, masacrándome, matándome sin remordimientos, abocándome a la nada del todo concedido. Despojada de toda cordura, poseída por el más absoluto placer, gemí, jadeé, grité y me retorcí mientras te vaciabas dentro de mi en un ronco gemido, para agonizante dejarte caer sobre mi cuerpo.

Aquel primer encuentro fue una auténtica locura que pensé que no se repetiría jamás, pero solo Dios, o el diablo, saben que vivo solo para verte cada día acercarte a mi , con los ojos inyectados de deseo, y poder perderme sin tregua en el torbellino de pasión que nadie como tu sabe provocarme.

jueves, 13 de agosto de 2009

IMAGINANDO..


El sol que entraba por la ventana empezaba a iluminar todo, cerré los ojos escapando de la luz, aferrándome a los dulces momentos que se crean en ese tiempo perdido donde los sueños y la realidad se confunden... pensé en ti.

Tiene gracia. Hemos estado tan cerca, una llamada, tan solo una llamada hubiera bastado para estirar la mano y tocarnos. Sin embargo es ahora, cuando miles de kilómetros nos separan cuando el deseo nos invade y se apodera de nosotros.

Te imagino ahí, caliente, sentado frente a una fría pantalla de computadora deseando tocarme, oírme, sentirme, verme estremecer.

Sigo perdida entre sueños y realidades, sigo viéndote y sintiéndote a través de mis ojos cerrados.

Puedo oler como crece tu excitación, puedo notar como crece tu miembro entre tus manos mientras imaginas que son las mías las que te acarician, mi boca la que lo rrecorre. También yo estoy excitándome solo con pensarte.

Me dejo llevar por ese deseo que desea ser saciado y una mano se pierde distraída entre mis piernas, la otra inconsciente acaricia mi pecho que empieza a endurecerse por ti.

Aumentas el ritmo de tus caricias al tiempo que aumentan mis ganas de ti, de sentirte, de poseerte y dejarme poseer. También mi ritmo se ha acelerado y siento como mis fluidos más íntimos empiezan a humedecer mis dedos, mi mano, mis piernas.

Si abriera ahora los ojos todo terminaría como acaban los sueños interrumpidos, pero hoy el tiempo es mio, no tengo prisa. Me gusta tanto tenerte así... sentirte tan cerca, pensarte tan dentro. Busco mi nuevo juguete, ese que aún no conoces, me recuerda tanto a ti que se ha convertido en mi favorito.

Lentamente me entrego a su juego, al entrar sin penetrar, al penetrar y escapar, provocandome descargas inconclusas de placer, provocándome el deseo de más, de mucho más. Mis ganas crecen al ritmo de sus vibraciones.

Sigo imaginándote frente a mi, mirándome, sufriendo el no poder tocarme y más me excito mientras te noto muy adentro. Mi ritmo, tu ritmo se acelera, se acerca el momento del éxtasis, puedo sentir como oleadas de placer van recorriendo mi cuerpo que se arquea en cada embestida mientras te esfuerzas en una lucha por retenerte y explotar.

Siento el poder de tu sexo atravesándome, matándome de placer, tu fuego me quema y funde mis entrañas, que diluidas fluyen por mis piernas mientras de mi boca escapa el grito de liberación del tremendo placer que me has provocado.

Lejos, muy lejos, a miles de kilómetros, quizás alguien ha sentido lo mismo, quizás alguien se ha dejado llevar por ese tiempo perdido entre la realidad y los sueños y ha compartido mi placer derramándose al imaginarme.

martes, 4 de agosto de 2009

ELLA

Ella sabe la razón de mi elección. Ella sabe la causa de mi elección. Ella está al tanto de mi elección. Ella entenderá mi elección. Ella provoca mi erección.
Dedicado a tí para siempre.
Remuacs.

lunes, 3 de agosto de 2009

LA ULTIMA NOCHE


Debería odiarte, pero no puedo, hoy es nuestra última noche juntos y no quiero desperdiciarla. Me quedan días y noches solitarias en las que podré odiarte y maldecirte a conciencia. Pero hoy no, hoy no quiero. Hoy solo quiero hacer de esta noche un recuerdo inolvidable.

Hoy te quiero a mi lado, amándonos, deseándonos, recorriéndonos, notándonos, sintiéndonos, navegándo juntos los ríos de la pasión, explotándo juntos al éxtasis del deseo.

Hoy quiero que nuestras manos nos provoquen espasmos de placer incontrolado, te quiero encima mio, y debajo, mirándonos a los ojos, calmando el ansia de nuestras bocas que solo se separan para volver a fundirse.

Te quiero llenándote de mi, dentro de mí, susurrándome al oído eso que solo tu sabes que me gusta y me provoca, sintiendo, sintiéndote, dejándome llevar por las suaves caricias de tu lengua por todo mi cuerpo, de tus manos, centrándote en esos lugares que sabes que me transportan a ese otro mundo de sensaciones placenteras donde nada existe salvo nosotros.

Hoy quiero inventar para ti palabras nunca dichas, descubrir nuevas caricias, quiero arrancar los gemidos más antiguos a tu garganta, despertar en ti los instintos más salvajes, montarte como nadie te ha montado nunca, ni siquiera yo, recorrer todo tu cuerpo y beberme toda tu esencia. Hoy quiero grabarme en tu piel.

Ven.... sígueme.... brindemos por esta noche, ahoguemos hoy en placer la pena de mañana.


(for you)

jueves, 23 de julio de 2009

SON LAS DOS


Estuve chateando un poco contigo, pero lo que prometía ser una noche apasionada de chat se truncó con aquella llamada que recibí. Ahora mismo son más de las 2 de la madrugada y no puedo dormir. Hace calor. Tengo la ventana abierta y en la calle se escucha el murmullo de la gente que pasea, cortando el sonido de la canción que suena en mi equipo de sonido, nuestra canción.
Mi cama es inmensa y me pierdo en ella intentando buscarte. Me enredo desnuda entre las sábanas disfrutando de tu olor, de tu aroma impregnado en ellas, apoyando mi cabeza sobre la almohada que lleva el perfume de tu pelo, de tu boca. Todo me sabe y me huele a ti.
Pero eso me hace sufrir porque no estás, esta noche no estás conmigo, y aunque intento llamarte a gritos sé que hoy no puedes venir. Te extraño y extraño tu cuerpo pegado al mío, tu calor, tu piel, todo tu ser.
Suspiro deseando que pudieras navegar por mi mente y descubrir lo que mis pensamientos deliran, lo que deseo hacer contigo en este momento.
No quiero, pero el cansancio hace mella en mí, y poco a poco voy logrando relajarme y entrar en el profundo mundo de los sueños donde sueles ser el único y exclusivo invitado.
De repente me muevo en la cama con una extraña sensación…mmmmmm…más que extraña, diría que es una sensación placentera por deseada y sentida.

“Me has despojado de las sábanas y siento como muy despacito y de forma tierna y suave, tus manos acarician mis tobillos. Vas subiendo por las piernas, te detienes en mis rodillas y sigues subiendo, despacio, lentamente, como sabes que a mí me gusta en estos momentos, hasta llegar a mis muslos. Tus dedos recorren mis caderas, suben por el lateral de mi cuerpo, acariciando mis brazos. Bajas hasta mis manos y tus dedos se entrelazan con los míos en una especie de unión de por vida. Vuelves a subir rozando mis axilas, bajando hasta mis pechos. Juegas con uno, con el otro, con los dos a la vez y subes hasta mi cuello.
Ahora siento como tu mano me acaricia la cara, mis mejillas, mis ojos cubiertos con un suave pañuelo de seda no te pueden ver, pero te reconocen en la oscuridad del momento. Besas mi frente y acaricias mi pelo. Tus labios se posan sobre mis hombros, bajando a lo largo de la espalda, hasta mi cintura, dejando un rastro de saliva que noto fresca y apetecible sobre mi caliente y morena piel. Mis caderas reciben tus besos, mis nalgas gozan del placer de ser tomadas por tus labios y acariciadas por tu lengua. Me estas matando, pero dándome la vuelta y poniéndome boca arriba sobre la cama, vuelves a subir de nuevo a lo largo de mi cuerpo ardiente.
Se me eriza la piel cuando siento tu aliento chocando contra mi cuello, justo debajo de mi oreja. Y siento que te acercas más, y más, hasta que el contacto de tus labios con los míos es inevitable, y tus besos me sumergen en un estremecimiento total.
Tus labios se apoderan de los míos y tu lengua se abre camino en mi boca en búsqueda de su alma gemela, fundiéndonos en el más apasionado de los besos, en el más sentido de los besos, en el más deseado y esperado de los besos.
Te separas nuevamente de mis labios y empiezas a humedecerme el cuello con tu cálida y lasciva lengua, surqueando sin parar hasta llegar a mi ombligo, donde te deleitas jugando con él un buen rato mientras escuchas mis gemidos de placer, y vuelves a subir hasta posar tus labios en mis pechos.
Empiezas con besos suaves, delicados, lamiéndolos, haciendo círculos con tu lengua alrededor de mis pezones totalmente endurecidos, para ir aplicando más fuerza y empezar a chuparlos, a succionarlos, a apretarlos con tus manos, para volver a lamerlos, sin prisa, despacio, en toda su extensión, sin dejar ni un solo milímetro de esos dos montes coronados por duras rocas sin besar, acariciar y disfrutar.
Y pienso en lo cada vez más caliente que me estás poniendo. Me intento concentrar en el placer que me estás dando, así, tumbada boca arriba, con los ojos vendados, a tu disposición, sometida a tus deseos y tus caricias, a tus anhelos más íntimos y obscenos, mientras mis manos acarician tu pelo ensortijándose mis dedos en él.
Subes de nuevo hacia mí, y me besas apasionadamente. Nuestras lenguas se unen, se enredan, se acarician, se chupan y se desean como jamás han notado ese deseo con nadie.
Tu mano baja a lo largo de mi cuerpo, sin dejar de besarme, y se abre camino entre mis piernas. Dios…por fin me tocas. Por fin noto la presión de tus dedos sobre mi sexo recién depilado.
Escuchas mis suspiros al comprobar lo mojado que lo tengo…siiiii…estoy toda mojada por ti, estoy empapada en mi interior por tu culpa.
Me acaricias y acercas tus dedos, totalmente impregnado de mí, hasta nuestras bocas, para que podamos saborear entre los dos mi aroma, mis sabores más íntimos, y me besas otra vez.
Y entonces vuelves a bajar por mi cuerpo ardiendo, pero esta vez sigues más allá de mis pechos, de mis duros y apetecibles pechos, y te detienes delante de este coño que quieres saborear, que quieres comer, que necesitas comer, que necesitas devorar. Y yo estoy deseosa de que lo hagas, quiero sentir tu lengua recorriéndome entera, por fuera y por dentro. Quiero y necesito sentirte y sentirla, y …mmmm…la siento.
Comienzas a lamer y a chupar cada milímetro de mi exuberante intimidad en busca de todo el néctar que desprende mi cuerpo por y para ti, te lo quieres beber todo y yo quiero que te lo bebas, casi te suplico a gritos que lo hagas.
Y me miras, me matas, me fascinas y me enloqueces.
Tu lengua acaricia mi clítoris, ese botoncito del placer que sólo quiere que lo beses, que lo chupes, que lo muerdas. Ahora reemplazas tu lengua por tus dedos, y empiezas a hacer círculos sobre ese punto álgido rojo e hinchado, al tiempo que tu apéndice bucal comienza a deslizarse entre mi coño y mi culo… una y otra vez… una y otra vez… metiéndose dentro de mi encharcado sexo, que te siente, que te desea, que se enloquece al sentir tu aliento, tu presencia, tu lujuria y tus ganas de mí.

"No pares por favor…sigue…sigue"

Y mi cuerpo empieza a convulsionarse violentamente.
Sigues tocándome, y abro más mis piernas, que subes sobre tus hombros.
Con una mano me acaricias de forma obscena las tetas, pellizcando mis pezones a punto de reventar, y la otra se posa sobre mi clítoris, frotándolo con la palma de la mano, mientras tus dedos penetran en mi interior. Sí, me estas follando y me gusta. Oigo el chapoteo de tus dedos dentro de mi sexo encharcado. Entonces no lo puedo remediar, ni lo quiero hacer, y aparece ese fuego intenso, ese latigazo violento, ese chispazo especial que empieza en mi clítoris, sube por mi vagina, llena mi útero y se esparce por todo mi cuerpo. Esa deliciosa corriente eléctrica que me estremece de placer. Esa sensación que consigue enloquecerme.
No sé cuantos segundos o minutos pasan, solamente percibo las maravillosas convulsiones que produces en mi cuerpo, y que te demuestro con esos gritos ya no apagados que surgen del interior de mis labios entreabiertos y con los jugos que también emanan del mismo cuerpo, pero por otros labios.
Tras estremecerme y temblar como hoja mecida por el viento, las convulsiones van siendo más lentas y el fuego se empieza a apagar mientras tu boca se bebe mis espasmos, mis gemidos, mis jugos, mi pasión.
Acercas tu boca a la mía y compartimos mis sabores más íntimos con un beso no por deseado, menos obsceno, soez y vicioso.
Quitándome la venda que cubría mis ojos, puedo comprobar en todo su esplendor ese cuerpo que tanto deseo, que tanto me enloquece, que tantas veces recorrí en. Me incorporo y te sientas junto al respaldo de la cama.
Ahora soy yo quien quiere saborearte entero, soy yo quien necesita sentir tu piel desnuda y cálida, quien enloquece por besar cada centímetro de tu cuerpo. Me pongo de rodillas entre tus piernas. Clavo mis ojos en los tuyos, te beso y voy bajando con la lengua desde tu boca hasta tu pecho, tu tórax, tu ombligo, y aquí está, mi gran amor, mi gran deseo, mi necesidad de respirar, esa parte vital que me tiene locamente enamorada: si, tu polla my Lord. La miro. Dios…mmmmm…es perfecta. Su tamaño, su color, su olor, su textura, me enloquece, me apasiona.
Me tumbo entre tus piernas para que puedas contemplar a la perfección mi espalda y mis duras nalgas, visión que sé que te enloquece, y acercando mi boca, comienzo a pasar mi lengua por ella, desde los huevos, hasta la punta. Te los acaricio con mi mano libre, humedecida en mi propia saliva y los amaso suavemente, y me los meto en la boca, los succiono, los chupo, lamiéndolos enteros. Los noto llenos para mí, llenos a reventar de rica y sabrosa leche.
Y subo hasta la punta otra vez. Tu polla me tiene loca.
Hago círculos con mi lengua alrededor del glande…mmmm…me encanta su olor, su color y su tamaño tan perfecto. Me estoy poniendo a mil, y la tengo delante de mí para disfrutar de ella, para saborearla, para gozarla, para deleitarme con gula.
Me quitas el pelo de la cara porque quieres verme, lo sé, y sé que te gusta mirarme mientras lo hago, sé que te encanta poder verme la cara mientras te chupo la polla.
Y la vuelvo a lamer, de abajo hacia arriba, una y otra vez. Me la voy metiendo toda en la boca, quiero sentirla latir dentro, en un subir y bajar de estremecimientos, suspiros y placeres incesantes. Quiero disfrutar de la sensación de notarla crecer más y más dentro de mi golosa y hambrienta boca.
Me estás volviendo loca, pero también sé que te estoy volviéndote loco a ti.
Busco con mis ojos tu mirada de cómplice, quiero que disfrutes my Lord, quiero hacerte sentir lo que nunca sentiste, quiero llevarte a la cima de la gloria con cada movimiento, con cada beso, con cada caricia, en cada movimiento de mis labios sobre tu dura y erecta polla.
Y siento tus manos agarrándome los hombros. No me dejas continuar. Me incorporas hacia arriba, te acercas a mi boca y me besas como si se te fuera la vida en el beso. "Je t’aime", es lo único que soy capaz de decir sumergida en este carrusel de lujuria y deseo. “Moi aussi” me respondes antes de que me separe de tu boca y busque cabalgarte con pasión.
Y así como estás, me siento sobre ti, buscando el calor de tu polla en el interior de mi coño, queriendo clavarme hasta lo más profundo de mi ser para no separarme más, convirtiéndonos en una unión perfecta y de por vida.

"Mmmm, que mojada estás my Lady
" Tú me pones así, tú me calientas y encharcas de esta manera"

Mis gemidos vuelven a sonar entrecortados al sentirte entrar en mi, más y más profundo, más y más adentro.
Si fueras yo podrías comprobar lo que estoy sintiendo en estos momentos, sabrías por qué disfruto tanto haciendo el amor contigo. Sentir cómo entras y sales de mi, cuando cabalgo sobre tu cuerpo, sudorosos los dos, deseosos, entregados a nuestra pasión, a nuestro deseo, a nuestra propia existencia.
Me encanta follarte así. Subir y bajar sobre ti, sentir tu polla, que es mía y sólo mía, partiéndome al medio en un sinfín de sensaciones, que poco a poco van subiendo aún más la temperatura de mi cuerpo. Los labios de mi coño y mi enorme clítoris tocando contra ti en cada movimiento. Mientras te cabalgo con locura y deseo, te comes mis tetas con gula. Las abarcas con tu boca arrasadora y las besas, muerdes mis erectos y duros pezones.
Me sostengo con las manos en el respaldo de la cama. Ya no aguanto más, lo sabes. Lo sabes y me lo pides, porque estás como yo.

"Córrete, córrete mi niña"

Y no puedo aguantar. Un volcán de explosiones y espasmos estalla en mi de nuevo, arqueando mi cuerpo, recorriéndome de arriba abajo al sentir cómo te deshaces dentro de mí, como te corres dentro de mí, inundando mi coño con tu leche, caliente, ardiente, que me quema al llenarme por completo por dentro. Mientras te corres, tu boca se ha prendido a mi cuello como una bestia devorando a su presa, marcándome como de tu propiedad, potenciando aún más este orgasmo maravilloso que estoy teniendo.

"Je t’aime", vuelvo a decirte mirándote a los ojos para que veas en los míos la imagen de la pasión, del deseo más ardiente, del placer jamás disfrutado con tanta intensidad”.

El frescor de la mañana me despierta y puedo comprobar que no ha sido un sueño, que no ha sido un deseo anhelado. Esta noche de tanto desearte y aclamarte, con mi corazón y mi cuerpo, has venido. Estás aquí, a mi lado, desnudo y durmiendo de forma apacible. Has venido, y como mi rey y mi demonio, has vuelto a ocupar tu lugar en mi cama, a mi lado por cada noche y por siempre. Me abrazo a ti y así vuelvo a cerrar los ojos, pero no para soñar, para dormir.
Ya no necesito buscarte en sueños, sólo tengo que extender la mano y atraerte hacía mí.

(Por esos momentos aún no vividos)

jueves, 16 de julio de 2009

BUENOS DIAS


Hoy me ha despertado la calidez de tu cuerpo junto al mio. Suavemente he apartado la sábana que te cubría para poder contemplarte furtivamente. Con el roce suave de un solo dedo para no despertarte, te recorro lentamente, disfrutando del tacto de tu piel, bajando desde el cuello hasta tus hombros, de tus hombros a tu pecho, siguiendo por tu vientre el camino desnudo que me lleva hasta ese lugar concreto y secreto que comienza a palpitar al sentir mi presencia.

Tu sexo se ha despertado antes que tu, lenta y perezosamente me da los buenos días mientras sigo dibujando su contorno con mi dedo, presionando, acariciando, sintiendo como se endurece a la vida, como se tensa al deseo de entregarse a mi juego.

También el mio comienza a sentir. Pequeñas descargas nacen desde ese punto al que anoche le arrancaste mis gemidos, descargas que van aumentando y que intento retener presionándolo con la mano que tengo libre. Ahora es mi mano abierta la que acaricia tu miembro, que va endureciéndose al tiempo que yo voy humedeciendome.

Mis manos acompasan los ritmos, arriba, abajo, arriba... te agitas sin abrir los ojos, tu respiración se entrecorta con la mía, arriba, abajo, arriba...mis dedos penetran mi cuerpo sintiendo tu erección en mi mano. Y mi boca sedienta dispuesta a calmar esa sed de deseo de ese secreto placer que tu sexo en silencio reclama.

Entreabres los ojos cuando comienzo a chupar, a lamer, lentamente, vibrando esa intimidad solo mía que compartes, y comienzas quedamente a gemir como yo gimo, a sentir como yo siento, a gozar como yo gozo. Ahora ya no disimulas, y me miras directamente a los ojos, encendidos de deseo, quemándonos en las ganas, entras y sales de mi boca, más duro, más fuerte, más profundo. Tu mano se une a la mía empapándose de mi, llegando donde yo no he llegado, incrementando los ritmos, más deprisa, más adentro, más lejos, más arriba... nos perdemos y buscas comerme la boca, mientras la mia se pierde entre los jadeos de tu placer.

Tus dedos maestros en mi cuerpo me están haciendo enloquecer, gimiéndote ,siento en mi boca como estalla en un grito lo ya no puedes retener. Sin apartar las miradas, tus ojos fijos en los míos, subo lentamente hasta tu boca recuperando el aliento.


-mmmmmm ... buenos días!!!.


Tendidos, mirando al techo, abrazados, sonreímos satisfechos.




( ... no voy a dejar de escribir)

domingo, 12 de julio de 2009

EN EL CALOR DE LA NOCHE




El calor era insoportable, no podía conciliar el sueño, después de dar vueltas y más vueltas en la cama decidí salir al jardín y ver si conseguía refrescarme un poco antes de volver a la cama.
Los escuché mientras me dirigía hacia una de las tumbonas de la piscina, poco a poco me fui acercando al seto que separaba ambas casas. Desde donde estaba podía verlos. No había demasiada luz, pero veía perfectamente los ojos de la mujer, unos ojos infinitos, que reflejaban en destellos animales el placer, la ansiedad, la sensualidad y el deseo. Su silueta y su pelo negro destacaban sobre la blanca mesa de jardín de mi vecino, mientras sus pechos se movían al ritmo de la penetración.

Pensé buscar un lugar desde donde observarles mejor, pero me dio miedo que me descubrieran. En ese momento envidiaba a mi vecino más que a nadie. Deseaba ser yo quién estuviera al otro lado del seto, ser yo quien se perdiera entre las piernas de esa mujer, ser yo quien la hiciera gemir de ese modo tan salvaje, empaparme de ella, sentir como sus caderas me golpeaban, que se atara con sus piernas eternamente a mi cuerpo, compartiendo su danza, bailando a su ritmo.

Oí como se recitaban letanías completas de obscenidades al oído mientras ella se agarraba a su cuello poseída por el placer. Hipnotizado por la visión de ese baile de cuerpos ardientes no podía hacer otra cosa que masturbarme, que presionar fuerte mi polla, ahogando las ganas de unirme a ellos, mordiéndome el placer, sintiéndome parte del espectáculo, con derecho a ser uno de ellos, a colaborar para conseguir que esa mujer no dejara de disfrutar, de sentir, de jadear durante horas, durante noches.
Deseaba poder ser yo quien le arrancara gemidos, ser yo quien profanara su cuerpo, masturbándome lentamente esperando que ella se dirigiera a mi para invitarme a beber todo su cuerpo apurando hasta la última gota de su placer. De repente su cuerpo se arqueó y por encima de los ruidos de la noche resonó salvaje su grito de liberación.

De un solo movimiento la volteó y volvió a penetrarla sujetando sus caderas, arrancándole nuevos jadeos que se clavaban en mi mente haciéndome insoportable la distancia que nos separaba, doliéndome hasta en el deseo, aprisionandome en aquella escena que también era mía, participando en su rito mientras el ritmo aumentaba, y yo, ..yo seguía jugando con mi sexo, poseyéndola, haciéndola mía en mi imaginación, excitándome hasta el extremo de no darme cuenta de cuando ella giró la cabeza hacia mi, esbozando una leve sonrisa, sacándome la lengua lascivamente. Mientras, mi vecino la sujetaba ajeno, penetrándola brutalmente.
Ella no apartaba sus ojos de los míos, intensificando sus gemidos, aumentándolos hasta que se apoderaron de mis dos cabezas. Era otro el que la estaba penetrando, poseyendo, disfrutando, pero solo yo la sentía totalmente mía, mientras seguía con su mirada el movimiento de mi mano, observando las convulsiones de mi cuerpo. Me tenía atrapado en sus ojos y no dejaba de sonreírme. Ambos lo sabíamos, yo... yo lo sabía.., estaba gimiendo solo para mi, moviendose solo para mí, disfrutando solo conmigo.
Devorándome con la mirada, deshaciendo la distancia, culminando los deseos, acompasando nuestros cuerpos oí los gritos de su orgasmo acompañando la salida de mi esperma al eyacular. Me corrí con sus ojos en los míos, con la imagen de una medio sonrisa en su boca entreabierta, sabiendo que cada una de las sacudidas que recorrieron su cuerpo las había provocado yo, solo yo.

Volví al interior de mi casa, sintiendo demasiado calor dentro y fuera de mi. Mientras el agua fría de la ducha resbalaba por mi cuerpo, grabando en mi mente para siempre esa mirada anoté mentalmente no olvidar comentarle a mi mujer lo mal que me caía el nuevo vecino.
(Dedicado a ...ti)

miércoles, 8 de julio de 2009

LA DUCHA


Aquella noche no habían podido compartir sus momentos de placer, deseo y amistad, así que se fueron a dormir pensando el uno en el otro. Deseaban soñarse, sentirse cerca y unidos en la intimidad de una habitación.
Y él la deseo como la desea siempre, la soñó, la imaginó, la vio, sí, la vio.

“De repente se despertó. El calor que hacía en su habitación, y el que desprendía su propio cuerpo, ayudada a aumentar ese asfixiante ambiente, por lo que pensó que una ducha le sentaría de maravilla.
Tiró de la sábana y deslizando sus esbeltas piernas hacia fuera de la cama, puso sus pies descalzos en el suelo. Sentada en el borde fue estirando cada uno de los músculos de su cuerpo a la vez que iba incorporándose, dejando escapar un bostezo. Completamente desnuda se encaminó hacia el baño.
Abrió el agua y sin importarle que no estuviera caliente, bastante lo estaba ella, se metió debajo sintiendo un escalofrío en la totalidad de su piel bronceada. El agua empezó a deslizarse por su pelo, su cara, sus hombros, su vientre, inundando su ombligo, bajando en cascada hacia su sexo. Un sexo depilado, de piel suave y labios rosados, como su interior.
Un estremecimiento de placer recorrió su columna hasta alojarse en su entrepierna y despertando en ella de nuevo las sensaciones que jamás quiso ocultar y que durante la noche, en su pensamiento, en su ausencia, había intentado calmar una y otra vez sin haberlo conseguirlo.
Estirando la mano alcanzó la botella de gel y depositando en ella una generosa cantidad, fue enjabonándose todo el cuerpo con la voluptuosidad y deleite que le producía sentir sus propias caricias.
Su primer punto de placer, sus pechos, fueron buscados por sus dedos que empezaron a jugar con ellos a base de movimientos circulares, notando como se le iban endureciendo los pezones con el roce. Disfrutaba sintiendo el dulce tacto que proporcionaba a su piel la textura del jabón en su culo, en la cara interna de sus muslos, pero no quería que sus manos empezaran a recorrer su zona más erógena, donde se escondía su más preciado resorte, su botón de placer, su clítoris.
Intentó retardarlo lo máximo posible, pero ya le era imposible. Necesitaba acariciarse y jugar con esa flor apetecida y deseada que era su coño. Separando sus labios vaginales, fue deslizando un dedo hacia el interior de su sexo para tener consciencia física de lo húmeda y excitada que estaba. Un leve gemido se escapó de su interior a la vez que sacaba el dedo para tocar suavemente el clítoris y seguir así por unos segundos.
Notaba como crecía y se volvía más duro al contacto de sus dedos, y que el placer ya empezaba a subir por su espalda para dominar luego todo su cuerpo. Mordiéndose los labios, sobre todo ese labio inferior que tan apetecible y deseada la hace, se dejó llevar por la llamarada que iba creciendo y se extendía por toda ella.
No tenía prisa, quería gozar plenamente de las sensaciones que recorrían cada poro de su piel, así que disminuyó el ritmo de sus manos, que no de su respiración cada vez más agitada, y cerrando los ojos, se dejó llevar por la vorágine de ese momento hacia lugares lejanos, riscos encantados y diablos viciosos.
Ya no era consciente de nada, sólo del placer que estaba sintiendo. Sus manos estrujaban sus pechos, sus dedos pellizcaban sus duros pezones, bajando de nuevo a su sexo buscando con frenesí el centro de su obsesión, presionando de forma experta el sitio exacto de donde le manaba el placer, una y otra vez, una y otra vez, hasta que se dio cuenta de que no podía más. Notó como miles de sensaciones empezaron a recorrer sus entrañas, concentrándose en sus puntos más erógenos, nublando su mente, vaciándola de cualquier pensamiento, excepto de los más íntimos, y haciendo que todo fuera de un solo color, el rojo pasión que la invadía en esos momentos y que quería compartir con él.
Y cuando creyó que ya no podía más, que estaba en otro sitio, cuando ni los gemidos podían abrirse paso en su garganta, llegó al clímax, sintió la explosión de sus más deseados placeres, jadeando y creyendo que moriría de gozo”.

Despertó con una tremenda erección y empapado en sudor. A la vista del asfixiante ambiente de la habitación, pensó que una ducha le sentaría de maravilla.

HOY PENSABA EN TI


Sigues presente en mis noches, esperándote, sabiendome esperada, en un loco juego de desencuentros.
Hoy no he podido evitar pensarte la mayor parte del día, mi mente ha estado ocupada por fantasías, acortando la mucha distancia que nos separa, para sentirte a mi lado. He visto tu sonrisa de diablo dispuesto a todo por esos momentos de felicidad prometida en el claro del monte. Me he perdido en el brillo reluciente de tus ojos reflejandome en tu emoción, sintiendo como crecía la mía. He visto como me ibas desnudando tan poco a poco que el tiempo parecia dilatarse quedando flotando las prendas en el espacio. He visto tu cuerpo desnudo, rebosante de energia, tu hambre de piel. He visto como me hacias gozar, como temblabas, como me llenabas, como te vaciabas saciando tu sed en la fuente del placer que se esconde entre mis piernas. He sentido tus manos tu lengua recorrerme por entero, lentamente, aprendiendo de memoria cada centímetro.
Hoy te he visto y te he sentido. Hoy no sé que ha pasado, será que te he echado de menos...?

miércoles, 1 de julio de 2009

PASION Y DESEO


Se puso un vestido sencillo, holgado y de tirantes. Sin duda no era uno de los más sexys que tenía en el armario, pero tampoco se lo iba a exigir ni a pedir, total, sólo íbamos a ir a dar una vuelta, picar algo y mejor no complicarse la vida en la búsqueda de la prenda ideal. Se recogió el pelo con un palito de madera, se puso unos aretes, brillo en los labios y nada más. Tampoco lo necesitaba por mucho que me dijera últimamente que estaba fea porque el trabajo y la tensión podían con ella.
Cuando salió de la habitación, yo estaba sentado en el sofá programando los canales de la tele para grabar el concierto de Youssou N’dour. La observé con detenimiento.

- Mmmm…preciosa, como siempre
- No seas tonto…jajajaja…estoy fea, vamos?

Le hice una seña de que se acercara al sofá. Ella, obedientemente, vino hasta mí e hizo el amague de sentarse a mi lado, pero no la dejé hacerlo y sin decirle nada, tomándola de la mano hice que se situara frente a mí, y sin mediar palabra, metí mis manos por debajo del vestido, deslizándolas por sus muslos y subiendo lentamente hasta llegar a sus contorneadas caderas.
Ella me miraba entre sorprendida, encantada y excitada, esperando que le dijera algo, pero sólo tenía intención de devolverle la mirada. Al verla tan dócil y tan calladita, busqué el borde de su tanga y con la mayor naturalidad comencé a bajárselo lentamente, aprovechando para rozar con mis dedos sus muslos desnudos y cálidos. Mientras se lo iba quitando, separó sus piernas de forma instintiva para facilitarme la labor. Cuando llegué a sus tobillos, sin decirle nada, le hice un ademán para que levantara el pie derecho, luego el izquierdo y poder así terminar de quitarle esa prenda intima tan diminuta que suele usar de forma habitual.
Una vez más, por las razones que los dos conocemos, me obedeció. Notaba en sus ojos y conozco muy bien su mirada, que estaba casi derretida. Sé que se excita cuando me pongo así, en plan dominante, y seguro que esperaba que la follara ahí mismo, en la sala, tumbados en el sofá, porque sé que para ella era lo que seguía, según su lógica, pero a veces su lógica no coincide con la mía.

- Vamos
- Vamos ?...Es en serio?
- Totalmente
- Así?
- Tienes razón, también te sobra el sostén

Se lo desabroché y lo saqué por encima del vestido. Como no tenía tirantes me fue sencillo hacerlo. Fue a descansar al lado del tanga, sobre el sofá.
Al hacer ademán de dirigirme hacia la puerta, comenzó a protestar, pero mirándome a los ojos se dio cuenta de que por mucho que protestara nada iba a cambiar. Además, por el brillo especial de los suyos, me di cuenta de que estaba excitada ante la idea de salir así. Tras dudar unos instantes, se encaminó detrás de mí, como un cachorrito, sin protestar.
Cerré la puerta y nos encaminamos hacia el coche.

Como me ocurría a veces, me sentía descolocada por su proceder de lo más natural. Tan dulce y atento. Caballeroso como siempre, pero a la vez tan autoritario, tan dominante. En esos momentos, a juzgar por la manera de portarse, por la reacción y la forma de tocarme, tenía la sensación de que iba tapada hasta el cuello y no desnuda como me sentía cada vez que la brisa se encargaba de recordarme que debajo del vestido no llevaba nada más que mi humedad, mi tremenda humedad.
Cada vez que me ponía una mano en la cintura, y con suavidad la bajaba hasta mi cadera, todo mi cuerpo se estremecía. Cuando clavaba mis ojos en los suyos, con deseo incontrolado en mi interior, él me sonreía sin decirme ni comentar nada respecto de mi desnudez interior.
Así me tuvo todo el tiempo que estuvimos fuera. Se le veía tan tranquilo, tan frío incluso, que me preguntaba a mi misma cómo era posible que yo estuviera tan al borde de un ataque y él tan sereno, tan íntegro, podríamos decir.
Su calma hacía que yo me notara y sintiera desconcentrada. Sólo era capaz de sentir, sólo era capaz de desear que llegara el momento de tenerlo. Pero él seguía imperturbable. Apenas algunos pequeños detalles me indicaron que él también era consciente de lo excitante y caliente que era la situación.
La manera de sujetarme con más presión en sus dedos. La forma en que posaba su mano en mi cintura. Cuando de vuelta a casa, en el coche, puso su mano sobre mi muslo con una fuerza distinta. Alguna caricia más sensual y más insinuante que otras.
Pero su cara no reflejaba nada. Sus ojos, el espejo de nuestras almas, eran como unos pozos sin fondo. No denotaban nada. Sólo le sentía la voz un poco más ronca, un tono que yo conozco de sobra y que conseguía ponerme aún más nerviosa y con ganas. Quería, necesitaba que me hiciera el amor, que me follara, que me hiciera suya, pero él parecía no tener ninguna urgencia, ninguna prisa por ello.

Nada más entrar en el ascensor trató de echárseme encima, pero suavemente la aparté un poco. Ya en el coche había tratado de ponerme cachondo subiéndose la falda y mostrándome las piernas. Pero yo, impasible, la volví a poner en su sitio, bajándosela. Cuando me pasaba los dedos por la nuca, cosa que sabe que me encanta, buscaba estremecerme, pero aún así no hice nada. Cuando comenzó a acariciarme el muslo con toda la intención y deseo de llegar hasta mi polla, le cogí la mano y me la llevé a los labios, besándole los dedos con suavidad. Ahora en el ascensor, casi consigue aflojarme un poco, pero las puertas se abrieron para que entrara alguien y aproveché para recuperarme.

Cuando entramos en el apartamento y antes de que pudiera hacer ni decir nada, me atrajo hacia él y me besó. Su lengua buscando la mía, lo sentí respirar como buscando más aire porque se ahogaba. La forma de pegarse a mi cuerpo y la forma de sostenerme para que no me escapara de su beso voraz era como si quisiera adueñarse de mí y como si ya tanto resistirse al deseo primario de poseerme le hubieran pasado factura. Yo sólo me dejaba hacer, ya hacía mucho rato que había perdido la voluntad.

Me separé de ella tan rápido como la había atrapado en mis brazos y la llevé hasta el sofá, el mismo donde había dejado su ropa interior horas antes. Mirando de reojo vi que el tanga y el sostén seguían tirados en el mismo lugar.

– Siéntate

Yo me senté y al tener su polla a la altura de mi boca, pensé sólo en sacarla de su pantalón. Pero cuando fui a buscar esa divina posesión, él me sostuvo las manos y negó con la cabeza. Con sólo tirar del palito que lo sostenía, me soltó el pelo. Esa acción se me antojó de lo más provocativa. Se sentó a mi lado.

- Siéntate en el borde y abre las piernas

Una vez más obedecí y sentí como el vértigo me recorría el cuerpo a la vez que sus manos buscaban mi piel. Otra vez sus manos iban trepando por mis muslos, pero esta vez descaradamente y ahora sí, con la expresión en el rostro de absoluta lujuria. Sus manos abiertas recorriendo sin prisa todo cuanto les fuera posible recorrer y sentir, empujando hacia arriba el vestido y buscando dejarme expuesta ante sus ojos. Yo respiraba agitadamente. Que erótica la manera de prepararme todo el día, que locura ver en estos momentos su cara de deseo, de pasión, pero tan seria a la vez.

- Túmbate hacia atrás y ábrete más, quiero verte en todo tu esplendor

Me quedé mirando su sexo abierto, hipnotizado como siempre ante la visión de esa joya única y deseada.

Se me escapó un gemido. Me sentía muy mojada. Ya llevaba horas así, pero ahora era peor, estaba perdiendo la razón. Con su mano libre, me bajó el vestido dejando mis tetas al descubierto. Ahora su mirada estaba sobre ellas y yo levanté el torso desafiándolo a que las tocara, a que perdiera la cordura y se entregara al deseo que a los dos nos estaba quemando, pero su mano fue hasta mi mejilla para acariciarla suavemente con sus dedos. Su otra mano acariciaba mi muslo. Subía y bajaba apenas rozando mi vulva, mojándose los dedos con mi efusión. Que desnuda me sentía y que maravillosa sensación. Yo moví la cara y atrapé uno de sus dedos con mis labios y, él se dejó chupar.

Lo hacía como si de mi polla se tratara. Era tal la sensación y mi mente volando, que no podía dejar de pensar que era mi polla la que estaba en contacto con su lengua. Cuando lo saqué de su boca lo llevé directamente a su duro y erecto pezón, mojándolo y acariciándolo hasta hacerlo casi reventar de la excitación quedando brillante por la saliva con que lo impregné. Con su propia saliva.

En un movimiento simultáneo me recorrió los labios con su lengua que terminó enredada con la mía y con sus dedos hizo un camino desde la entrada de mi vagina hasta el clítoris y allí se quedó trazando círculos para luego volver a bajar y hundir un dedo en mí que me arrancó un gemido más largo y que hizo que me arqueara otro poco para sentirlo más. En este momento nuestras lenguas eran una sola y decidí dejarme caer hacia atrás para poder tener mis manos libres y acariciarlo, necesitaba sentir el calor de su piel, ya estaba bueno de hacerme esperar. Pero no me dejó.

- No, aún no

Así que no me iba a permitir tocarlo. Tampoco me terminaba de desnudar. Acaso esta noche le producía más excitación tenerme así? Yo estaba a mil. Me estaban desesperando esas pequeñas muestras de placer y precisamente esa desesperación, lo hacía todo más intenso. El orgasmo me iba a llegar rápido, mejor dicho, cuando a él le diera la gana de dejarme terminar.

Me separé de su boca, buscando sus tetas. Las lamí y chupé como si fueran uno de los mayores manjares, que sin ningún tipo de duda, lo eran. Mi lengua recorrió y jugó con sus durísimos pezones mientras una de mis manos fue bajando por su vientre a la búsqueda de su sexo, de su encharcado y lubricado coño. Empecé a jugar con su hinchado clítoris y al poco tiempo uno de mis dedos buscó su interior. Salía y entraba una y otra vez. La palma de mi mano se aplicaba sobre su erizado clítoris mientras dos dedos la empezaban a follar entre espasmos de placer. Le estaba arrancando gemidos cada vez más fuertes y notaba como su respiración se agitaba más y más.

- Me estás matando. Vas a hacer que me corra ya si no paras

Sacó sus dos dedos de mi coño y dejó de masturbarme, pero el respiro no duró mucho, porque cuando soltó el pezón que mordisqueaba, su lengua continuó su recorrido hacia mi vientre, sintiendo como dejaba un surco húmedo hacia mi entrepierna. Tenerlo entre mis piernas, ver como se desnudaba, saber que su lengua me haría desfallecer, aceleraba todos mis sentidos.

Le acabé de quitar el vestido y colocó sus piernas sobre mis hombros. Una de mis manos empezó a acariciar sus tetas, a la vez que los dedos de la otra entraban y salían de su coño, mientras ella separaba los labios vaginales con sus propias manos para darme mejor acceso a su ya necesitado nido de placer. Me separé un poco para ver cómo esa profunda cueva se me ofrecía y esa visión me excitó al máximo. Me puse de rodillas entre sus piernas y mi lengua buscó su clítoris. Mientras con mi lengua escribía su nombre sobre él, mis dedos entraron de nuevo dentro de su ser. Mi excitación ya era casi descontrolada y ese placer se había adueñado de mi polla, erecta y dura como nunca. Aceleré el ritmo de mis dedos y de mi lengua.

Oír el chasquido que hacía mi humedad al contacto con sus dedos, el de la succión, sus gemidos, la sensación de estar siendo penetrada, lo mojada que me sentía, todo me arrancó un orgasmo que no pude ni quise dilatar más, me agité, me sacudí con violencia y se lo ordené.

- Fóllame…fóllame por favor

Necesitaba que me penetrara, que me follara. Por mucho placer que me produzca cuando me folla con sus dedos, no es lo mismo, nunca es lo mismo sin él moviéndose dentro de mí, sin el peso de su cuerpo sobre el mío, sin el olor de su piel, sin sus gemidos de placer.

Me tumbó encima del sofá. Lo sentí entrar y moverse con violencia, abrazándome, besándome los labios, mordiéndome los hombros. Necesitaba que terminara dentro de mí, que se corriera dentro de mí ser, necesitaba que desahogara en mí tanta espera.

Saqué mi polla de su coño y bajándola del sofá, la puse de rodillas en el suelo y pegándome contra sus nalgas, que ella misma se encargó de separar con sus manos, mi glande se apretó contra su ano buscando penetrar ese prieto orificio que tantos momentos de lujuria y lascivia nos proporciona.

Pegado a mi espalda, sintiendo su aliento en mi cuello y sus labios besando mis hombros, necesitaba sentir toda su fuerza en mi culo y de un solo golpe me clavé su tremenda erección por completo. El espejo ofrecía la visión de sus manos magreando mis tetas y su boca en mi cuello. Giré la cara para buscar su lengua y enloquecerlo más moviendo mis caderas mientras su polla se clavaba hasta lo más profundo de mi ser. Lo oí gruñir, lo sentí acelerar y sentí como se apretaba más fuertemente contra mis nalgas.

Tenía la imperiosa necesidad de correrme dentro de su culo y sabía que ella lo estaba también deseando. Se corrió en mi interior, que maravillosa sensación de plenitud, de hembra completa. Notaba como ella también se había corrido con mis últimas gotas de esperma.

Nos acomodamos en el sofá, abrazados, agotados, relajados, felices y dispuestos a disfrutar del concierto. Nunca 7 segundos de inicio dieron para tanta pasión y deseo.